Naturaleza de Aragón > Felix de Azara. > Viajes por la America Meridional.
Empezaré por observar que los insectos son animales muy pequeños, cuyas especies son innumerables y cuyas maneras de vivir se ocultan ordinariamente a la vista, por lo que no es posible dar una descripción exacta y completa. Esto sería aún más difícil para mí, que no he leído nada de lo que los demás han escrito sobre esta materia y que estaba en mis viajes ocupado en comisiones importantes de La corte y de los virreyes. Yo no he de hacer mas que lo que pueda, es decir, daré observaciones sobre algunas especies, me contentaré con nombrar otras y olvidaré, en cierto modo, la mayor parte.
Los naturales del país distinguen las abejas de las avispas y hacen de ellas dos familias diferentes; dicen que las avispas pican y no hacen cera y las abejas hacen cera y no pican (1) (Las abejas, lo mismo que las avispas, tienen aguijón; estas últimas no hacen cera. La configuración de los órganos de la boca, de las antenas, de las alas y de las patas difiere en estas dos familias de insectos, y de esto es de lo que los entomólogos han sacado los mejores caracteres para distinguirlas. Se los encontrará expuestos en detalle en la Histoire Naturelle des Insectes, de Latreille, que está en la continuación del Buffon, de Sonnini, en el Systema Piezatorum, de Fabricius, y en la Fauna Parisienne que yo he publicado-C.A.W.-). En cuanto a mí, yo he visto una especie que pica y no obstante fabrica cera; esto es lo que sucede con las abejas de España, y adoptando los principios de los habitantes del Paraguay estas dos especies serían intermedias entre las dos familias. Como quiera que sea, yo no tengo bastantes conocimientos para establecer una buena división entre ellas y me limitaré a decir lo que sé. Consideraré como abejas aquellas que no sabiendo o no pudiendo construir las paredes exteriores de sus habitaciones prefieren las que ellas encuentran preparadas en los huecos de los árboles, donde fabrican sus paneles, y llamaré avispas a las que construyen por sí mismas sus habitaciones, exterior e interiormente, a la vista de todo el mundo (1) (Esta distinción carece de precisión, porque hay avispas, como la avispa común, o Vespa vulgaris, que, como las abejas no construyen cubierta exterior de su habitación, sino que se hacen una habitación en tierra, y hay, por el contrario, abejas que construyen la cubierta exterior de su habitación; tal es la abeja Amalthea, que describió primeramente Olivier -C. A. W.-).
Se dice que la abeja, y yo lo creo también para la avispa de Europa, no tiene mas que una hembra por colmena, con una multitud de machos para fecundarla; que esta hembra única es la reina, la dueña, la directora, y la madre de todas las demás; que el resto de los individuos es neutro o sin sexo, y que las colmenas se multiplican por enjambres que salen de ellas (2).
(Hay entre las abejas una hembra, muchos machos y numerosas neutras. Yo he dado en la página 152 de la Fauna Parisienne un extracto de la Historia Natural de la abeja de Europa según las observaciones más recientes. A él remito al lector. -C. A. W.-).
A decir verdad, no sabré hablar de todas estas cosas, ni asegurar si se verifican o no, en lo que respecta a mis abejas; pero no dudo de que lo contrario sucede a mis avispas, cuyos individuos son todos machos o hembras, como de ordinario y como en los otros insectos y en los otros animales. Hablo de las avispas que trabajan y que viven en comunidad, porque hay otras muchas especies cuyos individuos son solitarios y acaso se fecundan a sí mismos, como ya lo veremos. (1).
(Hay entre las avispas propiamente dichas, y sobre todo las que viven en sociedad, tres sexos; machos, hembras y neutras, como en las abejas. No existe ningún insecto ni ningún animal conocido que pueda reproducirse por sí mismo y sin cópula o, al menos, participación de un macho y una hembra. Las hembras de los peces producen huevos sin cópula; pero para ser fecundados es preciso que el macho vierta sobre ellos el licor seminal. Todos los insectos se reproducen por su cópula. Bonnet ha observado, sin embargo, que una hembra de pulgón, después de fecundada por el macho, producía hijos, que tenían la facultad de engendrar sin cópula, y así sucesivamente hasta la novena generación. Una hembra de araña, después de haberse acoplado con el macho, hace muchas puestas productivas, con muchos meses de intervalo, sin tener necesidad de acoplarse de nuevo. Yo me he asegurado de este curioso hecho por experiencia exactas -este hecho de que hembras vírgenes sean fecundadas den lugar a generaciones sucesivas de hembras igualmente vírgenes y fecundadas se conoce actualmente con el nombre de partenogénesis. Nota D.-. -C. A. W.-).
Se conocen en el Paraguay hasta siete especies de abejas; la mayor es doble que la de España y la talla de la más pequeña no iguala al cuarto de la de la mosca común. Ninguna de ellas pica (2).
(Probablemente ninguna es feroz ni intenta picar, o pica débilmente, porque todas las abejas tienen aguijón, sin exceptuar ninguna. Pero puede ser bien que las abejas del Nuevo Mundo presentan un carácter particular poco ofensivo o de que hacen poco uso, porque Pison habla también de una abeja muy grande llamada eiricu, que hace buena miel y no pica. Barrère, en su France Equinoxiale, dice lo mismo de su Apis sylvestris. -C. A. W.-)
y todas hacen cera y miel. Según he visto, esta miel tiene la consistencia de un jarabe espeso de azúcar blanca. Me sucedía con mucha frecuencia desleír un poco en agua por la noche para beberla, porque, aparte de su buen gusto, esta miel tiene la propiedad de refrescar al agua, al menos en apariencia. Pero la que produce la especie mayor no es tan buena, porque toma con mucha frecuencia el gusto de los pétalos de las flores que la abeja arranca al recolectarla, y que ella misma mezcla a veces. La miel de otra especie, llamada cabatatú, da un fuerte dolor de cabeza y causa una borrachera al menos tan fuerte como la del aguardiente. La de otra causa convulsiones y violentísimos dolores que terminan al cabo de treinta horas, sin producir consecuencias lamentables. Las gentes del campo conocen bien estas dos especies dañinas y no comen la miel, aunque el gusto es tan bueno como el de todas las demás y el color el mismo. Hay una especie de abeja, más cuadrada y más pequeña que la de Europa, que no deposita su miel en panales, sino en pequeños vasos de cera esféricos, de seis líneas próximamente de diámetro.
He visto transportar de Tucumán a Buenos Aires una colmena de esta especie, es decir, a la distancia de más de doscientas leguas. Acaso se pudiera transportar esta especie a Europa, así como todas las de América, embarcándolas cuando su provisión de miel es abundante. Esta sustancia es uno de los artículos más importantes para el alimento de los indios que viven en los bosques; además, desliéndola en agua y dejándola fermentar se procuran una bebida que emborracha.
En cuanto a la cera, la que yo he visto es amarillenta, mucho más oscura que la de Europa y más blanda. No se la emplea mas que para las iglesias del campo y las de las misiones de indios. No se sabe blanquearla. La de la especie grande, de la que los habitantes de Santiago del Estero recogen anualmente catorce mil libras sobre los árboles del Chaco, es más blanca y tan firme que puede mezclársele hasta la mitad de sebo. Si se criara este insecto en colmenas se podría exportar mucha cera a Europa (1)
(De las observaciones recientes de Huber padre sobre la formación de la cera por las abejas, insertas en el 6.º volumen de las Actas de la Sociedad Linneana, resulta:
1. º Que la cera procede o deriva de la miel.
2. º Que la miel es para las abejas un alimento de primera necesidad.
3. º Que las flores no tienen siempre miel, como se había creído; que esta secreción está sometida a las variaciones de la atmósfera, y que los días en que es abundante son muy raros en nuestros climas.
4. º Que es la parte de azúcar de la miel la que pone a las abejas en estado de producir cera.
5. º Que la melaza produce mas cera que la miel y el azúcar refinada.
6. º Que el polen de los estambres no contiene los principios de la cera.
7. º Que los pólenes no son alimento de las abejas adultas y que no es para ellas para las que recolectan dicho polen.
8. º Que el polen o polvo de los estambres les proporciona el solo alimento que conviene a sus pequeñuelos; pero es necesario que esta materia sufra una elaboración particular en el estómago de las abejas para convertirse en un alimento siempre apropiado a su sexo, a su edad y a sus necesidades, porque los mejores microscopios no permiten ver los granos de polen ni sus cubiertas en el caldo que las obreras preparan.
Las observaciones de Huber hijo sobre los abejorros, género Bombus de Latreille, ha confirmado estos resultados y demuestran además: 1º Que la cera sale del cuerpo de los abejorros en pequeña cantidad cada vez y por los huecos que dejan los anillos escamosos de que el cuerpo de estos insectos está guarnecido por encima por debajo. 2º Que su cera sale del cuerpo un momento después de haber comido miel. 3º Que las hembras hacen mayor cantidad de cera que los otros individuos. 4º Que los machos parecen hacerla lo mismo que las hembras y las obreras, pero no saben emplearla en los diferentes usos. -C. A. W.-).
He aquí a lo que se reduce todo lo que yo sé de las abejas. Como viven en grandes bosques y generalmente a una elevación considerable, no es fácil observar sus operaciones. Yo, no obstante, he notado que algunas de las pequeñas especies me incomodaban en los bosques viniendo a chuparme el sudor en las manos y en la cara (1). (Latreille es el primero que ha establecido caracteres distintivos entre las diferentes especies de abejas, tanto del antiguo como del nuevo continente. Se debe consultar a este efecto las dos sabias memorias que publicó en los Annales du Museum, tomo IV, página 383, y tomo V, página 161. De sus observaciones se deduce que en general las abejas del nuevo continente tienen el abdomen mucho más corto que las nuestras; su mayor diámetro transversal no pasa ni iguala siquiera a su longitud; su forma es más redonda; también las alas superiores parecen mayores; las patas posteriores varían y se aproximan a las de nuestros abejorros. –C. A. W.-) A propósito de cera, debo decir que hay una calidad mucho mejor, más blanca y más firme, fabricada por pequeños insectos, en forma de bolas que parecen perlas y que ellos pegan la una contra la otra, en gran número, sobre las ramas pequeñas del guabiramy, con exclusión de toda otra planta. Estas ramas pertenecen a un arbusto que forma matorrales de dos a tres pies de alto y que produce el mejor fruto del país. Este fruto es aromático, más pequeño que una cereza pequeña semejante por la forma y el color de la guayaba y a la granada. Indicaré once especies de avispas, y no creo conocerlas todas. No he tenido ocasión de ver mas que un solo avispero, pegado y suspendido a un tronco del grueso del brazo. Era casi esférico, de dos pies de diámetro; fue necesario cortarlo a hachazos, porque en algunos parajes estaba recubierto de cuatro pulgadas de arcilla bien endurecida. El interior estaba compuesto de panales de cera que contenían buena miel. La avispa era negruzca, más cuadrada que la de Europa y casi de la misma talla; pica menos, y no sé si se multiplica por enjambres, aunque lo presumo (1) (Este insecto no es una avispa, sino ciertamente una abeja. La descripción que el autor da y los detalles que añade sobre su manera de nidificar me hacen pensar que es la misma que la abeja Amalthea descrita por Olivier en su Encyclopédie méthodique y por Latreille en los Annales du Museum, tomo V, página 175. Monsieur Coquebert la ha representado en sus Illustr. Iconogr. Insect. Dec. 3, tab. 22, fig. 4. Aunque la división precedentemente establecida por Azara lo haya conducido a resultados falsos, no es menos verdad que hasta un cierto punto está fundada en la razón y que las abejas de que aquí se trata forman en cierto modo el tránsito de las abejas a las avispas, y que se reconoce en la descripción esta gradación insensible y estas relaciones múltiples que la Naturaleza ha establecido entre todo los seres. En efecto, las abejas de que la especie llamada Amalthea es el tipo no solamente componen, como las avispas cartoneras, el exterior de sus casas, sino que tienen también, como ellas y para el mismo uso, las mandíbulas dentadas. Puede ser que si se examinaran con un poco mas de atención las otras partes esenciales de la boca se encontrarían caracteres suficientes para formar un género particular tan distinto de aquellos como los que Latreille, Kirby y Jurine han establecido entre las abejas del antiguo continente. Al menos, es cierto que, aun partiendo de las observaciones conocidas, se debe formar de la abeja Amalthea y aquellas que se le asemejan una sección distinta de la abeja de la colmena, o Apis favosa, del nuevo continente, que no tiene las mandíbulas dentadas y no construye la envoltura exterior de su vivienda -C. A. W.-)
Todas las avispas siguientes pican horriblemente. La más común, que es de color naranja y mayor que la de España, fabrica panales absolutamente semejantes a ésta, aunque más grandes. Encuentra los materiales en la madera de medio podrida y seca, cuya superficie roe por la mañana, cuando el roció la ha ablandado un poco, y con lo que forma pequeñas bolas a fuerza de tiempo. No hay mas que dos avispas que empiecen su avispero por una superficie de pedículo que sujetan a cualquier extremo de viga que avanza fuera del techo, o bien a alguna roca, y siempre de manera que quede cubierto de la lluvia (1). (La avispa de Europa llamada Vespa gallica, o avispa francesa, tiene precisamente la misma industria. He encontrado un avispero de esta especie suspendido por un pedículo corto al muro de un huerto. He visto metamorfosearse bajo mis ojos gran número de individuos cuyas larvas estaban contenidas en los alvéolos, y me he convencido de que esta especie tan común ha sido muy mal descrita y ofrece muchas variedades, de que los entomólogos han hecho especies distintas. He dado en la página 91 del tomo 2º de la Fauna Parisiense – dos Vol. In 8º con láminas, París, Dentu - la descripción de todas estas variedades -C. A. W-). Apenas comenzada la obra, una de ellas no la abandona, y apenas hay cinco o seis alvéolos construidos la hembra deposita allí huevos o pequeños gusanos (larvas), que alimenta yo no se de que sustancia, pues esta especie no fabrica miel. Comen frutos suculentos, pero yo no las he visto comer ni arañas ni gusanos. Cuando los nuevos insectos están en estado de volar y de reproducirse se ve aumentar el avispero por la adición de nuevos alvéolos, que se llenan de pequeñas avispas, como los antiguos. Esto continúa hasta que el avispero ha adquirido próximamente el tamaño de un plato; entonces de destacan parejas que van a establecerse a alguna distancia en los alrededores, y cuando se hallan los sitios ocupados se marchan mas lejos. Siempre están en cada colmena o avispero lo menos la mitad de las avispas haciendo guardia.
Yo recuerdo que en España las avispas no son nunca mas que en número de dos cuando empiezan su establecimiento, y que trabajan siempre por parejas (1). (En Europa cada avispero se empieza por una madre, que pone desde luego algunos huevos, de donde nacen neutras o avispas obreras, que la ayudan a agrandar su obra y alimentar a los pequeñuelos que salen en seguida -C. A. W-). Si esto es así, parece que se debe concluir que estas avispas, y en general las que viven en sociedad, son todas igualmente fecundadas; que no hay jefe en la colmena; que cada pareja cuida del producto de su unión, que suma a lo más cuatro o seis individuos; y que cuando el avispero crece de modo que cada pareja no podría cuidar su puesta sin incomodarse recíprocamente abandonan una habitación que les es incómoda, para buscar otra. Todo esto parece estar bien claro, dada su manera de obrar. Así, la república de las avispas no tiene nada de notable, porque no se ven ni individuos neutros, o estériles, ni jefes ni gobierno común. Cada pareja no se ocupa mas que de su familia exclusivamente; si se encuentran varias familias reunidas, esta unión no dura mas que mientras no se incomodan recíprocamente, y si se reúnen para defender la colmena es porque tiene un solo y mismo interés. Esta república o sociedad de avispas es acaso la cosa del mundo más semejante a todas las naciones de indios salvajes del país, como veremos. Esta avispa es acaso más dichosa en sus amores que ningún otro animal, porque cuando el macho y la hembra están unidos su ardor es tal que caen a tierra sin separarse, aunque se acoplen en lo alto del avispero, que algunas veces está a doce pies o más.
Otra especie más pequeña parece buscar su abrigo con más cuidado que la anterior. No se contenta con construir un panal del mismo modo y de colocarlo desde luego bajo de los vuelos de los techos o al abrigo de cualquier colgadizo, sino que penetra hasta el mismo techo de las habitaciones, si éste le ofrece algún paso para entrar y salir, y lo sujeta por un pedículo o cualquier poste o viga. Aunque yo no he visto a esta avispa comenzar su nido, se me ha dicho, y lo creo, que no hay al principio, como en las otras, sino dos individuos solos. Este nido tiene la forma de una especie de bonete o solideo, a veces de dos palmos de diámetro en su parte inferior y de palmo y medio de alto; el insecto añade los panales sucesiva y horizontalmente; están formados de alvéolos y no contienen miel. Esta adición se hace por debajo. Los panales están perfectamente pegados a la cubierta exterior, que los recubre a todos y se agranda, con la mayor prontitud, a medida que la familia se multiplica. Esta familia es muy numerosa, porque uno de los grandes avisperos de esta especie contiene más alvéolos que cuatrocientos de la especie precedente. Presumo también que cada pareja no cuida mas que a sus pequeños y que obra en todo como la precedente.
He encontrado otra especie al abrigo de algunas sinuosidades de rocas, pero nunca en las casas. Hace su avispero mucho más estrecho que la precedente, pero de los mismos materiales, con los panales horizontales y sin miel. Por lo demás, yo la creo igual a la que he descrito anteriormente.
No he puesto atención en el modo como se multiplica otra especie, que es negruzca y de talla media, y que gusta mucho de las uvas. Un amigo mío preservó las suyas un año encerrando los racimos en sacos de papel bajo el mismo emparrado. Pero el año siguiente, aunque tomó la misma precaución, esta avispa descubrió el medio de agujerear el papel y no le dejó una sola uva.
Otras dos especies, llamadas chiguana y camuaty hacen paneles muy semejantes, por la forma y aspecto, a los de la tercera, y de la misma materia. La primera los suspende de las ramas menores de cualquier arbusto pequeño colocado al borde de un bosque; la segunda, en cualquier masa gruesa de paja a campo raso. La superficie del nido de la primera tiene un gran número de irregularidades muy notables, y el de la segunda es enteramente liso; pero la cubierta del avispero de la lechiguana es más gruesa y más dura que la otra. Ambas son muy fecundas; sus panales tienen hasta un pie de diámetro y están llenos de gran cantidad de excelente miel, que tiene más consistencia que la de las abejas del país, pero no hacen cera, y estoy persuadido de que, excepto la forma del avispero y la disposición horizontal de los panales, se asemejan en todo a la segunda avispa que he descrito.
Todas las avispas precedentes viven en sociedad, como las de España; pero las cuatro siguen son bien singulares y bien diferentes, no solo por la forma, sino por lo demás. Estas cuatro especies viven en las casas y en las habitaciones. Son solitarias y nunca he podido comprobar que formaran ninguna unión de amor o de sociedad con individuos de su especie o de otra. Tampoco he visto nunca dos viviendo en la misma casa o en la misma habitación.
La primera especie es una avispa negra, con algunas pintas de un amarillo vivo, que tiene el cuerpo como dividido por una cintura larga y muy fina (1).
(Según el detalle de la forma y hábitos de las cuatro especies de insectos de que el autor habla, es evidente que forman parte de los géneros Sphex y Pompilius de Fabricius. - C. A. W.-)
Yo creo haber visto una semejante en una posada de Andalucía. Hace constantemente su nido en las habitaciones y pasa la noche fuera. Coge una pequeña bola de barro del tamaño de un guisante y la extiende en lo alto del quicio de la puerta o de la ventana, o bien sobre algún poste o alguna viga del techo, añadiendo otras pequeñas bolas, y forma un tubo o cañón de cerca de pulgada y media de largo, guarnecido por dentro de una especie de estuco, y deposita su huevo en el fondo. Acarrea del campo, una a una, varias arañas, que ha matado a golpe de aguijón, y llena con sus cadáveres todo el tubo, que cierra con barro. Después fabrica otro tubo al lado, otro encima, y, en fin, hasta cuatro o cinco. En tanto acaba el último, la pequeña avispa se halla en estado de salir (2).
(Para conocimiento de avispas de costumbres semejantes, e interpretación justa de sus hábitos, léase:
Darwin -C. R.-: Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo.)
Parece que la madre la escucha: le abre el tubo, y la pequeña se va en seguida para no volver más. Algunas veces la madre deposita otros huevos en el mismo tubo. En el Paraguay yo tenía siempre en verano, en mi cuarto, una de estas avispas ocupada en este trabajo. Pica como todas las precedentes y como las siguientes. Los niños se divierten a veces en matarlas y cortarlas por la cintura, cogiendo en seguida la parte posterior y aplicándosela a otro niño para jugarle una mala pasada, porque la avispa pica aun en ese estado. Deshaciendo los tubos he observado que si alguna araña estaba podrida o, por el contrario, el veneno de la avispa no había sido bastante activo y la araña había tenido tiempo y fuerza para hacer su tela, la pequeña avispa estaba infaliblemente muerta (1)
(En el tomo VI, primera parte de las Memorias de la Sociedad Americana, se encuentran los detalles curiosos sobre dos especies de Sphex cuyos hábitos se asemejan a los de los insectos de que habla aquí Azara. El uno es el Sphex ceruloea alis fuscis L, o avispa icneumon de alas doradas de Degeer. El otro es el Sphex nigra abdomine petiolato atro, alis subviolaceis L. -C. A. W-).
La segunda especie es anaranjada; es la mayor de todas y doble que la de España. Busca el techo de los corredores u otros lugares al abrigo de la lluvia en las casas de campo, porque ella encuentra allí polvo y tierra poco dura. Perfora con prontitud un agujero redondo de un palmo y dos dedos de profundidad. Para esto sirve de las patas, pero es con la boca con lo que hecha fuera las piedrecitas que encuentra. En medio de esta ancha excavación hace un pequeño canal. Después va al campo, y vuelve trayendo, andando para atrás, una araña que ha matado a aguijonazos y que es más gruesa que una avellana con su cáscara (2). (No la ha matado, sino sólo anestesiado, como han demostrado Fabre y otros naturalistas. Véase la nota de la página anterior. - Nota D.-) Encontré una avispa de éstas, con su araña y la seguí hasta el lugar en que la depositó, y que estaba alejado 163 pasos, sin contar el camino que ella podía ya haber andado. La soltaba algunas veces, y daba una vuelta como de tres palmos, sin duda para asegurarse del camino. Este camino estaba todo cubierto de hierba, tan alta como en algunos lugares que la avispa no podía dominar esta dificultad porque la araña se estacaba en los tallos; pero después de un pequeño rodeo llegó a su nido recta como una bala. Depositó la araña en el pequeño canal de que he hablado, de manera que este insecto (1) (Hoy nadie confunde ya los arácnidos con los insectos y todo el mundo sabe que los zoólogos dividen el tipo Artrópodos en las clases: Merostomas, Arácnidos, Crustáceos, Onicóforos, Miriápodos e Insectos.-F. B.-). no tocaba el fondo y estaba retenido por las paredes. Hizo su puesta en seguida en la parte inferior y recubrió el todo de polvo y de tierra, de manera que el terreno quedó bien unido. La pequeña avispa se come a la araña, y cuando la ha consumido se encuentra en estado de desembarazarse de una pulgada de polvo que la cubre y salir volando sin haber conocido a su madre. Ésta va probablemente a hacer otras puestas más allá, porque no hace más que una en cada lugar. Es una especie poco abundante, porque yo no he encontrado más que seis individuos.
La tercera especie es más común, de talla media y amarillenta. Perfora con la boca, en los muros de tierra y en los de adobes que estén al abrigo de la lluvia, pequeños tubitos, en cuyo fondo hace su postura. Alimenta a la pequeña avispa con gusanos de color verde, que mata previamente a golpes de aguijón y que introduce por la boca del agujero. Ignoro si construye más de uno, porque con frecuencia hay muchos, uno al lado del otro. Pero no tengo duda de que ella sabe reconocer la naturaleza de los muros de tierra aunque estén blanqueados, y que distingue perfectamente los muros de piedra o de ladrillos cocidos, porque a pesar del enlucido practica agujeros en los primeros y no ensaya siquiera hacerlo en los segundos.
La cuarta especie construye con mortero tres o cuatro pequeños vasos perfectamente esféricos, excepto del lado que está pegado a las ventanas, al abrigo de la lluvia. Deposita en el fondo de su pequeñuelo, que alimenta con la misma especie de gusanos que la precedente. Los introduce por el gollete de la parte alta, que parece un embudo muy bien hecho.
Es bien singular que estas cuatro avispas sean solitarias y que no se vean nunca dos juntas, que no se sepa como se fecundan y que no tengan ni colmena ni domicilio fijo mas que en la época en que dan nacimiento a sus hijos. Pero se debe aún observar que si no conocen el amor conyugal ignoran igualmente las afecciones filiales y paternales, y todas sus relaciones se reducen a que la madre deja preparado el alimento de su hijo hasta que haya adquirido la edad necesaria, y que este pequeñuelo, al salir del vientre de su madre, debe estar provisto de todos los conocimientos necesarios, porque ella no le enseña nada. Este hecho nos induce a pensar que muchas cosas que observamos en los diferentes seres no son únicamente efecto de la educación, como podría creerse, sino que están grabadas en los individuos desde el vientre se sus madres (1). (La observación de un insecto puede conducirnos a las regiones más elevadas de la metafísica. Condillac y sus sectarios parecen haber limitado esta ciencia al conocimiento de los efectos producidos sobre nuestra inteligencia por la impresión de los objetos externos o al análisis de nuestras sensaciones. Las ideas innatas de Descartes parecían relegadas al país de las quimeras con sus torbellinos. No obstante, se puede afirmar que todo lo que Kant y sus secretarios han dicho de más razonable y de más intangible se encuentra en Descartes; éste es el que ha puesto la base del edificio. Había observado muy bien antes que ellos que la manera como el hombre concibe las cosas debía participar de la naturaleza particular de su inteligencia, lo mismo que la manera de verlas físicamente, con los ojos del cuerpo, participa de la estructura particular del órgano del ojo. Estas formas o estos modos con que la inteligencia receptora reviste necesariamente todas las concepciones o impresiones que le son transmitidas por los sentidos son las que Descartes llamaba justamente ideas innatas. Tal es también la base del sistema Kant, que ha emprendido el determinar con precisión las formas de la inteligencia humana o sus ideas innatas con las que le son transmitidas de fuera. Por otro lado, los fisiólogos han discernido recientemente, con gran sagacidad, muchas sensaciones producidas en el hombre por sus elementos internos, las cuales hacen nacer ideas sin el concurso de los objetos exteriores y aun determinan imperiosamente su voluntad, sus deseos, dirigen sus acciones con mucha habilidad y forman en él una ciencia, sin instrucción previa, parecida a la que hemos llamado instinto en los animales, la cual proviene de la misma causa. He aquí las ideas innatas probadas espiritual y físicamente, y el sistema exclusivo de las sensaciones producidas por los objetos externos destruido para siempre. -C. A. W.-). Es necesario observar igualmente que el veneno de estas avispas es un preservativo contra la corrupción, porque si no las arañas y los gusanos que sirven de alimento a los pequeñuelos se corromperían en un país tan cálido. Si se encontrara medio de recoger este veneno, quizá fuera un específico contra la gangrena. Parece también que se podría tomar interiormente, porque las pequeñas avispas comen estas arañas envenenadas sin tener molestia ni daño.
Como el Paraguay y la provincia del Rio de la Plata, en que se hallan las hormigas de que voy a hablar, no son países fríos, estos insectos salen y trabajan todo el año, y se puede aún creer que el tiempo de su puesta dura más que en Europa, por la misma razón, las especies son mas variadas, cada una de estas especies tiene mayor número de hormigueros, y éstos contienen acaso cien veces mas individuos. Esto parece probado si se considera que dos especies de cuadrúpedos muy grandes y muy fuertes no se alimentan mas que de hormigas. Pero se debe presumir que esta familia de insectos disminuye a medida que se aproxima al estrecho de Magallanes, y que aumenta, por el contrario, cuando se va del Paraguay hacia el hemisferio septentrional.
La hormiga llamada en el Paraguay araraá es muy abundante, porque no solo se encuentra en todos los grandes árboles de los bosques, sino también en los pequeños, con tal de que estén secos y su corteza resquebrajada. Se encuentra igualmente en los trozos de madera cortado; y como en el campo los muros de las casas están construidos de postes clavados en tierra, cuyos intervalos se hallan rellenos de arcilla, que se resquebraja fácilmente, las araraás entran y salen continuamente por las aberturas. Son de la misma talla que las mayores de España, y acaso algo mayores, aunque esta talla varía mucho con frecuencia en un solo y mismo hormiguero. Su color es de un pardo oscuro, que se esclarece un poco en la parte posterior, donde parece ser velluda. Su marcha es ordinariamente rápida y se detiene como para observar si hay alguna sorpresa que temer y como si fuera a la descubierta.
Corre por los troncos, por las ramas, por los muros, y desciende a tierra; pero yo nunca la he visto hacer provisiones; no dudo de que se limita a comer en el lugar mismo en que encuentre lo que necesite. Ignoro de qué se alimenta en el campo, donde no come ni semillas ni hojas. En las casas come azúcar, a la que comunica un muy mal olor y mal gusto, y no sé que toque a ninguna otra cosa. No fabrica hormigueros echando fuera la tierra ni pedazos de madera, y no habita mas que el las grietas. No forma tampoco procesiones ordenadas, como otras; no se encuentra ninguna con alas, o al menos yo no la he visto; lo que debe hacer presumir que todos los individuos son fecundados y que cada pareja cuida a sus pequeños, como he dicho de las avispas que sirven en sociedad (1).
(Las hormigas viven todas en sociedad, compuesta de tres clases de individuos: macho, hembras aladas y neutras, que son ápteras o sin alas. Las hembras no permanecen en el hormiguero sino para la puesta, y son expulsadas cuando está acabada: es precisamente cuando se ven grandes procesiones de hormigas aladas. En cuanto a los machos, no entran, contentándose con dar vueltas alrededor del hormiguero. Los unos y las otras perecen desde los primeros fríos. -C. A. W-).
Algunos habitantes, para desembarcar sus casas, han llevado hormigas grandes de los bosques, de color rojo, que se han batido con ellas; pero como las araraás eran mucho más numerosas, se reunían muchas frente a una sola de las rojas, hasta que conseguían arrojar sobre ellas una gota de licor que las hacía perecer al instante.
Una de las más pequeñas especies no habita, como el araraá, al exterior de los muros de las casas, sino que, por el contrario, se mete en el interior. Aunque habita los campos, se la encuentra también en las grandes ciudades, sin tener morada fija, al menos que se sepa. Yo nunca las he visto aladas; ignoro si las hay y si esta hormiga hace provisiones. Todo esto me hace pensar que todos los individuos son macho o hembras y que su puesta es semejante a la de las avispas. No obstante, obran de acuerdo y marchan en procesión cuando alguna de sus centinelas les advierte que ha encontrado carne, y principalmente azúcar o confituras, porque este es el alimento que prefieren; y aunque comen fruta y carne, no sé que toquen a las semillas ni a las hojas. Hay casas donde es imposible conservar azúcar ni jarabe. Para preservarlos de estos insectos es necesario colocarlos sobre una mesa de la que cada pie esté metido en un cacharro lleno de agua. A veces basta con esto; pero también he visto a estas hormigas formar, cogiéndose las unas a las otras, un puente ancho de un dedo y largo de un palmo, por encima del cual pasaban las otras. Si se toma el partido de suspender la mesa o la tabla, las hormigas suben por la pared al techo, hasta llegar a la cuerda que les sirve para descender al sitio donde está el azúcar, etcétera. Yo mismo he tratado de evitarlas envolviendo los pies de la mesa en un círculo de lana o crín, sin obtener lo que deseaba. No hay mas que la brea que les impida el paso, en tanto está blanda. Se pueden también poner los confites en una habitación alejada, porque las hormigas tardan mucho tiempo en descubrirla; pero si por casualidad ha quedado alguno de estos insectos, advierte en seguida a los otros, que lo siguen todos. Hay, pues, en estos insectos razonamiento y un lenguaje o signos para la comunicaron de ideas. Seguramente las naciones indias que describiré a continuación no son capaces de más.
La especie llamada Tahy- ré, es decir, hormiga apestosa, porque huele muy mal cuando se la aplasta, no tiene habitación conocida y se ignora su alimento ordinario porque no se la ve mas que cuando sale. En el Paraguay (pero no en Buenos Aires) sale casi siempre de noche, dos días antes de cualquier cambio de tiempo, y se extiende de manera que cubre el suelo, los muros y el techo de una habitación, por grande que sea. Se comen en un instante todas las arañas, grillos, escarabajos y cuantos insectos se encuentran. No dejan sin visitar ningún cofre, ni grieta, ni hendedura. Si estas hormigas encuentran un ratón, al instante sale corriendo como un loco, y si no puede salir de la habitación pronto está cubierto de hormigas, que le pican, lo detienen, lo roen y lo comen en seguida. Se dice que estas hormigas hacen otro tanto con las víboras; y lo que hay de seguro es que obligan a los hombres mismos a salir de la cama y de la habitación en la camisa y corriendo. Afortunadamente, se pasan meses, y aun años, sin verlas. Se me dice que para expulsarlas de una habitación basta arrojar al suelo un pedazo de papel encendido; yo lo he hecho, y al cabo de algunos minutos no quedaba ya ni una sola. Otra vez se me ocurrió escupir sobre algunas que estaban en el suelo, y huyeron todas en muy poco tiempo. Yo he experimentado el mismo efecto en dos ocasiones diferentes. No he notado ninguna hormiga alada entre los individuos de esta especie, y no he observado que hagan provisiones. Son negras, su forma es la ordinaria, su talla, media; ignoro el resto. Presumo que todos los individuos son machos o hembras y que se multiplica como el araraá.
Otra especie, de tamaño mediano, color negruzco y tan blanda que se aplasta fácilmente, no habita mas que sobre los árboles y principalmente en las viñas, de las que no comen uvas, pero las ensucia con sus excrementos, que son negros y blandos. Creo que no tiene otra habitación, que no hace provisiones y que no tiene individuos alados.
La mayor de todas es tres veces y media más que las de España; pero es muy rara. Yo, sin embargo, he visto una centena, ya en el Paraguay, ya en las Misiones jesuíticas, pero siempre solas. Por tanto, ignoro si se reúnen por parejas, si forman hormigueros y si hay individuos alados. Yo no sé de qué se alimenta esta especie y jamás la he visto transportar alimentos ni otra cosa. Es negra con lindas marchas de un rojo vivo. (1). (Este insecto parece ser una Mutilla. Las Mutillas son insectos muy semejantes a las hormigas, pero no viven en sociedad y no hay entre ellos mas que machos y hembras. -C. A. W.-).
En los terrenos bajos expuestos a las inundaciones se ven montones de tierra poco duros, cónicos, casi de tres pies de alto y muy próximos los unos a los otros. Pertenecen a una pequeña hormiga negruzca, creo que no sale jamás de su hormiguero para ir a buscar vegetales o cualquiera otro alimento. En la época de la inundación permanecen todas fuera del hormiguero, formado una masa redondeada, apelotonada, de un pie de diámetro y cuatro dedos de altura. Así se sostiene sobre la corriente del agua durante todo el tiempo que dura dicha inundación. Uno de los lados del pelotón que forman se agarra a una brizna de hierba o trozo de madera, y cuando las aguas se retiran vuelven a su habitación. Yo las he visto con frecuencia, para pasar de una planta a otra, formar un puente de un dedo de ancho y dos palmos de largo, que no tenía apoyo mas que en sus dos extremos. Se creería que su propio peso debía sumergidas; pero sea que la corriente misma del agua las sostenga, sea por cualquier otra causa, es seguro que los pelotones se sostienen sobre el agua durante toda la inundación, es decir, durante algunos días. No he observado entre estas hormigas individuos alados; si los hubiera habido no habrían podido conservarse mas que en algún sitio impenetrable al agua. Creo que esta hormiga es el principal alimento del nurumy o tamanduá.
Hay otra más pequeña, rojiza, cuyo nido forma una pequeña elevación de tierra, redondeada, de pie y medio próximamente de diámetro y la mitad de altura. Lo construye con la misma tierra que saca cavando. No he observado que salga a buscar alimentos, y presumo que come tierra. Para multiplicar los hormigueros parte de noche una colonia, que fabrica un camino subterráneo, pero tan cerca de la superficie de la tierra que se ve con frecuencia la bóveda hundida. Se observa también en muchos parajes que estos insectos han procurado perforar su hormiguero y que han renunciado, sin duda porque era demasiado difícil. Yo no he observado que las que son aladas hagan las mismas salidas que la siguiente, pero la analogía me persuade de ello. Lo que hay de seguro es que estas hormigas aladas no parecen conocer el amor paternal, porque cuando se destruye el hormiguero se aturden sin saber casi ocultarse y sin dar ningún socorro a sus crisálidas, mientras que las otras hormigas, sin turbarse, no pierden un momento para reunir sus crisálidas, reparar el daño hecho por el agresor y aun para atacarlo. Se observa igualmente en esta ocasión que las hormigas aladas no tienen ninguna autoridad sobre las otras. Cuando las crisálidas están ya bien formadas, las hormigas sacan del interior de sus nidos pequeñas partículas de tierra, que ponen sobre el hormiguero, de manera que forman una costra que puede ser penetrada por los rayos del sol, o al menos calentada por su calor, que debe animar a las crisálidas. Las colocan, en efecto, bajo esta costra, que no podría aplastarlas porque tienen cuidado de hacerla sostener por pilares convenientes. Cuando se observa por la mañana que las hormigas han colocado así sus crisálidas no se debe temer la lluvia para este día aunque se vean nubes, porque la hormiga conoce el tiempo al menos con un día de antelación.
La que se llama cupiy es extremadamente numerosa, blanquecina y muy grande. Sus patas están más separadas que las de todas las demás, y ésta es la especie que tiene la marcha más pesada. Hace hormigueros llamados tacurúes, según el lugar en que se fija. Si es sobre un árbol- es necesario que sea grueso, grande, viejo y seco-, esta hormiga fabrica su hormiguero en el tronco o sobre un rama muy gruesa. Se reduce el hormiguero a un bulto o joroba, redondeada, que tiene a veces dos pies de diámetro, compuesta de un gran número de capas separadas por una multitud de caminos anchos, bajos y barnizados. El todo está formado por la sustancia misma del tronco, porque esta hormiga no sale y no se la percibe nunca. Estos caminos conducen a diferentes galerías, del grueso del tallo de una pluma, colocadas por encima a lo largo del tronco o de las ramas y recubiertas de una bóveda de cola que el cupiy sabe preparar. Continúan su trabajo de la misma manera hasta que el árbol se consuma y caiga. No debe olvidarse que esta hormiga no come ni frutos, no hojas, ni ramitas. Si se fija en una casa, perfora los muros de tierra o de adobes y forma su tacurú sobre cualquier poste o viga. Destruye todas las maderas de la casa y es imposible echarla o exterminarla enteramente. Si se establece sobre terrenos arcillosos construye su tacurú con la arcilla misma y forma cúpula próximamente de dos pies de diámetro; pero estos tacurúes son muy duros y tan cerca los unos de los otros que a veces no están alejados mas que doce pies en una extensión de terreno considerable. Si se coloca sobre colinas, el tacurú es cónico, de tres pies de diámetro y a veces de cinco de altura (1). (Los insectos descritos aquí por nuestro autor parecen ser termites, vulgarmente llamados hormigas blanca, -C. A. W.-).
El cupiy no come mas que madera o tierra, según el lugar donde está. Las hormigas de esta especie que son aladas tienen seis alas (2). (El número de alas en todos los insectos conocidos no pasa de cuatro, si se exceptúa un pequeño número de Phalenas, cuyos machos parecen tener seis alas. Sería una gran novedad en Historia Natural un himenóptero con seis alas. Como los naturalistas han descrito ya 16 a 18.000 de estos pequeños animales y se han observado muchos más, es mejor pensar, hasta nuevas noticias, que hay error en esta observación. -C. A. W.-) y el color negro. Yo noté una vez que estas hormigas aladas salían por enjambres de un gran tacurú, por una hendedura horizontal de un palmo hecha expresamente. Me detuve a mirarlas sin ver el final, si bien llenaban la atmósfera a más de una milla. En otra ocasión vi el techo de una pequeña casa cubierto de una capa de una o dos pulgadas de espesor formada por estos insectos, puestos unos encima de otros. Casi todas las aves, sin exceptuar los milanos ni los halcones, comen muchas de estas hormigas aladas. Los tatuejos perforan los tacurúes y se meten a comer cupiys.
Se podría presumir que los cupiys expulsan a las hormigas aladas y les abren la puerta porque su excesivo número los incomoda o porque los alimentos les faltan. Pero como estos insectos encuentran siempre tierra o madera (su único alimento) y se observa que las erupciones de los individuos alados preceden siempre a algún gran cambio de tiempo, esto indica que hay algunas otras razones. Se confirmará aún en esta idea si se pone atención en que estas hormigas aladas están tan contentas en el momento de su partida que las hay que se acoplan en seguida en el aire. He visto con frecuencia en el campo masas de un centenar de alas de estos insectos, y me imagino que eran el resto de las comidas de las arañas y de los grillos, que no comen mas que los cuerpos de estas hormigas. Algunas personas del campo creen que estos insectos pierden sus alas para convertirse en simples cupiys; pero para esto era necesario que ellas cambiaran aún de color, de talla y aun de formas, con ciertas consideraciones que no se pueden creer; y me parece mejor pensar que todas estas hormigas aladas perecen. He visto igualmente salir el cupiy de debajo del pavimento de mi habitación y del de una iglesia, y seguramente no habían podido llegar hasta allí mas que haciendo una mina de más de 45 pies de largo. Esto me hace creer que este insecto multiplica sus tacurúes minando por debajo de tierra, porque es seguro que no sale jamás de su hormiguero.
Se podría objetar que parece imposible que el cupiy haya podido poblar por el medio de estas minas los millares de leguas cuadradas en que he visto yo mismo que se le encuentra, visto sobre todo que los tacurúes están generalmente alejados muchas leguas los unos de los otros. La fuerza de este argumento es evidente y se puede aplicar lo mismo a otras especies de hormigas, y aun con más razón a los tiques, a las arañas y a todos los insectos de Europa que existen en el país, aunque no sea posible creer que hayan venido en los buques ni hayan pasado del Norte, pues que no resisten al frío, ni, en fin, que hayan podido extenderse mucho desde un lado para ocupar tanto país atravesando las enormes distancias que los separan, así como los ríos y los lagos. Se evitarían muy cómodamente todas estas dificultades si se pudiera creer que todos los insectos, cada uno en su especie, no proceden originariamente de una sola y única pareja, sino de varios individuos idénticos que nacieron en lugares alejados unos de otros, donde se han multiplicado sucesivamente. Así, por ejemplo, las arañas, los grillos, las hormigas, etc., de Europa deben su origen a insectos de su especie que nacieron en esta parte del mundo, y de la misma especie que se encuentran en América deben su origen a individuos idénticos nacidos en el país mismo. Se puede decir otro tanto de los que se encuentren en cualquiera parte del mundo, sea la que sea, en islas o en regiones tan alejadas las unas de las otras que no se encuentra ninguno en el intervalo que las separa. Siguiendo estas ideas, habría tal especie de insectos (los cupiys, por ejemplo) que provendrían de mil individuos idénticos primitivamente, aunque de diferente origen, y lo mismo sucedería con las otras especies, a proporción. Resultaría que estos individuos primitivos habrían sido más numerosos que aquellos que han sido el tronco de las especies realmente diferentes, y esto probaría que la Naturaleza es más dada a multiplicar los tipos idénticos que a variar las especies. Creemos convencernos de esta idea cuando vemos que la presencia del hombre hace nacer malvas y ciertas especies de plantas, pero nunca especies nuevas, como ya lo he dicho en el capitulo V.
Se debe, naturalmente, preguntar a los que adoptan esta idea si los diferentes tipos de cada especie fueron contemporáneos o no. Algunas personas acaso tomen la afirmativa: que no la ha habido y que no ha podido haber creación posterior a la del Globo. Pero otras sostendrán la negativa, fundándose en los hechos siguientes: Según Charpentier de Cossigny, hace diez años que no se conocían las babosas en la isla de Francia; nadie las ha llevado, y hoy se encuentran en abundancia. La chinche y la nigua parecen, como veremos, muy posteriores al mundo y al hombre. Las plantas parásitas no nacieron hasta que los bosques eran ya grandes: en cualquier parte donde se plante un bosque o se cave un estanque se tendrán musgos, agáricos y otras plantas parásitas, sapos, anguilas, insectos y plantas acuáticas; y si el hombre se establece en un desierto, se verán en seguida nacer plantas que no existían antes que no se habrán sembrado. Todo esto, dirán ellos, indica que la Naturaleza produce todos los días nuevos tipos de especies ya conocidas, sea en insectos, sea en plantas. Añadirán que las inundaciones de escarabajos, azote de que hablaré más adelante, las de saltamontes y otros insectos, y aun las de sapos y ranas, de que dan cuenta los historiadores, son, puede ser, el producto de una creación reciente. En efecto, no se puede apenas creer que sean resultado de la generación ordinaria de individuos de la especie, porque esta idea no parece conforme al sistema seguido por la Naturaleza, que ha puesto límites fijos e invariables a la fecundidad de cada hembra, de cuyos límites estas hembras no podrían separarse, al menos de un modo tan monstruoso como sería necesario para que ellas, que en el curso de un año no producen mas que el número de individuos necesarios para la conservación de la especie, estuvieran al año siguiente en estado de cubrir un reino o una provincia con el resultado de su cópula (1). (Todos los hechos referidos por el autor se explican naturalmente sin recurrir a la formación de seres nuevos. Si la presencia de tal o cual animal hace crecer en ciertos lugares plantas salvajes que antes no existían es que el ser que sea lleva o fija las semillas o modifica el suelo de modo que se desarrollen los gérmenes que puedan ya existir. Si en ciertos años los insectos son muy abundantes es que el nacimiento de estos animales depende más o menos del calor o la humedad del aire y de otras muchas circunstancias, que no se encuentran siempre reunidas en el mismo grado. -C. A. W.-).
Para volver a la descripción de mis hormigas, diré que hay otra rojiza y grande, que forma, con la tierra que saca de sus excavaciones, segmentos de esfera o motas cuyo diámetro tiene a veces doce pies en la base y tres en su mayor altura. Se ve en la superficie una multitud de puertas bien distribuidas, y cada una condice a un camino de dos pulgadas de ancho y muy limpio, que lleva en línea recta al menos a trescientos pasos. De cada uno de estos caminos sale una procesión, que vuelve cargada de pedacitos de hojas. No dudo de que coman también semillas, pero son raras en los países incultos. Como hay tantas procesiones como puertas y caminos y éstos son todos divergentes, como los radios de un círculo, se puede suponer que cada hormiguero está compuesto de diferentes sociedades. Una de las mulas de mi expedición, pasando sobre un hormiguero que la lluvia abundante había ablandado, se hundió de tal manera que a veinte pasos de distancia yo no le veía mas que la cabeza, aunque la mula estaba de pie. Tal es el tamaño del subterráneo formado por estos hormigueros. Viajando un día, en el mes de enero, hacia el 32º de latitud, donde esta hormiga es muy abundante, vi en el aire una erupción tan considerable de estos individuos alados, que anduve tres leguas en medio de su enjambre. Los habitantes de la ciudad de Santa Fe, que está en esta región, van a la caza de dichas hormigas aladas. Se coge la parte posterior, que es muy crasa, se la fríe y se come en tortilla, o bien después de fritas se les echa jarabe y se comen como gragea.
He observado que otra especie, que viene en la linde de los bosques o en los matorrales del Paraguay, saca de sus excavaciones mucha tierra, que adquiere una gran dureza y que se eleva sobre la mota a la altura del pie y medio, formado por un tallo cilíndrico de tres pulgadas de diámetro, hueco, y que se asemeja mucho a los tubos de hierro de algunas chimeneas de París. A veces hay dos, uno al lado del otro, y por allí salen las hormigas, que son grandes y rojizas; pero yo no he observado en esos hormigueros caminos dispuestos como los de la precedente e ignoro todo lo demás.
Hay también otra especie, que en los campos construye subterráneos de tres pulgadas de diámetro y la mitad de profundidad. Se encuentra en la parte superior una abertura redonda, de cerca de un pie y que no está recubierta mas que de un haz de pajas largas de cerca de una pulgada, de manera que la lluvia no entra. Reúne muchas hojas, y aunque no las he visto aladas, presumo que las hay.
Otra, de talla media y rojiza, es abundante por todas partes y hace tan grandes estragos en los jardines y los campos cultivados, que en una sola noche se lleva todas las hojas de una parra, un olivo o un naranjo, por espesos que sean. Para conseguir su objeto, unas suben a lo alto, desgarran las hojas y las dejan caer, y las otras las trasportan al hormiguero. En los parajes donde se las persigue (como en Buenos Aires) ocultan tan bien sus nidos que con frecuencia no es posible encontrarlos, porque perforan los muros de ladrillos y de tierra, para hacer sus crías en el interior de las habitaciones, bajo el suelo. Aunque el hormiguero estuviera colocado en un jardín no es fácil descubrirlo, porque tienen gran cuidado de colocarlo en un lugar alejado de la vista y donde no se trabaje. Además, perforan profundamente y depositan esparcida y lejos del agujero la tierra que sacan, y hay solo algunas que salen de día, para ir a la descubierta. Los individuos alados son muy abundantes.
Aunque yo no creo haber hablado de todas las hormigas y que mis observaciones sobre estos insectos no han estado hechas con tanto cuidado y aplicación como las relativas a los cuadrúpedos y a las aves, lo que yo he dicho debe bastar para hacer ver, al menos, que esta familia merece ser observada con más atención; porque es evidente que las especies son muy variadas; que hay entre ellas grandes diferencias; que las unas construyen hormigueros y las otras no; que éstas se establecen en las hendeduras de los muros y de los árboles; que las hay que no salen nunca de sus habitaciones, donde viven de tierra y madera, y que las otras salen; que las unas reúnen ciertas provisiones y las otras no; que hay algunas ( provistas o no de individuos alados) que obran con reflexión, como si tuvieran un alma y uso de razón; que se comunican sus ideas, sea por sonidos, sea por signos; que conocen infaliblemente y por adelanto los cambios de tiempo, de modo que si se las observara bien podrían acaso darnos medios más seguros que los que tenemos para las investigaciones de esta clase.
Lo que he dicho demuestra igualmente que algunas al menos de mis hormigas difieren mucho de las de Europa. Se nota como cierto de éstas que cada hormiguero está compuesto de individuos neutros o sin sexo y de individuos alados; que entre estos últimos no hay mas que un pequeño número de hembras; que son éstas las que lo ordenan y dirigen todo, y que para ser fecundadas tienen una cantidad innumerable de machos igualmente alados, y que éstos, después de haber llenado sus funciones, son expulsados por las neutras. Pero, en verdad, yo desconfío de todo esto, porque no es muy natural que una hembra tenga necesidad de tantos machos y que su fecundidad sea prodigiosa. Si estos que se supone ser los machos fueran expulsados por los otros no estarían tan dispuestos en la época de su salida para acoplarse inmediatamente con sus hembras, como yo lo he visto; las hembras no esperarían para expulsarlos precisamente el momento de un cambio de tiempo, y las hembras que se unieran a los machos volando deberían igualmente ser consideradas como expulsadas; y cada una de éstas no puede tampoco tener muchos machos, porque su cópula dura muy largo tiempo, como yo he observado. También me es muy difícil creer que las que se supone hembras tengan alguna autoridad sobre las otras, porque si así fuera ellas las usarían cuando se destruye un hormiguero cosa que no sucede. (1). (Las hembras no tienen ninguna autoridad sobre las neutras; al contrario, como antes he dicho, son expulsadas después de la puesta. Latreille ha dado en su Historie naturelle des fourmis el conjunto de las observaciones hechas hasta el día sobre tan curiosos insectos. Por toda contestación a este párrafo de Azara remito al lector a tan interesante obra. -C. A. W.-).
Por otro lado, se da como un hecho incontestable que estos individuos alados producen no solo hormigas que se les asemejan, sino también otros seres muy diferentes por su tamaño, su color y su forma; tales son los individuos neutros. ¿Y por qué no había de ser lo contrario? ¿Por qué estos pretendidos neutros no habían de producir a todos los demás? (2). (Por que son neutros –C. A. W.-). Lo que hay de seguro es que cuando se destruye un hormiguero estos pretendidos neutros dan señales evidentes de un gran amor paternal, mientras que los individuos alados muestran la mayor indiferencia, lo que indica, que éstos no son los padres, si no más bien los otros (3). (Las abejas neutras, ¿no toman más interés por la colmena y la reproducción de su especie que los machos o zánganos? Lo mismo sucede con las hormigas.). Además de esto, parece más razonable atribuir la familia a los individuos más numerosos, más vigorosos, a aquellos que parecen tener la autoridad, a aquellos solos que saben y pueden alimentar a esta familia, defenderla, fabricar la habitación y el nido, que a las hormigas aladas, que ignoran todas estas cosas, que no pueden ejecutarlas y que solo saben vivir comiendo el alimento que se les da (4). (Esta objeción, en apariencia especiosa, no puede combatir hechos seguros y comprobados por observaciones reiteradas. Por lo demás, la Naturaleza está aquí mucho más acorde consigo misma de lo que se cree. Su gran fin es la reproducción de la especie. He aquí por qué en casi todos los insectos las hembras, que tienen la misión de escoger un lugar seguro para poner huevos, a veces de practicarlo en la tierra, en la madera o en la piedra; de ponerlos en seguridad, de proveer a la alimentación de la larva que debe nacer, de cuidarla y protegerla, y aun a los pequeñuelos nacidos, son más gruesas y fuertes que los machos, tiene el órganos más complicados y más perfectos para la defensa y el ataque, y , en fin, viven más largo tiempo que ellos. El machos solo es útil para la fecundación, y apenas ha cumplido este acto languidece y muere. Lo mismo ocurre con el macho y la hembra en los incestos en donde hay tres sexos; machos, hembras y obreras, tales como las abejas, las avispas, las hormigas y las termitas. En estos insectos la Naturaleza ha encontrado a los neutros el cuidado de los pequeñuelos, el alimento y la conservación de la especie; pertenece a ellos, pues, la fuerza y la industria; y como las hembras, en estas especies de insectos, no son, como las abejas, esenciales al buen orden y al sostén del Estado entero, deben perecer, así como los machos, después de haber puesto los huevos, pues no estando encargadas por la Naturaleza del alimento y cuidado de las larvas que deben nacer, carecen ya de función que llenar y no son útiles para nada.)
Si se admiten las conjeturas, se podría suponer que los individuos alados y los que se supone neutros son dos especies diferentes; que los que son alados parásitos que han sabido asociarse a ciertas especies de hormigas, y que entonces comenzaron a vivir y multiplicar su especie a expensas de las hormigas. Como ello no sería posible mas que tratándose de hormigas de las que hacen provisión de víveres, debe resultar que las que viven de lo que encuentran no pueden tener individuos alados, y creo que es así. En este supuesto, no sería extraño que hubiera algunos hormigueros, pertenecientes a hormigas de la especie de las que hacen almacenes, cuyos individuos alados no se hubieran establecido todavía. La diferencia de talla, de consistencia, de color, de facultades y de instinto que se observa en todas esas hormigas aladas y las otras con que viven parece indicar una diferencia especifica; y como las unas destacan de las legiones de sus compañeras, para formar otros hormigueros, cuando el tiempo es favorable, se podría creer igualmente que los individuos alados escogen momentos para establecerse por enjambres en estos hormigueros. Pero abandono esta materia, que es tan oscura, y voy a hablar de otros insectos.
La chinche, tan común en España, no era conocida de los indios salvajes, y los españoles, incluso de la capital del Paraguay, no la conocieron hasta 1769, época en que se cree que este insecto fue introducido en el equipaje de un gobernador. Este abominable insecto no vive mas que de sangre humana; desprecia al hombre que anda errante por los bosques y no se une mas que al hombre civilizado que tiene casa fija y muebles, y como se debe presumir que han pasado muchos siglos antes de que el hombre se hallara en este último caso, parece natural creer que el mundo estuvo libre de chinches en los tiempos primitivos y que su creación es muy posterior a la del hombre.
Solo en invierno se ven pulgas en el Paraguay; de donde se debe deducir que el gran calor es contrario a este insecto. Se debe, es consecuencia, presumir a que no ha pasado de una parte de América a otra, ni del antiguo al nuevo continente, sino que esta especie tiene diferentes orígenes, como antes he dicho. En Buenos Aires se encuentran con abundancia durante todo el año, pero en verano hay menos. Los piques o niguas, tan conocidos en la parte cálida de toda la América, existen en el Paraguay; pero estos insectos no pasan del 29º de latitud al Sur. No creo que los haya en los campos, porque no lo he encontrado nunca, ni tampoco sobre los tayazús o puertos salvajes, ni sobre otros animales a los que atacan en las casas; pero apenas el hombre establece su habitación en alguna parte, vienen a ella multitud de piques en las inmundicias. Si se empieza a explotar la madera en los bosques, aun los más alejados y más desiertos, no se deja de encontrar muy pronto, entre los trozos de madera y el serrín, un gran número de estos insectos, que parecen nacidos en el lugar mismo y no ser el producto de una generación regular. Esto haría creer, igualmente, que tales insectos pertenecen exclusivamente a la América y son de una creación posterior a la del hombre.
La vinchuca incomoda mucho a los que viajan de Mendoza a Buenos Aires; pero no la he visto nunca al norte del Río de la Plata. Es un escarabajo cuyo cuerpo es oval y muy aplastado, y que se pone grueso como una uva con la sangre que chupa; pero tan pronto como la ha digerido la arroja, y esta tintura forma sobre la ropa blanca una mancha indeleble. Este insecto no sale mas que de noche; los individuos alados pueden alcanzar cinco líneas de largo y vuelan, lo que no hacen los pequeños. Se encuentran en todas las llanuras de este país estos pequeños escarabajos, que desprenden un fuerte olor de chinche cuando se los aplasta (1).
(No me parece dudoso que éste debe de ser una especie de Cimex o chinche de los bosques (Hemípteros). Ninguna especie de escarabajo, ni tampoco de insecto con élitros duros, o coleópteros, chupa la sangre del hombre ni de los animales -C. A. W.-
Léase DARWIN -C. R.- Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo. );
creo que también los hay en los campos de España. Durante cuatro noches de enero, al menos, fueron asaltadas las casas de Buenos Aires por tan gran cantidad de ellos, de talla media, que al abrir por la mañana las ventanas que se encontraban llenos los balcones y había que recoger los escarabajos con una escoba y llenaban canastos. Se observaba lo mismo en la calle, a lo largo de las paredes, donde estaban casi sin movimiento y como aturdidos. Pero los que penetraban en las habitaciones durante la noche (y eran en gran número), resultaban muy incómodos, sobre todo para las señoras, porque se les metían bajo las faldas. Yo no he observado esta plaga mas que un año.
Es sobre todo en el Paraguay donde se encuentra un gran número de escarabajos de especies diferentes, de hermosos colores, de todos tamaños, y algunos muy grandes. No he observado que, como el escarabajo común de mi país, se tomen el trabajo de rodar una bola de excremento. El olor basta para hacerles encontrar excrementos y cadáveres, bajo los cuales practican agujeros donde sus pequeñuelos encuentran el alimento a su alcance. Parece, en consecuencia, que estos insectos no educan a sus hijos y no les dan ninguna instrucción, y también que la hembra sola trabaja para asegurar a su progenie una habitación y alimentos.
Su olfato es tan fino, que antes de que una persona haya acabado de hacer sus necesidades en pleno campo varios de estos insectos han acudido ya al lugar. Había en mi corredor un ratón muerto, y vino un gran escarabajo que, después de haberlo examinado fue a buscar entre los ladrillos, algún sitio favorable y en condiciones de hacer un agujero. Tan pronto como encontró lo que necesitaba, condujo su presa empujándola con la cabeza, e hizo, con una prontitud admirable, un agujero, donde introdujo la cabeza del ratón, de modo que el cuerpo penetró por su propio peso y quedó completamente sepultado y oculto. El escarabajo se fue después para no volver, pero depositó seguramente antes de irse su posteridad en el cuerpo del ratón (1). (Sin duda se trata de un coleóptero del grupo de los Necróforos o enterradores, que en Europa ejercen la misma industria. – C. A. W.-) Hay dos escarabajos- linternas, o luminosos; el más pequeño lanza su luz por parte posterior del cuerpo y es más o menos viva; el mayor, por dos especies de ojos que tiene encima del cuerpo. El primero es muy abundante en los lugares húmedos; el otro es más raro; se le llama muá en el Paraguay; si se le pone sobre el dorso, da un gran salto, encorvando el cuerpo para volver a tomar su posición natural (1). (Este último insecto es del género Eláter – C. A. W.-.) No se los ve mas que de noche, y el mayor da luz bastante para poder leer teniéndolo entre los dedos. La mayor parte de los escarabajos del Paraguay son diurnos.
Se encuentran en las casas, sobre los árboles y en los campos todas las arañas de España, y aun otras muchas especies, según yo creo, en el Paraguay. Hay una de largos dientes, vellosa, de dos pulgadas de largo, que vive en el campo y cuya mordedura se dice que ocasiona hinchazones y convulsiones, pero no es mortal. Otra, que se encuentra en el Paraguay hasta el 32º, hace capullos esféricos de una pulgada de diámetro, de color anaranjado y que se hila, porque el color es permanente (2) (Yo creo que esta especie es de la familia de las tendedoras de redes o de la que forma mi género Epeira. Véase mi Tableau des Araneides, in 8. º, 1805. -C. A. W.-); pero se nota que lloran abundantemente los ojos y destila la nariz de la hilanderas mientras que hilan, sin que, no obstante, sientan mal olor ni ninguna otra incomodidad, ni que experimenten ninguna mala consecuencia. Hay otra especie que durante la noche, y sin que se la sienta, se agarra a los labios de las personas que duermen y los chupa; por la mañana se encuentra una ampolla en el sitio.
Aunque la familia de las arañas pasa por ser solitaria, hay una en el Paraguay que vive en sociedad en número de más de cien individuos; su cuerpo puede ser del grueso de un garbanzo; es negruzca y construye un nido más grande que un sombrero y lo suspende por lo alto de la copa a un gran árbol o a la viga de algún techo de modo que esté un poco abrigado por encima. De allí parten todo alrededor un gran número de hilos de que se podría sacar utilidad. En efecto, tienen cincuenta o sesenta pies de largo y son gruesos y blancos. Están cruzados por otros hilos muy finos, donde se detienen las hormigas aladas y otros insectos que sirven de alimento a la comunidad de las arañas, de las que cada individuo come lo que atrapa. Estas arañas perecen todas en otoño, pero dejan en el nido huevos que la primavera desarrolla (1). (Esta especie me parece estar en la familia de las hilanderas o de mi género Theridion. – C. A. W.-)
Es los parajes donde hay arena fina o polvo y que están al abrigo de la lluvia, como a lo largo de las paredes de las casas, he visto con frecuencia en el Paraguay un insecto cuya marcha parece muy pesada, pero que por lo demás obra con una habilidad incompresible para mí. Forma con la arena mas fina una especie de embudo, ancho por arriba, pero tan bien dispuesto que una hormiga o cualquier otro insecto que toque a uno solo de los granos que lo componen resbala y cae en seguida al fondo, donde el insecto que ha fabricado el embudo está escondido y se come la presa que la arena ha arrastrado. Los lugares apropiados para la habitación de este insecto solitario están muy distanciados unos de otros; por consecuencia, no se podría comprender como esta especie se ha extendido en el país, pues que se encuentra en el mismo caso que el cupiy; ignoro igualmente como se multiplica, pues parece ser solitaria (2). (Es sin duda una larva de un insecto del género Myrmeleon. Réaumur, en el cuarto volumen de sus Mémoires, ha descrito muy bien la industria de la especie que se encuentra en Europa. - C. A. W.-).
He visto en el Paraguay un gran gusano largo como de dos pulgadas, poco más o menos, cuya cabeza parece por la noche un carbón rojo y ardiente y que además tiene a cada lado, todo a lo largo del cuerpo, una hilera de agujeros redondos semejantes a hoyos, de donde sale una luz más débil y amarillenta. Hay también otra especie cuyo cuerpo está sembrado como de plantas o de pequeñas matas, bastante elevadas, negras y perpendiculares a la piel. Cada mata está dividida en diferentes ramificaciones, que asemejan ramas y de las que cada una tiene hojas o, mejor dicho, pelos o sedas. Se ven también sobre algunas chumberas salvajes (Cacctus Linnoei) insecto que se reúnen para sacar un tinte rojo. He hablado (capitulo V) de un gusano cáustico, que podría muy bien servir de cantáridas.
Por todas partes se encuentran más o menos abundantemente los ciempiés o escolopendras, los escorpiones, los grillos, las cochinillas, los tiques, las cucarachas, las garrapatas, la polillas, los gorgojos, los tábanos de muchas especies, una gran variedad de mosquitos, de moscas grandes y pequeñas, de gusanos y otros insectos de Europa, y aun muchos otros que son desconocidos en esta parte del mundo. La mosca que produce gusanos es tan abundante en el Paraguay, que cada semana es necesario quitar al menos por dos veces estos gusanos a los terneros y potros recién nacidos, que perecerían sin esto, porque esos gusanos les roen el ombligo.
En el mismo país no hay un solo perro cimarrón o salvaje, porque perecen todos por los gusanos que las moscas depositan en las heridas que se hacen cuando se pelean por cualquiera perra en celo. Cuesta también bastante trabajo garantizar de estos gusanos a los perros domésticos. Fui sorprendido por un gran chaparrón hacia el 28º de latitud en el mes de enero. Poco después reapareció el sol entre las nubes y el calor era terrible. Entonces me asaltó tal cantidad de moscas de esta especie que en momentos de media hora mi ropa estaba toda blanca – tantos eran los gusanos (1). (Larvas) que habían depositado -, y para quitarlos fue necesario rasparla con un cuchillo como si hubiera sido barro. He visto más de una vez personas a las que había ocurrido, después de haber echado, durmiendo, algunas gotas de sangre por la nariz, verse asaltadas de dolores de cabeza muy fuertes, de los cuales no se aliviaron hasta después de haber expulsado por la nariz ochenta o más gusanos, bastante grandes, que estas moscas habían depositado. El olfato de esta especie es admirable. En cuanto se tiene una herida, por pequeña que sea, se oye al instante a la mosca volar alrededor, y es necesario, para defenderse, cuando se está herido no dormir durante el día mas que en lugar oscuro porque la oscuridad las expulsa.
Las mariposas son muy abundantes y bellas, de grande, media y pequeña talla; las hay nocturnas y diurnas. Algunas nocturnas, que son muy pequeñas, rodean la luz en tan gran número que la interceptan. Una especie grande y pardusca deposita sus gusanos (1). (Larvas u orugas) envueltos en una especie de baba, sobre la carne de las personas que duermen desnudas y descubiertas, y los pequeños gusanos se introducen bajo la piel, sin que se sienta. Resulta un pequeño botón que sobresale; la parte picada se hincha y se experimenta un dolor muy vivo. Los habitantes del campo, apenas ven lo que es, mascan tabaco y lo escupen sobre la picadura, aprietan en seguida fuertemente con los dedos y salen cinco o seis gusanos, velludos, de un color oscuro y largos como de media pulgada, sin que esto produzca ninguna mala consecuencia.
Algunos habitantes del Paraguay están sujetos a una especie de sarna muy distinta de la común. Se forma en cada botón o pústula un pequeño insecto grueso como una pulgada, pero blanco. Las mujeres, generalmente, se los quitan a los enfermos sacándolos de las pústulas uno a uno con la punta de un alfiler, con lo que sana el enfermo. Yo he visto extraer hasta sesenta solamente de las nalgas de un canónigo. Parece que este gusano no se engendra por cópula, sino que proviene de la disposición de los humores del cuerpo del enfermo. Los gusanos que se encuentran en los riñones del aguara- guazú parecen tener el mismo origen.
Aunque haya muchas especies de saltamontes, y entre ellas una que hace volando un ruido análogo al de un pequeño cascabel, no hablaré mas que de la que lo devora todo, sin desdeñar las telas de lino, de lana, de algodón ni de seda, ni especie alguna de plantas, excepción hecha del melón y las naranjas, si bien come las hojas del naranjo. Este insecto llega al Paraguay en los primero días de octubre, por bandadas tan considerables que una vez tomé a una de ellas por una nube y tardó dos horas en pasar. No obstante, estos saltamontes no causan grandes estragos. Aunque descienden a tierra y lo roen todo, como el cultivo se reduce a poca cosa, se defienden los lugares cultivados espantándolos con ramas. Cuando estas legiones aladas abandonan el país se sabe de antemano que al año siguiente ni habrá saltamontes o que se verá a lo sumo alguna bandada como de la que he hablado. Pero si esta tropa se detiene en terrenos duros perfora con la parte posterior de su cuerpo agujeros que contienen cada uno 40 a 60 huevos. Entonces empieza la aflicción, porque los huevos se abren en el mes de diciembre. Salen de ellos pequeños saltamontes negruzcos, que se reúnen por bandas muy apretadas y que se ensanchan conforme crecen los insectos Entonces cambian la piel y toman un color verdoso, con manchas negras. Devoran todo de día y de noche, pues hasta entonces no han hecho mas que saltar. A fin, de febrero cambian aún de piel; el color negro desaparece, para convertirse en pardo claro, y sus alas se fortifican, aunque todavía no vuelan.
En esta época cubren algunas veces totalmente grandes extensiones de terreno, hasta el punto de haber andado yo dos leguas sin dejar de pisar continuamente a estos insectos. No cesan de devorarlo todo mas que cuando se sienten con fuerzas bastantes para subir sobre los árboles y sobre las matas, que cubren enteramente. Allí quedan como inmóviles y permanecen a veces más de ocho días sin comer. En fin, cuando estos insectos encuentran alguna noche favorable a sus miras, y sobre todo alumbrada por la luna, parten, sin que se sepa a dónde van; pero es natural creer que es hacia el Norte. No devuelven jamás, o a lo sumo en el mes de octubre, para repetir el manejo que he descrito. Esta plaga es rara en Buenos Aires, y los habitantes de esta ciudad se mofan con mucha frecuencia de los del Paraguay diciéndoles que si a menudo los molestan los saltamontes es en castigo del mal trato que dieron a un obispo. Pero ellos responden que siempre han tratado a estos prelados mejor que lo que merecían y que la razón alegada es tan falsa que ellos tienen siempre saltamontes cuando les llega un obispo y que no los tienen cuando la silla esta vacante; y citan ejemplos.
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Patrimonio natural de Aragón, Fauna Silvestre en Aragón, Zoologia, fauna, peces, anfíbios, reptiles, aves, mamíferos, ecología, zoogeografía, Agua, humedales, río, montaña, Flora, Botánica, hongos, micología, Geologia, piedra, Ciencias Naturales. Naturaleza, tres reinos, patrimonio natural, riqueza biológica.
Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2026 última revisión
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