Naturaleza de Aragón > Museo pintoresco de Historia Natural. > Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 3
ello se mete el cazador á esperarlas, cuando caen, en una barraca de ramaje, y al alcance del riachuelo ó dé la balsa que frecuentan, la cual procura tener limpia para atraerlas mejor, y poco después que el sol se ha puesto, y sobre todo si reinan vientos ligeros del Sur ó del Sudoeste, no dejan las Becadas de acudir una á una ó dos juntas, y se dejan caer sobre el agua donde el cazador les tira á su placer. Sin embargo, esta caza no es tan provechosa ni tan cierta como la que se hace con una especie de trampa que se coloca en las sendas: consiste esta en una varita de avellano ó de otra madera flexible y elástica, fijada en el suelo doblada y sujeta por la otra parte cerca del suelo ó un armadijo coronado con un lazo corredizo de crin ó de bramante;, obstruyese en seguida con ramaje lo restante del sendero, ó bien se elevan retamas ó ramitas de enebro puestas en fila y dobladas de manera que no quede mas que el paso estrecho que ocupa el armadijo, á fin de determinar á la Becada, que siempre sigue los senderos y no gusta de elevarse ni saltar, á que dé en el punto de la trampa; dispárase esta tan luego como la toca, y el ave, prendida en el lazo corredizo, salta en el aire con la rama cuando esta se endereza. Colgada de este modo la Becada, hace vanos esfuerzos para desasirse; y el cazador, á fin de no perder su presa, debe visitar frecuentemente sus lazos, no solo cuando anochece sino también en el discurso de la noche; sin cuya precaución la zorra, cazador mas diligente, advertida de lejos por el aleteo de estas aves, acude presto y se las lleva sucesivamente, sin detenerse á comérselas, y las esconde en diferentes sitios para encontrarlas allí cuando las necesita. Por lo demás, los parajes que frecuentan las Becadas se conocen por sus excrementos, que son unas féculas anchas, blancas y sin olor. Para atraerlas á sitios donde no existen senderos, se, abren algunos surcos, que van siguiendo las Becadas, engolosinadas con los gusanos que enuentran en aquella tierra removida, y caen al mismo tiempo en los lazos de crin que están dispuestos á lo largo de los surcos. Son á mi ver sobrado numerosas esas trampas contra un ave que no sabe evitar ninguna.
La Becada tiene un instinto obtuso y un natural muy estúpido: es moult solté bete (muy tonta bestia), dice Belon. Es lo verdaderamente, y mucho, si se deja cojer dé la manera que él cuenta, y á la cual da el nombre de folalrerie (diversión ó juego). Para el efecto, dice, se cubre un hombre con una capa de color de hoja seca, y encorvado sobre dos muletas cortas se va acercando poco ó poco á la Becada; si esta lo mira se detiene, y si empieza el ave á andar continúa él también su marcha hasta que la vuelve á ver parada y con la cabeza caida; entonces dando golpecitos suaves con sus muletas una con otra, la Becasses yamusera et affolera tellement (esto es, la Becada se divertirá y enloquecerá de tal modo con ellos), dice nuestro naturalista, que el cazador podrá acercarse lo bastante para pasarla un lazo por el cuello.
¿Por ventura dedujeron los antiguos dé la facilidad con que se acercaban á la Becada, que tenia esta ave para con el Hombre una inclinación maravillosa? Muy mal la colocaría por ejerto, pues es su mayor enemigo. No hay duda que siguiendo las orillas de los bosques llega á veces la Becada hasta los cercados de las granjas y de las casas campestres: tal es la observación que hace Aristóteles, pero Alberto no está bien informado cuanto dice que busca los sitios cultivados y jardines para ir á buscar simientes, porque ni la Becada ni ave alguna de su género tocan á las frutas ni á las semillas. Además, la turma de su pico estrecho, muy largo y tierno por la punta, bastaría por sí sola á prohibirles esta clase de alimento: verdaderamente la Becada no se alimenta mas que de gusanos, y á este efecto anda siempre escarbando en la tierra blanda de las lagunas y dé las inmediaciones de las fuen-
tas montañas, donde habita en el verano, huyendo rio loe primeros hielos, que son los que determinan su partida y la traen á nuestras llanuras; porque los viajes que hacen las Becadas por el aire no son á lo largo como los de las otras aves que pasan de una comarca a otra, sino bajando gradualmente de las alturas á los llanos, y subiendo en el mismo orden de estos á las alturas. Desde la cima de los Pirineos y de los Alpes, donde pasa el verano, baja á las primeras nieves que caen sobre aquellas cumbres á principios de octubre, y va á los bosques de las colinas inferiores, y hasta nuestras tierras llanas.
Las Becadas llegan por ta noche, y algunas veces rie dia cuando el tiempo es nebuloso; pero siempre de una en una o dos juntas, y nunca muchas á la vez: déjense caer sobre los grandes cercados, en los sotos, en las arboledas altas, y prefieren los bosques donde hay mucho mantillo y hojas caídas; allí se están retiradas y escondidas todo el dia, y tan ocultas que se no casitan perros para levantarlas, llegando á saltar las mas veces á los pies del cazador. A la entrada de la noche dejan estas enramadas y lo mas espeso de los bosques, y pasan á los claros que hay en ellos, siguiendo las sendas y buscando las tierras blandas, las dehesas húmedas á orillas de los bosques, y las pequeñas balsas, donde van á lavarse el pico y los pies que se llenaron de tierra andamio en busca de su alimento. Todas tienen los mismos hábitos, y se puede decir en general que las Becadas son aves sin carácter, cuya índole individual depende de la especie entera.
Cuando la Becada arranca el vuelo, bate las alas con ruido; si está entre árboles altos, sigue en dirección bastante recta: pero en monte bajo ó tallar tiene con frecuencia que ir haciendo ondulaciones, y en su vuelo se hunde, por decirlo así, detrás de las matas para ocultarse á la vista del cazador. El vuelo de esta ave, aunque rápido, no es ni elevado ni por mucho tiempo sostenido, y se abate con tanta prontitud, que parece cae como una masa abandonada á toda la gravedad de su peso. Poros instantes después de su cuida ceba á correr muy ligera, pero se detiene pronto, levanta la cabeza, y mira á todas partes antes do meter el pico en tierra. Plinio compara con razón la Becada con la Perdiz, en cuanto á la celeridad de su carrera; porque se oculta del mismo modo, y en términos que cuando uno cree encontrarla en el paraje en que se dejó caer, se ha ido ya, corriendo á pié, á muy larga distancia.
Aunque tiene esta ave los ojos harto grandes, parece no ve muy bien sino en el crepúsculo, y que le ofende la luz demasiado viva: fúndase esta opinion por lo menos en sus acciones y movimientos, que nunca son tan animados como á la caida dé la tarde y al apuntar la aurora; y este deseo de cambiar de sitio antes de salir ó de ponerse el sol es tan vehemente en ellas y tan urgente, que se ha visto á algunas Becadas encerradas en una habitación dar regularmente un vuelo todas las mañanas y tardes, mientras que durante el dia ó de noche no hacian mas que andar de un lado á otro sin hacer uso de sus alas, por lo tanto, es verosímil que las Becadas permanecen quietas en los bosques cuando la noche está oscura, y que con el resplandor de la luna andan vagando en busca de su alimento: así también llaman los cazadores al plenilunio de noviembre la luna dé las Becadas, porque entonces es cuando las cogen en mayor número. Las trampas se arman ó de noche ó por la tarde; cógense con la parancera, con la lazada, etc. ó se matan á tiros en las balsas, en los arroyos y en los vados al tiempo que se dejan caer. La parancera es una red que se tiende entre dos árboles grandes, en los claros de los bosques ó en las orillas de estos, donde se ha observado que van ó pasan en el vuelo de la tarde. En las baleas se hace también la caza á estas horas : para
Índice de páginas de Zoología Aves.
Biblioteca ilustrada de Gaspar y Roig.
Los Tres Reinos de la Naturaleza.
Museo Pintoresco de Historia Natural.
Descripción completa de los animales, vejétales y minerales útiles y agradables:
su forma, instinto, costumbres, virtudes ó aplicaciones á la agricultura, la medicina y las artes en general, comprendiendo mayor número de géneros que en todas las obras publicadas hasta el día.
Zoología. Aves. Página 634 Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza. animales. Publicado a mitad del siglo XIX. Reino Animal. Buffon
Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2026 última revisión
Copyright 1996-2026 © All Rights Reserved Javier Mendivil Navarro, Aragón (España)
Aclaraciones o corregir errores por favor escríbenos
Aviso Legal. Esta actividad de la Asociación Cultural Aragón Interactivo y Multimedia (AIM) te presenta la riqueza natural de Aragón y el resto del mundo para que la consideres como un valioso patrimonio.
Para saber cómo utiliza Google la información de sitios web o aplicaciones de este sitio puedes visitar: Política de Cookies.