Zoología. Batracios o ranas. Página 520. Tomo 4. Los Tres Reinos de la Naturaleza.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

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á una prueba semejante á seis tritones de cresta, los cuales vivían aun al cabo de diez y nueve dias, pero con notable rérdida de su peso y volumen.

Edwards atribuye la prolongación de la vida en los batracios, á la acción que experimenta la sangre en el tejido de la piel recorrida por numerosos vasos que desempeñan en ella el papel de pulmones. Esta acción se ejerce al través del yeso, que es muy permeable; pero si introducimos este yeso en agua ó en mercurio, se obstruyen sus poros, y muere por asfixia el animal encerrado en él.

Townson habia observado ya que las ranas que se enterraban en la arena ó en la tierra húmeda, vivían en ella mucho mas tiempo que en el aire, porque la evaporación es causaba menos pérdidas. Edward, tuvo ocasión de hacer un experimento comprobativo de que, en este caso, la respiración ó mejor la arteria-lizacion de la sangre se verificaba no tanto en los pulmones como en la piel. Habiendo extirpado por completo aquellos órganos á varias ranas que dejó se introdujeran en arena húmeda, notó que podían continuar viviendo de 33 á 40 dias. Comprobó igualmente con él mismo objeto, que varias ranas metidas en una red y expuestas á una corriente de agua, sin poder aproximarse á la superficie, habian conservado la vida durante muchos meses.

Spallanzaui hizo muchísimos experimentos relativos á la respiración, al calor animal y á la resistencia al frió en ranas y salamandras. Todos los resultados que obtuvo confirman los hechos observados por Townson , pues reconoció las causas de su letargo, la necesidad que tienen de humedad, la absorción del oxígeno por su piel, y la formación en este caso de gas ácido carbónico, aun cuando carezcan de pulmones estos animales, ó se hallen colocados en condiciones tales que no puedan introducir en ellos aire atmosférico. Por fin, todas sus observaciones vienen complétamete en apoyo de cuanto diremos sobre la circulación, la respiración y la resistencia al frío.

ARTÍCULO III.

De la respiración en los batracios.

En este orden principiamos á encontrar los aparatos propios para poner en relación la sangre con el fluido ambiente, por medio de las branquias, casi como en los peces, conservándose ó persistiendo por mas o menos tiempo la estructura de los órganos primitivos, según deba ó no permanecer constantemente en el agua el batracio, ó se haya vuelto enteramente aéreo. En ambos casos se perpetúa ya el primer modo de organización por el primitivo mecanismo que I llama y obliga, por decirlo asi, cierta cantidad del i fluido ambiente (aire ó agua) á entrar por fuerza á ponerse en relación con la sangre, ya en el interior do i los pulmones, ya al exterior de las branquias.

El primer acto de la respiración se verifica por medio de los órganos propios de la deglución, pues ó faltan las costillas, ó son tan cortas que no forman círculos elásticos alrededor de la cavidad torácica ; y ademas tampoco se encuentra esa admirable disposí-I cion de las paredes sólidas, y sin embargo, expansi-bles y contráctiles que hacen veces de un verdadero aparato pneumático. Por eso dilatan lo mas pjsible la boca para que se insinúe el fluido por las ventanas de la nariz, cierran luego con la lengua su orificio interior, y entonces pasa aquel á la garganta si es líquido, ó á la glotis, si es aire. En los batracios de respiración acuática, se ven en el gaznate ó en el esófago tres ó cuatro hendeduras ó agujeros laterales que conducen el agua á las branquias. Resulta , pues , de lo dicho, que el mecanismo que determina los movimientos análogos á los de la inspiración, es casi igual ora sea aéreo, ora acuático el animal.

apreciar la pérdida del cuerpo de las ranas en el aire y en el vacío; la duración de su vida, cuando se las asfixia comparativamente en el vacío y en el agua ; y por fin indicó las fluctuaciones que presentan estos ani.nales en la absorción y la transpiración, examinadas de hora en hora en el estado de vida ó de muerte ; en el aire seco ó húmedo , y mas ó menos caliente, bajo la influencia de las temperaturas de 0" á 30°.

Este es el lugar oportuno de recordar el curiosísimo hecho (repetidas veces observado), de sapos encontrados vivos en cavidades húmedas donde al parecer habian vivido sin tomar alimento alguno. Ante todo, vamos á dar una lista cronológica de algunas de las observaciones que sobre el particular se encuentran en los autores.

En 1565.—Fulcose «De mirabilibus» citado por Guettard.

En 1579.—Pare (Ambrosio) en sus obras. Edición de Lyon, en folio, en 1664, página 664. Sapo encontrado en medio de una gran piedra que no presentaba el menor asomo de aberturas.

En 1698.—Richardsox, en su Iconografía de los fósiles de Inglaterra, carta 3.a, cita la historia de un sapo encontrado en una piedra.

En 1719.—Historia de la Academia de ciencias de París. Un sapo encontrado en un tronco de olmo por Mr. Hubert.

En 1721.—Bradlet (Ric.), en su informe filosófico, páginas 9 y 120. Sapo encontrado en una piedra, y otro en un roble.

En 1731.—Mr. SncNE, Historia de la Academia de ciencias de Paris, página 21. Sapo en un roble.

En 1741.—Graberg (J. M.) Analect. transalpina, tomo t.°, pág. 177. Historia bufonis viví, lapidi solido insidentis.

En 1756.—Un sapo encontrado en Cereville y citado por Guettard.

En 1771.—Memoria de Guettard. En sus Memorias, tomo 4.°, número 15, página 615, sobre los' sapos encontrados vivos en medio de los cuerpos sólidos , en los cuales no habia comunicación alguna con el aire exterior. Caso particular de un individuo hallado en Raincy, dentro de una cantera de yeso, donde 3e supone debió vivir de 40 á 50 años. Se conservó el ejemplar.

En 1777.— Los experimentos de Herissant de que luego hablaremos.

En 1780.— El mismo. Una carta escrita Saiut-Maxence. Sapo encontrado vivo en un tronco de roble. Memorias citadas, pág. 684.

En 1782.—Memorias de la Academia de Berlín, página 13. Sapo vivo encontrado en una piedra.

Todas las observaciones que acabamos de citar fueron tenidas por sospechosas y por hijas, no de la mala fe, pero de errores ó de preocupaciones de personas poco ilustradas, hasta que Herissant, individuo de la Academia de ciencias de París, encerró delante de muchos de sus compañeros, tres sapos en cajas separadas asegurándolas bien con yeso, y depositándolas en el local de la Academia. Abiertas á los diez y ocho meses, en presencia de muchos compañeros también, vivían aun dos sapos, sin embargo de que no habia abertura alguna visible. A Duméril le salieron mal todos los experimentos que quiso hacer sobre el particular, mas no asi á W. Edwards. Este naturalista tomó quince sapos comunes, encerrando cinco en cajas de madera, cinco en otras de carton, y cinco en el fondo del agua, é incrustándolos perfectamente todas con yeso. Los cinco últimos murieron aquel mismo dia á media noche; pero á los diez y nueve dias vivia aun un individuo, ignorándose cuanto tiempo vivirían los demás, porque habiéndose procedido á su apertura algunos meses después se les encontró todos muertos. El mismo observador sometió



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Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2026 última revisión

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