Zoología. Aves. Pajaros. Página 218. Tomo 3. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. en Aragón.
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Zoología. Aves. Pajaros. Página 218. Tomo 3. Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza.

Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 3

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



Ipodad inducea a creer que pueden hacer tres crias cada verano, la primera en mayo, en julio la segunda, y la última en agosto; pero si esto sucede, será principalmente en los paises cálidos, en donde los huevos necesitan menos tiempo para empollarse, y menos los polluelos para llegar al punto en que ya no necesitan de los cuidados de la madre, y en los cuales esta misma puede con menos tiempo preparar otra cria. Aldrovando y Olina que hablan de tres crias al año, escribían y observaban en Italia; Frisch, que trata de lo que sucede en Alemania, solo admite dos; y Schwen-ekfeld solo una, hablando de Silesia.

Los hijuelos permanecen algo distantes unos de otros, porque la madre no siempre los cobija bajo las alas; pues muchas veces revolotea sobre la parva, siguiéndola con la vista con una solicitud verdaderamente maternal, dirigiendo todos sus movimientos, proveyendo á todas sus necesidades, y velando sobre todos sus riesgos.

El instinto que mueve á las Alondras hembras á criar y cuidar de esta manera su pollada, se declara muy prematuramente, y aun antes que el que las llama á la maternidad, que según el orden natural parece que debiera precederle. En mayo adquirí una alondrita que aun no comia por sí sola: la hice criar, y apenas pudo gobernarse por sí misma, me trajeron de otra parte un nido con tres ó cuatro alondritas de la misma especie, á las que se aficionó extremadamente, sin embargo de ser poco menos tierna que ellas. Las cuidaba de dia, y de noche las calentaba bajo sus alas; con el pico les metia la comida en la boca, sin que nada fuese capaz de distraerla de estos interesantes cuidados, pues si se le arrancaba de encima de los polluelos, volvía á ellos en el momento en que se veía libre, sin que jamás tratase de escaparse, como lo habría podido hacer mil veces. Su afecto creció en términos, que descuidó el comer y el beber, alimentándose con el solo cebo que se la daba al mismo tiempo que á sus hijos adoptivos; y al fin murió consumida por esta especie de pasión materna, sin que la sobreviviera ninguno de los pequeñuelos, que perecieron uno tras otro: tan necesarios les eran sus cuidados, y tanto eran estos no solo afectuosos, sino bien entendídos y adecuados á aquellos seres.

El alimento mas común en las alondritas son los Gusanos, las Orugas, los huevos de Hormiga y de Langosta, lo cual con justo motivo les ha adquirido muchas consideraciones en los paises que están espuestos á la devastación de estos Insectos destructores. Cuando son adultas se mantienen principalmente de semillas, yerbas, y por decirlo de una vez, de vegetales.

Las que se quieren conservar para el canto deben cogerse en octubre ó noviembre, prefiriendo en cuanto sea posible los machos, y atándoles las alas cuando son muy esquivas, para evitar que con sus atolondrados y rápidos movimientos se rompan la cabeza en el techo de la jaula. Se las domestica fácilmente, y se ponen tan mansas, que vienen á comer sobre la mesa, yá posarse sobre la mano; pero no pueden sostenerse sobre un dedo, por la conformación de su uña posterior, que es muy larga y derecha para poder abarcarlo; por cuya razón sin duda no se encaraman nunca en los árboles. De aquí se deduce sin esfuerzo que en sus jaulas son inútiles los travesanos.

En Flandes crian á las párvulas con simiente de adormidera mojada, y cuando comen solas, con miga de pan también humedecida; pero desde que empieza á oirse su canto, es indispensable darles corazón de carnero ó de becerro hervido y picado con huevos duros, mezclando trigo, espeleta y avenas mondadas, mijo, linaza, adormideras y cañamones machacados, mojado todo en leche. Frich advierte que, cuando no se les da otro aumento que los cañamones machacados, tiende su plumaje á ponerse negro. Supónese también que la simiente de mostazales es perjudicial; mas á excepción de esto, se las puede alimentar con toda especie de semillas, y con todo lo que se sirve en nuestras mesas, convírtiéndolas en pájaros domésticos. Si es cierto lo que dice Frich, tienen el particular instinto de probar el alimento con la lengua antes de comerlo. Por lo demás, aprenden á cantar y saben adornar su gorgeo natural con todas las gracias que puede darles nuestra artificial melodía. Se han visto machos párvulos que habiendo sido enseñados con un organillo, retuvieron en muy poco tiempo sonatas enteras, y las repetían con mas dulzura que un pardillo ó un canario. Las que permanecen en estado salvaje habitan durante el verano las tierras mas elevadas y secas; en invierno bajan á la llanura, se reúnen en numerosas bandadas, y es la estación en que se ponen mas gordas, porque como casi siempre están en tierra, puede decirse que comen continuamente. En verano es cuando están mas flacas: entonces van siempre de dos en dos, vuelan sin cesar, cantan mucho, comen poco, y solo el amor las hace posarse. En los frios mas rígidos, sobretodo cuando hay mucha nieve, acuden de todas partes á las cercanías de las fuentes que no se hielan; y en aquella época, es cuando se encuentra yerba en su molleja, y algunas veces se ven reducidas á aumentarse con el estiércol de caballo que se encuentra por las carreteras, y á pesar de todo eso están mas gordas que en época alguna del verano.

Su modo de volar consiste en remontarse casi perpendicularmente y como si dijéramos con interrupciones, sosteniéndose á una grande altura, desde donde, como antes he advertido, se las oye perfectamente. Su descenso es al contrario, pues lo verifican bajando con mil vueltas para posarse en tierra, á no ser que se vean amenazadas por el ave de Rapiña ó traídas por una amada compañera, en cuyo caso se precipitan como una piedra que cae de lo alto.

Déjase entender que unos pájaros tan pequeños que se elevan por los aires á mucha altura pueden ser muchas veces arrebatados por una ráfaga de viento hacía la mar, y aun mas allá. «Al momento que uno se, acerca á las tierras de Europa, dice el padre Du Tertre, se empiezan á ver aves de Rapiña, Alondras, y Gilgueros que, arrebatados por los vientos, pierden de vista la tierra, y se ven en la precisión de posarse en los palos y maniobras de los buques. Por esta razón el doctor Hans Sloane las ha visto á cuarenta millas mas adentro, y el conde Marsigli en el Mediterráneo. Así mismo es presumible que las que se han encontrado en Pensilvania, en Virginia y en otras regiones de América, fueron transportadas allí del mismo modo. El caballero Mazis me ha asegurado que las Alondras pasan á Malta en noviembre; y aunque no indíca las especies, es probable que la común sea del número de ellas, pues Lottinger ha observado que pasan muchísimas por Lorena, y que acaban de verificarlo en el mismo mes de noviembre, en cuya época ya se ven poquísimas; que las pasajeras arrastran consigo á las que nacieron en el país, aunque luego después aparecen otras tantas, bien sea que sigan á las primeras, o bien que las que al principio partieron con las viajeras vuelven á retroceder, que es lo mas verosímil. Sea de esto lo que quiera, puede asegurarse que no pasan todas, pues en nuestro país se las ve en todas estaciones, y en Beauce, en la Picardía y en otras muchas provincias se recogen en gran número en invierno; siendo opinión común en esos puntos que no son aves de paso, y que si durante los frios mas rígidos ó cuando la nieve se sostiene mucho tiempo sin derretirse, se ausenta por algunos dias, verificanlo las mas veces para guarecerse bajo de alguna roca ó en alguna caverna bien situada, y como ya he dicho antes, cerca de las fuentes termales. Sucede también que instantáneamente desaparecen en la primavera cuando, después de algunos dias templados que les hicieron salir de su madriguera, sobrevienen fríos rigorosos que las hacen



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