Zoología. Reptiles. Ofidios o Serpientes. Solenoglifos o Tanatofidios. Página 495. Tomo 4. Los Tres Reinos de la Naturaleza. en Aragón.
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Zoología. Reptiles. Ofidios o Serpientes. Solenoglifos o Tanatofidios. Página 495. Tomo 4. Los Tres Reinos de la Naturaleza.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



OFIDIOS O SERPIENTES. 495

CUADRO SINÓPTICO DE LOS GÉNEROS DE LA SECCIÓN DE LOS SOLENOGLIFOS

r con placas y un escudo centril. . 2 Pellas.

^cóncavas,¡

o -ta

■ -

i dobles; ventanas de la 1 nariz

. [ aproximadas por en-

[ de la nariz

en los lados. .

' planas ó con láminas convexas; cejas muy salientes...................

Isencillas, á lo menos eu parte en una soja Gla; vértice

con placas.

L¡ !

3, 1 -ù

1 c

•tice

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ir

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■les;

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escamoso.

con estuches córneos, articulados, móviles, ó sean cascabeles. . .

j aquilladas.....

lo; con escamas'

(lisas. . . ... ...

muy distintas, lisas, convexas.....

nulas ■ fredomlas i 1¡sas.......

perciliares

' guiares

puntiagudas y aquilladas.

;5 ' sencillas á lo menos en parte en una sola y misma fila.

4 Echidnea. 3 Vípera.

5 Cerastes.

i AcanthopRis.

6 Echis.

7 Crotalls.

9 Trigon'Ocephalus, IO Leiolepis. ti Botrops.

12 Athropos.

13 Tropidolemls.

8 Lachf.sis.

Supuesto que.el veneno llamado curare tiene por sus efectos tanta analogía con el de las serpientes, como que se cree que el de estas es uno de los principios constitutivos de tan terrible sustancia, vamos á dar algunos pormenores sacados de una nota remitida por E. Goudot á Pelouze, y que añade nuevas noticias á las que precedentemente habia referido Humboldt.

El curare es una ponzoña que preparan algunas de las tribus mas lejanas que habitan los bosques de las orillas del Alto Orinoco, el rio Negro y el de las Amazonas, tribus todas, ó casi todas, antropófagas. Los indios de Mesaya , que es una de las mas feroces, le preparan y comercian con él con los habitantes de la frontera de Nueva Granada, los cuales despreciando las fiebres y toda suerte de peligros, se atreven á penetrar hasta el fondo de los bosques para ofrecerles hachas, cuchillos , tijeras, agujas y algunos toscos tejidos de algodón, reediicndo en cambio venenos, cera de abejas casi tan blanca como la de Cuba, féculas colorantes y barniz que puede compararse con el del Japón.

La preparación del curare varia según las tribus, reputándose como el mas activo, el que viene de las mas próximas al Brasil.

El procedimiento que emplean los indios de Mesaya, que distan solamente unas veinte jornadas de ta frontera de Nueva Granada, es el único algo conocido y todavía de un modo muy imperfecto, porque se lo guardan como un gran secreto, del cual solo son depositarios sus adivinos. Estos hombres, que^son á la vez sus sacerdotes y sus médicos, emplean una enredadera ó bejuco que llaman, curari (y de ahí el nombre de la ponzoña), la1 cual da un jugo lechoso, abundante y muy acre, puesta en maceracion en agua durante cuarenta y ocho horas. Se exprime luego y se filtra con mucho cuidado el líquido, sometiéndole enseguida á una evaporación lenta; subdivídese entonces én muchas vasijas de tierra colocadas sobre coniza saliente, y continua la evaporación con muchísimo mas cuidado aun. Toda vez ha tomado la ponzoña la consistencia de exlracto blando , se echan en

ella algunas gotas de veneno sacado de las vejiguillas de las serpientes mas venenosas , quedando terminada la operación luego que el extracto está perfectamente seco. En tal estado, y fuera del contacto del aire húmedo se conserva e¡ curare indefinidamente según aseguran los indios.

Mr. E. Goudot disolvió en algunas gotas de agua destilada una corta cantidad de dicha sustancia, comprada á los indios andaquias (que son los mas cercanos á la frontera) y con un pincel mojó la punta de flechas construidas con la palmera guajó. Disparólas sucesivamente contra un pato, una gallina, un gallo viejo y un gallínayo (Vultur andinensis), y observó que el primero y la segunda murieron á los cuatro minutos, el tercero sucumbió á los diez y el cuarto á los tres y medio. La muerte se presentaba en dichos animales sin convulsiones ni sacudimientos; quedaban postrados y tenían algunos vómitos antes de ei-pirar. Los cazadores de osos necesitan clavar doce, quince y hasta diez y ocho flechas en el cuerpo de esas fieras para rematarlas.

El curare tiene un sabor amargo, muy pronunciado, pero no desagradable. Los indios le usan como tóuico en ciertas afecciones del estómago; pero tal uso llegaría á ser mortal en el caso de ulceración de la boca, pues solo obra cuando penetra en el aparato circulatorio.

Pelouce y Cl. Bernard han hecho varios experimentos, cerciorándose por ellos de la grande energía toxica del curare. Y recientemente (primer semestre de 1854) los señores Brainard y Greeue han comprobado que las disoluciones compuestos de una parte de iodo y de tres ile ioduro potásico, obraban en los casos do envenenamiento por esta sustancia del mismo modo que en la intoxicación por el veneno de las serpientes. De cosiguiente el iodo es un contraveneno del curare.

Boussirjgault dice que no está suficientemente demostrado que el curare contenga veneno de serpiente, y por lo menos asegura que no le tenía el que trajo de uno de los afluentes de las Amazonas. Obtuviéronle los indios tratando por el agua fria (á unos 30