Zoología. Aves. Página 520 Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

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Las Perdices grises uu suelen aparearse, por lo menos en Francia, hasta fines de marzo; mas de un mes después que comenzaron á juntarse; y no comienzan á poner hasta los meses de mayo y aun de junio, si el invierno ha sido largo. Por lo general Jiacen sus nidos sin gran cuidado ni preparativos, bastándole un poco de yerba y de pa|a, que arreglan toscamente dentro de la' huella de un buey ó de un caballo. Se ha notado no obstante que las hembras de avanzada edad é instruidas ya por la experiencia de las puestas precedentes, obraban con mayur precaución que las jóve-ues.hien sean para resguardar el nido de lasaguasque pudieran sumergirlo, ó bien para ponerle en seguridad contra sus enemigos, escogiendo un paraje algo elevado y defendido naturalmente por malezas. Por lo común ponen de quince á veinte hueves, yá veces hasta veinte y cinco; pero las parvas de las jóvenes y las de las viejas son mucho menos numerosas, así cerno las segundas parvas que las perdices de edad conveniente emprenden de nuevo cuando la primera no ha salido bien. Estos huevos tienen casi el color de los de paloma: Plinio dice que son blancos. La incubación suele durar unas tres semanas poco mas ó menos , según el grado de calor.

1.a hembra se encarga por sí de empollar, y durante este tiempo experimenta una muda considerable, pues casi todas las plumas del vientre se le van cayendo: empolla con mucha asiduidad y aun suponen que nunca deja sus huevos sin cubrirlos de hojas. El macho no suele apartarse de la vista del nido, observando á la hembra, y está siempre dispuesto á acompañarla cuando se levanta para ir en busca de alimento, siendo tan fiel y tan puro su afecto, que prefiere estos deberes generosos á los fáciles placeres á que le brindan los repetidos gritos de las demás Perdices, á los quo responde alguna vez, bien que sin abandonar jamás á su hembra. Al cabo de determinado tiempo, cuando la estación es favorable y la nidada sigue bien, los polluelos rompen su cascaron con bastante facilidad , y corren en el mismo momento en que salen del huevó, llevando á veces con ellos una parte de su cascara; pero también suele suceder que no pudiendo forzar su prisión, mueren extenuados, en cuyo caso suelen encontrarse las plumas de la avecilla pegadas á las paredes interiores del huevo; lo que debe necesariamente acontecer siempre que el huevo ha experimentado un excesivo calor. A fin de remediar este inconveniente, mótense los huevos por espacio de cinco ó seis minutos en el agua, cuyas partes mas tenues se filtran por la cascara, y aquella humedad dispone las plumas que están pegadas á la cascara á desprenderse de ella con mas facilidad. Quizás esta especie de. baño refresca un tanto á la avecilla dándole bastante fuerza para romper su cascara con el pico. Lo mismo sucede con los Palomos, y probablemente con otras varias aves útiles de las cuales podrá salvarse gran número con la operación que acabamos de indicar, ó ya sea con otra análoga.

El macho que no ha tomado parte en el cuidado de empollar los huevos, participa también con la madre del de criar á los polluelos, conduciéndelos en común, llamándolos sin cesar, mostrándoles el alimento que les conviene, y enseñándoles á buscarlo escarbando la tierra con sus uñas. Véseles á menudo agachados uno al lado del otro, y cubriendo con las alas á sus polluelos, cuyas cabezas salen por todos los lados mostrando unos ojos muy vivos: en este caso el padre y la madre se resuelven diücilmeute á marchar, y el cazador que desea la conservación de la caza se determina mas difícilmente todavía á turbarles en medio de tan ¡..teresante función; pero si por fin llega un perro á desmandarse y se les acerca demasiado , el macho es el primero que huye, prorumpiendn en cierto grito particular y que está reservado para esta sola Circunstancia. Se "detiene á treinta ó cuarenta

pasos, y hasta se les lia visto varias veces volver sobre el perro, batiendo sus alas: ¡Tales el valor que el amor paterno inspira á los mas tímidos animales! Algunas veces suele también inspirarles cierta prudencia y medios bien combinados para salvar á su parva; pues se ha visto al macho después de haberse presentado huir; pero con pesadez y arrastrando el ala como si quisiera atraer al enemigo con la esperanza de fácil presa, y huyendo siempre lo bastante para no ser cogido, aunque no lo suficiente para desanimar al cazador, separándolo mas y mas de la pollada, mientras que por otro lado la hembra que marcha luego después que el macho, se aleja mucho mas y siempre en otra dirección; apenas se ha pasado cuando vuelve al instante corriendo á lo largo de los surcos, y se acerca á sus polluelos que sellan agachado cada uno por su lado entre las yerbas y las hojas; reúnelos prontamente, y antes que el perro que ha ido en pos del macho haya tenido tiempo de volver, ya se los ha llevado muy jejos sin que el cazador haya oido el menor ruido.

Es una ebservacion muy cierta por lo general entre los animales que el ardor que experimentan por el acto de la generación es la medida de los cuidados que suelen tomarse por el resultado de este acto; todo es consecuente en la naturaleza , siendo un ejemplo de ello la Perdiz; pues son pocos los animales tan lascivos como ella, al paso que son pocos los que cuidan sus polluelos con vigilancia tan asidua y animosa. Este amor por los hijos degenera algunas veces en furor contra las polladas extrañas que la madre suele perseguir y maltratar á picotazos.

Los perdigones tienen los píes amarillos cuando nacen; este color se aclara luego y se hace blanquizco, oscurécese después, y por fin llega á ser enteramente negro en las Perdices de tres ó cuatro años. Este es el medio de saber siempre su edad, que también se conoce en la forma de la última pluma del ala, la cual es puntiaguda después de la primera muda, y enteramente redonda al año siguiente

El primer alimento que se da á las Perdices, ruando nacen. es el de huevos de hormiga, los insectillos que encuentran en la tierna y las yerbas: lasque se crian en las casas rehusan el grano durante mucho tiempo, y según parece este es su último alimento; pues á cualquiera edad prefieren la lechuga, la escarola, la yerba-cana, la cerraja y aun las puntas del trigo verde, de cuyo alimento se les encuentra el buche lleno desde el mes de noviembre. Mientras el invierno, saben muy bien buscarlo debajo de la nieve; pero cuando está se halla endurecida por la helada, no les queda mas recurso que ir cerca de las fuentes termales que no están heladas, para vivir de las yerbas que crecen en sus orillas y que les son muy contrarias. En verano no se las ve beber.

Hasta que han pasado tres meses los perdigoncillos no empiezan á echar el color encarnado, color que tienen también las Perdices grises al lado de las sienes entre el ojo y la oreja; y el momento en que este encarnado empieza á aparecer es el tiempo de crisis para estas aves, así como para los demás que se hallan en igual caso, y que anuncia la edad adulta: antes de este tiempo, son delicados, tienen muy poca ala, y temen mucho la humedad : pero así quo ha pasado, se vuelven robustos, empiezan á tener ala, y á marcharse juntos para no dejarse mas ; y si se logra dis persarla compañía, saben llamarse y reunirse de nuevo á pesar de las precauciones del cazador.

Nadie habrá que desconozca el desagradable canto de las Perdices, que no es mas que un grito que imita bastante bien el ruido de la sierra; lo que daria sin duda motivoá los mitologistas para transformaren Perdiz al inventor de este instrumento. El canto del macho solo difiere del de la hembra por ser mas fuerte y pesado : el macho se distingue también de la hem-

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Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2026 última revisión

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