Zoología. Aves. Página 205. Tomo 3. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. en Aragón.
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Zoología. Aves. Página 205. Tomo 3. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza.

Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 3

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



Iguales experimentos hechos con nueve pececillos lie. A eso Je nueve horas encontrélede pié al lado del

de siete distintas especies han producido iguales resultados. Estas siete especies son : el Gobio, el Alburno, la Dóbula, el Vario, la Múrela, la Liza, y el Ciprinus amaras. Ocho individuos de las seis primeras murieron en menos de veinte y cuatro horas de tenerlos bajo el agua , mientras los demás que puse en iguales redomas, pero con la libertad de subir á la superficie vivieron y conservaron toda su vivacidad. Es verdad que el Cyprino amargo vivió mas tiempo que las otras seis especies; pero noté también que el individuo libre de esta misma especie subia rara vez á la superficie , siendo de pensar que ellos se mantienen mas largo tiempo que los otros en el fondo de los riachuelos, lo que supondrá una organización algo diferente. Debo añadir con todo que subia frecuentemente hasta los canutillos de paja que le impedían llegar á la superficie del agua ; que desde el segundo día pareció inquieto, y que su respiración fue desde entonces cansada , y su escama se volvió pálida y blanquizca.

Otro esperimento mas admirable aun : de dos carpas iguales, laque tuve constantemente bajo el agua, vivió un tercio menos que. la que puse sin ella, á pesar de haber esta con sus saltos y movimientos caído de un estante de chimenea que tenia unos cuatro pies y ocho pulgadas de alto. En otros dos experimentos cotejados , hechos en dos dóbulas mucho mayores que las antedichas, las que tuve al aire, vivieron mucho mas, y algunas doble tiempo de las otras que puse bajo el agua.

He dicho que las Ranas sobre que hice mis observaciones se habían encontrado bajo el hielo; y como esta circunstancia podria hacer creer á alguien que las Ranas pueden vivir largo tiempo sin aire y bajo el agua , debo añadir que las que se encuentran bajo el hielo no quedan sin aire, pues es bien sabido que el agua deja escapar en tanto que se hiela una grande cantidad de aire, que queda necesariamente entre el agua y el hielo, y que saben buscar las Ranas.

Si pues es constante por los citados experimentos que las Ranas y Peces no pueden pasar sin aire; si la observación general de todos los tiempos y paises arroja de si que ningún anfibio pequeño ni grande puede subsistir sir respirarle, á lo menos por intervalos y cada cuálá su modo : ¿cómo podremos persuadirnos que las aves soporten por tan largo tiempo su entera privación? ¿cómo suponer que las Golondrinas, esas hijas del aire, de ese fluido elástico y liviano, que parecen organizadas para verse suspendidas en él continuamente, ó á lo menos para respirarlo siempre, puedan vivir sin él seis meses enteros?

A mí, mas que á nadie, tocaría creer esta paradoja con la ocasión que tuve de hacer un experimento, único tal vez hasta el dia, que tiende á confirmarla. El 5 de setiembre á las once de la mañana encerré en una jaula una cria entera de Golondrinas de ventana, compuesta de los padres y tres polluelos en estado de volar. Volví cuatro ó cinco horas después á la sala donde dejé la jaula, y ya no vi al padre, á quien encontré por fin, después de media hora de buscarle: babia caido en un gran jarro lleno de agua, donde se habia ahogado. Reconocí en él todos los síntomas de una muerte aparente : ojos cerrados, alas caídas, y cuerpo arrecido. Se me ocurrió resucitarle, como lo habia prac ticado otras veces con Moscas ahogadas; dejóle cualro horas y media en ceniza caliente, no dejando de él descubierto mas que la abertura del pico y ventanas de la nariz. Sosteníase sobre su vientre; vínole bien pronto un movimiento sensible de respiración, que hacia hender la ceniza que cubría su lomo; y tuve cuidado de ir poniendo la necesaria. A eso de siete horas la respiración era mas notable , abría de cuando en cuando los ojos; pero se mantenía aun sobre su vien-

pequeño montón de ceniza; la mañana siguiente ya estaba lleno do vida; ofreciósele pasta é Insectos, y todo lo despreció á pesar de no haber probado nada la víspera. Habiéndole dejado en una ventana abierta, estuvo unos momentos mirando á uno y otro lado; después rompió el vuelo dando un pequeño grito de júbilo, y dirigióse al lado del rio. Esta especie de resurrección de una Golondrina después de dos ó tres horas de ahogada , no me ha hecho ninguna fuerza para creer la periódica y general de todas las Golondrinas después de haber permanecido muchos meses bajo el agua. La primera de dichas resurrección! es un fenómeno al que nos ha acostumbrado la medicina moderna , y que palpamos todos los dias en los recientemente ahogados; la segunda no es á mi ?eí ni verdadera ni verosímil, pues á mas de lo dicho, ¿no es del todo inverosímil que una misma causa produzca contrarios efectos; que la temperatura del otoño disponga las aves al entorpecimiento, y que las anime la primavera, siendo el grado medio de esta , contando desde el 22 de marzo al 22 de abril, menor que el del otoño, contando desde el 22 de setiembre al 22 de octubre? ¿No es por la misma razón inverosímil que la oculta energia de la primavera , en su período mas frío y cuando lo es mas que nunca, como en 1740, dispierte á las Golondrinas en lo mas hondo de las aguas, sin dispertar al mismo tiempo los Insectos que las alimentan, siendo estos ma,s sensibles á su misteriosa acción? Si es cierto que las mismas causas producen los mismos efectos, ¿cómo resucitan ellas para morir de hambre, en lugar de volver á entorpecerse á su vez y hundirse otras tantas en el agua? ¿No se dirá ser del todo inverosímil que esas veces, entorpecidas y sin movimiento ni respiración, rompan el hielo que con frecuencia cubre los lagos al tiempo de su primera aparición ; y que al contrario, cuando la temperatura de febrero y marzo es benigna y aun caliente, como en 1774, no pueda adelantar con todo un solo dia de la época de esta aparición? ¿No es contra toda verosimilitud que, mirando el frió como causa de su entorpecimiento, no dejen con todo de entorpecerse en el tiempo prefijado, aunque sea en un otoño caluroso? ¿No es en fin del todo inverosímil que las Golondrinas del Norte, siendo absolutamente de la misma especie que las del Mediodía, tengan todas tan diferentes hábitos que suponen una organización tan distinta?

Buscando entre los hechos conocidos lo que pudo dar margen á ese error del pueblo ó de los sabios, pienso que entre las ¡numera tiles Golondrinas que en los primeros y últimos períodos de su permanencia se reúnen de noche sobre los juncos de los estanques J que revolotean con fri c ueiicia sobre las aguas, iludieron muy bien ahogarse algunas por acasos imaginables : pudieron también los pescadores encontrar en sus redes algunas recientemente ahogadas, y po -nerlas en una estufa, donde las verian animarse insensiblemente, concluyendo de ahí muchos precipitadamente y con harta generalidad que en algunos países tenían las Golondrinas sus cuarteles de invierno bajo las aguas. Los sabios, en fin, apoyados en un texto de Aristóteles, harían peculiar este habito á las Golondrinas de los paises septentrionales, á causa de lo que distan de los calientes, donde encontrarían la temperatura y el alimento que les conviene: como sí cuatro- ¦ cíentas ó quinientas leguas fuesen de insuperable obstáculo á unas aves de tan ligero vuelo, capaces de correr doscientas en un dia, y que por otra parte avanzando siempre hacia el Mediodía irían sucesivamente encontrando mas plácida temperatura y mas abundante alimento. Creyó, en efecto, Aristóteles en la ocultación de las Golondrinas y algunas otras aves, v no se engañó mas que por la demasiada generalidad de su aserción, por ser del todo cierto haberse visto



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Museo pintoresco de Historia Natural. Zoología, animales, aves. Publicado a mitad del siglo XIX. Zoología o Reino Animal. Buffon Historia Natural los Tres Reinos de la Naturaleza

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