Reptiles. Zoología. Página 40. Tomo 4. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. en Aragón.
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Reptiles. Zoología. Página 40. Tomo 4. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza.

Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 4

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



ARTÍCULO II.

Del mecanismo de la generación en los reptiles.

Exceptuando los batracios, los cuales todos, según parece, se salen, del agua para consumar la grande obra de la reproducción, sin íntima unión de los individuos, ó sin intromisión dé las partes masculinas en los órganos femeninos, todos los demás reptiles tienen verdadera cópula; el macho y la hembra se juntan en el acto de la generación, y hay intromisión directa, introducción activa del líquido seminal en el cuerpo de la hembra, pero tan solo en cierta época del año.

Los reptiles en general no forman unión duradera ó de monogamia; para ellos la reproducción es una necesidad instintiva que satisfacen; para ambos sexos viene á ser una excreción que se debe arrojar, un fin material que se ha de conseguir; de ahi el que esta función natural no ejerza al parecer la menor influencia en el estado social de los individuos. Entre ellos no hay, ó por lo menos es muy raro y tal vez debido á diversas causas, ninguna comunidad de deseos ni de afectos, ni el menor apego, ni siquiera momentáneo, del macho á la hembra, la cual casi nunca es su compañera. La exclusiva necesidad del amor físico les junta, y una vez satisfecha, se separan, se alejan y ya no se vuelven á conocer.

El acto de la fecundación dura mas ó menos tiempo según las especies y las estaciones. Se ha observado, en quelonios y batracios anuros, que se prolongaba de 18 á 31 días y aun mas, sin que el macho haya sollado su hembra. Pero en algunos saurios, y en particular los lagartos, la cópula dura muy poco, y si bien es cierto que se repite á menudo, con todo es casi instantánea como en las aves.

En nuestros climas templados, es lo regular que en los primeros dias de la primavera los individuos de ambos sexos, después de una larga abstinencia y apenas salidos de su letargo, abandonen sus ordinarias habitaciones, y se dirijan, por una especie de instinto, hacia los sitios que parecen como convenidos de antemano, y donde se les encuentra tan solo entonces en gran número para celebrar allí sus nupcias en común. Esto es, por lo menos, lo que se observa en la mayor parte de los batracios, los cuales experimentan la necesidad de emigrar para dirigirse á las aguas tranquilas donde deben verificar su fecundación y su puesta.

Hemos indicado ya mas arriba que no habia cópula en los batracios, de suerte que se encuentran en las mismas circunstancias de la mayor parte de los peces. Sin embargo, los machos de los anuros suben sobre el cuerpo de la hembra y la abrazan fuertemente por debajo de las axilas con las patas anteriores para fecundar los huevos á medida que van saliendo dé la cloaca. Estos huevos llevan constantemente una cascara ó membrana delgada, mucosa y permeable; las mas de las veces están aglomerados, enlazados entre sí y reunidos, ya en masa, ya en forma de rosario. Se engruesan considerablemente debajo del agua. Los machos modelos no cogen el cuerpo de la hembra. Unas veces los dos sexos se aproximan intimamente estando á corta distancia los orificios de sus cloacas: y todo induce á creer que el humor seminal abandonado por el uno, es absorbido por el otro, y dirigido á los huevos, los cuales son fecundados así en el interior, ya inmediatamente antes de la puesta que no tarda en efectuarse, ya hasta en los oviductos, donde se encuentran varios pequeñuelos libres y prontos á ser vivos, y otros en estados mas ó menos inmediatos al desarrollo que hace viable al animal. Otras veces el macho, el cual con sus caricias excita á la hembra a poner, se apresura á fecundar sucesiva-

tuberculito que se creo sea susceptible de erección. Los testículos, en la mayor parte de los reptiles constan de pequeños canales apelotonados, replegados sobre sí mismos, que abocan á un epidídimo y terminan por canales deferentes mas ó menos sinuosos y alargados que se abren por fin en la cloaca, á derecha é izquierda, debajo de los uréteres, con los cuales se encuentran á veces confundidos.

En las hembras se observan ovarios que por su situación corresponden casi al asiento de los testículos. Su volumen es considerable, sobre todo en ciertas especies. Vénse también largos canales membranosos ú oviductos análogos á los de las aves. Su volumen y su extensión varian en las diversas especies y según las épocas del año. Su extremidad libre forma una especie de trompa ó de pabellón, y lá otra aboca ó la cloaca, llegando por este orificio los huevos que luego son puestos.

Los machos, en ciertas especies, se conocen por algunos caracteres particulares enlazados con la fecundación, porque á menudo desaparecen pasada esta época. Sin embargo, es duradera en los quelonios esta indicación; porque la mayor parte de los machos tienen su peto ó parte inferior del vientre cóncavo, correspondiendo esta curvadurá casi á la de la convexidad del carapacho en las hembras. Con todo, se ha visto que en algunos individúos hembras era el peto algún tanto cóncavo En algunos saurios, comó en los basiliscos, en los lophyros, iguanas, dragones y anolís, los machos llevan crestas particulares á lo largo del dorso, paperas debajo de la garganta, ó fanones debajo del cuello, y tienen colores muy vivos que les diferencian de los individuos hembras.

En las serpientes se conoce fácilmente la diferencia dé los sexos, en la estación de los amores, por el grosor de la cola, el entumecimiento particular de la cloaca y la pequenez relativa de los individuos machos; al paso que en las hembras parecen dobles su peso y volumen; el vientre es mas ancho, la cola mas delgada en la base, que es lo que se observa cuando se las encuentra enroscadas ó entrelazadas tales como se presentan en el caduceo de Mercurio.

En los batracios sobre todo es fácil establecer la distinción dé los machos Así, en las ranas verdes, los machos sacan de la comisura de la boca dos vejigas globulosas en las cuales penetra el aire cuando cantan. Los machos de la rana roja tienen, en la época de la fecundación, los pulgares de las patas anteriores considerablemente hinchados y cubiertos de una piel negruzca y rugosa. En la rana verde, la garganta se hincha y se colora en los machos cuando entonan sus cantos de amor. La especie de sapo llamado el comadrón, coloca alrededor de sus extremidades posteriores el rosario de huevos que fecunda y que dispone en forma de 8 de guarismo, encargándose de llevarlos hasta la época en que los gérmenes que contienen están bastante desarrollados para salir de la cascara luego que entren en el agua. En la Pipa dorsigera, de la cual se creyó que la hembra paria sus pequeñuelos por el dorso, se sabe ahora que el macho es el que se los coloca allí, desarrollándose en unas especies de alvéolos cuyas paredes membranosas se suponen producto de una erupción inflamatoria. Por último se ha observado que en la época de los amores, un gran número de especies urodelas y en particular los tritones machos, se atavían con crestas diversamente coloradas, con franjas, con membranas recamadas de tonos variadísimos y vivísimos, que se borran, se destruyen y desaparecen por completo después de la fecundación.

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Museo pintoresco de Historia Natural. Zoología, animales, reptiles. Publicado a mitad del siglo XIX. Zoología o Reino Animal. Buffon. Historia Natural los Tres Reinos de la Naturaleza

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