Zoología. Aves. Página 573 Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

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Act-camello ( nombre que antes sedaba al Aveslruz) ¡ mayor parte de estas milicias me parecen evidente

no podia menos de juntarse del misino modo, y lodió aun por hecho positivo: sin embargo, esla suposición es tan inexacta por lo que toca al Ave-camello mismo, conforme tenemos apuntado ya en ulro paraje : v aunque según todas las a|iarieiicias son muy pilcos los observadores que hayan sido testigos de esta có-pula, y ninguno haya dado cuenta de ella .debemos CON todo presumir que tiene lugardel modo acostumbrado hasta que la experiencia nos dé una prueba de lo contrario. .,

Los Avestruces son muy lascivos y se juntan muy á menudo, según es faina, y si se tiene presente.lii que' hemos dicho mas arrilKi acerca de las ilion n— siones del pene en el macho, se echará de ver que e.stas cópulas nó se limitan á meras compresiones; como en la mayor parte de las aves, sino que hay una verdadera intromisión de las partes sexuales del macho en las de la hembra. Tilcrennl es el único autor

teniente exageradas; porque, ¿cómo puede ser que un huevo cuv.t rascara solo pesa una libra, y contiene por lo mas media azumbre de liquido, tenga sin embargo un peso tolal ib- quince libras? Seria menester para eso que la clara y la yema de esle huevo fuesen siete veces mas densas que el agua, tres veces mas que el raármoj, > easi tanto mino el citano, lo que es muy duro de suponer.'

V si admitiésemos con Willnghhy que el Avestruz pone cincuenta huevos en un año, del peso de quince libras cada uno, resultaría de ello que el peso total de la aovacíoii seria de setecientos cincuenta libras,

(t) Hallándose Jaonequín en el Séneca!, puso en una rapta dos huevos Je Avestruz bien envueltos en estopa, y algún tiempo después enmiitró que uno de dichos huevos estaba muy próximo á romper el cascaron. (Véase la Historia general de los Viajes.)

doctos que van i parar aiIi en una hendidura bastante considerable. Mucho se engañaría id que quisiese deducir de la estructura algo complicada de estos órganos, que el Avestruz sobresale en el sentirlo del olfato, puesto que los hechos mas justificados nos harán ver luego todo lo contrallo : generalmente baldando , parece que las sensaciones principales y dominantes de este animal son la de la vista \ del sentido.

La sucinta exposición que acabamos de trazar de hi estructura interna del Avestruz , nos parece mas que suficiente para conlirmar la idea que dimos desde un principio de este animal singular. que debe reputarse como un sur de naturaleza equivoca, y constituyendo «I tránsito del Cuadrúpedo al Ave. Si se tratase de representar metódicamente el verdadero sistema de la naturaleza , ni debiera colocársele en la clase de las aves, ni tampoco en la do los Cuadrúpedos, y sisólo en el eslabón intermedio , ó pasoequidislante deunas y de otros. Dígasenos sino, ¿á qué otra categoría puede acaso perlenecer un animal cuyo cuerpo organizado en parte como el de una ave, y en parle á la manera de un Cuadrúpedo, descansa en pies de cuadrúpedo , y termina en una c dieza de ave, cuyo macho está provisto de pene, y de elidirás la hembra, así como en los Cuadrúpedos; no obstante de que es ovíparo, y que tiene molleja á semejanza de las Aves, al propio tiempo que presenta varios estómagos é intestinos , que por su capacidad y su estructura corresponden en parte á los de losRuniiantes, yon parto á los de otros Cuadrúpedos?

En orden á la fecundidad . parece también pertenecer el Avestruz mas de cerca á la clase de los Cuadrúpedos que á la de las Aves, puesto que es muy j fecundo y produce sobremanera. Dice Arisl óteles que después del Avestruz el ave que llama Alricujiilla es ! la que pone mas, añadiendo luego que dicha Atrica- j pilla pone vciqte y mas huevos.; de todo lo cual re- | soltaría que el Avestruz debe poner cuando menos veinte y cinco ; fuera de que . según los historiadores modernos y los viajeros mas instruidos, hace varias incubaciones de doce á quince huevos cada una. Asi pues, si se le considerase en la clase de las Aves, seria sin duda la inayor, y por consiguiente debiera ser la que produjese menos , insiguiendo el orden cons-lanle de la naturaleza en la multiplicación de los ¡mi- ¡ males, cuya proporción parece haber lijado en razón inversa del tamaño .le los individuos; al paso que si l se le incluye en la clase de los animales terrestres, se echa de Verdeado luego que es muy pequeña relativamente á los mayores, y aun mas que los de estatu- j . ra regular, tales como el cerdo, y entonces su gran- ' de fecundidad entra de nuevo enol orden nalutal.

Persuadido Opiano de que los Camellos de la Bac-triaca se juntaban al revés, y volviéndose la parle ] posterior , creyó también por un segundo error que el

que asi gura se parean, j que cada macho no tiene mas que una hembra contra el uso de las (lemas aves pei-adas.

El tiempo de la puesta depende del clima en que habitan, y es siempre en las inmediaciones del solsticio de verano, es1 decir, á primeros de. julio en el África septentrional, y á lines de diciembre en el África meridional. La temperatura del clima influye mucho también en su modo de empollar; pues en la zona tórrida se contentan con depositar los huevos en un montón de anua que apiñan toscamente con los pies, y en donde el solo calor del sol hace quo nazcan los polluelos ; asi es que apenas se echan encima de. ellos durante la noche , y ni aun esto es siempre necesario, pues se ha visto desarrollarse el germen sin previa incubación por parte de la madre, ni haber oslado aun expuestos á los rayos del sol (I). Con linio, no por esto se crea que los Avestruces abandonen sus huevos; por cuanto lejos de esto vigilan asiduamente su conservación, y sin perderlos apenas de vista; lo que dio lugar á decir que los empollaban ia.n ella. Diodoro nos indica cierto modo de coger estas aves, fundado en la grande adhesión que tiene á sus huevos, e| cual consiste en hincar en el suelo hacia las inmediaciones del nido y á proporcionada altura algunas estacas armadas de puntas bien ¡ afiladas, en las cuales se atraviesa la madre por sí mirma cuando vuelve apresurada á echarse sobre sus huevos.

No obstante de que el clima de Francia es mucho menos calido que etilo Berbería,-o han visto aovar algunos Avestruces en la casa de lie: as de Versados; pero por mas pruebas que lucieron los señores de la Academia para que se empollaran los huevos mediante una incubación arlilicial, ya por el calor del sol ó bien por un fuego giminado y una leim'criituí a sostenida con arle, todo fue inútil, sin que jamás llegasen á descubrir en unos ni en otros ningún jirincipio de organización, ni la menor tendencia apárenle á la generación de un nuevo ser. La clara y la yema del que habia estado expuesto al calor (hi fuego se habían condensarlo algún tanto; y el que se puso al mí habia contraído una fetidez insufrible ; pero ninguno presentaba la mas ligera señal de que el embrión se hubiese principiado á desarrollar; de suerte, que aquella incubación lilesófica no tuvo ningún resultado. Reau-mur no existía todavía.

I.os huevos del Avestruz son muy duros, pesados y grandes, sí bienes verdad que á veces se les ha querido suponer mayores todavía de lo que realmente son, por haber equivocado sin dúdalos huevos del Cocodrilo Con los del Avestruz. Se ha dicho que eran lámanos como la cabeza de un niño, y que contenían hasta media azumbre de líquido; qué pesaban quince libras, y que un Aveslruz producía cincuenta en un año. Eliano se adelantó aun hasla óchenla; pero la

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Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2026 última revisión

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