Reptiles. Zoología. Página 6. Tomo 4. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. en Aragón.
Naturaleza de Aragón > Museo pintoresco de Historia Natural. > Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 4

Reptiles. Zoología. Página 6. Tomo 4. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza.

Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 4

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



Anterior | Página inicial | Página siguiente

apariencia amorfas, esas rocas, esas masas amontonadas que á primara vista parecen el grosero resultado del acaso de los elementos en su lucha caótica y desordenada, nada, absolutamente nada, se halla abandonado á esa fatalidad de un ciego destino ó á las probabilidades de una suerte sin regla, sin medida y al imperio de mezclas fortuitas. Las leyes químicas profundizan y rigen todos estos materiales mediante admirables combinaciones. Por acá se levantan las vetas de metales preciosos en sus gangas; por allá se agrupan la esmeralda y el zafiro; y por acullá se asocian en depósitos regulares las formas geométricas de los cristales; tal sustancia hace el oficio de un ácido, y tal otra el de una base; el ácido carbónico constituye las masas de los hermosos mármoles y de los inmensos conglomerados calizos; el ácido silícico petrifica una infinidad de elementos quemados é isoméricos; otros ácidos enérgicos, como el sulfúrico, etc., disolviendo la cal, la alumina, etc., componen las capas de yeso, los alumbres, los vitriolos; aqui nace el diamante, allí se forman los ríñones silíceos. Ni una sola molécula terrea se baila emancipada de los poderosos esfuerzos de la afinidad química en sus relaciones con otras moléculas que se hallen en contacto con ella. Todo tiene sus leyes de combinación y de agregación en ese reino que un dia se creyó era el del caos y del desorden de los infiernos. Esta costra anorgánica de nuestro planeta ha sido mil veces destrozada y recompuesta por los fuegos y por las aguas; los volcanes y los mares cien veces han devastado, disuelto, surcado y sumergido su superficie y sus profundidades; sus capas de esta suerte removidas conservan en sus depósitos superpuestos, todos los equilibrios plásticos, todas las cristalizaciones geométricas, resultantes de tales agentes durante su acción en una larga serie de siglos. Todo, por consiguiente, ha podido constituirse y prepararse para una especie de organización, merced á esas mezclas y á esos diversos choques de las moléculas de la materia primitivamente inorgánica.

De esta suerte el poder organizador, las leyes del orden, primeramente químico y luego vital, han tenido tiempo de desarrollarse en los materiales que constituyen el mundo. Por eso todo se halla sometido á un supremo poder vivificador que domina la materia, y que no es la materia misma. Es un principio que la penetra, que la doma y la presta su energía y que de un cadáver hace brotar una existencia plena y áctica.

Se ha dicho, siguiendo al gran Linneo:

«Los minerales crecen.

»Los vegetales crecen y viven.

«Los animales crecen, viven y sienten.»

Sin embargo, una distancia infinita separa al parecer al vegetal y al animal de la piedra mas perfecta, del fósil mas trabajado, que verdaderamente no crece ya por intus suscepción, sino que aumenta ó se acrecienta por yuxta-posicion exterior: la vida, las funciones de la nutrición y de la generación, el nacimiento y la muerte de los seres animados, la forma regular de las partes, su estructura orgánica, su juego espontáneo, esa especie de instinto que se manifiesta lo mismo en las plantas que en los animales; todo anuncia que estos seres han recibido propiedades muy superiores á las del mineral. Los cuerpos naturales deben dividirse, pues, mas racionalmente en dos principales reinos, que son:

1.º El reino inorgánico ó mineral, de moléculas independientes de la masa total, é incorruptibles.

2.º El reino organizado (vegetal o animal) de moléculas dependientes de la existencia individual viva, y corruptibles, es decir, que vuelven espontáneamente al estado elemental.

La naturaleza es una: no admite interrupción en la serie de sus obras: todas se enlazan por medio de sucesivos gradaciones; el hombre se relaciona con el reino animal, este con el vegetal, el cual á su vez lo verifica con los minerales que son las bases y los fundamentos de la tierra, nuestra madre.

El mineral, tal cual le extraemos del seno de la tierra, se convierte en una materia muerta, inerte, porque está separado de la masa del globo, y no participa ya de esa propia energía que combina y organiza las diversas sustancias del interior de la tierra. Bajo este punto de vista, viene á ser una rama muerta sobre un árbol vivo; y aunque su naturaleza es la misma que la de la sustancia de que ha sido extraído, no goza ya de sus cualidades, por decirlo así, vitales. Las sustancias que componen el globo terrestre no se hallan en un estado inerte; pues los movimientos interiores que les agitan, las trasformaciones que sufren, las oxidaciones, las precipitaciones, las cristalizaciones, las combinaciones, los depósitos y todas las acciones que se ejecutan en las entrañas de la tierra, prueban sin disputa que hay en ella fuerzas muy poderosas, que constituyen un rico manantial de actividad cósmica, al cual deben su existencia los vegetales. Con efecto, un cuerpo muerto, una piedra desprendida, un metal extraido de su mina y colocado en un gabinete de Historia Natural, ya no son la piedra ó el metal de la naturaleza, sino un cadáver, lo que es una planta en un herbario: han sido arrancados de la vida terrestre ó de las potencias que animan nuestra esfera, y ya no sufren mas cambios interiores, ni reciben mas alteraciones que las que pueden determinar el aire y los demás cuerpos inmediatos. Pero los filones metálicos, las gangas, las rocas, se forman, se destruyen ó se combinan, cambian perpetuamente de naturaleza con el tiempo en el seno de la tierra. El parecernos oscura y problemática esta vida de las sustancias minerales, depende de que raras veces asistimos á las misteriosas revoluciones de los abismos del globo; proviene de que estas operaciones son lentas y sucesivas, y de que el hombre es pasajero y mortal, siendo así que la vida de una masa tan imponente como el globo terrestre no puede menos de contar edades sin fin, períodos larguísimos y proporcionados á su naturaleza.

Solo nos es dado conocer la corteza del globo, y como apenas percibimos mas que los extratos mas superficiales, cuyos diversos cambios observamos en el curso de las edades, natural es creer que nuestro mundo podría estar organizado y vivo ignorándolo nosotros; porque si los materiales de su superficie nos parecen muertos, depende de que son como la epidermis, como la corteza inorgánica. Con efecto, todo cuerpo organizado se halla cubierto de capas menos vivas y poco sensibles que le sirven de cubiertas: tal es la epidermis en el hombre y la corteza mas exterior en los árboles. No tenemos derecho para deducir, en vista de la observación de las superficies, que el globo terrestre no sea un cuerpo vivo dotado de una existencia peculiar de su constitución. Esas rocas, esos terrenos cuya naturaleza nos parece inmutable, únicamente lo es respecto de nosotros: la vida geocósmica es demasiado profunda, y sus rasgos son sobrado gigantescos para que podamos mirarla desde nuestro limitado punto de vista, á la manera que la pequeñez de un pulgón le impide abarcar con su vista los órganos y la vida de un corpulento árbol.

Confesaremos, sin rebozo, que los atributos de un cuerpo vegetal y de otro animal nos parecen sumamente diversos de los dé toda materia fósil: esto es incontestable con relación á nuestro modo de ver, y además porque no podemos salir de nuestra naturaleza particular; pero tal resultado no debe ser exacto si se atiende á la naturaleza universal. Estaños indica, por el contrario, que todo ha recibido de las manos del Criador una suficiente cantidad de vida; de suerte que tal vez sean las aguas con relación á la tierra, lo que la savia es respecto del árbol y la san-

Anterior | Página inicial | Página siguiente

Índice de páginas y de contenidos,
Índice de ilustraciones.



Biblioteca ilustrada de Gaspar y Roig.
Los Tres Reinos de la Naturaleza.
Museo Pintoresco de Historia Natural.
Descripción completa de los animales, vejétales y minerales útiles y agradables:
su forma, instinto, costumbres, virtudes ó aplicaciones á la agricultura, la medicina y las artes en general, comprendiendo mayor número de géneros que en todas las obras publicadas hasta el día.

Museo pintoresco de Historia Natural. Zoología, animales, reptiles. Publicado a mitad del siglo XIX. Zoología o Reino Animal. Buffon. Historia Natural los Tres Reinos de la Naturaleza

Copyright 1996-2021 © All Rights Reserved Javier Mendivil Navarro, Aragón (España)

Aclaraciones o corregir errores por favor escríbenos

Aviso Legal. Esta actividad de la Asociación Cultural Aragón Interactivo y Multimedia te presenta la riqueza natural de Aragón y el resto del mundo para que la consideres como un valioso patrimonio.

Esta web no usa directamente cookies para seguimiento de usuarios,
pero productos de terceros como publicidad, mapas o blog si pueden hacerlo.
Si continuas navegando es que aceptas el uso de cookies en esta web.