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Elementos de Agricultura.

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AGROLOGÍA

CAPITULO I.

ORIGEN Y FORMACIÓN DE LA TIERRA LABRANTÍA.

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La Agrología es la parte de la Agronomía que se ocupa del estudio del suelo vegetal, en sus relaciones con la planta cultivada.

El estudio de la Agronomía comprende, el conocimiento del suelo y el de las modificaciones que en el pueden llevarse a cabo, para ponerlo en mejores condiciones de productibilidad.

Es la capa superficial terrestre que recibe la acción del cultivo, y en la cual se desarrollan las raíces de las plantas.
Esta formado esencialmente por sustancias minerales y orgánicas, encontrándose además en el numeroso microorganismos, muchos de ellos tan útiles para la vida de las plantas como los mismos componentes del suelo.

La parte mineral, formada por partículas mas o menos finas, procede de la disgregación de las rocas que formaron el macizo de nuestro planeta. La parte orgánica tiene por origen las primitivas vegetaciones y en la actualidad, procede de restos orgánicos en estado más o menos avanzado de descomposición, especialmente vegetales.

Numerosos son los agentes que en el transcurso del tiempo han producido la disgregación de las rocas. Su acción lenta pero continua y al mismo tiempo combinada, da por el resultado el desmoronamiento de las grandes masas rocosas, cuya pulverización modifica el relieve terrestre, produciendo la Tierra labrantía y su constante división mecánica. Todos ellos podemos reunirlos en tres grupos: 1.º, agentes mecánicos; 2.º, agentes químicos y 3.º, agentes biológicos.

Obran como agentes mecánicos el calor, las heladas, los vientos, las lluvias, los glaciares y el mar.

CALOR.- El calor produce en sus variaciones de intensidad dilataciones y contracciones sucesivas que disminuyen la cohesión de las rocas, que, como sabemos, se suceden temperaturas extremas, no solo en las diversas estaciones, sino también del día a la noche, la acción de este agente es bien perceptible.

HELADAS.- El agua depositada en las grietas de las rocas o retenida en estas por capilaridad, se solidifica al disminuir la temperatura, y en este estado, al aumentar bruscamente de volumen, obra a modo de poderosa y extensa cuña, ejerciendo acción mecánica bien manifiesta.

VIENTOS.- Los detritus mas o menos finos, resultantes de la acción de los demás agentes, no permanecen en el lugar que se formaron, sino que son arrastrados por el viento a distancias mas o menos grandes, depositándose a veces sobre bancos de guijarros a los cuales recubren, formando sobre ellos en el transcurso del tiempo excelentes tierras de cultivo.

LLUVIA.- Proceso análogo ejerce la lluvia. Al producirse este meteoro, el agua que cae sobre la roca arrastra el polvo más o menos grueso en ella depositado, bien que proceda de su disgregación o bien de materiales arrastrados por el viento.
De este modo la roca queda al descubierto y, por tanto, bajo la acción más inmediata de los agentes que han de continuar su disgregación.

Las corrientes líquidas ejercen, además, fenómenos de corrosión sobre los materiales que soportan a los fragmentos rocosos, arrastrándolos mas tarde para continuar su trabajo o acción mecánica nunca interrumpida.

GLACIARES.- Los glaciares toman igualmente parte muy activa en la pulverización de las rocas. Aparte de la acción mecánica que directamente ejercen su paso, su actividad.

Aumenta con los fragmentos rocosos que en ellos caen, los cuales, al llegar al fondo del glaciar y ser arrastrados por la fuerza de este, obran a modo de lima que va desgastando todo lo que a su paso encuentran.

MARES.- Por último, la acción del mar es bien manifiesta, como lo demuestran las modificaciones que en corto tiempo se observan en el volumen y en la forma de las rocas que soportan su continuo batallar. Las arenas que cubren sus costas demuestran, por otra parte, bien claramente su intensa acción mecánica, al mismo tiempo que su poderosa acción química.

Los principales agentes químicos son el aire y el agua. El aire obra con sus componentes oxígeno, anhídrido carbónico y vapor acuoso, determinando reacciones químicas que ponen a las rocas en condiciones de ser atacadas más fácilmente por los agentes mecánicos y por el agua, como agente químico además. Auxiliadas estas reacciones por el calor y la electricidad, modifican la composición de las rocas, haciéndolas mas esponjosas en general y mas asequibles, por tanto, a los demás agentes.

El agua ejerce acción disolvente cuando los materiales de las rocas son solubles; en caso contrario, cargada del ácido carbónico resultante de la descomposición de las materias orgánicas, actúa químicamente, merced a este cuerpo, modificando a ciertos compuestos inalterables a la acción de dicho líquido. Las disoluciones de los componentes de las rocas son favorecidas, por otra parte con la presencia en los suelos de ciertos ácidos resultantes de las descomposiciones orgánicas.

Los materiales de las rocas disueltos por el agua directamente o con el auxilio del ácido carbónico o de los ácidos orgánicos, son arrastrados mecánicamente por aquel líquido, disminuyendo de este modo su volumen. Al evaporarse el agua, estos materiales, más o menos modificados en su composición, se depositan en la superficie de los suelos, variando su espesor y naturaleza.

Los agentes mecánicos y químicos que acabamos de estudiar, empezaron su acción destructora tan pronto como la disminución del primitivo calor del planeta permitió la formación de los minerales y rocas. Los productos resultantes de esas sucesivas disgregaciones originaron terrenos estériles desde luego, por falta de materia orgánica.

En estas condiciones, cuando la vida se hizo posible, aparecieron las primitivas vegetaciones, que por absorber la mayor parte de los alimentos del aire. Al morir estos seres, sus restos orgánicos contribuyeron a aumentar la riqueza del suelo y a modificar su constitución.

La acción biológica iniciada con la aparición de las primitivas vegetaciones, continuó mas tarde con la de nuevos organismos vegetales ya más complejos, que por encontrar materia orgánica en los suelos podían desarrollarse en buenas condiciones. Al morir, aumentaron con sus restos la materia orgánica en los suelos podían desarrollarse en buenas condiciones. Al morir aumentaron con sus restos la materia orgánica de las tierras, haciéndolas cada vez más fértiles.

Los materiales orgánicos suministrados de este modo a las tierras, de una parte, y el anhídrido carbónico resultante de la respiración de esos seres y de los microbios que en los suelos existen, de otra, han ido alterando la composición de las primitivas tierras completando la acción iniciada por los agentes mecánicos y químicos.

No solo han contribuido y continúan contribuyendo a la formación y modificación de la tierra labrantía los organismos elementales o sencillos y las plantas superiores. Los animales también con sus excrementos, sus restos y con sus viviendas, han alterado la estructura de las rocas, favoreciendo su disgregación.

Por último, el hombre, el explotar las minas y canteras, construir carreteras, etc., contribuye en gran escala al desmoronamiento de las rocas, tomando parte más o menos directa en la formación de las tierras labrantías.

Cuando los productos resultantes de la disgregación de las rocas descansan sobre las formaciones geológicas que les dieron origen, constituyen las llamadas tierras locales, caracterizadas por el poco espesor de la capa vegetal. Por su composición uniforme y por escasa o ninguna productividad. Son propias de regiones montañosas.

Si los materiales procedentes de la disgregación de las rocas son arrastrados por el agua o por el aire y sedimentados mas tarde en lugares bajos generalmente, las tierras que forman se llaman de transporte o de acarreo. Se caracterizan por el gran espesor de su capa vegetal, por su composición compleja, por la división extremada de sus partículas y por su notoria fecundidad. Son tierras propias de las llanuras.

Dando un corte vertical (fig.5ª) en la tierra labrantía, se ve que descansa sobre una capa formada generalmente por arcilla o caliza en roca, llamada zona subyacente o capa impermeable, por no ser accesible al agua ni a las raíces de las plantas.

Desde la capa impermeable a la superficie, las tierras no están constituidas de la misma manera; unas, solo poseen algunos centímetros de espesor, y otras, no solo tienen un espesor considerable, sino que además, su composición es distinta y, entonces, la parte que descansa sobre la zona subyacente se llama subsuelo y las restantes de composición distinta a la anterior, reciben simplemente el nombre de suelo.

El suelo tampoco tiene siempre el mismo espesor, pues a veces este es tal, que las operaciones del cultivo no afectan a su totalidad. En este caso, la porción sometida a las operaciones culturales se llama suelo activo y la inferior hasta el subsuelo, suelo inerte.

En las tierras de cultivo hay, pues, que distinguir las siguientes capas, a partir de la porción superior: suelo activo, suelo inerte, subsuelo y capa impermeable o zona subyacente.


CAPITULO II
CONSTITUCIÓN DE LA TIERRA LABRANTÍA.

La tierra labrantía está formada, como hemos dicho en el capítulo precedente, por parte material y por parte orgánica.
Los elementos que la forman, ni cumplen todos el mismo papel acerca del vegetal ni se hallan en la tierra en las mismas proporciones. Unos ejercen acción física y se encuentran en gran cantidad, y otros cumplen papel químico y son más escasos. Los primeros se llaman elementos físicos o dominantes, y los segundos elementos químicos o secundarios.

Las tierras están constituidas físicamente por sílice, arcilla, calcáreo y humus.

La sílice o anhídrido silícico, constituye lo que en las tierras se llaman guijarros, chinas, gravas, etc. Es una sustancia de color gris rojizo o amarillo, muy dura, áspera al tacto, infusible por el calor e insoluble por el agua y en los ácidos.

Interponiéndose la sílice entre los elementos finos del suelo, los hace más permeables, poniéndolos, además, en condiciones de ser trabajados mediante las labores.

Está formado principalmente por el carbonato cálcico o calcita. Es una sustancia de color blanco, suave al tacto y soluble con efervescencia en los ácidos.

La presencia del calcáreo en el suelo favorece la descomposición de las materias orgánicas, neutralizada la acidez de los terrenos que presentan este carácter y favorece o toma parte en la nutrición de la planta, proporcionándole el calcio.

Es un silicato de aluminio hidratado que se presenta de ordinario mezclado con diferentes sustancias y principalmente con óxidos metálicos, a los cuales debe su coloración rojizo amarillenta, pues cuando pura es de color blanco. Es una sustancia blanda, suave el tacto y muy ávida del agua, con cuyo líquido forma una pasta coherente y plástica.

Es el componente orgánico de las tierras labrantías, y esta constituido por los productos resultantes de la descomposición de materias orgánicas y, principalmente, de restos vegetales.

El humus es una sustancia amorfa, de color oscuro, untuosa al tacto, altamente higroscópica y soluble en los álcalis, especialmente en el amoníaco y en la potasa.

Los buenos efectos físicos del humus quedan resumidos en los dos adagios siguientes: 1.º el mantillo da cuerpo a las tierras ligeras, 2.º el mantillo hace muelle a las tierras denominadas fuertes. Así es, en efecto, pues obra físicamente modificando las propiedades extremas: sobre las tierras sueltas obra como cemento, uniendo sus partículas, y sobre las tenaces ejerce acción contraria, como lo demuestran las experiencias de Schloesing.

Si la presencia del humus en las tierras es de gran utilidad por sus propiedades físicas intermediarias a las de la arcilla y a las de la arena, su acción química no es menos interesante, pies los productos que resultan de la descomposición de las materias orgánicas reaccionan sobre los demás componentes del suelo, favoreciendo su transformación en compuestos.

Solubles, y por tanto, el desarrollo de la planta. La compuestos húmicos, además que en sus descomposiciones pasan por formas solubles y difusibles, penetran en la planta por los pelos absorbentes de su raíz, tomando parte en su nutrición.

De la proporción en que se encuentren los elementos sílice, arcilla, calcáreo y humus que acabamos de estudiar, dependen, según veremos, las propiedades físicas de la tierra.

Los más importantes son: el nitrógeno, el fósforo, el potasio y el calcio.

La presencia del nitrógeno en la tierra labrantía es de un interés biológico y agrícola extraordinario, por ser el suelo la principal fuente de donde toma la planta el nitrógeno necesario para la elaboración de sus compuestos orgánicos nitrogenados.

El nitrógeno se encuentra en los suelos en los siguientes estados:

1º al estado libre
2º al estado orgánico
3º al estado amoniacal; y
4º al estado nítrico.

NITRÓGENO LIBRE.- El nitrógeno libre de los suelos se encuentra mezclado a los demás componentes del aire, circulando por entre las partículas terrosas si la tierra está convenientemente aireada.
El nitrógeno libre no es utilizado directamente por los vegetales. Absorbido por ciertos microorganismos que en los suelos existen pasa al estado orgánico, y mas tarde, previas las transformaciones que estudiaremos, interviene en la nutrición vegetal.

NITRÓGENO ORGÁNICO.- El nitrógeno de los suelos se encuentran en su mayor parte combinando con el carbono, el hidrógeno y el oxígeno, formando parte de ciertos compuestos orgánicos, los cuales se descomponen en presencia de condiciones favorables, con producción de humus.

La mayor parte de los compuestos orgánicos nitrogenados afectan el estado coloide, y como tales no pueden ser empleados de momento por la planta, pues por su naturaleza coloidal no atraviesan las membranas de los pelos absorbentes en las corrientes líquidas que de continuo tienen lugar para favorecer los fenómenos de absorción. La parte de nitrógeno orgánico que afecta formas solubles y dializables, interviene directamente en la nutrición de la planta.

El nitrógeno orgánico, que pos su naturaleza coloidal no es utilizado en la nutrición directamente, sufre modificaciones que lo transforman en nitrógeno amoniacal. Estas transformaciones se verifican con la intervención de ciertos microorganismos, en presencia del oxígeno del aire y de cierto grado de humedad y temperatura.

NITRÓGEN AMONIACAL.- El nitrógeno amoniacal que naturalmente posee el suelo procede del aire y de las materias orgánicas descompuestas.

Por ser el nitrógeno amoniacal compuesto soluble en el agua, la planta lo asimila fácilmente, sobre todo cuando se pone al alcance de sus raíces. El que la planta no utiliza en este estado, se transforma rápidamente en nitrógeno nítrico si las condiciones son favorables.

NITRÓGENOS NÍTRICO.- El nitrógeno nítrico del suelo lo constituyen: el procedente del aire, originando por las descargas eléctricas que en el tienen lugar, y el procedente de las materias orgánicas, transformadas previamente en amoníaco o en sales amoniacales.

Análogamente a la transformación del nitrógeno orgánico en nitrógeno amoniacal, este último sufre en presencia de las mismas condiciones la acción de diversos microorganismos, produciéndose ácido nítrico como producto final. Este ácido nítrico, unido a las bases del suelo, forma compuestos, rápidamente absorbibles por el vegetal.

El fósforo, que, como dice Bruno Gambini, es la fuerza, la franazón, la producción, lo toma la planta exclusivamente del suelo; por lo cual, sin su presencia en este, en proporciones suficientes, la explotación agrícola es de todo punto imposible.

El ácido fosfórico de los suelos se encuentra en su mayor parte unido al calcio, al aluminio, al hierro, etc., al estado de fosfatos. También se encuentra formando parte de los compuestos orgánicos.

Los fosfatos del suelo se consideran en su mayor parte, insolubles en el agua. Esto no es, sin embargo, rigurosamente exacto, porque en termino generales se disuelve aun cuando lentamente, en proporciones muy pequeñas (1/10 de miligramo por litro).

A pesar de la relativa insolubilidad de los fosfatos, las plantas utilizan el ácido fosfórico de los mismos, merced a los compuestos fácilmente asimilables. Los jugos ácidos segregados por las raíces de las plantas, los atacan también, poniéndolos en condiciones de ser absorbidos.

Por último, los compuestos orgánicos fosforados intervienen en la nutrición vegetal, después de sufrir enérgicas oxidaciones. Según parece, la oxidación necesaria es producida por los microorganismos del suelo.

Este elemento, tan esencia para la vegetación como el nitrógeno y el fósforo, lo toma la planta exclusivamente del suelo y es más abundante en general que el fósforo.

El potasio del suelo se encuentra en combinación, constituyendo las sales potásicas, siendo el carbonato la más abundante. También hay en la tierra sulfato, nitrato, y cloruro, pero en menor cantidad.

El carbonato potásico por su solubilidad en el agua es para la planta una buena fuente de potasio, pero su presencia en los suelos no es suficiente la mayor parte de las veces para satisfacer las exigencias del vegetal, por la circunstancia de ser fuertemente retenido por la tierra.

El sulfato, el nitrato y el cloruro, en cambio, no son retenidos tan fuertemente por los suelos, por sus cortas dosis suelen no ser suficientes para la nutrición de la planta.

El potasio de los silicatos no sirve de alimento, por ser estos compuestos insolubles, para utilizarlos es preciso que aquellos sean descompuestos y transformados en carbonato.

En unión de los anteriores forma los llamados elementos fertilizantes del suelo, se encuentra en abundancia en la generalidad de las tierras, siendo suficientes las cortas dosis que contienen aún las más pobres, para que las exigencias de las plantas queden satisfechas. Ahora bien, como los compuestos de calcio cumplen además diferentes funciones este elemento debe existir en proporción no inferior al 5 por 100, si la producción ha de ser ventajosa.

El calcio de los suelos se halla en ellos al estado de fosfato, carbonato, sulfato, etc., y al de silicatos. Los primeros, aun cuando insolubles o poco solubles en el agua, son utilizados por la planta merced al ácido carbónico y a os ácidos orgánicos que constantemente existen en los suelos. Los silicatos, en cambio, son insolubles y muy resistentes a las acciones químicas.

Además de los elementos estudiados, existen en los suelos otros tan útiles como ellos, a los cuales no se les concede la misma importancia por encontrarse en proporciones relativamente en proporciones relativamentes grandes. Estos son: el azufre, el cloro, el sodio, el magnesio, el hierro y el manganeso.


CAPÍTULO III

PROPIEDADES FÍSICAS DE LAS TIERRAS.

La ausencia o el predominio de alguno de los elementos mineralógicos ya estudiados, imprimen a las tierras un cierto carácter, constituyendo en ellas lo que se llaman sus propiedades físicas, de las cuales depende que las plantas encuentren una habitación conveniente al buen desarrollo de sus órganos radiculares dando un corte vertical en el suelo ( fig. 6), se ve que los elementos mineralógicos que le originan no constituyen una masa continua, sino que forman agregados sólidos unidos por puntos de contacto, que dando entre ellos espacios vacíos por los que circulan el aire, el agua y los gases. De esta estructura de las tierras dependen sus propiedades físicas, dependiendo aquella a su vez de la proporción en que se encuentren los elementos físicos y de su estado de agregación.

Las propiedades físicas que al agricultor interesan son las siguientes: tenacidad, adherencia, permeabilidad, capilaridad, absorción y retención del agua; desecación, disminución de volumen y absorción del calor.

En la resistencia que las tierras ofrecen al paso de los instrumentos de cultivo, y por tanto, al desarrollo de las raíces del vegetal.

Como la tenacidad de las tierras se debe a la fuerte cohesión con que sus partículas están unidas, la excesivamente tenaces no son a propósito para el cultivo, porque en ellas el agua, el aire y los gases no circulan con facilidad, lo que da por resultado la paralización de las descomposiciones orgánicas y de las reacciones que en el suelo han de tener lugar para favorecer la absorción vegetal.

Las tierras más tenaces son las que contienen mayor cantidad de arcilla y las menos tenaces las ricas en arena silícea. Las demás tierras tienen una tenacidad intermedia comprendida entre la de las dos anteriores.

Es la propiedad que tienen las tierras de pegarse a los instrumentos de cultivo, cuando están húmedas.

El grado de adherencia de intensidad análoga al de la tenacidad en las diferentes tierras, correspondiendo en igualdad de condiciones la mayor adherencia a los instrumentos de madera.

Es la propiedad que tienen las tierras de permitir el paso del agua y de los gases entre sus partículas. Por virtud de ella, el agua desciende a las capas bajas del terreno y las raíces de la planta pueden absorberla. También por virtud de esta propiedad dichos órganos cuentan con el oxígeno necesario para su respiración.

Las tierras en arcilla con casi impermeables, y las arenosas lo son mucho. Ocupan lugar intermedio el mantillo y la caliza, de más a menos.

Si por permeabilidad el agua y las sustancias disueltas no retenidas por la tierra desciende a las capas bajas, por capilaridad asciende desde esta a las superiores, proporcionando a las plantas durante las sequías el agua almacenada en ellas. Claro está que el agua no consumida por el vegetal llega a la superficie y se pierde por evaporación.

El humus es el elemento físico de mayor poder capilar, y la arcilla la que comunica a las tierras el menor grado de capilaridad.

Las tierras de cultivo absorben y retienen con mayor o menor intensidad el agua que por ellas circula, dependiendo de dicha intensidad el tiempo que las tierras tardan en desecarse. Es propiedad de extraordinario valor para la planta, pues gracias a ella el agua se conserva al alcance de las raíces, permitiendo a estos órganos absorberla, sustrayéndola a la partícula terrosa.

Las tierras que mayor cantidad de agua retienen son las ricas en humus; les siguen las abundantes en arcilla; después las que poseen mucho calcáreo, y, en último lugar, las abundantes en arena silícea.

Las tierras pierden por evaporación parte del agua que se encuentran unida a sus partículas. Para que esta propiedad se manifieste la tierra ha de tener más del 15 por 100 de su peso de agua.

Como la desecación de las tierras se encuentra favorecida por la capilaridad, todas las operaciones que consigan disminuir esta en capas superiores, disminuirán las pérdidas de agua motivadas por la evaporización.

Por la relación que esta propiedad guarda con las dos anteriores, su intensidad alcanza el grado máximo en las tierras ricas en humus y el mínimo en las abundantes sílice.

Al desecarse las tierras, disminuyen de volumen proporcionalmente el agua perdida.
Cuando son muy coherentes, como sucede en las ricas en arcilla, se agrietan, perdiendo su continuidad. En este caso las raíces de las plantas quedan al descubierto y sus funciones no se ejercen normalmente.

Las tierras todas absorben el calor, con intensidad que varía de unas a otras.

El calor absorbido por el suelo procede únicamente del sol, pues el de la pirósfera del globo terrestre y el que las materias orgánicas producen al fermentar no ejercen acción sensible sobre las plantas.

La temperatura del suelo no depende solo de su poder absorbente, sino que es la diferencia entre el calor absorbido y el que pierde por radiación y evaporación.


CAPÍTULO IV

PROPIEDADES QUÍMICAS Y BIOLÓGICAS DE LAS TIERRAS.

La tierra de cultivo es un medio en donde sin cesar se están produciendo gran número de reacciones químicas, muchas de las cuales favorecen la nutrición de la planta. Los componentes del suelo son en su mayor parte insolubles en el agua y, sin embargo, esos componentes son los que han de proporcionar a las plantas elementos nutritivos.

Para que los componentes químicos del suelo situados fuera del alcance de las raíces de las plantas puedan intervenir en la nutrición vegetal, se sucede en aquel una serie no interrumpida de reacciones químicas que dan por resultado la solubilización de los mismos. El oxígeno, el agua y el anhídrido carbónico son los principales agentes de estas trasformaciones.

El anhídrido carbónico, unas veces directamente y otras actuando sobre ciertos compuestos ya oxidados o hidratados, los moviliza, haciéndolo solubles o transformándolos en productos cada vez mas sencillo. Por otra parte, las soluciones formada con antelación actúan también sobre los compuestos no solubles, consiguiendo a la larga su movilización. Vemos, pues que los componentes del suelo se movilizan constantemente a causa de las reacciones químicas que en el se suceden.

Los productos resultantes de las trasformaciones que acabamos de estudiar desaparecerían prontamente de los suelos arrastrados por las aguas si las tierras no tuviesen la propiedad de retenerlos.

Esta propiedad de las tierras es de gran importancia, y su conocimiento de gran utilidad para el agricultor, todo vez que de ella depende que las tierras conserven sus principios fertilizantes naturales o los que bajo la forma de abonos se les adiciona para conservar y mejorar su aptitud productiva. Gracias a ella el suelo forma reservas de principios nutritivos, para suministrárselo lentamente a las plantas, evitando al mismo tiempo las pérdidas que se producirían en otro caso al ser arrastrados aquellos principios al subsuelo o a terrenos próximos.

El poder absorbente del suelo se debe a sus componentes coloidales, arcilla y humus. Estos producen en un principio una especie de atracción superficial y después tienen lugar reacciones químicas que convierten los principios solubles en compuestos más estables.

El poder absorbente se ejerce para con la potasa, el amoníaco y el ácido fosfórico. Los nitraros, los cloruros y los sulfatos, son arrastrados por las aguas, por no alcanzan o afectar a ellos esta importante propiedad de las tierras.

A pesar del poder absorbente que ejerce la tierra para con ciertos compuestos, las plantas lo utilizan por virtud de la gran fuerza digestiva de sus pelos absorbentes o radiculares, entablándose una especie de lucha entre la partícula terrosa que los retiene y el pelo que trata de sustraérselos. El pelo, como ya sabemos, vence la mayor parte de las veces, pues, aun tratándose de sustancias insolubles, las absorbe fácilmente, dependiendo solo la absorción de que se pongan a su alcance.

Las tierras aptas para el cultivo no solo están formadas por fragmentos minerales resultantes de las disgregaciones de las rocas y por materia orgánica mas o menos descompuesta, procedente de restos orgánicos y especialmente de vegetales. Fijados a las partículas del suelo por las fuerzas de adhesión capilar existen numerosos microbios tan necesarios a los cultivos como los mismos componentes del suelo.

Los microbios del suelo no todos son favorables al desarrollo de las plantas. Los hay también indiferentes, y otros, además que se pueden considerar antagónicos de los primeros.

Todos los microbios del suelo podemos dividirlos en dos grupos: aerobios y anaerobios. Los primeros, llamados fermentos oxidantes, viven en contacto al aire; los segundos, denominados fermentos reductores, viven al abrigo de dicho agente, tomando el oxígeno de los compuestos oxidados orgánicos o minerales.

Los microbios del suelo ejercen acción constante, tomando parte en la desintegración de las rocas, en pulverización de los elementos mineralógicos del suelo y asegurando la alimentación nitrogenada de las plantas.

Las plantas toman el nitrógeno necesario a la formación de sus compuestos nitrogenados de los nitratos del suelo principalmente. Ahora bien, los nitratos del suelo principalmente, serán arrastrados por las aguas y con ello no podrán contar aquellas. Estas perdidas de nitrógeno que continuamente sufre la tierra quedan compensadas con el nitrógeno que continuamente sufre la tierra quedan compensadas con el nitrógeno absorbido del aire por los microbios del suelo y con el que la intervención microbiana se va mineralizando en el proceso de la nitrificación.

Todas las tierras que contengan materias orgánicas fijan el nitrógeno libre del aire para después cedérselo a las plantas que en ellas viven. Esta fijación es producida por numerosos microorganismos que viven sobre la materia orgánica de los suelos y que gozan de la propiedad de absorber el nitrógeno aéreo. Este nitrógeno pasa en esos seres al estado orgánico, y al morir estos se une a las materias o sustancias organizadas sobre que aquellos vivieron.

Para que los microbios fijadores del nitrógeno aéreo puedan ejercer su funcionamiento orgánico, se precisa que la tierra esté aireada, que contenga materia orgánica y que la temperatura no baje de 10º ni suba de 40º.

Que las plantas pertenecientes a las leguminosas utilizan el nitrógeno libre del aire, es un hecho que se viene observando desde hace mucho tiempo; pero los medios de que se valen para ello dichas plantas no fueron conocidos hasta el año 1884, en que Hellriegel y Wifar dieron interpretación científica a esta cuestión.

Numerosas experiencias llevadas a cabo por los investigadores citados y además por Bréal, Laurent y Schloesing hijo, demuestran que la fijación del nitrógeno libre el aire por las Leguminosas se debe a la asociación que se establece entre ellas y ciertas bacterias que se alojan en sus raíces, formando unos abultamientos del grosor de una cabeza al alfiler y de forma más o menos tuberculosa (fig. 7). En esta asociación llamada simbiosis hay, por decirlo así, un convenio entre ambos seres y por virtud de él, las bacterias fijan el nitrógeno del aire, elaborando un compuesto nitrogenado que ceden a la leguminosa; está en cambio, proporciona a las bacterias los hidratos de carbono elaborados en sus hojas.

La actividad de las bacterias es tal que el nitrógeno fijado por ellas es muy superior al que precisan los individuos asociados. Quedan un sobrante de importancia que enriquece lo suelos en nitrógeno, favoreciendo la nutrición de los cultivos ulteriores.

La mayor parte del nitrógeno de los suelos procede de los compuestos orgánicos que en el existen, como residuos de la vegetación espontánea o de la cultivada, principalmente. En tanto la materia orgánica no sea descompuesta, la casi totalidad de su nitrógeno no puede intervenir en la nutrición vegetal.

Las materias orgánicas puestas en presencia de condiciones favorables, sufren la acción de numerosos microorganismos que dan por resultado su composición de aquellas se verificará con la intervención de microbios o anaerobios.

La descomposición de las materias orgánicas nitrogenadas y las transformaciones que en ellas suceden constituyen el proceso de la nitrificación.

Es la serie de trasformaciones que sufren las materias orgánicas nitrogenadas para convertirse en nitratos. La nitrificación comprende tres períodos: amonización, nitrosación y nitratación.

AMONISACIÓN.- Durante este primer período las materias orgánicas nitrogenadas se transforman por hidratación en amoníaco y en sales amoniacales. Para que este fenómeno tenga lugar se precisan; la presencia del oxígeno, cierto grado de humedad, temperatura superior a 5º y presencia de los microorganismos llamados fermentos amoniacales.

NITROSACIÓN Y NITRATACIÓN.- Durante estas fases el amoníaco y las sales amoniacales se convierten por oxidación en ácido nítrico y en nitratos por la primera se producen ácido nitroso y nítrico; por la segunda el ácido nitroso se transforma en ácido nítrico y los nítricos en nitratos.

Estas transformaciones son debidas a la acción de numerosos microbios llamados fermentos nitrosos y fermentos nítricos, según sean productores de nitritos o de nitratos respectivamente.

Según parece, como resultado de modernas investigaciones, estos fenómenos actúan simbióticamente, produciendo cortas cantidades de nitritos y grandes proporciones de nitratos.

Las condiciones precisas a la nitrificación son las siguientes:

1.º presencia de las materias orgánicas o de sales amoniacales. Las primeras pasarán a amoníaco o a compuestos amoniacales y los compuestos amoniacales y el amoníaco se convertirán en nitritos primero y después en nitratos.

2.ª presencia de fermentos amoniacales, nitrosos y nítricos.

3.ª aireación suficiente para que puedan tener lugar las oxidaciones que en este proceso se verifican.

4.ª temperatura comprendida entre 5º y 55º.

5.ª humedad suficiente , pero no exagerada, y

6.º presencia de bases que uniéndose el ácido nítrico formando, produzcan los nitratos.

Es la reducción de los nitratos con producción con producción de nitritos, diversos compuestos oxidados de nitrógeno y nitrógeno libre.
Este fenómeno sucede en las tierras compactas, en las poco aireadas y en las muy húmedas bajo la acción de fermentos antagónicos de los anteriores, que toman el oxígeno de los nitratos la desnitrificación supone pérdidas de nitrógeno y deberá evitarse favoreciendo la aireación de los suelos y el saneamiento de los muy húmedos.

ANÁLISIS DEL SUELO

El análisis del suelo se propone determinar los componentes del mismo y el estado de agregación en que se encuentran sus partículas, factores de los cuales depende que la planta encuentre una buena habitación y satisfaga su necesidad alimenticia.

Los análisis reciben distintos nombres según el fin que se proponen.
El análisis que tiene por objeto de averiguar los componentes mineralógicos se llama análisis físico.
El que determina el estado de agregación de sus partículas recibe el nombre de análisis mecánico.
Si su objeto es determinar los elementos químicos (nitrógeno, ácido fosfórico, potasio y calcio 9 toma el nombre análisis químico.

Si, finalmente, se propone averiguar la composición bacteriológica del suelo, se llama análisis microbiológico.

La determinación aproximada de los componentes físicos del suelo por sus caracteres organolépticos o por las plantas que en él viven, y la de los elementos químicos del mismo por el estado de la vegetación, o por el peso de sus semillas, constituyen un poderoso auxiliar un poderoso auxiliar de los análisis físico y químico, siendo suficientes muchas veces, si no se desea gran exactitud o no se dispone de otros medios.

Por sus caracteres organolépticos.- si una tierra presenta un color rojizo o amarillento, es suave al tacto, se adhiere a la lengua desprendiendo olor a tierra húmeda y al desecarse se agrieta, el elemento dominante es la arcilla.
Si la tierra se presenta en granos duros y angulosos, ásperos al tacto y de color gris o amarillento, contiene gran cantidad de arena silícea.

Las tierras que tienen color claro mate y sus partículas suaves el tacto, se pulverizan fácilmente, están formadas en su mayor parte por calcáreo.

Por último, si son untuosas, de color oscuro y absorben mucha agua, están formadas por humus principalmente.

POR LA VEGETACIÓN ESPONTÁNEA.- La vegetación espontánea de un terreno puede orientarnos también en la determinación del elemento dominante.

Si en la tierra prospera bien la uña de caballo, la lechuga venosa, la achicoria, la agróstide rastrera, el jaramago, el brezo, etc., contiene mucha arcilla.

Si las especies espontáneas dominantes son la festuca roja, los pinos, las plantas bulbosas, etc., el elemento dominante es la sílice.

Si la vegetación espontánea la constituyen los tréboles, la fumaria, el cardo, la pequeña encina, las amapolas, etc., se trata de una tierra caliza.

Por último, el predominio de juncos, carrizos, cola de caballo, chopos, etc., acusan la presencia del humus en cantidad y, además, humedad grande.

POR EL ESTADO DE LA VEGETACIÓN Y POR EL PESO DE LAS SEMILLAS.- El estado de la vegetación también permite conocer algunos elementos del suelo; generalmente se elige para ello el trigo.

Si la vegetación tiene un color amarillento y el desarrollo foliáceo es reducido, se trata de un suelo pobre en nitrógeno.

Si, por el contrario, el color verde es muy intenso y la cosecha se encama con facilidad por un desarrollo foliáceo exagerado, el terreno contendrá el nitrógeno en exceso y el elemento dominante será el humus.

Si, finalmente, los granos pesan poco, el suelo en que se han producido es pobre en potasa.

Para hacer los análisis de tierras hay que disponer de laboratorio y de conocimientos de química y bacteriología que no suelen estar al alcance del agricultor. La misión de este suele quedar reducida, por tanto, a tomar la muestra de sus tierras para enviarla al laboratorio.

Cualquiera que sea el análisis que nos propongamos hacer de un terreno, lo primero que hay que proporcionarse es la muestra del mismo, entendiéndose por nuestra una porción de tierra, que representa la composición media del suelo objeto del ensayo.

Para tomarla, se empieza por raspar con la plata la superficie, a fin de quitar los restos orgánicos que en ella siempre existen, y se abre una zanja hasta llegar al subsuelo. De esta zanja se toman con la pala, dando un corte vertical en sus paredes, uno o dos kilogramos de tierra; del subsuelo se toma la misma cantidad y se guarda en sitio aparte. Esta operación se repite en varios puntos y proporciones de tierra tomada se mezclan (separadamente las del suelo y las del subsuelo), obteniéndose con ella la muestra del terreno.

Si el suelo no fuese homogéneo en cuento a sus caracteres organolépticos, o la vegetación no presenta un aspecto semejante, la marcha seguida anteriormente nos conduciría a un resultado inexacto. Para evitarlo se hace una especie de plano de la tierra que se quiere analizar y se marcan en él, con números, los puntos más heterogéneos, de los cuales se toman porciones de tierra, para analizarlas separadamente. Estas se guardan en frascos de boca ancha, rotulándolos con el número correspondiente del plano. Con el subsuelo se procede del Mismo modo, y en la rotulación de los frascos se ponen números romanos.

A medida que se van tomando las proporciones de tierra, se separan las pierdas voluminosas y se anota su peso para compararlo con el total de la tierra recogida.

CAPÍTULO VII
CLASIFICACIÓN DE LAS TIERRAS.

Los elementos mineralógicos son indispensables a la constitución física del suelo, pero sólo su presencia no es suficiente para que este reúna buenas condiciones. Para que un suelo este bien constituido físicamente, en condición precisa que sus elementos dominantes se encuentren en las debidas proporciones.

Las tierras constituidas como acabamos de decir, se llaman tierras francas, y en ellas los elementos mineralógicos se encuentran en la siguiente proporción:

Arcilla..... del 20 al 30 por 100
Arena.......50 >> 70
Calcáreo fino ...5 >> 10
Humus... 4 >> 10

Cuando algún elemento excedente de la proporción anterior, las tierras se llaman extremas. Estas toman el nombre del elemento que mas excede de la proporción indicada, y sus caracteres están relacionados, naturalmente, con las propiedades del elemento físico dominante. Así se dice. Tierras arcillosas, tierras calizas, tierras silíceas y tierras humíferas.

La arcilla se encuentra en ellas en proporción superior al 25 por 100. Se las conoce con el nombre de tierras fuertes.

Son tierras de color rojizo en general, muy tenaces y Adherentes si están húmedas. El agua forma con ellas una pasta coherente y plástica, a cuya circunstancia se debe su tenacidad y adherencia. Al desecarse se endurecen, formando grietas que ponen al descubierto las raíces de las plantas. Son, además, impermeables y frías y de cultivo costoso.

Su falta de permeabilidad es causa de que las materias orgánicas se descompongan muy elegante; y por el elemento físico que en ellas domina, los principios nutritivos ( especialmente el amoníaco) son retenidos con fuerza, obligando por ello al agricultor a emplear grandes dosis de abonos.

Si estas clases de tierras radican en un clima poco lluvioso y descansan sobre un subsuelo permeable, son excelentes para el cultivo del trigo, de las habas y de la col.

Las tierras silíceas, llamadas también ligeras, contienen más del 70 por 100 de arena silícea. Sus propiedades son completamente contrarias a las de las tierras arcillosas.
Tiene color amarillento, gris blanquecino o parduzco. Son ásperas al tacto, muy permeables y poco consistentes, hasta el punto de no dar suficiente apoyo a las plantas. Se calientan y enfrían rápidamente, haciendo sentir a los cultivos los efectos de las temperaturas extremas.

Las materias orgánicas se descomponen con rapidez en estas tierras, no siendo retenidos por ellas los productos que se originan.

Cuando el país es lluvioso y el subsuelo de naturaleza arcillosa, con labores profundas puede sacarse de ellas bastante partido, sobre todo si se trata del cultivo de raíces alimenticias o industriales o del de plantas tuberculosas.

Se denominan con este nombre las que poseen más del 10 por 100 del elemento calcáreo. Por su claro se las llama también albarizas, banquizales y tierras blancas.

Las tierras calcáreas se consideran en general estériles. Son poco tenaces y cuando húmedas, se adhieren fuertemente a los instrumentos de cultivo, formando al desecarse una costra en la superficie que dificulta la circulación vegetal y La penetración del aire. Esta costra se suele levantar con las heladas, poniendo al descubierto las raíces de las plantas.

Las materias orgánicas se descomponen rápidamente originándose con tal motivo grandes pérdidas de principios nutritivos. Si estos proceden de los abonos orgánicos las plantas cultivadas reciben muchos alimentos al principio de su desarrollo, produciéndose un número considerable de hojas. Cuando la planta alcanza mayor desarrollo, que es cuando precisa alimentación más abundante, los alimentos no consumidos han desaparecido del suelo y la fructificación se verifica en malas condiciones. Por eso, de explotarlas, hay que emplear grandes dosis de abonos orgánicos.

Son muy convenientes, sin embargo, para el cultivo de plantas leguminosas si radican en climas poco húmedos y se dispone de muchos abonos.

Si el humus se encuentra en las tierras en proporción superior al 10 por 100, estas reciben el nombre de humíferas o mantillosas.

Son de color oscuro y a veces negro, untuosas al tacto, poco densas y altamente higroscópicas. Las tierras humíferas suelen ser muy coherentes, ácidas y húmedas y para explotarlas hay que darles repetidas labores y adicionarles cal, privándolas, además, del exceso de humedad.

Las tierras que acabamos de estudiar son como ya dijimos, tierras externas y en ellas un elemento físico predomina sobre los demás del mundo considerable. Las hay también intermedias entre las anteriores, caracterizadas por ser dos los elementos dominantes, de los cuales uno de ellos se encuentra en mayor cantidad.

Estas tierras intermedias toman la denominación de los elementos que mas abundan, indicando su colocación el predominio del primero sobre el segundo. Así, por ejemplo, llamados tierra arcilloso- calcárea a la que contiene grandes Cantidades de arcilla y del calcáreo, encontrándose el primero de estos elementos en mayor cantidad.
Las propiedades de estas tierras intermedias varían según los elementos físicos que mas abundan.

Como se deduce de las consideraciones expuestas, clasificamos las tierras de cultivo del siguiente modo:

TIERRAS EXTERNAS.

1º tierras francas
2º tierras arcillosas
3º tierras silíceas
4º tierras calcáreas
5º tierras humíferas.

TIERRAS INTERMEDIAS

6º tierras arcilloso- silíceas
7º tierras arcilloso- calcáreas
8º tierras arcilloso- humíferas
9º tierras silíceo- arcillosas.
10º tierras silíceo- calizas
11º tierras silíceo- humíferas.

CAPITULO VIII
LA TIERRA LABRANTÍA Y EL VEGETAL CULTIVADO.

El suelo es el medio en donde la planta desenvuelve sus raíces, tomando de él al mismo tiempo gran parte de las sustancias que, mediante su trabajo de elaboración, han de producir los compuestos orgánicos que se encuentran en sus tejidos.

No solo interesa el agricultor el conocimiento del suelo activo y del suelo inerte, pues como ya hemos tenido ocasión de ver, las condiciones defectuosas de las tierras extremas se corrigen naturalmente cuando descansan sobre un subsuelo de constitución física distinta. Las raíces de las plantas, además, se desarrollan en longitud mas de lo que de ordinario se cree, llegando frecuentemente a las primeras capas del subsuelo.

El subsuelo puede desempeñar, pro tanto, no solo acción física, sino contribuir también a la nutrición vegetal. Por otra parte, el subsuelo obra directamente como regulador de la humedad, absorbiendo el tiempo de lluvia el agua que después cede lentamente a las capas superiores.

Ahora veremos las condiciones que ha de reunir el suelo para su explotación ventajosa. Si alguna de ellas queda incumplida, las cosechas que produzca no satisfarán el fin económico que el agricultor persigue. Puede suceder, sin embargo, que algunos de sus efectos queden subsanados con las condiciones del subsuelo, y, en ese caso, las labores profundas podrán suplir las deficiencias del suelo, mejorando notablemente sus condiciones. El conocimiento del subsuelo es, por tanto, de gran interés agronómico.

Hay de advertir, no obstante, que el subsuelo es un medio poco aireado y dividido, pobre en elementos fertilizantes y poco activo en los que a sus propiedades biológicas se refiere. Su mezcla con los componentes del suelo hay que efectuarla, por tanto, con circunspección.

Un suelo susceptible de un cultivo provechoso debe ser para la planta una habitación conveniente y un medio nutritivo, de donde aquella tome los alimentos que el aire no le proporciona. Cumple estas condiciones cuando sus propiedades físicas, químicas y biológicas satisfacen las necesidades del vegetal.

CONDICIONES FÍSICAS.- Las condiciones que dependientes de sus propiedades físicas deben reunir los suelos, son las siguientes:

1º dar apoyo conveniente a la estabilidad de la planta, permitiéndole al mismo tiempo el fácil desarrollo de sus raíces.

2º tener el grado de temperatura conveniente al buen desempeño de sus funciones, no exponiendo a las plantas a la acción de temperaturas extremas.

3º tener el grado conveniente de humedad, para que la planta encuentre asegurada su absorción y pueda al mismo tiempo reparar las pérdidas sufridas por la exhalación acuosa; y

4º gozar de cierta permeabilidad y capilaridad para hacer posible la difusión del agua y la circulación del aire, la primera.

CONDICIONES DEPENDIENTES DE SUS PROPIEDADES QUÍMICAS.- Desde el punto de vista de sus propiedades químicas, la tierra ha de proporcionar a la planta los materiales que esta toma exclusivamente del suelo, gozando al mismo tiempo de cierto poder absorbente para evitar perdidas de principios fertilizantes.

CONDICIONES DEPENDIENTES DE SUS PROPIEDADES BIOLÓGICAS.- Por último, una tierra estará bien constituida biológicamente cuando sea rica en microbios fijadores del nitrógeno aéreo; cuando contenga las bacterias que se asocian a las leguminosas, viviendo simbióticamente en sus raíces y cuando posea los fermentos necesarios a las mineralización del nitrógeno orgánico.

Cuando las tierras poseen todas las condiciones que hemos estudiado y el suelo tiene suficiente espesor para el bien desarrollo de los cultivos, la explotación podrá llevarse a cabo en condiciones ventajosas; las tierras así constituidas se llaman tierras fértiles.
Entendemos, pues, por fertilidad, la aptitud que un terreno tiene para la producción vegetal.

Si las tierras bien constituidas física, química y biológicamente son aptas para la producción, las defectuosas en algunas de estas propiedades no tendrán el grado conveniente de fertilidad y su cultivo no será provechoso, al menos, sin corregir sus defectos.

Una tierra de defectuosa constitución física, no será una buena habitación para la planta y una tierra defectuosa, desde el punto de vista químico o biológico, no proporcionará alimentos suficientes al vegetal. En estos casos la tierra se llama estéril.

La esterilidad, por tanto, es el estado de improductividad de un suelo.

Hay que advertir que la esterilidad puede ser debida también; al exceso del alguno de los elementos fertilizantes, a la presencia de sustancias tóxicas, al poco espesor de la capa vegetal y a la humedad excesiva.

Un exceso de sales, por ejemplo, de nitratos, constituye un medio cáustico en donde no germinan las semillas ni se desarrolla la planta en buenas condiciones.

La presencia de ciertas materias como pirita, cloruro sódico en exceso, etc., constituye un medio tóxico en donde los vegetales no prosperan.

Un suelo de poco espesor, es una habitación reducida en donde las raíces no pueden desenvolverse para alcanzar el desarrollo conveniente.

Finalmente, una tierra excesiva húmeda es, como oportunamente veremos, un medio improductivo en donde el cultivo no puede establecerse satisfactoriamente.

Las tierras estériles y las poco fértiles, pueden ser modificadas convenientemente por el agricultor, mediante ciertas operaciones que enseña la ciencia agronómica, tales son: las enmiendas, los saneamientos y los abonos principalmente.

CAPÍTULO IX
MODIFICACIÓN DE LAS PROPIEDADES FÍSICAS DE LAS TIERRAS

Mejorar un terreno es elevar su aptitud productiva, mediante ciertas operaciones que enseña la ciencia agronómica. Las mejoras de las tierras pueden tener por objeto: modificar sus propiedades físicas, conservar y aumentar los elementos nutritivos del suelo o modificar sus condiciones biológicas.

Las propiedades físicas se modifican con las enmiendas y con los saneos o saneamientos.

Los elementos nutritivos del suelo se conservan y aumentan con los abonos.

Y las condiciones biológicas se favorecen llevando a las tierras los microorganismos que fijan el nitrógeno del aire o las bacterias que viven en simbiosis con las leguminosas. Esto se consigue con la adición de tierra rica en microbios o en el Empleo de ciertos productos llamados nitral, nitragina y alinita.

Como, según parece, los resultados obtenidos con el empleo de estas últimas materias no han sido suficientemente satisfactorias, prescindiremos de su estudio, ocupándonos únicamente de los medios empleados para modificar las condiciones físicas y químicas de los suelos.

Cualquiera que sea la mejora a que un terreno vaya a someterse, lo primero a que un terreno vaya a someterse, lo primero que hay que resolver es la cuestión económica, no olvidando que el fin económico de la industria agrícola es obtener el mayor beneficio, y para ello es condición precisa que os ingresos superen a los gastos.

Las tierras excesivamente tenaces, las excesivamente sueltas, y las muy húmedas no son a propósito para el cultivo, y para explotarlas ventajosamente, hay necesidad de corregir sus defectos.

Las operaciones encaminadas a modificar la defectuosa constitución física de los suelos se llaman enmiendas, y para practicarlas pueden seguirse tres procedimientos: 1º mezclar tierras de diferente constitución física; 2º someterlas a la calcinación, y 3º practicar el entarquinado si económicamente fuera posible.

Para tratar las excesivamente húmedas hay que verificar la operación llamada saneo o saneamiento.

Sabiendo que la mucha tenacidad de un suelo se debe a la proporción exagerada de arcilla, y que la excesiva soltura la motiva la gran proporción de sílice, para corregir cualquier terreno que presente esas propiedades físicas extremas no habrá más que añadirle el elemento mineralógico de propiedades opuestas.

La adición del elemento mineralógico de propiedades contrarias a la de la tierra que se quiere corregir es operación costosa y de no muy fácil ejecución pro no verificarse de un modo perfecto la mezcla de los materiales que se desea incorporar los componentes del suelo. De aquí que los resultados no siempre sean satisfactorios. Según las materias que se unen a la tierra objeto de la mejora, recibe esta nombres diferentes; así se llaman enmiendas silíceas, enmiendas calcáreas y enmiendas arcillosas. Las calcáreas son las de mayor interés.

Se aplican, como las anteriores, a alas tierras excesivamente arcillosas, y consisten en adicionar a estas cal, margas y, en general, materias ricas en el elemento calcáreo.

CAL.- La cal u óxido de calcio, se obtiene sometiendo a la calcinación el carbonato cálcico o calcita. Puede ser viva (cal anhidra) o apagada (cal hidratada)

El empleo de la cal modificada radicalmente la excesiva tenacidad de las tierras arcillosas y conviene, no solo a estas tierras, sino además a las ricas en materias orgánicas.
El encalado debe hacerse en el invierno, con objeto de que al verificar la siembra haya perdido de cal su causticidad. Se practica disponiendo la materia enmendante en montones situados a igual distancia sobre el terreno, y cuando por la acción de los agentes atmosféricos este bien pulverizada, se reparte con igualdad y se mezcla con la tierra del suelo, por medio de labores. Si la cal estuviese apagada, se distribuye desde luego, procediendo de igual modo.

MARGAS.- Las margas son mezclas terrosas de caliza, sílice, arcilla y otras sustancias. Deberán preferirse para estas enmiendas las ricas en calizas llamadas por esta razón margas calcáreas.

Se utilizan del mismo modo que la cal, lográndose con ellas los mismos resultados siempre que se empleen mayores dosis, pues sus efectos son desde luego menos intensos, debido a la menor cantidad que de calcáreo tienen.

Tanto las tierras arcillosas como las silíceas, pueden ser corregidas con relativa facilidad y economía, cuando descansan sobre un subsuelo de composición mineralógica distinta.

En este caso con labores profundas y repetidas cuando sea preciso, se llegará a mezclar ambas capas de la tierra vegetal, contrarrestando mutuamente sus propiedades extremas.

Consiste esta mejora en someter las tierras arcillosas a la calcinación, fundándose en la propiedad que tiene la arcilla de vitrificarse cuando por el calor se hace perder bruscamente el agua que contiene. En este caso la arcilla pierde sus propiedades y se conduce como la arena silícea.

La costumbre de quemar los rastrojos y las hojas secas, tan generalizada en muchas regiones, se propone este fin, aun cuando solo lo consiga muy imperfectamente.

Para someter la tierra a la calcinación se escogen los días mas calurosos del verano y por medio de la pala se extraen fragmentos prismáticos, con los cuales se forman montones huecos de forma cónica, que se distribuyen con uniformidad por la superficie de la tierra que se va a enmendar. En el interior se colocan materias combustibles (hojas, ramaje seco, etc.), dejando una abertura en la dirección del viento dominante en la localidad. Se le prende fuego y cuando este verizada para que el calor se concentre bien. Una vez fríos los montes, se pulverizan y reparten con regularidad, dándose por último una labor de arado.

El sistema de calcinar el suelo llamado sistema de hormigueros por la forma de los montes, tienen numerosas ventajas pero presenta también inconvenientes graves.

Con la calcinación de la tierra se consigue disminuir su tenacidad excesiva, favorecer su aireación, destruir los gérmenes de plantas y animales perjudiciales, aumentar los principios fertilizantes del suelo con las cenizas de las materias combustibles, y finalmente transformar el carbonato cálcico en cal viva, favoreciendo de este modo las reacciones químicas que en el suelo tienen lugar.

El sistema de hormigueros tiene los inconvenientes de que con su empleo se destruyen las materias orgánicas de los suelos y los microorganismos que constantemente trabajan en beneficio del vegetal. Cuando las tierras son pobres en materia orgánica, este sistema no debería practicarse, a no ser que se disponga de grandes cantidades de abonos de aquella procedencia.

Los terrenos de las vegas a los cuales pueden llevarse con facilidad y economía las aguas turbias en los días de avenidas se corrigen ventajosamente por este medio, al mismo tiempo que se les enriquece con las materias orgánicas que las aguas arrastran.

Para practicarle se abre una zanja alrededor del terreno que se va a enmendar, y con la tierra extraída se forma un dique de suficiente altura para evitar la salida del agua. Se hacen llegar al terreno las aguas turbias, y cuando por sedimentación se precipitan en el fondo las materias que llevan en suspensión se da salida al líquido claro. Las materias depositadas se mezclan con la tierra por medio de labores cuando el terreno quede con el grado conveniente de humedad.

Es la práctica agrícola que se propone desalojar de las tierras el exceso de humedad.

El agua, elemento indispensable para la vegetación, produce acción funesta cuando se encuentra en cantidad excesiva. En este caso, las tierras no se airean convenientemente y las raíces de las plantas no cuentan con el oxígeno necesario a la respiración; la vida de los microbios útiles es imposible por la falta de aire, y la nitrificación se paraliza; las operaciones culturales se ejecutan con dificultad y son costosas; las plantas reciben los alimentos muy diluídos y en proporciones insuficientes; por último, es ambiente húmedo predispone a los vegetales a padecer toda clase de enfermedades fitoparasitarias.

En las condiciones expuestas la explotación no puede ser lucrativa y el agricultor deberá pensar en la práctica del saneamiento.

La mayor parte de las veces con labores profundas se corrige el exceso de humedad; pero cuando éstas no son suficientes hay necesidad de recurrir a los pozos absorbentes, o a las zanjas, o al drenaje.

Un pozo absorbente (fig. 8) es una excavación practicada en la parte más baja del terreno, en la que se recogen las aguas sobrantes o excesivas para conducirlas a una capa permeable.

Para construirlos se abre un pozo de regulares dimensiones, de cuatro o cinco metros de profundidad, dándole forma de tronco de cono invertido. En la base menor se abre por medio de la sonda un taladro, hasta llegar a una capa muy permeable, y con ello las aguas recogidas en el pozo se perderán en dicha capa, dejando saneado el terreno.
Para que el pozo no se obstruya se colocan sobre la perforación practicada con la sonda unas piedras planas o unos manchones embreados, disponiendo unas u otros en forma de puente. Sobre este se agregan piedras, ladrillos, ramajes, etc., cubriendo todo hasta la superficie con arena.

Son excavaciones longitudinales que se abren en los suelos húmedos para recoger las aguas y conducirlas a ríos próximos o a un pozo absorbente construido en el sitio mas bajo. Su número, distribución e inclinación varían con la configuración y declives que presente el suelo.

Pueden ser abiertas y cerradas. Las primeras son económicas y de acción mas eficaz. Pero tienen el inconveniente de dificultar las labores y además disminuir la superficie cultivada.

Las zanjas cerradas se forman depositando en el fondo de las mismas ladrillos, escombros, ramaje, etc., formando una especie de cañería rústica, sobre la cual se echa la tierra extraída para igualar la superficie del terreno.

El sistema de zanjas solo da resultado cuando la cantidad de agua no es muy excesiva, pues en otro caso los materiales que este líquido arrastra cierran en poco tiempo las abiertas u obstruyen por igual causa la cañería rustica de las cerradas.
Para evitar este inconveniente y conseguir la constancia o permanencia de la mejora, hay que recurrir al empleo de unos tubos de barro conocido y de diámetros diferentes llamados drenes, utilizando el sistema de saneamiento conocido con el nombre de drenaje.

Los drenes, llamados también tubos de avenamiento, se colocan en el fondo de zanjas construidas al efecto; y enchufando unos con otros forman una red de cañerías extendidas por el terreno a cierta profundidad. El agua penetra en ellos por los puntos de unión, para ser conducida a sitio conveniente.

Este sistema resulta muy caro y solo tiene aplicación ventajosa en las comarcas muy húmedas o en las que escaseen las tierras de cultivo.

CAPÍTULO X
ABONOS: GENERALIDADES.

Todas las sustancias que se adicionan al suelo para que directa o indirectamente proporcionen a la planta algún elemento útil, reciben el nombre de abonos.

Aun suponiendo el caso mas favorable, esto es, el de un suelo que contenga en las mejores proporciones todos los elementos necesarios a la nutrición de la planta, fácilmente se comprende, que si con los cultivos continuados se exportan todos o la mayor parte de aquellos, el suelo se hará improductivo y la explotación no podrá continuarse. Si el agricultor, en cambio, devuelve a la tierra bajo diferentes formas (siempre que puedan ser utilizados por las plantas, o favorezcan la utilización de los que la misma contiene), los elementos que le sustraen bajo la forma de cosecha, se tendrá asegurada la continuación del cultivo de un modo ventajoso.

Teniendo en cuenta las consideraciones apuntadas, Liebig formuló su interesante ley de la restitución, de cuyo cumplimiento depende en gran parte el éxito del cultivo. Esta ley dice: Es de absoluta necesidad restituir al suelo los principios alimenticios que las cosechas sustraen, si se quiere conservar su fertilidad.

La ley de la restitución queda completamente, teniendo en cuenta al aplicarla, la no menos importante ley del mínimum, que dice así: cuando las condiciones o circunstancias meteorológicas son favorables, la cuantía de la cosecha es proporcional al elemento nutritivo que el suelo contiene en menor cantidad.

Quiere decir esta ley, de acuerdo con el principio de las fueras colectivas, que la falta o la insuficiencia de algunos de los elementos nutritivos, hace ineficaz la acción de los demás. Así, por ejemplo: si en una tierra existen grandes cantidades de fósforo, potasio y calcio, y falta el nitrógeno o se encuentra en cantidad insuficiente, la cosecha que obtengamos será proporciona a la cantidad de nitrógeno. Sin en ella empleamos abonos fosfatados, potásicos o calcáreos, la producción seguirá siendo la misma, es decir, proporcional a la cantidad del elemento que mas escasea.

Hay que advertir, que si bien en todos los casos se cumple la presente ley, en el ejemplo citado la cosecha no podrá ser proporcional al nitrógeno que el suelo posee si en él se cultivan leguminosas y contiene las bacterias que las capacitan para utilizar el nitrógeno libre aéreo.

Con el empleo de los abonos se consigue: obtener un aumento considerable en la producción; explotar las tierras.

Disminuyendo gradualmente el sistema de barbechos, hacer posible la generalización del cultivo intensivo que es, por decirlo así, el ideal de la moderna agricultura; finalmente, aumentar de modo considerable los beneficios del agricultor.

El método de investigación sintética, basado en experiencias fisiológicas, demuestra que los elementos indispensables a la constitución de los tejidos vegetales son: el carbono, el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno, el silíceo, el azufre, el fósforo, el cloro, el potasio, el sodio, el calcio, el magnesio, el hierro y el manganeso. Los cuatro primeros, forman los compuestos que desaparecen cuando las plantas se queman; los restantes, combinados entre si con los anteriores, forman los compuestos minerales que constituyen el residuo de la combustión.

Todos estos elementos tienen el mismo valor desde el punto de vista fisiológico; pero no sucede lo mismo, si se les considera desde el punto de vista agrícola. En efecto: el ácido carbónico del aire provee a la planta, mediante la función clorofílica, de todo el carbono que precisa para la elaboración de sus distintos compuestos; lo mismo hace el agua respecto al oxígeno y al hidrógeno. Las tierras aptas para el cultivo, poseen en proporciones suficientes los restantes, excepción hecha del nitrógeno, fósforo. Potasio y calcio.

El nitrógeno, el fósforo, el potasio y calcio son elementos que, bien por escasear en las tierras, bien por ser consumidos en grandes proporciones por plantas, deben merecer la atención del agricultor y ser devueltos a las tierras, si se ha de cumplir debidamente a la ley de la restitución.

El valor absoluto de un abono depende de la mayor o menor cantidad que posea de los cuatro términos (nitrógeno, fósforo, potasio y calcio), del que llamaremos completo. Es independiente de las exigencias del vegetal, así como de la naturaleza y composición del suelo sobre que se aplica y está representado por su precio.

El valor relativo está relacionado en cada caso con la composición del suelo y clase de cultivo.
Es decir: un abono será de gran valor absoluto cuando contenga grandes cantidades de fósforo, nitrógeno, potasio y calcio; y un abono, esencialmente fosfatado, por ejemplo, será de gran valor relativo en las tierras que carezcan o posean cortas dosis de fósforo y en el cultivo de plantas que consuman grandes cantidades de este elemento.

Como el aumento de cosecha depende en gran parte del valor relativo del abono que se emplee, la determinación de este en parcelas convenientemente dispuestas y preparados es de gran utilidad para el agricultor.

Los abonos teniendo en cuenta su composición, los efectos que producen y su origen, reciben diferentes denominaciones: se llama completo al que posee fósforo, nitrógeno, potasio y calcio, e incompleto o complementario al que solo posee alguno o algunos de estos elementos; nitrogenado, fosfatado, potásico o calcáreo, según el elemento que contengan; normales si distribuyen directamente a la alimentación vegetal, estimulantes si lo hacen de una manera indirecta; catalíticos si obran por acción de presencia; y por último, minerales, vegetales y mixtos según sea su procedencia.

Por su modo de obrar pueden ser: normales y estimulantes.

CAPITULO XI
ABONOS MINERALES.

Se da este nombre a las sustancias minerales que adicionadas al suelo producen un aumento ventajoso de cosecha. Unas veces se emplean en su estado natural (fosforita, nódulos, etc.) y otras son verdaderos productos industriales (superfosfatos, cianamida de calcio, etc.)

Los abonos minerales normales se dividen, teniendo en cuenta su composición, en nitrogenados, fosfatados, potásicos y calcáreos.

Llámase abonos nitrogenados los que tienen por objeto suministrar nitrógeno a las plantas.
Los abonos minerales nitrogenados proporcionan nitrógeno a las plantas, al estado nítrico o al de amoníaco. Son de acción rápida y muy caros, por cuyas circunstancias deben ser empleados con moderación y en los cultivos que mejor los paguen. Resuelta ventajoso su empleo en el cultivo cereal principalmente, así como también en el de la remolacha azucarera y en el de la patata.

Dentro de los abonos nitrogenados minerales figuran el nitrato sódico, el nitrato potásico, el nitrato de calcio, el sulfato amónico y la cianamida de calcio.

Esta sal, conocida también con los nombre de nitro de Chile, nitro del Perú, etc., es el nitrato mineral empleado mas frecuentemente como abono.
El nitrato sódico, así como los demás nitratos que después estudiaremos, deben emplearse en primavera, cuando las plantas estén algo desarrolladas (en cobertera) y en pequeñas y repetidas dosis, para evitar que sea arrastrado por las aguas de lluvia, pues es muy soluble y no retenido por el suelo.

El nitrato potásico o salitre es una sal que, no obstante ser muy soluble en el agua y suministrar a las plantas dos de los elementos de mayor valor agrícola, se emplea muy raras veces como abono, pues es sumamente cara, dado el gran consumo que de ella se hace en otras industrias y de conservación difícil por su gran poder higroscópico. La cantidad de potasa, además, es considerable en proporción a la de nitrógeno, y su empleo es, realmente un gasto superfluo.

Estos abonos, como su nombre índica, se preparan por procedimientos sintético, utilizando como materia prima el nitrógeno del aire y han venido a solucionar satisfactoriamente el problema que hubiera de plantearse cuando la creciente disminución de las salitreras del Perú y de Chile de por resultado el agotamiento de estas fuentes de nitrógeno para la agricultura y para la industria.

Los abonos nitrogenados sintéticos de más frecuente empleo son: el nitrato de cal, de valor agrícola aproximadamente igual al nitrato sódico y la cianamida de calcio, de resultados análogos a los del sulfato amónico.

De todos los compuestos amoniacales, el sulfato amónico es el que tiene más importancia desde el punto de vista agrícola, por su riqueza en nitrógeno y económica adquisición. Teniendo en cuenta que las tierras poseen la propiedad de retener el sulfato amónico, una vez convertido en carbonato, merced a la acción a la caliza, pueden ser empleados durante el otoño, sin que por ello se corra el riesgo que con los nitratos. Claro está, que al operarse la nitrificación se pueden originar perdidas de nitrógeno, pero como este proceso se verifica muy lentamente durante el invierno, sobre todo en los terrenos compactos, estas pérdidas serán muy cortas. En los silíceos será prudente retrasar su incorporación.

Se da este nombre a las sustancias que se incorporan a las tierras para satisfacer las exigencias de las plantas, en si nutrición fosforada.

Todos los abonos de este grupo contienen el ácido fosfórico combinando con uno, dos o tres equivalentes de cal, constituyendo el fosfato monocálcico, el bicálcico y el tricálcico respectivamente. El primero, es perfectamente soluble en el agua; el segundo, en los ácidos débiles (acético, cítrico, etc.) y en algunos compuestos amoniacales, y el tercero, soluble únicamente en los ácidos.

Se dividen los abonos fosfatados minerales, según su origen, en naturales (fosforita, nódulos o coprolitos y arenas fosfatadas) e industriales (superfosfatos, fosfatos precipitados y escorias fosfatadas).

En estos compuestos el ácido fosfórico se encuentra combinando con tres equivalentes de cal, y frecuentemente acompañado de otras materias.
Pueden afectar formas cristalinas (apatitas) o ser amorfos (fosforita, nódulos fosfatados y fosfatos arenosos).
En nuestro país el fosfato natural de mayor empleo es la fosforita, que se encuentra en extensos yacimientos en las provincias de Cáceres y Murcia.

Los fosfatos naturales son, como ya hemos dicho, solubles en el agua, y para que las plantas puedan absorberlos es preciso que se pongan al alcance de sus raíces. Cuando esto no sucede, el ácido carbónico de los suelos, los ácidos orgánicos libres y los carbonatos alcalinos reaccionan sobre ellos y los ponen en condiciones de ser absorbidos.

Los fosfatos que nos ocupan se emplean al estado natural después de reducirlos a polvo fino, dependiendo del grado de finura del mismo el tiempo que la planta tarda en utilizarlo. Pueden emplearse también mezclados con los estiércoles a fin de favorecer su disolución. Esta práctica es muy conveniente si no van acompañados de carbonato cálcico, pues de ser así la mezcla pudiera resultar perjudicial, como lo demuestran los trabajos experimentales de Pettermann.

Se incorporan al suelo en el otoño y convienen especialmente a las tierras turbosas, a las humíferas y a las sometidas recientemente al cultivo.

Aun cuando con su empleo se aumentan las producciones de todos los cultivos, los fosfatos naturales y en general los abonos fosfatados minerales, son empleados preferentemente en los cultivos de especies utilizables por sus frutos o semillas.

Pertenecen a este grupo los abonos fosfatados minerales que se producen industrialmente y los que se obtienen, como residuos, de ciertas industrias. Figuran en el los superfosfatos, los fosfatos precipitaciones y las escorias fosfatadas.

Los superfosfatos resultan de someter a la acción del ácido sulfúrico los fosfatos tribásicos para convertirlos en monobásicos o ácidos, francamente solubles en el agua.

Las materias que acompañan a los fosfatos naturales y la forma en que prácticamente se produce la reacción determinan o producen reacciones sucesivas que dan por resultado la transformación de gran parte de fosfato soluble en insoluble. Este fenómeno por el que nuevamente el fosfato vuelve a ser insoluble, se llama retrogradación.

Aunque la retrogradación hace desmerecer el abono que estudiamos, su acción sobre las plantas es muy eficaz y se distingue en general de la de los fosfatos naturales, por la rapidez de sus efectos. Aun después de convertidos en solubles por la retrogradación, su ácido fosfórico obra mas rápidamente que el de los fosfatos naturales, merced al estado de división que alcanza. A pesar de esto, su valor agrícola suele no guardar relación con su valor comercial, en la generalidad de los casos.

Este abono, formando en su mayor parte por fosfato bicálcico, resulta de tratar los fosfatos tribásicos, por el ácido clorhídrico, precipitando después la disolución por una lecha de cal.

De las numerosas experiencias practicadas a este objeto, se deduce que el valor agrícola de los fosfatos precipitados es igual al de los superfosfatos y a veces mayor, siendo su valor comercial inferior al de estos últimos. Su transporte, además, resulta más económico, toda vez que en menor volumen, contienen mayor cantidad de fósforo que los fosfatos naturales.

Esta constituido este abono por el residuo que se obtiene de la desfosfatación del hierro y del acero.

Las escorias forman masas esponjosas de color negro y se emplean como abono después de pulverizadas. Son de gran densidad y ofrecen la particularidad de poseer fósforo al estado de tetrafosfato, esto es, combinando el ácido fosfórico con cuatro equivalentes de cal. Es soluble en los ácidos débiles y en esta propiedad se basa, precisamente, su garantía de pureza para determinar la cual, se emplea el reactivo de Wagner (solución de ácido cítrico al 2 por 100).

La gran cantidad de cal viva que contienen las escorias, debe tenerse muy en cuenta cuando se trate de tierras pobres en aquel elemento y especialmente en las húmedas y humíferas. En las primeras, se prefieren a los superfosfatos por su insolubilidad en el agua, que evita pérdidas de ácido fosfórico; y en las segundas, neutralizan la acidez y favorecen las descomposiciones orgánicas.

Reciben el nombre de abonos potásicos, las sustancias que contienen el potasio en forma asimilable y en proporciones ventajosas.
Dentro del grupo de los abonos minerales potásicos estudiaremos el cloruro y el sulfato potásico, las sales de Stassfurt y en las cenizas.

El cloruro potásico procede de las sales de Stassfurt, de las marismas y lagunas saladas, de las vinazas de la remolacha y de las cenizas de plantas marinas principalmente.

El cloruro potásico es la sal de más bajo precio y de la de resultados mas ventajosos en la mayoría de los casos; pero frecuentemente puede producir transtornos a los cultivos, sobre todo cuando va acompañado de cloruro de magnesio, que es nocivo a la vegetación.

Es una sal soluble, como la anterior, en el agua y menos cáustica que ella, siendo el abono potásico preferentemente usado en el cultivo de la patata, remolacha, tabaco y vid.

En la localidad de este nombre en Prusia, existen sobre yacimientos de sal gema grandes criaderos de compuestos potásicos, que suministran a la Agricultura cantidades inagotables de estos abonos.
Con estos compuestos se preparan en fábricas inmediatas a los yacimientos los abonos que circulan en Europa con los nombres de Sales de Stassfurt y también con el de Rainita.

En España, existen en Cardona (cataluña) grandes yacimientos de compuestos potásicos parecidos a los de Stassfurt, en cuanto a su composición y riqueza.

El empleo de los abonos potásicos es muy conveniente en los suelos calcáreos, en los arenosos y en los turbosos, así como en el cultivo de las leguminosas (sobre todo en las pratenses) y en el de plantas industriales.

Teniendo en cuenta que las sales potásicas gozan de cierta causticidad, deberán emplearse antes de la siembra. La mejor época de otoño, pues aun cuando estas sales afectan formas muy solubles, pasado algún tiempo pierden su primer estado y son fuertemente retenidas por las tierras, sobre todo si son arcillosas o humíferas. Por esta causa, en los suelos arcillosos y humíferos, hay que emplear grandes dosis.

Las cenizas y las sales obtenidas después de la cristalización de la sal común en las marismas y lagunas saldas, fueron los únicos abonos potásicos empleados hasta el año 1851, en que se descubrieron los yacimientos de Stassfurt.

Las cenizas de los vegetales, que son las más frecuentemente empleadas como abonos, contienen la mayor parte de la potasa al estado de carbonato y en menor cantidad no despreciables de fosfato cálcico, que aumenta su valor como abono.

Se conocen con esta denominación, las sustancias que se adicionan a las tierras para proporcionar a las plantas el elemento calcáreo.

Figuran en este grupo la cal u óxido, las margas, los escombros procedentes de la demolición de edificios, el polvo calizo de las carreteras, etc.

Los abonos calcáreos se emplean, en la generalidad de los casos, para favorecer y determinar en el suelo ciertas reacciones que favorezcan la alimentación del vegetal. Pero como además proporcionan a las plantas el calcio, que como sabemos es uno de los elementos de mayor valor agrícola, en realidad deben ser considerados estos abonos como normales y estimulantes a la vez.

La adición de la cal o encalado produce resultados sorprendentes en los terrenos recién roturados, en los que desorganizando la materia orgánica en ellos tan abundantes, origina grandes cantidades de nitrógeno amoniacal, fácilmente asimilable. La cal, una vez carbonatada en el suelo, favorece la nitrificación de las reservas nitrogenadas, haciendo posible el ejercicio vital del fermento nítrico y la neutralización del ácido nítrico por el segregado. En las tierras ácidas o no calizas, la formación de nitratos no puede tener lugar.

Con la presencia del calcáreo en las tierras, se asegura la conservación de los fosfatos solubles, impidiendo el arrastre de os mismo por el agua, mediante su transformación en fosfato insoluble de cal. Esos mismo fosfatos en presencia de un exceso de cal se solubilizan de nuevo difundiéndose por los suelos, proporcionando a las plantas fósforo.

Al reaccionar los abonos calcáreos sobre los fosfatos férrico y alumínico, producen fosfato tricálcico, que lentamente proporcionará fósforo a la planta.

Al actuar sobre algunos silicatos, sustituye a la potasa de los mismos, dejándola en libertad. Esta potasa, combinándose con el ácido carbónico que constantemente existe en los terrenos, forma carbonato potásico fácilmente asimilable por la planta.

Vemos, pues, que los abonos calcáreos no se limitan a proporcionar el calcio a las plantas, sino que producen además numerosas reacciones en los suelos, permitiendo que sus componentes intervengan o tomen parte en la circulación que hace posible la utilización de compuestos difícilmente solubles. Por esta razón no deberá abusarse del encalado, pues su uso excesivo puede ser causa del empobrecimiento del suelo.

ABONOS ESTIMULANTES.

Reciben este nombre, las sustancias que al actuar sobre los materiales del suelo favorecen la absorción vegetal. Nos ocuparemos del yeso, por el más importante de todos.

El yeso es el sulfato cálcico hidratado. Sus efectos sobre la vegetación fueron observados primeramente por Meyer (1); pero su uso como abono, empezó a generalizarse con el célebre experimento de Franklin, que consistió en esparcir sobre un campo de alfalfa polvo de yeso, formando el letrero: << Esto ha sido enyesado>>. Las plantas correspondientes a los puntos enyesados se destacaron bien pronto, permitiendo leer en ellas la frase escrita con yeso.

Muchas son las hipótesis que explican la acción del yeso como abono, pero de todas ellas la mas aceptable y generalizada es la iniciada por Liebig y confirmada o sostenida por Dehérain, que atribuye su acción a la movilización del amoníaco y de la potasa. Uno y otra, en presencia de aquel, pasan al estado de sulfato, que con facilidad se difunde por el suelo descendiendo a las capas bajas. De ellas son absorbidos estos compuestos por las plantas de raíces profundas.

(1) pastor protestante del principado de Hohenlohe.

Su influencia es nula en los suelos excesivamente húmedos y en el cultivo cereal, y en general en el de plantas y raíces superficiales. Es muy conveniente, en cambio, en las tierras arcillosas y en el cultivo de leguminosas forrajeras.

El yeso puede emplearse crudo o cocido y siempre reducido a polvo. Se emplea en primavera preferentemente, escogiendo días húmedos y tranquilos a ser posible.

CAPÍTULO XII
ABONOS ORGÁNICOS.

Se incluyen en este grupo, según se desprende de su denominación, todas las sustancias de procedencia orgánica, cuyo empleo como abono satisface el fin económico de la industria agrícola. Las sustancias orgánicas no son empleadas prontamente en la nutrición del vegetal; para que cumplan su misión, precisan sufrir transformaciones o descomposiciones cuya rapidez esta relacionada naturalmente con la complejidad de su composición y con las condiciones del medio.

Los productos resultantes de esas descomposiciones son utilizados unos, directamente en la nutrición de las plantas, y otros, producen reacciones en los suelos, determinando la solubilización de muchos de sus componentes.

ABONOS VEGETALES

Todas las materias procedentes del reino vegetal, que no tengan aplicación más ventajosa, deberán ser empleadas por el agricultor, para devolver a las tierras los materiales alimenticios que de continuo sustraen las cosechas.

Las materias vegetales se descomponen lentamente, por cuya causa la acción de esos abonos es lenta, sobre todo en las tierras compactas.
Los abonos vegetales proceden, unas veces, de plantas que se han desarrollado en la tierra que se ha de abonar; otras veces están constituidos por especies vegetales o por restos de ellas, procedentes de otros terrenos. Se clasifican o dividen en: plantas enterradas en verde, restos de vegetales y residuos de industrias fitógenas.

Este medio de fertilización, conocido comúnmente con el nombre de abonos verdes, consiste en cultivar ciertas especies en un suelo, para enterrarlas en él, cuando alcancen el desarrollo conveniente.

Las especies mas a propósito para ser enterradas en verde son las pertenecientes a las leguminosas. Estas plantas, según sabemos, utilizan el nitrógeno libre del aire merced a las bacterias que se desarrollan en sus órganos radiculares, enriqueciendo los suelos en compuestos nitrogenados. Sus raíces de gran longitud, toman los materiales nutritivos de capas muy bajas. Su gran follaje, como plantas de hojas compuestas, les permite almacenar gran cantidad de materia orgánica en los suelos. Finalmente, sus pocas exigencias y rápido desarrollo disminuyen los gastos de cultivo y autorizan para emplearlas en la mayor parte de los casos en que se utilice este sistema de fertilización.

Preparando el suelo que se ha de abonar con las labores estrictamente necesarias para su regular mullimiento, se procede al llegar la época conveniente, a la siembra de la especie elegida. La semilla se distribuye a voleo, empleando una buena cantidad, con el fin de obtener mucho desarrollo foliáceo.

Cuando las plantas estén completamente desarrolladas, pero antes de que tenga lugar la fecundación, se siegan y entierran por medio de una labor de arado. Es muy conveniente también quebrantar los tallos, y para ello se pasa un rulo sobre el terreno, procediéndose después como en el caso anterior.

Toda clase de restos de vegetales (hojas, raíces, paja, etc.), pueden empelarse en la fertilización de las tierras, bien que con ellos se preparen abonos especiales (abono jaufre, purín vegetal), bien que se adicionen a los estiércoles o bien que se empleen después de haberles hecho sufrir una ligera fermentación.

Os residuos que se obtienen de las industrias que transforman materias vegetales, deben ser adquiridos por el agricultor, para con ellos cumplir la ley de la restitución, siempre que su empleo resulte ventajoso. Entre ellos figuran los orujos o tortas de semillas oleaginosas y los orujos de uva.

ABONOS ANIMALES

Las materas orgánicas de procedencia animal, cuyo empleo como sustancia fertilizantes resulte económico, se conocen con el nombre de abonos animales. A ellos pertenecen: los despojos animales, las deyecciones humanas y las deyecciones de animales.

Los animales que mueren prematuramente a causa de enfermedad, y los que se emplean en la alimentación del hombre, suelen ser abandonados en los mulares o en el campo, a la acción del sol, del aire y del agua, en presencia de cuyos agentes fermentan, constituyendo un foco de infección. Sus restos son consumidos por algunos animales domésticos, siendo esto causa de contagio, si hubieren muerto de enfermedad infecciosa.

Además de estos inconvenientes, cuyo interés en que desaparezcan compete a la Higiene pública, esta costumbre origina pérdidas de compuestos útiles desde el punto de vista agrícola, que los agricultores deben evitar, preparándolos convenientemente para obtener abonos ricos y activos.

Varios son los procedimientos con que la ciencia agronómica cuenta para la confección de estos abonos orgánicos; unos están al alcance del agricultor (procedimientos rurales) y otros exigen aparatos y operaciones varias (procedimientos industriales).

Si el animal no ha muerto de enfermedad contagiosa y solo se dispone de un corto número de cadáveres, se puede emplear el siguiente procedimiento, practicable por el agricultor:

En el terreno que se quiere abonar se abre una zanja procurando, a ser posible, que el fondo y las paredes sean impermeables. El cadáver del animal se reduce a trozos, después de haberle quitado todas aquellas partes utilizables de la industria (piel, crines, cuernos, etc.) y se deposita en el fondo de aquella, mezclándole con cal viva para activar la descomposición. Se cubre con tierra arcillosa y algo de yeso para retener el amoníaco resultante de la fermentación y se termina de cubrir con la tierra que se extrajo.

Al cabo de algún tiempo (unos dos meses), la descomposición ha terminado y en ese caso, el conteniendo de la zanja en unión del fondo y de las paredes, se reparte por el suelo mezclándolo con él, por medio de labores. Los huesos se separan al abrir la zanja y venden a la industria o se someten a otros tratamientos, si hubieran de utilizarse como abono.

En las grandes poblaciones, en donde diariamente mueren gran número de animales y en donde, además, se adquieren a bajo precio los que los campesinos de loas proximidades llevan a ellas para la venta, se prepara, en industrias a ello dedicadas, el abono conocido con el nombre de harina de carne, de gran riqueza en nitrógeno.

Cuando los animales mueren de enfermedad contagiosa, el mejor procedimiento para utilizarlos como abono, es el de Aimé Girard, que consiste en tratar cadáveres por el ácido sulfúrico concentrado, que destruye toda clase de gérmenes patógenos. El jarabe negro, de reacción fuertemente ácida, se neutraliza con fosfato de cal natural, obteniéndose un superfosfato cálcico amoniacal de gran poder fertilizante.

La sangre que en los muladares y mataderos puede adquirirse a bajo precio, por no tener otra aplicación mas ventajosa, debe ser utilizada como abono, ya se la emplee al estado fresco, ya sea transformada en abono seco, de fácil conservación y transporte.

Los desperdicios o despojos de mataderos (coágulos sanguíneos, masas viscerales, etc.), procedentes de los animales sacrificados en los mismos, deben emplearse como abonos, bien mezclándolos a los estiércoles, o bien preparándolos convenientemente.

Los huesos, procedentes de la preparación de la carne de los animales para abono, los que quedan como residuo de la alimentación del hombre en las granjas, y los que en las carnicerías y muladares pueden adquirirse ventajosamente, deberán utilizarse como materias fertilizantes por las grandes dosis de fósforo que contienen. Para utilizar como abono los huesos hay que quitarles las grasas, bien haciendo uso de disolventes o bien empleando diferentes procedimientos.

En las fábricas de salazón y conserva de pescados pueden adquirirse una porción de restos de estos seres, de los que se puede sacar gran partido, empleándolos como materias fertilizantes ricas en nitrógeno y fósforo.

Se pueden emplear incorporándolos directamente a las tierras o mezclándolos con los estiércoles; pero lo más práctico y ventajoso es extraerles las materias aceitosas que no tienen valor agrícola alguno y si en cambio valor industrial. Y preparar el abono conocido con el nombre de ictioguano o guano de pescado, empleando para ellos procedimientos especiales.

Toda clase de residuos procedentes de industrias zoógenas (raspaduras de huesos, cuernos y cascos, plumas, lana, pieles, etc.), deben aprovecharse como abonos, ya sometiéndolos a preparaciones previas (torrefacción en vasos cerrados o tratamiento por ácidos) o simplemente uniéndolos a otros compuestos fertilizantes, después de mezclados con grandes dosis de cal, para favorecer su descomposición.

Estos restos se utilizan como abonos nitrogenados y fosfatados.

Constituidas las deyecciones humanas por los productos alimenticios no digeridos y por los resultantes de la desasimilación del organismo humano, su composición ha de ser compleja, figurando en ella cantidades muy estimables de nitrógeno, fósforo y potasio, y sobre todo de los dos primeros.

La importancia del abono humano es grande y se deduce teniendo en cuenta: que son materias no aprovechables en otra aplicación; que contienen en estado de fácil asimilación los elementos de mayor valor agrícola; y que obran con rapidez sobre todo los cultivos. Desde el punto de vista higiénico su empleo evita la acumulación de productos que vician el aire.

En el estudio de las deyecciones humanas en su punto de vista agrícola hay que considerar dos cuestiones: una, la manera de recogerlas, y otra, el modo de prepararlas, para que puedan ser empleadas como abono.

Los únicos medios que satisfacen los intereses agrícolas, económicos e higiénicos, son el de depósitos movibles y el de canalización tubular. El primero recomendable para los pequeños poblados y para las granjas diseminadas por el campo, y el segundo propio de las poblaciones de importancia, en las que el aprovechamiento de estas materias puede ser motivo de explotación industrial.

El sistema de pozos negros y el del alcantarillado, tan generalizados ambos en nuestra nación, son procedimientos reprobables con los que se pierden excelentes abonos, al mismo tiempo que se favorece la producción de enfermedades.

Los depósitos movibles son simplemente unos toneles provistos de asas que se cuelgan de la parte inferior de la tabla de los retretes. En ellos se recogen las deyecciones, las barreduras de las habitaciones, los residuos de las comidas, el polvo del carbón y la cenizas, adicionando de tiempo en tiempo materias absorbentes y desinfectantes que retengan los gases que se despenden y destruyan los gérmenes patógenos que pudieran contener. Una vez llenos se llevan al campo y el contenido se emplea como abono, bien directamente, bien después de someterlos a una preparación previa.

El sistema de canalización tubular, llamando también diferencial de Liernur, consiste en una complicada red de cañerías de fundición que conduce las deyecciones desde los retretes a una fábrica situada en las afueras de la población, merced al vacío producido en aquella, mediante potentes bombas hidroneumáticas. Con este sistema se evitan perdidas de gases y se aprovecha convenientemente el abono humano.

La mezcla de las deyecciones sólidas y líquidas, que es como generalmente se emplean estas materias, puede utilizarse directamente uniéndola con el agua bajo la forma de riego o después de haberla sometido a ciertas preparaciones. Como resultado de estas se obtienen: el abono flamenco, la poudrette o fenta, el guano fecal, etc.

El abono flamenco resulta de hacer fermentar las deyecciones en presencia del agua, en cisternas a propósito.
La poudrette se prepara separando la parte sólida de la líquida y desecando después convenientemente la primera.

Por último, el guano fecal se obtiene desecando la parte sólida de las deyecciones mediante la adición de superfosfatos o de polvos de huesos.

Del mismo modo que las deyecciones humanas, las de los animales son capaces de proporcionar a las tierras elementos de fertilidad; pues alimentados directa o indirectamente de seres vegetales, sus excrementos como residuos de la digestión, contendrán los mismo elementos químicos que las plantas extrajeron del aire y del suelo.

Son utilizadas por el hombre en la fertilización de los campos, las deyecciones procedentes de los animales domésticos: caballar, mular, asnal, lanar, cabrío, vacuno, de cerda, palomina, gallinaza y, además, las procedentes de ciertas aves marinas, llamadas guaneras.

Las deyecciones de los ganados caballar, asnal, mular, vacuno y de cerda, se emplean raras veces directamente como abono, pues lo general es destinarlas a la confección de estiércoles. Las del ganado lanar y cabrío, por el contrario, se utilizan solas, a no ser que por su escasa cantidad, se mezclen a las anteriores.

Las deyecciones de los ganados lanar y cabrío, conocidas con el nombre de sirle, se emplean como abono, bien directamente, por el procedimiento del redeo, mojadeo o parqueo, o bien transportándolas a los campos, tal y como se obtienen de los corrales y apriscos.

El rodeo o majadeo consiste en cercar con cancelas de madera o con redes sostenidas por estacas y a razón de un metro cuadrado por cabeza, una porción del terreno que se quiere abonar. En ella se hace pernoctar al ganado uno o dos días, recogiendo directamente en la tierra los excrementos sólidos y líquidos.

Este medio de fertilización, se utiliza durante la primavera, verano y parte del otoño, y es muy conveniente de las tierras sueltas.

Antes de entrar el ganado, conviene dar una labor superficial, para que los orines penetren bien, repitiendo la labor a la salida, para mezclar el abono con la tierra y evitar perdidas.

La palomina, es el abono formado por las deyecciones sólidas y líquidas de las palomas, unidas a plumas y a semillas sobrantes de la comida y de la digestión de estas aves.

La palomina es abono de acción rápida y eficaz, de gran riqueza en nitrógeno y regularmente provisto de ácido fosfórico y potasa.

Para recoger este abono en las mejores condiciones y evitar perdidas, se deposita en el piso de los palomares una capa de materias absorbentes ceniza, serrín, fosfatos reducidos a polvo fino, etc.), la mezcla formada se extrae cuando el olor amoniacal que se desprende indique la conveniencia de recogerlo y guardarlo en sitio seco y aislado del suelo. Una vez almacenando el abono de que tratamos, se recubre con una capa de yeso para evitar perdidas de amoníaco.

La palomina conviene a todas las tierras y cultivos, empleándose de preferencia en el de plantas industriales y en el hortícola. Se aplica cuando las plantas están nacidas y, si el tiempo no estuviese lluvioso, deberá regarse el suelo después de incorporarla.

Está formado este abono por las deyecciones de las aves de corral (gallinas, pavos, patos y gansos), mezcladas con pajas, tierra, etc.

Siendo la alimentación de estas aves menos escogida que la de las palomas, y siendo sus excrementos menos concentrados que los de estas últimas, su poder fertilizante es desde luego menor, sobre todo en lo que al nitrógeno y fósforo se refiere la gallinaza puede reemplazar, sin embargo, a la palomina, empleando doble cantidad.

Se recoge y conserva da igual modo

Se conoce con el nombre de guano, un abono pulverulento, formado por los excrementos de ciertas aves marinas llamadas guanaes o guaneras, correspondientes a las familias Ardeidas y Phenicopteridas, unidos a restos de sus nidos, huesos, etc.

Estas materias, en estado de putrefacción incompleta, se han ido acumulando durante varios siglos en islas no habitadas por el hombre, formando bancos de espesor notable, que durante mucho tiempo han proporcionado excelentes abonos a la Agricultura de todos los países.

La mayor parte de los abonos que en la actualidad circulan en el comercio con el nombre de guanos del Perú, de Chile, etc., están constituido por el que ya conocemos con el de guano fecal, pues los extensos yacimientos de estos productos, están agotados en su casi totalidad.

Los guanos varían en su composición, según su procedencia: los de países algo lluviosos, en los que las aguas han arrastrado la mayor parte del nitrógeno, son esencialmente fosfatados y se conocen con este nombre; si de países secos, en cambio, conservan casi todo el nitrógeno, son esencialmente fosfatados y se conocen con este nombre; si de países secos, en cambio, conservan casi todo el nitrógeno y se llaman nitrogenados.
Los primeros se designan también simplemente fosfo-guanos y los segundos nitro- guanos.

Conviene el guano a todas las tierras y a todos los cultivos, pero solo debe emplearse, dado su elevado precio, en el de plantas exigentes en nitrógeno y fósforo, que lo paguen bien.

Se conserva en lugares secos y aislados de la humedad, recubriéndolo de una capa de yeso.

Para hacer uso de este abono se mezcla con materias inertes que faciliten su regular repartición, o con agua, para emplearlo bajo la forma de riego.

CAPITULO XIII
ABONOS MIXTOS.

Se conocen con el calificativo de abonos mixtos las materias fertilizantes formadas por sustancias de diferente origen o naturaleza.

Si en su formación no ha tomado parte muy activa el hombre, se llaman naturales; si, por el contrario, han sido preparados por el, por procedimientos mas o menos químicos o industriales, se llaman artificiales.

En el grupo de los abonos mixtos naturales figuran el estiércol, los compuestos, las barreduras y los légamos, y en el de los artificiales los conocidos con los nombre de comerciales, químicos, industriales, etc.

Es un abono mixto natural, formando por la mezcla de las deyecciones de los animales y de las sustancias que les sirven de lecho o cama en sus habitaciones. A estas materias se le agregan frecuentemente en los estercoleros las barreduras de la vivienda del hombre, los residuos de su alimentación, las cenizas del hogar, etc., sustancias todas que aumentan su valor fertilizante.

De lo expuesto se desprende que la composición del estiércol es variable, dependiendo: de los animales de que proceden las deyecciones, de las sustancias que se utilicen como yacijas, de las materias que accidentalmente se incorporan y de los procedimientos de preparación y conservación empleados. Dentro de la misma especie varía la composición según la edad, ración alimenticia, etc.

Como ya sabemos, las deyecciones que generalmente se emplean en la confección de los estiércoles son las procedentes de los ganados caballar, mular, asnal, vacuno y de cerda.

La composición de las orinas es distinta de la de los excrementos sólidos, conteniendo las primeras una mayor cantidad de nitrógeno y potasa que los segundos. En la confección de los estiércoles debemos tener en cuenta esta circunstancia, procurando recoger convenientemente la parte líquida, evitando pérdidas dentro de lo posible.

En términos generales, las deyecciones del ganado caballar son más secas que las del vacuno, a las cuales superan en elementos fertilizantes, principalmente en ácido fosfórico y potasa. Fermentan con rapidez y originan estiércoles calientes.

Las del ganado de cerda varían mucho en su composición, dependiendo la misma del régimen alimenticio; en general, sus excrementos son más ricos en nitrógeno y fósforo que los del vacuno; los orines, en cambio, son pobres y poco concentrados.

Los excrementos de estos dos últimos ganados fermentan lentamente y producen estiércoles fríos.

Sirven para proporcionar al ganado un lecho cómodo, evitando el contacto de animales con el piso de las habitaciones.

Consideradas las camas como componentes del estiércol, deben satisfacer su misión de materias absorbentes, a fin de que retengan las orinas y los productos que resultan de su fermentación. Además, a ser posible, con sus componentes deberán aumentar el poder fertilizante de este abono.

Se emplean como camas del ganado: la paja de los cereales, la de las legumbres, los helechos, el serrín, la turba, etc., siendo la primera la más generalizada.

La paja de los cereales resulta cómoda para el ganado por su elasticidad y, por su contextura fibrosa, goza de gran poder absorbente. Si tenemos en cuenta su composición y la cantidad que de ella se emplea para cama, fácilmente se comprende que aumentará en muy poco la riqueza del abono.
La paja de las leguminosas es más rica que la de los cereales, sobre todo en nitrógeno, y permite preparar estiércoles muy activos. Tiene el inconvenientemente de ser menos cómoda y gozar de menor poder absorbente.

La turba es excelente y deberá preferirse cuando su adquisición resulte ventajosa, pues además de ser muy rica es nitrógeno, goza de gran poder retenido. Si comparamos dos estiércoles de igual procedencia, preparado uno con paja de cereales y otro con turba, veremos que este último produce resultados superiores a los del primero.

El estiércol puede emplearse tal y como se obtiene de las habitaciones del ganado; pero numerosas experiencias a este objeto practicadas, demuestran la convivencia de prepararlo reuniéndolo en montones en los estercoleros, a fin de hacerle sufrir una bien dirigida fermentación, para evitar perdidas de nitrógeno y transformarlo en abono de mayor riqueza, en igualdad de volumen.

Los estercoleros son construcciones destinadas a la fermentación y conservación conveniente del estiércol.

Es práctica muy generalizada entre nuestros agricultores abandonar el estiércol en los corrales, en las proximidades de las carreteras y caminos y aun en las calles, en los pequeños poblados. Este procedimiento supone pérdidas de nitrógeno, pues efecto de la desecación producida en la masa la fermentación se paraliza y el amoníaco se desprende. En estas condiciones, para favorecer en parte de la fermentación, los agricultores remueven la masa del estiércol, y las pérdidas aumentan. Para evitar estas perdidas la fermentación debe llevarse a cabo en los estercoleros.

Un estercolero debe reunir las siguientes condiciones:
1.º El piso será impermeable, ligeramente inclinado y con regueras que conduzcan la parte líquida o purín, a una cisterna o depósito construido en la porción mas baja. De estos depósitos se eleva el purín por medio de una bomba, cuando la marcha de la fermentación así lo exija.

2.º debe estar rodeado de un muro de un metro de altura, próximamente, que impida la acumulación de las aguas de lluvia y el arrastre consiguiente de materias. Este cerrado no será completo, sin embargo, a fin de facilitar la carga y descarga.

3.º deberá tener varios departamentos que permitan separar los estiércoles en distintos periodos de descomposición, y su capacidad guardará relación con la cantidad de estiércol que se produzca.

4.º su construcción deberá hacerse en sitios elevados, teniendo en cuenta la dirección de los vientos reinantes en la localidad.

5.º debe estar próximo a las viviendas de los animales y los mas lejos posibles de las del hombre.

Y finalmente, deberá estar provisto de un cobertizo mas o Menos rústico, a fin de impedir la llegada de un exceso de agua.

Una vez dispuesto el estercolero, se deposita en el fondo del mismo una ligera capa de ramaje seco o cañas, para facilitar el escurrido de líquidos, sobre dicha capa se va amontonando el estiércol, mezclando el de distinta procedencia, y se comprime ligeramente para evitar una fermentación excesivamente rápida. Así se continua hasta formar una muela de metro y medio a dos metros de altura, procurando que los bordes exteriores queden verticales.

Formada la muela, se da un riego abundante para favorecer la fermentación, repitiéndose estos con el purín elevado por medio de la bomba, siempre que sean precisos.

Las materias constitutivas del estiércol, como sustancias de procedencia orgánica, fermentan en presencia de condiciones favorable bajo la acción de numerosos gérmenes llamados fermentos.

Al principio, la fermentación tiene lugar en toda la masa mediante la intervención de microorganismos aerobios, originándose agua, anhídrido carbónico y amoniaco, que se pierde en su mayor parte. La combustión es tan activa que la temperatura se eleva a 50’ o 55’ en poco tiempo. Aumentando la actividad de las combustiones, la temperatura llega a 70’ y 80’; se produce como consecuencia gran cantidad de anhídrido carbónico y disminuye el desprendimiento de amoniaco.

Consumido el oxigeno del interior, entran en acción microorganismos anaerobios, que originara, como resultado de su actividad vital, diferentes compuestos.

Durante el proceso de la fermentación, se superponen acciones microbianas y acciones químicas, que dan por resultado la producción de gran cantidad de calor. Para disminuir este y al mismo tiempo neutralizar los ácidos húmicos formados un cierto grado de temperatura 5’ a 50’; humedad conveniente; y acción del oxigeno del aire.

Se riega la muela siempre que sea necesario, consiguiéndose con ello, además, disminuir las perdidas de nitrógeno.

El resultado de las complejas reacciones que en el estiércol tienen lugar, es la transformación de este en una materia negruzca, suave al tacto, que en poco volumen contiene una gran cantidad de compuestos fertilizantes.

El estiércol, es el abono más antiguo y el único que aún emplean la mayor parte de nuestros agricultores. Conviene a todos los cultivos y a todos los suelos.

En las tierras arcillosas, debe preferirse el poco descompuesto, y el bien fermentado, en las sueltas. En las primeras, se emplearán grandes dosis, y en las segundas, pequeñas cantidades todos los años.

Se aplica el estiércol en otoño o en primavera, disponiéndolo en montones equidistantes, sobre el terreno que se quiere abandonar. Formados estos, se reparte con uniformidad, y, sin perdida de tiempo, se entierra por medio de una labor de arado.

Caso de emplear separadamente el purín, se le distribuye en forma de riego, siendo necesario mezclarlo con gran cantidad de agua, si las plantas están nacidas, a fin de evitar que los carbonatos potásico y amónico que lleva en disolución, ejerzan acción tóxica y perjudicial, por tanto, sobre los cultivos.

La distribución del estiércol se hace de un modo perfecto, utilizando al objeto los aparatos que tendremos ocasión de describir en la Fitotecnia general.

Aun cuando el estiércol es considerado como abono completo, su empleo exclusivo resulta antieconómico, por ser insuficiente para el sostenimiento de una explotación agrícola bien montada, que permita hacer frente a la competencia que a las tierras agotadas por los cultivos continuados hacen las tierras vírgenes, susceptibles de ser explotadas durante algún tiempo sin cumplir de un modo absoluto la ley de la restitución .

Ya sabemos que la planta absorbe del aire y del suelo los elementos mediante su actividad funcional forman los compuestos orgánicos constitutivos del producto industrial, conocido con el nombre de cosecha. Ahora bien, de estos productos unos se consumen en la granja y pueden ser devueltos a la tierra en su mayor parte, constituyendo los estiércoles, pero otros son exportados bajo la forma de granos, leche, carnes, etc. Además, en la fermentación del estiércol se originan pérdidas de nitrógeno y aumentadas notablemente en la generalidad de los casos por los defectuosos procedimientos de preparación empleados.

Resulta de lo expuesto que con el empleo exclusivo del estiércol solo se desenvuelve a la tierra una parte de los elementos absorbidos de ella por la planta dejando incumplida la ley de la restitución en lo que a los elementos exportados se refiere. De continuar así, la tierra que forma parte de la explotación se irá empobreciendo cada vez más y las cosechas serán menores.

Del estiércol dicen algunos que es el fiel reflejo de los componentes del suelo. Si las tierras de una explotación son pobres es fósforo (por ejemplo) y en ellas no se emplea mas que el estiércol producido en la misma, la producción no solo no aumentará, sino que además cada vez ira siendo menor, pues en este caso la dosis, ya insuficiente, de fósforo irá disminuyendo de un modo progresivo, desapareciendo del suelo con los productos exportados del mismo.

Si se a de conservar, por tanto, la fertilidad del suelo en lo que a sus propiedades químicas se refiere, hay que completar la acción del estiércol con materias minerales, principalmente, que permitan al agricultor un cultivo lucrativo.

Demostrada la insuficiencia del estiércol, terminaremos este interesante estudio diciendo que este abono es, si, insuficiente, pero no necesario, toda vez que el empleo exclusivo de los abonos minerales lleva consigo el agotamiento de la materia orgánica de los suelos, base de la fertilidad de los mismos.

Respecto a este último particular, dice Schloesing: << Ciertamente, la materia orgánica de los suelos se renueva incesantemente por la descomposición de los productos vegetales que dejan después de ellas las cosechas. Pero, por otra parte, es destruida por efecto de las combustiones que experimenta y por la nitrificación. Si la destrucción por estas causas es mayor que la producción, el empleo exclusivo de los abonos minerales constituye en serio peligro que debe tenerse muy en cuenta.>>

Como sabemos, el estiércol es insuficiente en la generalidad de los casos para conservar la fertilidad de las tierras, sobre todo, cuando el que se emplea es solo el producido en la granja. Si ha de seguirse explotando la tierra en condiciones satisfactorias, hay necesidad de completar la acción del mismo, con el empleo de los abonos minerales y orgánicos ya conocidos.

Los abonos resultantes de la mezcla de materias fertilizantes de diverso origen, y en cuya confección toma el hombre parte activa, se conocen con el nombre de abonos mixtos artificiales. Figuran en este grupo: los abonos comerciales y las mezclas de abonos preparadas por el agricultor.

Se conocen con este nombre y también con el de abonos industriales, abonos químicos, abonos concentrados, etc., los abonos mixtos artificiales preparados por el comercio, por procedimientos más o menos químicos. Unas veces toman el nombre del fabricante; otras, del cultivo a que se destinan, etc. Así se llaman, abono, jawel, abono fosfo-potásico, abono fosfo-nitrogenado, abono orgánico completo, abono animal, abono para viñas, abono para trigo, etc.

Todos estos abonos son simplemente mezclas de los minerales y orgánicos que ya conocemos, preparadas con arreglo a fórmulas que satisfacen las necesidades de las plantas a que se destinan. Son de gran utilidad cuando están preparados de buena fe y cuando son empleados por los agricultores, que carecen de los conocimientos necesarios para preparar ellos mismos esas mezclas, acomodándolas a cada caso particular.

Los abonos químicos tienen, entre otras ventajas, las de ser su transporte fácil y económico, pues en poco volumen se puede conducir grandes cantidades de principios fertilizantes.

Para sustituir a 10.000 kg (por ejemplo) de estiércol normal de granja se precisan:

20 kg de nitrato sódico.
10 kg de cloruro potásico.
10 kg de fosfatos precipitados.

Los abonos comerciales tienen no pocos inconvenientes. Resultan caros, por el agricultor al adquirirlos paga por ellos: la materia que precisa para la fertilización de sus tierras, el interés del capital invertido en la industria en que tales sustancias se obtienen, la mano de obra y el beneficio que al fabricante corresponde como industrial. Con ellos, además, se emplean elementos fertilizantes, si propios del vegetal que se cultiva, pero que la tierra sobre que se aplican puede contener en cantidades suficientes. En esas mezclas, por último, suelen no tenerse en cuenta ciertas incompatibilidades, mezclándose frecuentemente abonos que deben ser empleados en distintas épocas.

Cuando el agricultor cuenta con medios para averiguar la composición de sus tierras y conoce las exigencias de los principales cultivos en elementos fertilizantes, deberá mezclar los abonos más convenientes a cada caso para completar la acción del estiércol y sacar de la tierra el mayor partido posible.

Estos abonos complejos se preparan mezclando los minerales y orgánicos ya conocidos los elementos que se deben restituir al suelo, en las cantidades o proporciones que los cultivos exigen.

Adquiridas esas materias con suficiencia garantía de riqueza, se mezclan llegado el momento oportuno, que debe ser el mas próximo posible a su empleo.

Para hacer la mezcla se empieza por someter las primeras materias a la acción de un mazo de madera para conseguir su pulverización; después se tamizan, repitiendo la pulverización con las materias que no pasen por el tamiz. Estas operaciones se repiten hasta conseguir un tamizado completo.

Tamizadas las materias que han de constituir la fórmula del abono objeto de la mezcla, se toman porciones de ellas, alternativamente, formando capas de poco espesor; después se remueven repetidas veces por medio de la pala hasta conseguir una mezcla homogénea, toda vez que de esa homogeneidad depende la uniformidad en el desarrollo de los cultivos. Terminada la mezcla se distribuye lo antes posible, enterrando el abono si perdida de tiempo.

Al verificar las mezclas de que venimos hablando, hay que tener presente las reacciones que entre los diversos abonos pueden tener lugar, pues de no proceder así pudieran originarse importantes perdidas. Para evitarlas se tendrán en cuenta las siguientes incompatibles.

1.º el sulfato amónico y los abonos orgánicos nitrogenados mezclados con abonos que contengan cal y en general con los de reacción alcalina, pierden gran parte del nitrógeno.

2.º los superfosfatos, mezclados con los nitratos, descomponen a estos, originándose perdidas de nitrógeno. Como esta reacción es lenta, pueden mezclarse, sin embargo, en el momento del empleo; y

3.º los abonos que contengan cal viva, solo pueden mezclarse con las sales potásicas.<7p>

El adjunto polígono indica de un modo gráfico, las mezclas de abonos que pueden hacerse y las que no deben practicarse.

Interpretación.- las materias por una sola línea (-) pueden mezclarse en cualquier tiempo; las que están por dos líneas (=) solo deben mezclarse momentos antes de su empleo; las que aparecen unidas por una línea de puntos (.....), no pueden mezclarse en ningún caso.

En las mezclas, por último, hay que tener en cuenta la época en que debe ser empleadas las materias fertilizantes que las componen, no mezclando aquellos abonos que deben ser adicionados a las tierras en distintas épocas.

CAPÍTULO XIV
APÉNDICE A LOS ABONOS

Se llaman campos de experiencias, a las porciones de terrenos en que se plantean y resuelven económicamente problemas relacionados con la aplicación de los abonos, con el empleo de semillas, con el de nuevos métodos de cultivo, etc.

Como los resultados positivos obtenidos en los campos de experiencia se llevan después a la totalidad de la explotación, en el terreno destinado a resolver el problema que se plantee debe ser, por sus condiciones, una especie de reducción de la explotación entera.

Vamos a ver como se establece un campo de experiencias para averiguar por medio de la planta la composición del suelo, y para decidir después el abono mas conveniente.

Primera parte.- sabiendo que el nitrógeno, el fósforo, la potasa y el calcio son los elementos de que el agricultor debe preocuparse, al cumplir la ley de la restitución, vamos a dar a conocer como se determina por medio de un campo de experiencias el elemento que mas escasea en un suelo, para suministrárselo después como abono.

Para ello se elige una porción del terreno que presente las condiciones medias de la explotación y se divide en seis parcelas separadas por porciones sembradas, no sometidas a experiencia. Representemos estas parcelas con las letras A,B,C,D,E y F

La parcela A se deja sin abonar; la B recibe una mezcla de abonos, a falta de fósforo; la C, a falta de nitrógeno; la D a falta de potasa; la E, a falta de cal, y la F recibe como el abono completo. Convendrá emplear grandes dosis y sustancias de rápida acción.

Preparadas y abonadas las parcelas, se siembran todas con la misma planta (trigo, por ejemplo) y durante el curso de vegetación se les prodiga a todos los mismos cuidados.

Los productos obtenidos en las distintas parcelas nos indicarán los elementos que en el suelo escasean y por tanto el abono que en el debemos emplear.

Al interpretar los resultados se tendrá en cuenta la cuestión económica para decidir la conveniencia del empleo del elemento que mas escasea. Por ejemplo: si en la parcela B (a falta de fósforo), la producción es menor que en la parcela F ( con abono completo), determinaremos el valor del excedente de producción para comprobarlo con el valor comercial del abono fosfatado que vaya a emplearse. Si al hacer esta comparación resulta que el valor del abono no queda compensado con el excedente de producción, su empleo no será económico y deberá prescindirse de él.

Segunda parte.- conocido el elemento fertilizante que se debe adicionar a un suelo, réstanos averiguar el compuesto que debemos emplear con tal fin, pues, como ya sabemos, son varios los abonos fosfatados, los nitrógenos, etc.

Para averiguar el abono fosfatado, el nitrogenado, el potásico o el calcáreo, mas conveniente en cada caso, se hacen del campo de experiencias tantas parcelas como abonos queremos comprar, más unas, que sirve de testigo.

Siguiendo la misma marcha que en la experiencia anterior, los resultados nos indicarán el compuesto que debemos preferir para restituir al suelo el elemento que mas escasea.

Cuando los campos de experiencias se proponen divulgar los resultados obtenidos anteriormente, repitiendo las experiencias practicadas, con el fin de ilustrar a los agricultores reciben el nombre de campos de demostración.

Ciertas materias adicionadas al suelo favorecen del desarrollo de la planta sin intervenir directamente en su nutrición y sin consumirse en las reacciones que provocan.

Lo particular en ellas es que no se gastan, como hemos dicho, en los fenómenos en que toman parte, siendo esto debido a que se regeneran constantemente por un ciclo de reacciones. De aquí que, con pequeñísimas cantidades, se consigan grandes efectos.

Por las razones expuestas, esto es, por su acción catalítica o de presencia, se conocen con la denominación de abonos catalíticos.

Se consideran como abonos catalíticos el cloruro y el sulfato de manganeso, el sulfato de hierro, la flor de azufre, el sulfato de alúmina, el sulfato de uranio, etc.

Los abonos catalíticos se emplean en pequeñas dosis (50kg por hectáreas) en otoño o primavera y antes de disponer el suelo para la siembra.

Las experiencias llevadas a cabo en distintos países por los mas eminentes investigadores sobre diferentes cultivos, han sido contradictorias en muchos casos, por cuya causa la cuestión de los abonos catalíticos no está suficientemente resuelta.

Se llaman así, a ciertos residuos de la extracción del radio, que aplicados a los cultivos, ejercen acción favorable.

Stoklasa ha sido de los primeros en indicar la ventaja del empleo de estas materias, recomendándolas como sustancias capaces de anticipar la germinación de las semillas y de favorecer el desarrollo de las plantas.

Las materias radioactivas se emplean para las necesidades de la Medicina, por cuya causa la Agricultura solo puede disponer de los residuos no aprovechables en la misma. Aun así y todo, estos productos resultan a precios bastante elevados.

Los resultados obtenidos con los abonos radioactivos son también contradictorios, siendo de esperar que las futuras investigaciones aclaren la cuestión y resuelvan en sentido conveniente, lo relacionado con el empleo de estas materias.

AGRICULTURA PRELIMINARES.

AGRONOMÍA.

METEROLOGÍA AGRÍCOLA.

AGROLOGÍA.

SEGUNDA PARTE: FITOTECNIA

FITOTECNIA ESPECIAL.



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