Zoología. Aves. Pajaros. Página 219. Tomo 3. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. en Aragón.
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Zoología. Aves. Pajaros. Página 219. Tomo 3. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza.

Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 3

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



volver á ellas. Esta ocultación de la Alondra no fue desconocida á Aristóteles, y Klein dice que la ha observado por sí mismo.

Encuéntrase este pájaro en casi todos los paises habitados de ambos continentes, y según Kolbe hasta en el cabo de Buena-Esperanza: podria también subsistir en las tierras incultas en que abundasen los matorrales y enebros, pues se place debajo de arbustos, que le ponen á él y á sus crias al abrigo de las aves de Rapiña. Atendida la facilidad con que se acostumbra á todos los paises y á todos los climas, extrañó parecerá sin duda que no se le encuentre en la costa de Oro, como asegura Villault.

Nadie ignora los diferentes lazos con que comunmente se cojen las Alondras, tales como los cepos, paranceras, etc.; pero hay uno que se emplea mas comunmente, y que ha tomado su nombre del pájaro mismo llamándose red de alondra. Para sacar buen partido de esta caza es necesario una mañana fresca, un buen sol, un espejo que gire sobre su eje, y una ó dos alondras vivas para llamar a las otras; pues todavía no se sabe imitar su canto en términos que ellas se engañen: por cuya razón dicen los pajareros que no sigun el reclamo, sino que parecen mas sensiblemente atraídas por el juego del espejo. De aquí no debe deducirse que su objeto sea el mirarse, como se ha creído por el instinto que les es común con todas las aves de pajarera de cantar delante de un espejo con doble vivacidad y empeño, sino que los rayos de luz que en su movimiento arroja hacia todos puntos el espejo, despiertan su curiosidad, ó creen que es una luz reflejada por la inquieta superficie de las aguas vivas, que buscan en aquella estación. Así es que todos los años durante el invierno se cogen muchísimas en las inmediaciones de las fuentes termales, en donde ya he dicho que se reunían; mas ninguna especie de caza destruye tantas á la vez como la de varetas de liga, que se practica en la Lorena francesa y en otras partes, y cuyo pormenor voy á exponer, porque es poco conocida. Se empieza preparando mil quinientas ó dos mil varetas, que se hacen con ramas de sauce bien recta, ó á lo menos bien enderezadas, y de cuatro pies y medio de longitud, aguzadas, y aun quemadas en uno de los extremos; se les barniza con liga por la punta opuesta en la longitud de un pié; se las coloca en líneas paralelas en terreno conveniente, que es por lo general una llanura en barbecho en donde ya se sepa que hay suficiente número de Alondras para indemnizar los gastos, que no dejan de ser considerables; el intervalo de las líneas debe ser tal, que pueda pasarse entre dos de ellas sin tocar las varetas, y el espacio entre dos de estas debe ser de un pié correspondiendo cada una de ellas al intervalo de las líneas que están al frente.

Todo el arte consiste en plantar las varetas con regularidad y bien á plomo, de manera que estén fijas mientras no se las toque, y que se caigan al momento en que, pasando la Alondra, dé con ellas.

Cuando están plantadas todas las varetas forman un cuadrilongo que presenta uno de sus costados al terreno en que están las Alondras, que es el frente de la caza: en cada uno de los extremos se fija una banderilla, que sirve de punto de vista á los cazadores, y en ciertos casos les hace algunas señas.

El número de las personas debe ser proporcionado á la extensión de terreno que quiera abrazarse. Sobre las cuatro ó las cinco de la tarde, según el otoño está mas ó menos adelantado, se divide la cuadrilla en dos destacamentos iguales, mandado cada uno por un jefe inteligente, el cual á su vez está subordinado á un comandante general que debe colocarse en el centro.

El uno de estos destacamentos se reúne á la bandera de la derecha y el otro á la de la izquierda; y guardando ambos profundo silencio, se extienden cada uno por su lado, diseñando una linea circular para reunirse otra vez á media legua del frente de la caza, con el fin de formar un solo cordón que se une mas de cada vez acercándose á las varetas, y siempre impele á las Alondras hacia adelante.

A la caida del sol el centro del cordón debe hallarse á doscientos ó trescientos pasos del frente, y entonces es cuando debe marcharse con circunspección deteniéndose, echándose en tierra boca á bajo, levantándose y volviéndose á poner en movimiento á la voz del jefe. Si todas estas maniobras se han mandado á tiempo y se han ejecutado bien, la mayor parte de las Alondras encerradas dentro del cordón, y que á esa hora no se elevan mas allá de tres ó cuatro pies, dan en las varetas, las hacen caer, y arrastradas en su caida, se cogen á la mano.

Si todavía queda tiempo, se forma por el lado opuesto un segundo cordón de cincuenta pasos de espesor, y se vuelve á empujar hacía las varetas á las Alondras que la primera vez se habían escapado, cuya operación se llama revirar.

Los curiosos inútiles se mantienen en los alrededores de las banderas, aunque algo atrás para evitar la confusión.

En una de estas cazas se cogen hasta ciento y mas docenas de Alondras, y se reputa por muy mala la que solo produce veinte y cinco docenas. Algunas veces también se cogen vuelos de Perdices y aun de Mochuelos; lo que incomoda mucho, pues, este contratiempo hace levantar á las Alondras, lo mismo que el paso de. una liebre que cruce el cercado, ó cualquiera otro movimiento ó ruido extraordinario.

Durante el verano las aves voraces destruyen también muchas Alondras, pues son su presa ordinaria, aun de las mas pequeñas; y el Cuclillo, que no construye nido, procura muchas veces apropiarse el de las Alondras y sustituir sus huevos á los de la verdadera madre. Sin embargo, á pesar de tantos medios de destrucción, la especie siempre parece mas numerosa; lo que prueba su prodigiosa fecundidad, y da nuevo grado de verosimilitud á lo que se dice de sus tres puestas anuales. Es cierto que este pájaro vive mucho tiempo, atendida su pequenez; pues, segun Olina, vive muchos años, doce según otros, veinte y dos según el dictamen de una persona fidedigna, y veinte y cuatro si debe creerse á Rzaczjnsky.

Los antiguos supusieron que la carne de la Alondra hervida, asada y aun calcinada ó reducida ácenizas, era un específico contra el cólico; pero de algunas observaciones modernas resulta que lo causa muchas veces, y Lineo la cree perjudicial para las personas que padecen de mal de piedra. Lo que parece mas cierto es que la carne de las Alondras es un alimento muy sano y grato cuando están gordas, y que la picazón de estómago ó de entrañas que se siente después de haberla comido proviene de que, sin notarlo, se han tragado algunos fragmentos de sus huesecillos, que son muy agudos y finos. Ese pájaro pesa mas ó menos, según su mayor ó menor gordura, desde siete ú ocho dracmas hasta diez ó doce.

A estos datos de Ruffon añadiremos los de Lesson.

Es de un gris bermejizo y está manchada de flámulas negra- en el centro de cada pluma; la garganta es blanca y del mismo color el vientre. La hembra está mas manchada que el macho. Encuéntranse algunas variedades cuyo plumaje es totalmente de un blanco puro; otras están tapizadas de blanco; y otras, por último son de un moreno sombrío que propende á mas ó menos negro.

La Alondra vive en los campos, anida en tierra, y pone de cuatro á cinco huevos grisientos manchados de moreno. Es una ave que habita en todas las partes de Europa, hasta en Sibería, y lo mismo en Asia que en el Norte de África. Mr. Menetríes la encontró en las estepas del Cáucaso; Mr. Ruppell la halló en la Nubia. Risso dice que es sedentaria en el condado de



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Museo pintoresco de Historia Natural. Zoología, animales, aves. Publicado a mitad del siglo XIX. Zoología o Reino Animal. Buffon Historia Natural los Tres Reinos de la Naturaleza

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