Zoología. Aves. Página 604 Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

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torcidas, segim sienta el mismo Alberto refiriéndose á un pasaje de Aristóteles mal entendido, y cuya es-plicacfotí ha sido admitida por Gessner con algunas modificaciones, y desechaba por los demás naturalistas.

La Avutarda es ave granívora, se alimenta con yerbas, granes y toda especie de semillas, con berzas, diente de leen, nabos, mijosotis ó vellosilla, arveja, apio, daucus y aun con heno, y aquellos grandes gusanos de Mena que hormiguean sobre los méganos en las mañanas de verano anles de salir el sol: en el rigor del invierno y en tiempo de nieve suele comer la corteza de los árboles, y en todos tiempos traga piedrecitas y también piezas' de metal como el Avestruz, y á veces en mayor cantidad. Habiendo los señores de la Academia abierto el ventrículo de una de las avutardas que habian disecado, lo encontraron en mucha parte lleno de piedras, algunas de las cuales eran del tamaño de una nuez, mezclarlas con monedas de cobre en número de noventa, todas castadas y bruñidas, en los puntas expuestos á la frotación, aunque sin ninguna apariencia de corrosión.

Perrault añade á estas observaciones anatómicas la de que entre tantos individuos como habian disecado los señores de la Academia no se habia encontrado una sola hembra. Mas ya hemos dicho en el articulo del Avestruz lo que pensábamos de esta observación.

En la estación de los amores el macho va gallar— deándose alrededor de la hembra, y describiendo una especie de rueda con la cola.

Sus huevos no son mayores que los del ganso, de un color pardo bajo aceitunado , salpicado de man-cbitas mas oscuras, y evidentemente análogo al del plumaje.

Esta ave no construye nido alguno , y se contenta con escavar un agujero en la tierra, donde deposita dos huevos que cubre por espacio de treinta dias, á imitación de las demás aves mayores , según refiere Aristóteles. Cuando la madre está recelosa de los cazadores , para evitar que descubran sus huevos, los mete debajo desús alas (no se dice de que manera), y los transporta á otro paraje mas seguro. Suele posar ordinariamente en los trigos cuando están ya granados, depositando en ellos su puesta, y siguiendo en esto el instinto común de todos los animales, que colocan á sus hijuelos en los parajes mas á propósito para el alcance del alimento que necesitan desde el momento de nacer. Klein pretende que esta ave prefiere los cebadales por ser mas baios, con el fin de no verse sorprendida mientras está empollando los huevos , dominando su cabeza la campiña y acechando cuanto pasa á su alrededor: mas este hecho no concuerda con la opinión general de los naturalistas , ni con la naturaleza de la Avutarda, la cual siendo tan salvaje y recelosa, debe buscar su seguridad escondiéndose mas bien en los trigos elevados, para no ser vista de los cazadores que la persiguen.

Abandona algunas veces sus huevos para ir en busca de alimento ; mas si durante su momentánea ausencia los ha tocado alguno ó empañado solo con el aliento , al momento de advertirlo á su vuelta la madre , según dicen , los abandona.

La Avutarda, aunque de mucho volumen, es un. animal muy tímido y sin la menor idea de sus propias fuerzas ni instinto para emplearlas. Reúnanse á veces en bandadas de cincuenta á sesenta, sin que su número la inspire mayor confianza de seguridad que su fuerza y tamaño : la menor apiriencia de peligro, el mas leve accidente las asusta, y solo con la fuga creen poder asegurar su conservación. Temen sobremanera á los Perros, y esto debe ser cierto, supuesto que suelen servirse de ellos para cazarlas; aunque también deben temer á la Zorra, la Fuina y otro cualquier animal por mas pequeño que sea, con tal que

se atreva á atacarlas; y con mucha mayor razón a lo5 animales feroces y auna las aves de Rapiña, contra las cuales se defenderían mucho menos: siendo tal su pusilanimidad , que por poco que se las hiera mueren mas bien del susto que de las resultas de sus heridas. Klein pretende no obstante que se encolerizan algunas veces, y que entonces se les ve hinchar una piel floja que tienen debajo del cuello. Si debemos dar crédito á los antiguos, la inclinación de la Avularda al Caballo, iguala á la antipatía que la infunde el Perro ; de modo que apenas lo descubre cuando vuda á su encuentro y se deja casi hollar de él, despreciando el temor que por naturaleza la caracteriza. Si llega á justificarse esta singular simpatía entre unos animales tan diferentes, bien se puede á mi entender descubrir el motivo, el cual consiste en que, la Avutarda suele encontrar en el estiércol del caballo algunos granos medio digeridos, que son para ella un gran recurso en tiempo de escasez.

Cuando se le da caza corre muy veloz, batiendo sus alas y andando algunas millas sin detenerse ; pero como ro toma vuelo sino con mucha dificultad y cuando se halla ayudada, ó si se quiere llevada por un viento favorable, y por otra parte no se posa ni puede encaramarse encima de los árboles, ya sea á causa de su pesadez, ya por faltarle el dedo posterior para asirse de la rama y sostenerse en ella; es de creer, según el testimonio de los antiguos y modernos, que pueden alcanzarlas los Galgos y Sabuesos. También se las caza con aves de Rapiña, ó finalmente se la* tienden lazos y atrae á donde se quiere, colocando un caballo en sitio conveniente, ó cubriéndose tan solo con la piel de uno de aquellos animales. No hay trampa, por mas grosera que sea, que no surta efecto, si es cierto, como dice Eliano, que en el reino del Ponto logran las Zorras atraerlas hacia sí solo con tenderse en el suelo y levantar la cola, dando á esta en cuanto es posible la apariencia y movimiento del cuello de una ave; de manera que equivocando la Avutarda, según dicen , este objeto por una ave de su especie, se acerca sin recelo y sirve de fácil presa al astuto animal : mas esto supondría mucha sutileza en la Zorra, mucha estupidez en la Avutarda, y aun tal vez mayor credulidad en el escritor.

Ya he dicho que estas aves suelen reunirse en bandadas de cincuenta á sesenta, lo que sucede particularmente en otoño en las llanuras de la Gran Bretaña , en cuya estación se echan sobre las tierras sembradas de nabos, y hacen en ellas grandes estragos. En Francia se las ve pasar regularmente en la primavera y otoño, aunque en bandadas mas pequeñas, y solo se posan en los parajes mas elevados. Se ha observado su paso por Borgoña , Champaña y Lo-rena.

La Avutarda se encuentra en la Libia , hacia los alrededores de Alejandría según Plutarco, en la Siria, en la Grecia , en España, en las llanuras de Poilon y de la Champaña pouilkuse, en los territorios abri-gades del Este y del Sur de la Gran Bretaña, desde la provincia de Dorcet basta la de Mercia, y en la Lothiaua en Escocia, en los Paises-Bajos, en Alemania, en Ukrania y en Polonia, en donde, según Rzaczynski pasa algunas veces el invierno en medio de las nieves. Los autores de la Zoología británico aseguran que estas aves no suelen alejarse de su país natal, y que sus mayores excursiones no pasan de veinte ó treinta millas; aunque Aldrovando pretende que hacia fines del otoño llegan en bandadas á Holanda, y se mantienen con preferencia en las campiñas lejanas de las ciudades y de los lugares habitados.

Aldrovando acusa á Gessner de haber incurrido en alguna contradicción sobre este particular, especialmente cuando dice que la Avutarda emigra cuando lo efectúan las Codornices, después de baber dicho mas arriba que no salían de Suiza , en cuyo país se

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Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2026 última revisión

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