Zoología. Batracios o ranas. Página 525. Tomo 4. Los Tres Reinos de la Naturaleza.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

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BATRACIOS.

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I URODELOS.

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Pisciformes; branquias externas; pico córneo; sin ojos; una cola. Con ojos; branquias internas; patas posteriores. Patas anteriores, cola redondeada, acortada. Sin cola; distinta boca; distintos intestinos.

Pisciformes; branquias externas; boca córnea; ciegos. Con ojos; dos patas anteriores. Sirena. Ademas, dos patas posteriores. Photeis. Amphiumus. Sin branquias. Saiamanmia, Tritón, Menopomus.

lluvias do ranas y de sapos, quo suelen verificarse á fines de agoslo, cuando, después de grandes sequías, sobrevienen lluvias tempestuosas. En semejantes casos nunca fallan hombres crédulos que combinan todas las circunstancias apetecidas, asegurando que les han visto caer sobre sus propios vestidos. Suponían algunos que las gotas de agua se transformaban en ranas, si bien los mas instruidos convenían ya en que habían sido arrebatados de ciertos pantanos por una tromba meteórica la cual trasladaba asi á inmensas distancias miles de batracios. Pero es el caso que aun boy dia es muy común esta preocupación, basta entre personas de vasta instrucción.

Hace mucho mas de doscientos años que Redi, hablando de las lluvias de sapos á las cuales de ningún modo daba crédito, dijo positivamente : «Teofrasto de Ereso (322 años antes de J. C), sucesor de Aristóteles, durante el reinado de Plolomeo I, rey de Egipto, mencionó este hecho conforme puede verse en un fragmento del citado Teofrasto, copiado en la biblioteca de Focio, sobre los animales que aparecen súbitamente (n 7uo»).» La traducción latina de aquel fragmento es la siguiente: «Alia apparent post pluvias, ut Cochleae et parva? Ranae. Non enim pluvia deciduut, ut non nulli pu-tant, sed tune prodeunt; cum antea in térra fuerint quod aqua in eorum foramina influat.»

Roesel en su «Historia ranarum nostratium» dice que sorprendido un dia por una tempestad fue á refugiarse debajo de un árbol, y sintió que le caía algo sobre su sombrero, notando al propio tiempo gran número de pequeñas ranas á su alrededor, por lo que se le ocurrió al instante la idea de que habian caido con la lluvia. Para cerciorarse de si efectivamente habian caido ranas sobre su cabeza, se quitó el sombrero y vio que el golpe procedía de una ramita seca que se habia quedado pegada en la copa. Habiendo reaparecido á poco el sol, todos aquellos animales se escondieron debajo de las hojas, de las piedras, etc. Repuesto Roesel de la primera impresión, se informó de varias personas, las cuales todas le aseguraban que habían visto mas de una vez lluvias de ranas, añadiendo unos que las habian recibido en su propio cuerpo, aunque otros no lo recordaban. Ninguno sin embargo las habia visto caer en las poblaciones de calles empedradas y como por otra parte son tantas las circunstancias que se requieren para la bien observada tras-formacion del renacuajo en batracio perfecto, abandonó desde luego la idea de que las ranas puedan provenir de una mezcla de gotas de agua con la tierra reducida á polvo. Entonces, hé aquí como se explicaba la lluvia de sapos el hábil y celoso observador : Supuesto que cada hembra puede poner hasta mas de mil huevos, basta que en un estanque haya unos cuantos centenares de hembras, para que salga una prodigiosa cantidad de pequeñuelos los cuales saliéndose del agua, van á buscar un abrigo que abandonan cuando llueve para recibir la benéfica influencia de la humedad.

Tarea larga, á la par que pesada nos impondríamos si hubiésemos de ir citando casos de lluvias de ranas, algunos de ellos referidos tan circunstacíadamente, que casi parece temeridad no darles crédito. Lo cierto es que se han suscitado grandes discusiones sobre el

particular, sin que por eso pueda decirse que la cuestión schalleterininantementeresuella. Pretenden unos que son arrebatados los batracios por un torbellino de aire, y en apoyo de esta opinión dice Arago que efectivamente puede ser trasportada por el viento á grandes distancias el agua en el estado líquido, como que en Inglalerra, según Dalton, se recogió verdadera agua de mar en un pluviómetro situado á siete leguas de la costa. Duméril, en su informe á la Academia (20 de octubre de 1334), con motivo de una comunicación del coronel Marmier sobre caída de sapos en el departamento de Seíne-et-Oise, participa de las ideas de Redi y de Roesel, que hemos expuesto ya.

Nuestros lectores adoptarán la teoría que mejor les plazca, tal vez en unos casos sea la primera la verdadera explicación, y en otros la segunda. Solo la observación imparcial y detenida es la que puede disipar las dudas. Por último, dando fin á lo relativo á este curioso asunto, diremos que á principios de este siglo se notó una lluvia de hilas en unas praderas acuáticas cerca de Marbell, y otra de sapes cerca de Burgos en 1808. Claro está que los antiguos habian de tener sobre el particular ideas extravagantes, y asi es que Aristóles, según Gesner y Rondelet, flama Sioirmit, ó enviadas por Jove á las ranas en cuestión; Cardan fue atacado vivamente por Escalígero por haber creído en esta especie de generación espontánea ; Pisón creyó que los sapos no caian del cielo enteramente formados, sino que nacían á consecuencia de la acción fecundante de la lluvia sobre la tierra crasa; Lentillo solo veía en esto una generación quimérica en vez de una espontánea; etc., etc.

Todo lo dicho hasta aquí sobre la generación se refiere solo á los batracios anuros, de suerte que ahora nos toca examinar la misma función en los urodelos, prescindiendo de tedos aquellos pormenores que les sean comunes con los primeros y de los que llevemos ya expuestos en las generalidades sóbre los reptiles.

En punto á la fecundación apenas podemos añadir nada á lo dicho. Los preludios principian á veces en tierra, y se continúan en el agua, con la circunstancia de que los machos no ayudan á la hembra en la puesta. Asegurase que ciertas salamandras quedan fecundadas con solo entrar en aguas tranquilas donde los machos hayan depuesto previamente su humor prolifico. Spallanzani observó que á medida que se desarrollaba el feto , aparecía una burbujita de aire, que aumentando poco á poco de volumen , daba á la masa del huevo una ligereza específica bastante considerable para sobrenadar en parte en el agua, estando sumergida la porción correspondiente á ía burbuja. Las paredes que están en contacto con el aire se secan, se liienden, y sale el pequeñuelo; verificándose esta eclosión á los siete ú ocho dias, según la temperatura, después de absorvida toda la yema y cuando no cabe ya dentro de la cascara. Los renacuajos se parecen muchísimo á los de los anuros, y van sufriendo las metamorfosis conforme ya sabemos. Mas para que se vean las principales diferencias de los anuros y urodelos en las cuatro épocas en que podemos dividir el periodo metamórfico, redactamos el siguiente cuadro:



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Biblioteca ilustrada de Gaspar y Roig.
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Museo Pintoresco de Historia Natural.
Descripción completa de los animales, vejétales y minerales útiles y agradables:
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Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2026 última revisión

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