Zoología. Reptiles. Ofidios o Serpientes. Página 407 Tomo 4. Los Tres Reinos de la Naturaleza. en Aragón.
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Zoología. Reptiles. Ofidios o Serpientes. Página 407 Tomo 4. Los Tres Reinos de la Naturaleza.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



Laurenti, al hablar de la mordedura de la víbora en pequeños mamíferos ó aves, indica la serie de fenómenos siguientes : dolor agudo, respiración dificil, tendencia á la expectoración ó vómito de una mucosi-dad sanguinolenta, entumecimiento, calor, rubicundez , y á veces esfacelo en el sitio de la herida , muriendo el animal antes de los diez minutos. — Bosc, que observó la mordedura del crótalo , dice que en el mismo momento apenas causa dolor, pero á los tres segundos se nota hinchazón y latidos ó punzadas. Sécase la boca, se, inflama, sobreviene sed, y se hincha la lengua saliendo de la boca. Sobreviene luego la muerte como por estrangulación y parece que se gangrena la herida.—Sir Evérad Home y Mr. Piliorel tuvieron también ocasión de seguir los electos de la mordedura de una serpiente de cascabel, y de sus observaciones presentadas por el último á la Academia de Ciencias de Paris extractamos lo siguiente : «El 8 de febrero de 1827 llegó á Rúan un inglés que venia de Londres con una colección de fieras, y entre ellas, tres serpientes de cascabel aletargadas. Una de ellas murió, pero al tratar de reanimar á las otras, fue mordido en una mano. Los accidentes se desarrollaron con extraordinaria rapidez. La herida causaba un dolor vivo y desgarrador, declarándose luego en ella una hinchazón inflamatoria tan intensa, que pronto se notó la tendencia á la gangrena, por haber aparecido flictenas y manchas amoratadas. El herido experimentó náuseas, debilidad, vértigos, repetidos síncopes, gran dificultad de respirar, vahídos, desórdenes intelectuales, sobreviniendo por último vómitos amarillos, viliosos, convulsiones, calambres, dolores en la región del ombligo, y la muerte.»

No siempre son, empero, tan funestos los efectos de la mordedura de la serpiente de cascabel, pues Bosc refiere mas de treinta casos, en los cuales no determinó la muerte, si bien fueron gravísimos los accidentes.

El conde de Casleluau comunicó á la Academia de Ciencias de París, una nota , (sesión del 26 de marzo de 1842) con curiosos pormenores sobre las costumbres de los ofidios de la América del Norte. Entre otras cosas dice lo siguiente : n Los crótalos son muy numerosos y se multiplican de un modo espantoso en los sitios altos, secos y peñascosos. En la montaña de Casi bilí y en los alrededores del lago Georges, se reúnen los habitantes para hacer batidas. En una sola expedición y en un solo dia destruyeron 300 ó 400 serpientes.» El autor refiere un procedimiento que se ha aplicado con muy buen resultado para la curación de los animales mordidos por un crótalo. Principiaré por hacer una ligadura muy apretada encima de la herida, á fin de obviar en lo posible las convulsiones cada vez mas intensas que acaban por producir la muerte. Conseguido esto se afloja la ligadura para que se absorva una corta cantidad de veneno que solo determine débiles convulsiones, continuando así hasta que desaparecen los accidentes. Vemos, pues, que fraccionando la dosis del veneno se atenúan los efectos deletéreos, conforme lo vio el mismo Castelnau. Este autor asegura también que es muy buscada la carne del crótalo, para servirla en las mesas de los mas ricos plantadores, cuyo hecho refiere también Batram en su viaje.

Se han hecho experimentos sobre la acción de este veneno, habiendo comprobado Russel en la costa de Coromandel los efectos de la mordedura de especies muy diversas de serpientes venenosas. Fontana en Italia, notó que un miligramo del veneno de la víbora, introducido en un músculo de un gorrión bastaba para matarle, pero se necesitaban seis veces mas para

obtener el mismo resultado en una paloma, y, según su cálculo, 15 centigramos (3 granos) para causar la muerte á un hombre. Como la víbora apenas contiene 10 centigramos en sus vesículas, serian precisas muchas mordeduras para que determinasen la muerte. Sin embargo, citanse ejemplos de niños muertos í consecuencia de una sola mordedura en la mejilla ó en el maléolo interno. En el caso de que el veneno sea mortal deja á menudo huellas funestas é indelebles, como la ictericia, la sequedad de las fauces y de la boca, una gran sed, cólicos y retortijones, dificultad en la secreción ó la emisión de la orina, calofríos, hipo, debilidades instantáneas, sudores fríos, etc.

Se han indicado y preconizado sucesivamente y con gran énfasis muchos pretendidos antídotos seguros contra los efectos de la mordedura de las serpientes venenosas. En cada país, y sobre todo en las regiones cálidas, donde abundan , los epsilas, los charlatanes ó los pretendidos hechiceros, proclamándose dotados de medios sobrenaturales, suponen que tienen el poder de encantar y sojuzgar á tan peligrosos reptiles. Los epsilas de que hablan Heródoto y Estrabon eran pueblos del norte del África que conocían remedios contra todos los venenos, y en especial se declaraban invulnerables por la mordedura de las serpientes. Los ofiogenes del Egipto, y los marsas entre los romanos, eran charlatanes de igual clase. En África y en Asia, según los relatos de los viajeros, los trotaferias reúnen en corro al pueblo bajo en medio de las plazas , y por medio de cantos, de sonidos y de grotescas actitudes hacen salir de sacos y de cajas algunas serpientes que ejecutan varios movimientos á compás. Para ejercitarles en esta's maniobras les arrancan los dientes venenosos á medida que van á soldarse con los supra maxilares; pero otras veces se apoderan de serpientes inocentes del género Eryx, á las cuales procuran hacer pasar por cerastes, especie de víboras justamente temidas en aquellos países. En las cabezas de estos erix, por medio de un procedimiento operatorio, ingerían debajo de la piel del cráneo , espolones ó uñas de aves que se arraigan y continúan desarrollándose; asi como en nuestras alquerías ó casas de campo, al castrar los polluelos, ingerían á veces con buen resultado en el origen de la cresta la raiz de los espolones desprendidos de sus tarsos.

En Italia y Francia, después de los magníficos experimentos de Redi y de Fontana, se ha insistido sobre todo en la necesidad y las ventajas de la moción directa de la herida verificada en el acto mismo con los labios. Sin disputa es este medio el mas racional y expedito. También se ha propuesto suplir la succión por una ventosa muy sencilla, sirviendo para el caso una botellita de paredes muy delgadas y de cuello largo que se aplica después de haber enrarecido por el calor el aire que contenia, y de haber ensanchado un poco la herida. Se ha indicado igualmente que se malaxe ó se sobe fuertemente la piel con agua tibia , y si no se tiene á mano con orines calientes. Se ha preconizado las fricciones con aceite, con cloro, cal amoniaco, con agua de Lucio (aceite de succino amoniacal), y hasta se han administrado también interiormente , con trazas de buen resultado, lo mismo que los sudoríficos alcohólicos.—Se ha propuesto la ligadura para oponerse á la hinchazón, y á la absorción del virus; la cauterización con un hierro candente, con nitrato de plata fundido (piedra infernal), nitrato de mercurio liquido, cloruros de zinc ó de antimonio , la pasta cáustica de Viena ó un pedazo de potasa pura, una sola gota de ácido sulfúrico ó nítrico, etc., á fin de neutralizar ó destruir el veneno antes que sea absorbido.

En otro tiempo se recomendó mucho la aplicación de cierta piedra negruzca ó verdosa (al parecer un bol arcilloso) muy suave, untuoso, susceptible de buen

Ojepit; deíessos iret qu¡ sudor in artas

Non fuit, atque oculos lacrymarum veDa refugit.



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