Naturaleza de Aragón > Felix de Azara. > Viajes por la America Meridional.
Yo no he oído croar que a una sola rana de España en un pequeño estanque que se encuentra en la ciudad misma de Asunción, lo que me hace sospechar que no se hallan fuera de allí en el país. En general no se distinguen las ranas de los sapos, y el último de estos nombres se aplica a todos los animales de esta familia. En el Chaco hay algunos sapos que llegan a pesar varias libras, y hay otros muy grandes que se ven saltar en los terrenos bajos cuando hay humedad. No son ni demasiado pesados ni demasiado ventrudos, y se diría que tienen orejas rectas como cuernos. Se los encuentra a veces de talla mediana bajo los troncos de los árboles, y se dice que son venenosos, hasta el punto de que mueren los perros que los muerden. En todos los lagos y en todos los parajes inundados se oye frecuentemente un grito fuerte y plañidero, que se podría confundir con el de un niño de corta edad. Este grito procede de un pequeño sapo que no tiene más de una pulgada de largo. Otro, que es blanquecino, grande como la rana de España y salta acaso con más ligereza, no se encuentra nunca ni en el agua ni el la tierra, sino solamente sobre las ramas de los árboles, entre las hojas de maíz, entre la paja con que se cubren las casas en el campo, o bajo las tejas. Sube con facilidad, sea saltando, sea agarrándose a la corteza de los árboles o a las irregularidades salientes de los muros (1).
(Es sin duda una ranita. Estos reptiles (batracios) se distinguen de las ranas y de los sapos por las pelotas lenticulares que están en las extremidades de sus deseos, y con ayuda de las cuales pueden pegarse a los cuerpos lisos.-son semejantes a las que en España se llaman <
En el Paraguay se da generalmente el nombre de Boy a toda especie de víbora o de culebra, y se distingue cada una por nombres que conservaré. Aunque yo nos las conozca todas, no dejaré de nombrarlas en gran número.
Se sabe que estos reptiles son muy sensibles al frío, que los entumece totalmente; pero cuando el viento del Norte (viento caliente en este país) produce un tiempo pasado, son ligeros, dispuestos y más peligrosos que nunca. Ninguno de ellos sube a los árboles, excepto el curiyú, que no pasa de las ramas mas bajas, y nunca lo he encontrado en el interior de los bosques. Viven ordinariamente en las llanuras, de las que prefieren los lugares más bajos, porque allí encuentran hierba bastante alta para ocultarse y apereás y ratones abundantes para alimentarse. Creo, sin embargo, que todos estos reptiles son anfibios y buenos nadadores. Marchan formando con el cuerpo repliegues siempre horizontales y apoyándose sobre sus escamas laterales, que pueden levantar. Comen huevos, aves, ratones, apereás, sapos, ranas, peces, grillos y otros insectos, y hasta se devoran unos a otros. Para atrapar su presa no emplean otro medio que la destreza y la sorpresa. Se aproximan poco a poco, porque no saltan nunca, y si ella tiene fuerzas para defenderse se le enroscan y la aprietan hasta fatigarla. Si esta presa es un animal de pelo la tragan, comenzando por la cabeza para que la introducción sea más fácil. No hay acaso en el mundo animal que tenga tantos enemigos como las culebras y las víboras de estas comarcas, pues que son perseguidas sin descanso por todas las especies de águilas, milanos, halcones, cigüeñas, garzas reales, iguanas y el hombre; además, por los incendios, tan frecuentes en estas regiones, y por los individuos de la misma familia, que se devoran unos a otros; de suerte que su mortalidad diaria es más grande de cuanto pueda calcularse. Para defenderse estos animales no tienen apenas otro recurso que morder o esconderse en los agujeros de los ratones y de los tatuejos, o bien en los pajonales o pastos en que la hierba es grande. No gastan mucho tiempo las cigüeñas y las garzas en coger a estos reptiles, porque la longitud del pico de estas aves y la del cuello les da gran ventaja. Así, se apoderan de ellos al primer golpe, cogiéndolos cerca de la cabeza, que aprietan un poco para matarlos, y se los tragan en seguida. Pero las águilas y las demás aves de presa que no cazan mas que durante el día se ven obligadas a una lucha en toda regla. Para aproximarse a las culebras o a las víboras estas aves se presentan de costado, haciéndose un escudo con una de sus alas, que llevan medio desplegada, dejándola caer hasta el suelo. Al mismo tiempo procuran picar al reptil en la cabeza, y así las matan, y se las comen después de haberlas despedazado.
Aunque las culebras y las víboras tengan la misma forma y todo lo que llevo dicho les convenga igualmente, estos animales difieren, no obstante, principalmente en que las culebras no muerden o en que sus mordeduras no producen otros efectos que los que resultarían de una herida ordinaria, mientras que todas las víboras tienen un veneno más o menos activo, generalmente mortal, y que algunas veces también produce su efecto al cabo de algunas horas. Hay personas que dicen que todas las víboras son vivíparas y que sus pequeños, que son en número de cincuenta o sesenta, vienen al mundo en estado de subsistir por sí, y que las culebras ponen huevos que se incuban al sol. Esta diferencia puede ser cierta, pero está contradicha por otras personas que pretenden que todos estos reptiles son igualmente vivíparos. Otros dicen también que los pequeñuelos de las víboras desgarran el vientre de la madre para practicarse una salida; pero es un error, porque he observado lo contrario en una quiririo que dio a luz cuarenta y cinco pequeñuelos. Los habitantes del campo dicen haber sido testigos de un hecho muy singular que se refiere a las víboras exclusivamente. Cuando una hembra está en celo dicen que se reúne una gran cantidad de machos de su misma especie y de otras, que se revuelven y forman una masa alrededor de la hembra, pero sin morderse unos a otros, aunque procurando todos satisfacer sus deseos. El pelotón que forman es del grueso de la cabeza. Sin embargo, este hecho parece contradicho por el género de vida de la víbora llamada quiririo, que parece formar parejas, como veremos. Voy ahora a indicar las culebras que conozco, y en seguida, las víboras.
El curiyú es una culebra grande de un aspecto que espanta; pesada en tierra, pero no en el agua, imbécil y que no muerde. Este reptil vive habitualmente en los lagos y los ríos o en sus alrededores, mas yo no creo que por la parte Sur pase del 31º de latitud. Sube a veces a las lanchas y barcos que navegan, agarrándose al timón, para comerse los pollos y hasta la galleta, según se dice; algunas personas afirman que sigue la estela de los buques un día y otro. Debe, naturalmente, alimentarse de peces, de apareás y acaso de nutrias y de pequeños quiyas o capibaras, porque éstos son los animales que están mas a su alcance. Cuando tiene satisfecha el hambre se sube sobre cualquier árbol pequeño o se cuelga de cualquier rama por medio del cuerpo, para dormir al sol. La mayor de estas culebras que yo he visto tenía diez pies y medio de largo y su grueso igualaba a la pantorrilla de una pierna normal. Era manchaba de negro y blanco amarillento. Las relaciones de los conquistadores de América exageran mucho estas medidas y consignan infinidad de fábulas acerca de esta culebra, que suponen era adorada por los indios; pero yo me atengo a lo que he visto, sin hacer ningún caso de estas exageraciones desmesuradas. Un gobernador de esta provincia escribió a la corte que algunas de estas culebras eran tan grandes que podían tragar no solo un hombre y un ciervo con sus cuernos, sino hasta una vaca, y que atraían desde lejos su presa con la fuerza de su aliento, los indios salvajes matan cuantas serpientes de esta clase encuentran y se las comen.
La que se llama boy-hoby, a causa de su color, es una culebra más flexible que ninguna, muy ligera en la carrera, larga próximamente de tres pies, delgada en proporción, de un verde claro, y siempre a he encontrado en los campos.
También se encuentra la que se llama nuazo, que significa gusano de los campos. Es de la longitud del hoby, pero su cabeza es más fuerte; el grueso total, un poco más considerable; es menos ligera, tiene el cuello más delgado, su color es de un pardo oscuro y su marcha muy pesada.
La que se llama víbora de dos cabezas no es tal cosa, sino un ser muy diferente y singular. Es larga como de un pie, de un color blanquecino argentado y brillante, del grueso del pulgar, el hocico muy puntiagudo, y sin cola, aunque todas las otras la tienen; su cuerpo termina bruscamente, sin la menor disminución en su diámetro. Esto es lo que ha hecho darle el nombre que tiene, y que sin embargo no le corresponde, por carecer de las dos cabezas que se le atribuyen y porque no marcha reculando, como dicen algunas personas. Habita y vive como los gusanos ordinarios, siempre bajo tierra, de donde rara vez sale. Como esta culebra vive en galerías subterráneas que no tienen mas que el ancho necesario, aunque sean largas y profundas, se podría creer que no vive mas que de tierra y gusanos; pero yo he visto a una coger por la pata a un pollito que por azar había entrado en el agujero. La culebra, sin salir de su nido, procuraba hacer entrar al pollo; pero no lo consiguió porque era demasiado grueso y porque ningún niño lo impidió. Este reptil es muy pesado sobre el suelo, y como, según presumo, no hay más que un individuo en cada agujero, ignoro como se multiplica esta especie. Es común en el Paraguay y yo no la he visto nunca más allá del 30º de latitud Sur. Voy ahora a indicar las víboras.
La ñacaniná es de todas las especies la mayor y la más común en el campo. Puede tener cinco o seis pies de largo y es del grueso puño; de un gris claro, y la cabeza es grande en proporción del cuerpo. He visto a una que trataba de tragarse, cogiéndola por la cola, a una culebra ñuazo de gran talla, y que sin embargo no la mordía porque todos sus esfuerzos se reducían a procurar escaparse. He observado en esta ocasión, como en las otras, que cuando las culebras o las víboras están ocupadas en tragar su presa nada las espanta y por cerca que se esté de ellas continúan tranquilamente su operación, como si nada hubieran visto u oído. He observado igualmente que cuando su hambre está mitigada se duermen y permanecen como aletargadas. La ñacaniná es tan ligera que salta a veces para morder las piernas de los jinetes que galopan. Se apoya sobre la cola para saltar, y esto es siempre reculando, de manera que para matarla hay que atacarla por delante. Es de todas las especies la menos venenosa, y su mordedura se cura frecuentemente con los escasos remedios que se conocen en el país.
La quiririo es generalmente conocida por los españoles con el nombre de víbora de la cruz, porque tiene una especie de cruz negra sobre la frente. Tiene próximamente dos pies de largo, el cuerpo en proporción, la cabeza muy gruesa, el cuello delgado, y presenta hermosas manchas negras formando compartimientos. Es de las más comunes y entra con frecuencia en las casas y las habitaciones en el Paraguay; se desliza a veces en las camas, como yo lo he experimentado por mí mismo, porque me encontré una cuya mitad salía de mi lecho, donde estaba como colgada. Esto me determinó a que no hicieran mi cama más que en el momento en que me iba a acostar. Cuando una vez entra una, en cualquier parte que sea, se teme siempre encontrar otra antes de dos días, según la experiencia ha demostrado. De aquí se sigue que esta víbora vive por parejas, macho y hembra juntos, y que su olfato es excelente. Por lo demás, es de las menos ágiles, y su veneno es tan activo que apenas puede escaparse a él. Se asegura que hay otra especie conocida con el mismo nombre, pero yo no la he visto.
No he visto mas que una sola víbora de la especie llamada boy-chiny en el Paraguay, lo que prueba su rareza y quizá también su poca fecundidad. Es muy pesada, larga, de cerca de tres pies; su cuerpo, vigoroso y no perfectamente redondo, mas bien en forma de prisma triangular, de un pardo claro mezclado de amarillento, manchado de negro, y se termina por una especie de campanilla bien conocida, que los españoles llaman cascabel: su veneno pasa por ser muy activo.
Pero el de la ñandurie lo es mucho más, pues que mata infaliblemente en muy poco tiempo. No obstante, esta víbora no es, mas gorda que el cañón de una pluma gruesa y su longitud no excede de un pie, de manera que puede esconderse en cualquier parte. Su color es de un pardo grisáceo y apenas tiene agilidad. Habita ordinariamente en los campos, especialmente en los lugares donde hay pequeños matorrales; pero no es muy común y yo no la he visto más allá del 28º de latitud Sur.
Con frecuencia he oído hablar de una víbora llamada boy-pé, que no vi nunca y que se supone ser de las más venenosas. Se dice que puede tener tres pies de largo, pero que su cuerpo es tan comprimido en toda su longitud que parece una correa de color oscuro. Se añade que cuneado está irritada se hincha.
Algunos españoles llamaban víbora de coral a la que los naturales del Paraguay llaman boy-chumbé, lo que significa víbora con cintura. Yo no la he visto mas que al Norte del 29º; es muy pesada y como imbécil. No obstante, se dice que es la más ardiente y la más activa de las que forman el pelotón de que he hablado. Puede tener tres pies de largo; su cuerpo es redondo, su piel de la mayor belleza, de manera que es imposible confundirla con las otras. Todo su cuerpo, comprendida la cabeza, está dividido alternativamente por tres bandas: una de un blanco amarillento, otra negra y la tercera roja, continuado así hasta el extremo de la cola. Estos colores son tan vivos y tan brillantes, que se podría emplear la piel de este reptil para vainas de espadas y otros objetos de este género. En cuanto a su veneno, yo no he tenido ocasión de ver el efecto; unos dicen que es el más activo de todos; otros sostienen que este animal no es venenoso y que pertenece al género de las culebras; otros aseguran, pero sin verosimilitud, que no muerde, pero que pica con la punta de las colas.
Felizmente ninguna de estas víboras ataca a nadie y no muerden mas que para defenderse, es decir, cuando se las ataca o cuando tienen miedo. Esto es tan verdad, que estas víboras, para abrigarse, se deslizaban con frecuencia bajo la piel de vaca que me servía de lecho, o a mis gentes en pleno campo, sin hacernos ningún daño.
Algunas veces también las sentimos pasar sobre nuestras piernas o nuestro cuerpo, y en estas ocasiones no se corre peligro alguno estándose quieto. Considerando estas víboras relativamente las unas a las otras, parece que la actividad del veneno está en razón inversa de su tamaño, porque el de la especie mayor no es siempre mortal y el de la más pequeña lo es siempre. Parece igualmente probado que esta misma actividad está en razón directa de la poca agilidad de estas víboras; porque al menos ágiles, tales como la quiririo, la chiny y la ñandurie, son más venenosas que la ñacaniná, que es de todas la más ligera. En efecto, parece natural que la especie menos ágil tenga un género de defensa más eficaz. Independientemente de todo esto, la actividad del veneno depende mucho del calor o de la estación, porque cuando hace frío estos animales apenas muerden y su mordedura no es peligrosa. Esto depende también, naturalmente, del grado de irritación del reptil y también del sujeto mismo que recibe la mordedura. En efecto, los caballos y los perros no dejan nunca de hincharse y morirse al cabo de tres o cuatro horas, y hay personas que afirman que las mordeduras de estas víboras no son casi nunca mortales para los sujetos que están muy atacados del mal venéreo.
El medio que yo empleaba para conservarme de las víboras estaba reducido a llevar siempre buenas botas. En efecto, aunque las perforan con sus dientes, el veneno no penetra jamás la carne. Además, yo tenía cuidado de ir a pie lo menos posible por los pastos, y cuando era necesario detenerme para comer o para dormir, tenía cuidado, antes que nada, de reunir todos mis caballos y hacerles que patearan el terreno para que salieran las víboras si las había.
Por lo demás, no se conoce en el país ningún específico contra esta clase de veneno; pero como los enfermos quieren siempre remedios, algunos les hacen beber aceite, cuando lo hay a mano, y así he salvado yo a algunos de mis hombres. Otros ponen sobre la herida la mitad de una cebolla caliente, cortada horizontalmente; otros chupan fuertemente la herida y otros hacen una ligadura por debajo con una correa de la piel de la especie de ciervo llamada guazuty. La mayoría de los mordidos mueren, y los que escapan quedan medio locos o imbéciles.
El lagarto mayor no pasa de los 31º Sur. En el Paraguay se le llama yacaré (1). (El yacaré, Jacare sclerops Schn., es cocodrilo del grupo de los aligatóridos, propio de la América del sur. -Nota D.-); algunos españoles le llaman caimán. Se le encuentra en casi todos los lagos, y hasta en los ríos cuya corriente no es fuerte: con frecuencia no se ven mas que sus ojos fuera del agua; pero hacia el mediodía sale para dormir sobre la arena de la orilla, y apenas oye ruido se precipita en el agua. Su longitud total es de ocho pies, de los que la cola hace casi la mitad. La forma de esta cola es singular: su mitad posterior es triangular y prismática, y se ven elevar a lo largo de ella escamas en forma de espina. La cabeza es plana por encima, larga, y el hocico tan hendido, que desde el ángulo de las fauces hasta el extremo del hocico hay catorce pulgadas. Este reptil no tiene dientes incisivos; la mandíbula inferior empieza en la punta por dos ganchos, o dos dientes caminos de una pulgada de largo; estos dientes salen hacia arriba por dos agujeros perforados en la mandíbula superior, cuando la boca esta cerrada. Se encuentran a continuación, a cada lado, dos dientes cilíndricos no cortantes; después, otro diente incisivo, en seguida, seis molares, seguidos de otro incisivo, y, por ultimo, ocho molares enteramente semejantes a los otros. Los dientes están dispuestos lo mismo en la mandíbula superior, y todos estos incisivos y molares están colocados de manera que se diría que el animal no puede hacer uso de ellos para cortar, ni aun para desgarrar su presa, y que se ve obligado a tragar los peces sin mascarlos. La parte superior del cuerpo está recubierta de una piel de color oscuro, por debajo de la cual hay escamas impenetrables a las balas de fusil. Igualmente las hay por la parte inferior del cuerpo, de modo que no se le puede matar más que hiriéndolo en los ojos, que son muy pequeños, o en los flancos; y no obstante, nunca cae del primer golpe.
Pone unos sesenta huevos, del grueso de los de una oca; son blancos, y sus cáscaras, bastas; los entierra en la arena y deja que el sol los incube. Los indios salvajes comen con gusto los huevos, así como la carne del yacaré, que es blanca y muy buena. Se reconoce generalmente el lugar donde se encuentra este animal por el olor a almizcle que despide, y se dice que tiene cerca de los riñones dos bolsas que están llenas de este licor. No se aleja del agua y su marcha es pesada, por lo que no se le teme en tierra. Yo he, sin embargo, observado que uno de estos lagartos cogió un día con la boca a un perro de aguas que nadaba y lo arrastró al fondo del río, donde lo ahogó, y que se encontró al día siguiente el cadáver entero. Muchas relaciones y muchas historias de América hablan de un caimán o cocodrilo que, según esos autores, devora los hombres y los cuadrúpedos y los persigue vivamente en tierra, donde se pretende que es muy ligero. Estos autores nos cuentan la manera de cazarlo, y el padre Gumilla, en su descripción del Orinoco, país donde yo creo que nunca estuvo, añade que estos caimanes tienen en el estómago un depósito de guijarros. Pero aquellos a que me refiero son exactamente como he dicho, ni más ni menos, y si esos de que hablan son de la misma especie, como yo presumo, las relaciones de referencia tienen necesidad de modificarse para ser conformes a la verdad.
La iguana es un lagarto que no pasa de los 28º hacia el Norte. Habita en los lugares secos y sobre el borde de los bosques; pero cuando se la persigue se arroja también al agua, si la encuentra a su alcance. Corre muy de prisa y se alimenta de frutos, de sapos, de víboras, de huevos y de pollitos. No sube a los árboles y hace agujeros, donde pasa el invierno dormida o entorpecida y sin comer. Su longitud total es de 44 pulgadas, de las que la cola hace 27 1/2. Tiene cinco dedos en las patas de delante y otros tantos en las de atrás; el yacaré no tiene mas que cuatro en éstas. Tiene el agujero auditivo cubierto por una membrana ligera y transparente, y su lengua está hendida a una pulgada de su extremo. Sus dientes son gruesos y crónicos; los molares, cilíndricos; su cuerpo está cubierto de pequeñas escamas perladas y otras negras, que forman filas transversales; pero en la cola se ven los anillos, alternativamente, de uno y otro color.
El teyu-guazú habita próximamente los mismo lugares que la iguana, pero sobre todo desde el 28º de latitud hacia el Norte. Sus costumbres son absolutamente las mismas; es largo de 37 pulgadas y 1/2, de las que 21 3/4 corresponden a la cola. Se parece también a la iguana por sus dedos, su lengua, sus órganos auditivos y su forma. Tiene a lo largo de la espina dorsal una banda negra y otra a cada lado. Estas tres bandas están separadas por lindos dibujos de escamas blancas y negras. Las ocho últimas pulgadas de la cola son igualmente negras, y el resto está ornado de dibujos dispuestos transversalmente y separados por bandas negras. Yo creo que los machos tienen el vientre menos grueso que las hembras y que no tienen bandas o líneas negras en el dorso ni en los costados y dispuestas a lo largo, y que están, por el contrario, salpicadas transversalmente de líneas negras separadas por dibujos.
El lagarto verde, o teyu-hoby, es muy común en los matorrales, donde se le encuentra a fin de octubre; a la entrada del invierno se oculta en sus agujeros. Tiene nueve pulgadas de largo, comprendida la cola, que es de 5 1/2. Difiere de los dos precedentes en que solo tiene cuatro dedos en las patas posteriores, como el yacaré. Sus colores son muy bellos; su cabeza es de un verde de esmalte, que se prolonga formando una línea a lo largo de la espina dorsal, y esta línea está flanqueada por otras dos, que comienzan en la cabeza y que son violetas; sigue otra muy estrecha, de un blanco vivo; después otra de un violeta más claro, un poco mezclada de negro; luego, otra línea blanca, en forma de pequeño cordón, y, por último, una línea violeta. Estas bandas o líneas continúan hasta el extremo de la cola, pero el verde degenera pronto en violeta.
Hay en el Paraguay un camaleón, que no huye, como los lagartos, al aproximarse a él, sino que espera con la boca abierta e inflando su piel, y sobre todo la de la mandíbula inferior. Tiene la cabeza mas corta que los lagartos, de los que difiere también en que su lengua no es hendida, sino redonda, gruesa y tan ancha que le llena la boca, como la de los sapos. El agujero auditivo es también más pequeño, colocado más atrás, y coincide con el ángulo de la boca. Pone siete huevos blancos, y, por lo demás, se parece por su forma al lagarto de que he hablado. Su longitud total es de 8 pulgadas 5/6, de las que la cola mide 5 1/2. Se le ven sobre el cerviguillo dos líneas de color amarillo oscuro, que se extiende sobre la espina dorsal hasta la cola, y que están acompañadas de cada lado por otra línea más clara y más ancha. Lo mismo sucede en la cola; pero ésta tiene además a los lados manchas triangulares de un amarillo pardo.
Se encuentra en los mismo lugares otro camaleón que espera también a su agresor con la boca abierta e inflándose la piel. Vive sobre los árboles, donde salta de rama en rama, apoyándose un poco sobre la extremidad de la cola, que encorva. Yo tuve uno, durante un mes, en mi cuarto sin que tomara ningún alimento. Su faz parece a la de un lagarto verde, sus dedos están dispuestos lo mismo; pero la nariz está en medio del espacio comprendido entre los ojos y el hocico no se percibe el agujero auditivo, que debe de ser muy pequeño. Su longitud total es de 13 pulgadas y 1/2 de las que la cola forma 8 3/4. La cabeza es de un color blanquecino pardo. Del ángulo posterior del ojo sale una raya negra, que después de haber seguido el cuello se termina en línea curva en la raíz del brazo. Después de ésta viene otra, que cae paralelamente al hombro, y se ve bajo los ojos otra que llega igualmente a la raíz del brazo. Lo que tiene de más notable en el cuerpo se reduce a algunas manchas blancas, de más de dos líneas, y otras que son negras y dispuestas igualmente sobre un fondo pardo. Los flancos son blanquecinos con rayas negras y estrechas, que caen en zigzag y de través. Sus colores son más o menos vivos.
Sé que hay aún en el Paraguay otro camaleón, que yo no he visto, pero que se dice es muy semejante por su forma a un sapo, aunque difiere en que tiene una larga cola delgada, como la de un ratón.
Hay un pequeño lagarto muy feo, de cabeza corta, que tiene sobre cada ojo un pequeño tubérculo y todo a lo largo de la espina dorsal, hasta la mitad de la cola, una especie de espiga o filo muy notable. Tiene 7 pulgadas y 1/6 de largo, de que la cola forma 4 1/2, y cinco dedos en todas las patas. La parte alta, desde el cuello hasta la cola, es de color oscuro, así como las cuatro patas; pero el cerviguillo es más claro y atravesado por líneas más oscuras. Se entrevén también cinco ángulos, formados por líneas negras, de los que el vértice está dirigido hacia atrás. La cola se semeja al dorso.
Hay aún otro lagarto, mucho mas pequeño y de un color bastante mas oscuro que la lagartija común de España, y cuya cola es mucho más larga.
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Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2026 última revisión
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