Zoología. Reptiles. Lagartos. Saurios. Cocodrilos. Página 142. Tomo 4. Los Tres Reinos de la Naturaleza.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

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del agua van á situarse debajo de las aves nadadoras para cogerlas por las patas. Aveces se arrojan de improviso sobre los animales que van á apagar su sed á orillas dé los rios, y en seguida los sumergen y ahogan para llevárselos á un sitio seguro que tienen previamente elegido. Preténdese igualmente que asi almacenan los cadáveres de sus víctimas á fin de comérselos con preferencia luego que principian á descomponerse.

Tragan la presa á pedazos cuando es demasiado voluminosa para poderla deglutir de una vez, ó para pasar por la abertura de las dos mandíbulas. Estas materias permanecen mucho tiempo en un esófago dilatado (ó especie de buche) antes de llegar al estómago. Viene á ser una bolsa enorme, globulosa, y un poco dilatada en su fondo, pareciendo que de ella se destaque lateralmente el primer intestino como el cuello de una retorta. En este estómago membranoso se han encontrado de ordinario cierto número de chinas ó guijarros de diversos tamaños, de superficie pulimentada a causa del recíproco roce. Supónese que el animal, dirigido por el instinto, habia tragado aquellos cuerpos sólidos para que contribuyesen á la trituración de la materia animal y á su fácil conversión en quimo. Escusado nos parece rebatir el error de los naturales de ciertos países que creen que el número de estos quijarros es exactamente igual al de años que contaba el animal en cuyo estómago se encuentran.

El mecanismo de la circulación explica el por qué la sangre venosa halla una via derivativa, cuando no puede penetrar en los pulmones cuya acción queda en suspenso mientras se halla sumergido el animal. De suerte que los cocodrílidos pueden voluntariamente anular sus actos respiratorios sin que por eso sufra gran detrimento su economía. Llegado tenemos el caso de admitir con este motivo pulmones arbitrarios; pero entonces es menos enérgica la acción de la vida; encontrándose de esta suerte momentáneamente entorpecidas todas las funciones, pero no mas que retardadas, pues el animal recobra todo el vigor y la plenitud de sus facultades en cuanto enciende de nuevo, por decirlo asi, el fuego de la vida, excitándola por medio de la frecuencia y de la reiteración de los movimientos alternativos de inspiración y expiración del aire atmosférico.

Sin embargo, esta energía de la respiración no es tal que pueda determinar un desarrollo sensible de calor animal por causa interna. Está también demostrado que los reptiles resisten, hasta cierto punto, la acción del frió que los aletarga, y la de un excesivo calor produce al parecer el mismo efecto. Tal vez la aceleración de los movimientos respiratorios combate el efecto del frió; pero se ha observado que la temperatura del cuerpo de estos animales suele ser casi siempre igual á la de los fluidos que los rodean. Con ese objeto la mayor parte de las especies, para evitar esos descensos y esas subidas harto bruscas ó demasiado repetidas en su temperatura, buscan preferentemente, siempre que pueden, su vivienda en las aguas termales cuyo calor asciende á menudo á mas de treinta á cincuenta grados centesimales; de suerte que en tales habitaciones apenas varian sus funciones y sus facultades.

Hemos dicho ya que los cocodrílidos pueden emitir una especie de voz, y que muchos viajeros han oído sus gritos, con mas frecuencia en los jóvenes muy irritables. Los machos suelen ser los que los despiden en la estación de los amores, y sobre todo durante las noches de la primavera.

Réstanos ya tan solo hablar ahora del modo de reproducción de esta raza de animales, y de las circunstancias que sirven de preludio á su multiplicación, al propio tiempo que merced á una sabia previsión se encuentra felizmenta atajada en su progresión y cir-

que los tegumentos coriáceos que protegen su cuerpo deben oponerse también á la pronta é ¡htima sensación de un contacto súbito y pasivo.

Los ojos de los cocodrílidos reúnen en su disposición exterior y en su organización circunstancias demostrativas ele sus hábitos. Por una parle la hendidura linear de su pupila, que denota una vida esencialmente nocturna, 6 á lo menos la facultad de percibir mejor los objetos poco iluminados; su membrana mediante ó el párpado interno y pelúcido, y por fin la forma casi esférica de su cristalino , que les permite distinguir los objetos en medio de las aguas, en las cuales pueden zambullirse y dirigirse á grandes profundidades.

Las válvulas movibles y sólidas que cubren y protegen su tímpano, cerrando el orificio del conducto auditivo cuando el animal se sumerge en el agua, y levantándose cuando la cabeza se baña en el aire atmosférico, vienen también á demostrar la facultad que gozan los cocodrilos, de poner su órgano auditivo en relación con la naturaleza de los fluidos elásti-cosó líquidos cuy: s diversas ondulaciones deben apreciar.

Es evidente que la poca movilidad de la lengua en estos animales, y la facultad que poseen de mantener su enorme boca abierta horas enteras, han de influir en contra del lino discernimiento de los sabores. Por otra parte, la forma cónica de los dientes, que se cruzan y cuyo único destino real es coger y retener la presa, la cual, las mas de las veces, es tragada por completo ó en grandes trozos, no debe permitir una sensación apreciable en un tiempo tan corto y bajo la forma sólida que conserva el alimento hasta el estómago.

Las narices, ó por mejor decir, las fosas nasales, por su extensión y sobre todo por su longitud, sirven de asiento á una facultad olfativa muy desarrollada. Con todo, parece que la principal modificación de este aparato depende del mecanismo respiratorio enlazado con la necesidad de coger y de retener la presa debajo del agua, de modo que el aire llega á la laringe ó á la tráquearleria mientras las mandíbulas permanecen separadas. Ciertamente hay una disposición particular en la estructura de los orificios nasales, que llevan sus correspondientes válvulas y un aparato cuyo conjunto constituye unas bolsas carnosas que están sobre todo muy desarrolladas en los gaviales del sexo masculino. Pero en el interior de estos largos canales, que Gpoffroy Saint-Hilaire designa con el nombre de cráneos-respiratorios, hay unas especies de repliegues ó de cavidades etmoidales que dicho autor cree reciben el aire en estado de compresión ó de condensación, análogo al efecto que tratamos de obtener en la fuente de compresión ó en la culata de un fusil de viento. Bajo este supuesto, el aire atmosférico, asi condensado, va á un depósito que debe aprovechar el gavial cuando permanece mucho tiempo sumergido.

Los reptiles de esta familia se alimentan principalmente de peces, de pequeños mamíferos y de aves acuáticas, de cuyas presas se apoderan por medio de la fuerza ó de la astucia, sirviéndose de todos sus sentidos y de todas sus facultades para subvenir á la imperiosa necesidad del hambre y no para satisfacer la crueldad que malamente se les atribuye. Suelen sufrir largas privaciones del mismo modo que todos los animales carniceros que se hallan expuestos á que se les escape su víctima, mas la naturaleza ha dispuesto en su profunda previsión que puedan resistir la abstinencia durante cuatro ó cinco meses. Apodéranse de los peces, que por lo visto constituyen su mas apetitoso bocado, zambulléndose y enboscándose á la entrada y á la salida de las aguas que afluyen á los lagos y á los rios, ó que provienen de ellos. Sin embargo también se les ha visto muv á menudo que caminando dentro



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Museo Pintoresco de Historia Natural.
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Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2025 última revisión

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