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bras con tanto ardor, no tienen un efecto particular por ninguna de ellas. En esta especie son las cópulas muy frecuentes, bien que no se ve ninguna pareja: asi que ha acabado el deseo de gozar, rómpese toda sociedad entre los dos sexos, y entonces el macho no solo deja y parece huir de las hembras, sino que las rechaza á picotazos sin tomar la menor parte en el cuidado de la familia. Los polluelos por su parte apenas son adultos cuando ya se separan; y si se les reúne á la fuerza en un lugar cerrado, riñen, porfían unos con otros, sin distinción de sexo, y acaban por destruirse (I).
La inclinación de viajar y de variar de clima en ciertas estaciones del año es, según llevo dicho en otra parte, uno de los afectos mas fuertes del instinto de las Codornices.
El origen de este deseo debe ser muy general, supuesto que obra no solo sobre toda la especie, sino también sobre los mismos individuos separados, por decirlo así, de su especie, y á los cuales el extrecho cautiverio no deja ninguna comunicación con sus semejantes. Se han visto Codornices jóvenes criadas en jaulas desde su nacimiento, y que no podían ni conocer ni echar de menos la libertad, experimentar regularmente dos veces al año durante cuatro consecutivos cierta inquietud y agitaciones singulares en los tiempos ordinarios de la emigración, á saber, en el mes de abril y en el de setiembre; duraba esta inquieiud cada vez unos treinta dias, y volvia á empezar cada dia una hora antes de ponerse el sol: veíase entonces á las Codornices prisioneras ir y venir de uno á otro extremo de la jaula, lanzarse luego contra la red que las servia de cobertera, y algunas veces con tal violencia, que volvían á caer atontadas, pasándose la noche casi enteramente en estas agitaciones, y al dia siguiente parecían tristes, abatidas, fatigadas y adormecidas. Se ha notado que las Codornices que viven en estado de libertad, duermen también gran parte del dia; y si se añade á todos estos hechos cuan raro es verlas llegar de día, habrá lugar para deducir que viajan durante la noche, y que este deseo de viajar es innato en ellas, ya sea que teman el excesivo calor o frió, pues que se acercan constantemente á los países septentrionales durante el verano y á los meridionales durante el invierno, ó lo que me parece mas verosímil, que no abandonen sucesivamente los diferentes paises mas que para pasar de aquellos en que ya se han hecho las cosechas á aquellos donde están por hacer, no mudando así mansión sino con el fin de hallar siempre el alimento conveniente para ellas y su pollada.
Digo ser esta última causa la mas verosímil, en cuanto por una parte ha podido observarse que las Codornices pueden muy bien resistir al frió, puesto que se les encuentra en lslandia según Horrebow, y que se han conservado durante algunos años consecutivos en un cuarto sin lumbre y que miraba al Norte, sin que los inviernos mas rigurosos hayan parecido incomodarles, ni causado siquiera el menor cambio en su modo de vivir. Parece por otra parte que una de las cosas que mas las fijan en un país, es la abundancia de yerba, puesto que según han observado los cazadores, cuando la primavera es seca y por consiguiente la yerba menos abundante, se, ven también menos Codornices durante lo restante del año. Por otra parte, la necesidad actual de alimento es una causa mas determinante, mas análoga al limitado instinto de aquellos animales, y se supone en ellos toda la previsión que los filósofos conceden con demasiada liberalidad á las bestias. Cuando no hallan alimento en un país, nada tiene de particular que vayan á bus-
i cario á otro; pues esta necesidad esencial las avisa, las excita y pone en acción todas sus facultades; y dejando una tierra que ya nada produce para ellas, se elevan al aire, desde donde descubren una comarca menos desprovista, en la cual se detienen para vivir; de modo, que reuniéndose el hábito al instinto que tienen todos los animales, y sobretodo los alados, de conocer desde lejos donde pueden hallar alimento, no es extraño que resulte de ello un aléelo innato, por decirlo asi, y que las mismas Codornices regresen lodos los años á los mismos parajes; al paso que seria muy difícil suponer con Aristóteles que mudan de clima dos veces al año por un conocimiento reflexivo de. las estaciones , y para hallar siempre la temperatura que mas les conviene (según hacían en otro tiempo los reyes de Persia); y mas difícil todavía el suponer con Catesby, Belon y algunos otros, que cuando cambian de clima, pasan sin detenerse en los parajes que pudieran convenirles mas acá de la linea, jiara buscar precisamente en los antipodas el mismo grado de latitud á que estaban acostumbradas en la nlra parte del Ecuador; lo que. provaria en ellas unos conocimientos ó mas bien unos errores científicos á los cuales está mucho menos sujeto el instinto animal que la razón cultivada.
Lie cualquier modo que sea , cuando las Codornices son libres , tienen un tiempo lijo para llegar, y otro para marcharse. Según Aristóteles, abandonaban la Grecia en el mes beodromion, el cual comprendía el fin de agosto y el principio de setiembre: en Suecia suelen llegar en el mes de mayo, marchándose á fines de agosto; nuestros cazadores dicen que llegan á nuestro país del 10 al 12 de mayo. Aloísio Mundella dice que se las ve aparecer en los alrededores de Ve-necia hacia mediados de abril; Olina fija su llegada á la campiña de Roma bacía primeros de abril: mas casi todos están acordes en que se marchan á la primera helada de otoño, la cual suele alterar la calidad de las yerbas, haciendo que desaparezcan los Insectos; y el que las heladas del mes de mayo no las determinen á volver hacia el Sur, corrobora mi primera proposición, es decir, que no emigran por el fiio, sino en busca del alimento, de que no carecen por las heladas de mayo. Por lo demás, no deben considerarse estos tiempos señalados por los observadores como épocas fijas á las cuales la naturaleza quiere sujelarse, sino como términos movibles, que varían entre ciertos límites de un pais á otro, según la temperatura del clima, y hasta de un año á otro en el mismo país, según que el calor y el frío empiezen mas ó menos tarde, y que por consiguiente la madurez de las colectas y la generación de los Insectos que sirven de alimento á las Codornices, se hallan mas ó menos adelantadas.
Tanto los antiguos como los modernos se han ocupado mucho del paso de las Codornices y de las demás aves viajeras, atribuyéndolas unos, circunstancias mas ó menos maravillosas, mientras que_ otros considerando la dificultad que liene esta pequeña ave para volar, debida a su natuial pesadez, han querido dudar de ello, recurriendo para explicar la desaparición regular de las Codornices en ciertas épocas del año, á suposiciones todavía mas chocantes. Lfebe confesarse, sin embargo, que ninguno de los antiguos habia concebido esta duda, no obstante de que saldan muv bien la pesadez de las Codornices, que las obliga a volar muy poco y casi mal de su grado; y que o pesar de serniuv ardientes por sus hembras, no siempre suelen los machos servirse de las alas para acudir á su voz, antes bien corren á mas de un cuarto de legua al través de la yerba mas espesa para ir á encontrarlas; y por lin, que no toman el vuelo sino cuando se hallan acosados muy de cerca por los Perros ó por los cazadores. Nada de esto ignoraban los antiguos', sin que les ocurriese sin embargo que al
(I) Entre los antiguos era esto tan sabido, como que de los niños traviesos y pendencieros decían que lo eran como Codornices enjauladas.
Ã�ndice de páginas de ZoologÃa Aves.
Biblioteca ilustrada de Gaspar y Roig.
Los Tres Reinos de la Naturaleza.
Museo Pintoresco de Historia Natural.
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Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2026 última revisión
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