Zoología. Aves. Página 164. Tomo 3. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. en Aragón.
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Zoología. Aves. Página 164. Tomo 3. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza.

Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 3

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



desde la Abisinia hasta el Senegal, y desde la costa de Angola hasta la Cafrería.

ACRORINCA.

Vive en las islas Filipinas; tiene el plumaje amarillo de oro, realzado por el negro de una ancha franja, que nace en la comisura del pico y se extiende hasta cubrir el sincipucio. Las alas y la primera mitad de la cola son igualmente negras, y su pico es amarillo, con arista bastante elevada. Ésta ave tiene doce pulgadas de longitud.

OROPÉNDOLA INDIANA.

O. maderaspatamis (Frankl.)

Es común en las llanuras del Ganges, entre Benarés y Calcuta : Latham la ha considerado como una variedad de la Oropéndola de Europa.

Su plumaje es amarillo, excepto en la parte superior de la cabeza, las mejillas y las remeras, que son de un pardo sumamente oscuro, y una franja de este mismo color que se observa hacia la mitad de la cola; la garganta es blanca, y está estriada de negruzco. Su talla es de nueve pulgadas.

HUNDOO.

Es en la región superior de un amarillo verdoso, y tiene la rabadilla, los puños, la extremidad de las remeras, así como los costados, de un amarillo brillante. Las alas están teñidas de un pardo aceitunado, y las parles inferiores de un blanco sucio estriado de pardo; el pico es negro, y los ojos de un pardo bermejo. Esta especie habita en el país de los Maharatas.

OROPÉNDOLA.

Oriolus Gálbula (Lin.)

Contábase antaño de los hijos de esta ave que nacían á pedazos, y que el primer cuidado de los padres era unirlos y formar de ellos con la virtud de ciertas yerbas un todo viviente. La dificultad de esta maravillosa unión no es mayor quizás que la de separar los nombres antiguos que los modernos han aplicado confusamente á esta especie , conservarle todos los que en efecto le convienen, y referir los demás á especies que los antiguos tuvieron realmente á la vista; tan cierto es que estos describieron superficialmente objeto; muy conocidos, y tan ligeramente se han determinado los modernos en la aplicación de nombres dados por los antiguos. Me contentaré con decir que, según las apariencias, Aristóteles sólo conoció la Oropéndola de oidas. Por muy extendida que esté esta ave, parece que huye de algunos paises; pues no se la encuentra en Suecia, ni en Inglaterra, ni en las montañas de Bugey, ni en la altura de Nantua, aunque por lo regular se deja ver en Suiza dos veces al año. Belon parece que no la vio en sus viajes á Grecia; y por otra parte ¿cómo pudiéramos suponer que Aristóteles conoció por sí mismo á esta ave, sin tener noticia de la singular construcción de su nido; ó si la tuvo, que hizo de ello caso omiso?

Plinio, que hizo mención del Chlorion, siguiendo á Aristóteles, pero que no siempre se ha tomado el trabajo de comparar lo que sacaba de los griegos con lo que hallaba en sus memorias, ha hablado de la Oropéndola bajo cuatro denominaciones distintas, sin advertir que era la misma ave que el Chlorion. Mas, dejando esto á un lado, la Oropéndola es ave muy poco sedentaria, que muda continuamente de paises, y parece que solo se detiene en el nuestro para enamorar, ó mas bien para cumplir con la ley impuesta por la naturaleza á todos los seres vivientes, de trasmitir á una nueva generación la existencia que recibieron de la precedente; pues el amor no es mas que esto en el lenguaje de los naturalistas. Las Oropéndolas cumplen esta ley con mucho celo y fidelidad. En nuestros climas se buscan el macho y la hembra hacia mediados de la primavera, es decir, casi al momento de su llegada. Anidan en los árboles elevados, aunque algunas veces á altura poco considerable; construyen su nido con una industria singular, y de muy distinto modo que los Mirlos, por mas que se haya colocado á estas especies en un mismo género. Generalmente lo encajan en medio de la división de alguna ramita, y entrelazan en rededor de los dos brazos que forma dicha separación largas hebras de paja ó de cáñamo, de las cuales, yendo unas desde una á otra rama forman el borde del nido por delante, y las otras, penetrando en el tejido del mismo nido, ó pasando por debajo y viniendo despues á enroscarse en la rama opuesta, dan solidez á la obra. Las hebras de cáñamo ó paja que cogen al nido por debajo son su cubierta exterior; el colchón interior destinado á recibir los huevos, está tejido con pequeños pies de grama, cuyas espigas están dirigidas hacia la parte convexa, y parecen tan poco en la cóncava, que muchas veces se han equivocado dichos pies con fibras de raices. Por último, entre el colchón interior y la cubierta exterior, hay una cantidad bastante considerable de musgo, de liquen y de otras materias semejantes, que sirven, por decirlo así, de borra ó colcha intermedia y hacen al nido mas ínpenetrable por afuera y mas blando por dentro. Prepararlo de esta manera, en él depone la hembra cuatro ó cinco huevos, cuyo fondo blanco-sucio está sembrado de manchitas bien cortadas de un pardo casi negro, y mas espesas hacia el extremo ancho que en lo restante. Los empolla con asiduidad cerca de tres semanas; y cuando los hijos han nacido, no solo continúa prodigándoles sus mas afectuosos cuidados durante mucho tiempo (1), sino que los defiende contra sus enemigos, y aun contra el hombre con una intrepidez que excede á lo que podria esperarse de ave tan pequeña. Se ha observado á los padres lanzarse desesperadamente sobre los que les robaban su parva; y lo que es aun mas raro, se ha visto á la madre, cogida con el nido, continuar empollando en la jaula y morir sobre los huevos.

Desde el momento en que los hijos están criados, la familia emprende la marcha para el viaje, comunmente á últimos de agosto ó principios de setiembre. Nunca se juntan en grandes vuelos, ni aun en familia; pues es raro encontrar mas de dos ó tres reunidos. Aunque vuelan con poca ligereza y batiendo las alas como el Mirlo, es sin embargo muy probable que se retiran á cuarteles de invierno al África; pues por una parle, el caballero Mazy, comendador de la orden de Malta, me ha asegurado que pasan por aquella isla en setiembre y vuelven por la primavera, y por otra, Thevenot dice que pasan á Egipto por mayo y lo verifican otra vez en setiembre. Añade que la primera vez están muy gordas, y que entonces es su carne un buen bocado. Aldrovando se admira de que en Francia no se sirvan en la mesa.

La Oropéndola es con poca diferencia del tamaño de un Mirlo; tiene de diez á once pulgadas de longitud, diez y ocho de vuelo, cuatro de cola y diez y seis líneas de pico. El macho es de un hermoso amarillo sobre todo el cuerpo, cuello y cabeza, á excepción de un lincamiento negro que coge desde el ojo hasta el ángulo de la abertura del pico. Las alas son negras con algunas manchas amarillas que terminan la mayor parte de las grandes pennas y algunas de sus coberteras; la cola está casi igualmente repartida entre el amari-

(1) Las Oropéndolas jóvenes siguen muchó tiempo al padre y la madre, dice Belon, hasta que han aprendido bien á mantenerse. (Sature des oiseaux.)



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Museo pintoresco de Historia Natural. Zoología, animales, aves. Publicado a mitad del siglo XIX. Zoología o Reino Animal. Buffon Historia Natural los Tres Reinos de la Naturaleza

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