Página 371. Aves. Zoología. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.

Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 3

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consiguiente, tenia todos sus hábitos naturales. Su cariño hacia la persona que la cuidaba, era violento en extremo y exclusivo; de suerte, que no parecía estar contenta mas que al verse sola con ella. Si entraba algún extraño, alzaba su copete por efecto de sorpresa ó inquietud, é iba á refugiarse sobre el cielo de una cama que se veía en la misma sala; aventurábase algunas veces á bajar de su asilo para volar hacia su ama; ocupábase (nucamente de esta ama querida, y parecía no ver mas que á ella. Teína dos cantos bien diferentes: el uno mas dulce, íntimo y tierno; el otro mas agrio y penetrante, que expresaba la cólera ó el espanto. Nunca la enjaulaban ni de dia ni de noche y érale permitido correr por toda la casa. A pesar de estar muchas veces abiertas las ventanas, jamás le provocó el deseo de escaparse, y su cariño pudo mas que el amor á la libertad. Con todo eso se escapó por fin; mas fue por efecto del temor, pasión poderosa en los animales, puesto que nace del instinto de su propia conservación. Huyó, pues, un dia en que la habia espantado la vista de algún objeto nuevo; pero alejóse muy poco y no podiendo volver á su albergue dejóse caer en la celda de una religiosa que tenia la ventana abierta: tan necesaria había llegado á serle la sociedad del Hombre. Aquí encontró la muerte porque no supieron qué darle para comer. Tres ó cuatro meses habia vivido en su primera condición con un poco de pan y queso por toda comida. Otra Abubilla fue alimentada diez y ocho meses con carne cruda; mirábala con pasión, y lanzábase para tomarla de la mano, y rehusaba la cocida. Tal apetito por la carne cruda indica una conformidad de naturaleza entre las aves de Rapiña y las Insectívoras, que pueden mirarse en efecto como aves de pequeña rapiña.

El alimento mas común de la Abubilla en estado de libertad son los Insectos en general, y sobre todo los terrestres, por gustar mas posar en tierra que sobre los árboles. Llamo yo insectos terrestres á los que pasan la vida ó por lo menos algunos períodos de ella, en la tierra ó su superficie: tales son los Escarabajos, Hormigas, Gusanos, Señoritas, Abejas silvestres, muchas especies de Orugas: este es el verdadero cebo que atrae á las Abubillas á los terrenos húmedos, que su largo y adelgazado pico puede fácilmente penetrar; esto os lo que en Egipto la determina, así como á otras muchas aves, á regular su marcha sobre la retirada de las aguas del Nilo, y á avanzar constantemente hacia sus orillas; porque á medida que el rio vuelve á su madre deja sucesivamente en seco llanuras estercoladas de un lodo que el sol calienta y que pronto bulle con innumerable multitud de toda suerte de Insectos; así es como las Abubillas pasajeras están entonces muy gorgas y son buenas de comer. He dicho pasajeras, porque en el mismo país las hay sedentarias que se ven muchas veces sobre las palmeras en los alrededores de Roseta y que no se comen. Encuéntranse también estas en gran número en la ciudad del Cairo, donde con toda seguridad anidan sobre las azoteas de las casas. Puede fácilmente concebirse que son mejores para comer las que habitan lejos del Hombre en las campiñas desiertas, que no las que viven en los alrededores de una ciudad populosa ó en los grandes caminos que á ella conducen: buscan las primeras su sustento, es decir, los Insectos, entre el lodo y tierras húmedas, en una palabra, en el seno de la naturaleza; cuando las segundas lo verifican entre las inmundicias de toda especie que abundan donde se encuentran los Hombres reunidos en gran número, cosa que no puede menos de inspirar hastío por las de las ciudades y dar mal humillo á su carne. Hay una tercera clase media entre las otras dos, que habiéndose establecido en nuestros jardines, encuentra allí Orugas y Gusanos de tierra para su alimento. Por último, convienen todos en que la carne de esta ave, que pasa por tan sucia, no tiene otro

defecto que un resabio de almizcle: siendo esta la razón porque los Gatos, aunque tan golosos de las aves no cazan la Abubilla.

En Egipto van las Abubillas, según dicen, en pequeñas bandadas, y cuando se ha separado una de ellas, llama á sus compañeras con un grito fuerte y agudo, en dos tiempos, zi, zi. En la mayor parte de los otros países van solas ó á lo mas en parejas. Alguna vez al tiempo de la emigración encuéntrase en gran número en una misma comarca, pero son mas bien una multitud de individuos solitarios á quienes no une ningún vínculo social y que no pueden por consiguiente formar una verdadera bandada: por esto se escapan unas después de otras cuando las ahuventan. Por otra parte, como tienen todas la misma organización, están afectadas y deben serlo por las mismas causas; y esta es la razón porque en sus viajes se dirigen todas á unos mismos climas, casi siguiendo el mismo camino. Encuéntranse esparcidas por casi todo el antiguo continente desde Suecia, en cuyas selvas habitan, y aun desde las Oreadas y la Laponia, hasta las Canarias.y el cabo de Ruena-Esperanza de un lado, y hasta las islas de Ceylan y Java de otro. En toda Europa, inclusos los bellos climas de Grecia é Italia, son aves pasajeras que no se ven durante el invierno. Hánse visto algunas veces en el mar; y algunos observadores las colocan entre las aves que en la isla de Malta se ven pasar dos veces al año. Pero es fuerza confesar que no siguen siempre la misma dirección, por encontrarse en un año muchas en un mismo país, y pocas ó ninguna al siguiente: fuera de esto, hay paises, como la Inglaterra, donde son muy raras y no anidan jamás; hay otros que evitan en todos tiempos, como el Bugcy, á pesar de ser país montañoso: prueba de que no se agradan de las montañas, por lo menos no tanto como opinó Aristóteles.

¡No es este solo el hecho que destruye el aserto del filósofo; porque las Abubillas establecen todos los dias su domicilió en medio de nuestras llanuras, y con frecuencia se encuentran sobre los árboles solitarios que crecen en las islas arenosas, tales como la de Camarga en la Prevenza. Frisch dice que tienen, como los picos, la facultad de trepar por la corteza de los árboles; cosa muy conforme á la analogía, por poner ellas como aquellos en los agujeros de los árboles. Aquí depositan muchas veces sus huevos, así como en las grietas de las paredes, sobre el mantillo ó polvo que de ordinario se encuentra en el fondo de esas cavidades, sin acolcharlos, dice Aristóteles, con paja ni cainita. Sin embargo, esta regla tiene sus excepciones, aparentes por lo menos: de seis parvas que me trajeron, cuatro en efecto vi sin cama; las otras dos tenian su colchón muy blando, compuesto de hojas, musgo, lana, plumas, etc. No obstante, puede todo conciliarse, por ser muy posible que la Abubilla no guarnezca jamás su nido de musgo ni otra cosa, pero que coloque alguna vez sus huevos en los agujeros que el año precedente ocuparon los Picos, Torcecuellos, Paros y otras aves, cada cual siguiendo su

inslilltO.

Háse dicho mucho tiempo ha, y repetídose con frecuencia que la Abubilla enjalbegaba su nido con las materias mas infectas, de estiércol de lobo, zorro, caballo y vaca, de inmundicias de toda suerte de animales, sin exceptuar las del Hombre: y se añade que lo hace para ahuyentar con el mal olor á los enemigos de su pollada; pero no prueba ningún hecho tal intención, porque la Abubilla no tiene, como la Sítela, la costumbre de empegar el orificio de su nido. Es por otra parte muy cierto que sus nidos son muy sucios é infectos, inconveniente que necesariamente resulta de su misma forma, que tiene muchas veces catorce, diez y siete, y hasta veinte y una pulgadas de profundidad. Cuándo salen del huevo los polluelos, débiles aun, no pueden echar fuera su escremento: per-

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Biblioteca ilustrada de Gaspar y Roig.
Los Tres Reinos de la Naturaleza.
Museo Pintoresco de Historia Natural.
Descripción completa de los animales, vejétales y minerales útiles y agradables:
su forma, instinto, costumbres, virtudes ó aplicaciones á la agricultura, la medicina y las artes en general, comprendiendo mayor número de géneros que en todas las obras publicadas hasta el día.

Página 371. Aves. Zoología. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza. animales. Publicado a mitad del siglo XIX. Reino Animal. Buffon

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2025 última revisión

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