Capitulo Cuarto: De algunos de los principales ríos, de los puertos y de los peces. Viajes por la America Meridional de Don Félix de Azara. Tomo I.

Felix de Azara. Viajes por la America Meridional.

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CAPÍTULO IV. DE ALGUNOS DE LOS PRINCIPALES RÍOS, DE LOS PUERTOS Y DE LOS PECES.

Sería imposible poder describir todos los ríos de un país tan extenso: así, me limitaré a decir algo de los tres mayores, que son renombrados en el mundo por la abundancia de sus aguas. En cuanto a los demás, aunque los hay entre ellos más considerables que los mayores de Europa, remitiré al lector a mi carta, que marca el curso y la dirección.

Ante todo debo hacer observar que el curso de estos tres principales ríos, dirigiéndose hacia el Sur, como se ve en la carta, muestra claramente que la zona tórrida, o sean las proximidades del Ecuador, está más elevada que la zona templada austral. El río de las Amazonas prueba lo mismo, por el lado opuesto. Los geómetras demuestran por cálculos tan exactos como bien fundados que el diámetro de la Tierra es más considerable bajo el Ecuador y que va disminuyendo hacia los polos. Esta desigualdad de diámetro, o de altura, no altera el nivel de la Tierra hasta el punto de hacer correr las aguas hacia los polos. Quiero decir solamente que esta desigualdad general de altura o de diámetro es más considerable en América cerca del Ecuador que cerca de los polos. Esto es lo que, en efecto, comprueba el curso de estos tres principales ríos.

Los indios carios o guaraníes, que habitaban la orilla oriental del Paraguay en la época de la primera llegada de los españoles, llamaban a este río Payaguay, es decir, río de los Payaguás , aludiendo a que ellos eran los únicos que lo navegaban en toda su extensión. Los españoles alteraron un poco de este nombre y le llamaron Paraguay, dándolo también a toda la provincia que riega el río. Sus primeras aguas se forman con diferentes arroyos que comienzan en el 13º30´ de la latitud Sur, en las montañas llamadas Sierra del Paraguay, donde los portugueses tienen muchas minas de oro y piedras preciosas. Este río corre constantemente hacia el Sur y termina su curso reuniéndose con el Paraná. Es navegable por goletas desde el 16º hasta su desembocadura (aunque su canal es, en general, estrecho) porque no se encuentran ni en arrecifes ni otros obstáculos y tiene siempre bastante fondo.
Para dar una idea de la abundancia de sus aguas, yo medí la anchura en la Asunción en una época en que estaban mas bajas que ni los habitantes ni yo las habíamos jamás visto. Dividí en diferentes partes esta anchura y era, 1330 pies de Paris, y determiné la profundidad y velocidad de cada una de estas partes sondando y observando el tiempo que tardaba en pasar una cantidad determinada de agua por medio de una bola de algodón que dejaba flotar y arrastrar por la corriente. Estos datos me hicieron calcular que pasaban en esta época 98,303 toesas cúbicas de agua por hora, y suponiendo que la cantidad media de las aguas de este río llegue al doble, como me parece cierto, si no es que es más considerable, se verá que pasan entonces 196,618 toesas cúbicas de agua por hora; sin contar la que entra en el río por debajo del lugar en que yo he hecho mi experiencia, y que se puede considerar como equivalente al doble del Ebro.

En la Asunción estas aguas no están nunca bastante revueltas para incomodar, porque las lluvias caen, sea por encima o por debajo de la ciudad, no bastan para ensuciar tan gran masa de agua; y aun cuando estas lluvias se verificaran a la vez por todos los lados posibles, no podrían arrastrar mucha tierra de los terrenos incultos. Este río experimenta una crecida periódica, que comienza en la Asunción a fin de febrero, y aumenta por grados, con una igualdad admirable, hasta fin de junio. Entonces empieza a decrecer de la misma manera, en el mismo espacio de tiempo. Aunque esta crecida sea mayor un año que otro y que en la Asunción las aguas pasen a veces de cinco o seis toesas sobre su nivel ordinario y se extiendan mucho, ella experimenta, sin embargo, poca variación al comienzo y al fin. Esta crecida es producida por el famoso lago de los Xarayes, de que he hablado en el capítulo II. Cuando está lleno vierte sus aguas en el río Paraguay, a proporción que su canal o su lecho se lo permite. La calidad del agua es excelente.

El río Paraná tiene su nacimiento en las montañas donde los portugueses poseen sus minas de Goyaces, entre los 17º30´ y los 18º30´ de latitud austral, y está formando por la reunión de muchos arroyos o corrientes de agua. Estas corrientes se dirigen desde luego hacia el Sur, y se inclinan después mucho al Oeste hasta el 20º, donde toman otra dirección, que puede verse en mi carta, así como el resto del curso de este río y de los que a él conducen sus aguas. Estos son en gran número, y los que hay entre ellos más considerables que los mayores de Europa. De esta clase son el Iguazú, el Paraguay y el Uruguay. Aunque yo no he hecho ninguna experiencia para conocer la cantidad de sus aguas, no creo exagerar diciendo que en el punto de su unión con el Paraguay, cuya magnitud hemos visto, el Paraná es ya diez veces más considerable, y que iguala él solo a los cien ríos mayores de Europa. En fin, cuando recibe el Uruguay forma lo que se llama ordinariamente el Río de la Plata, que se considera como uno de los mayores del mundo y que es acaso tan grande como toda los de Europa reunidos.

El Paraná es mucho más rápido y más violento en su curso que el Paraguay, porque viene del Brasil o del lado del Este, donde se sabe que el terreno tiene más inclinación. Desde Candelaria, donde no alcanza más que 400 toesas de ancho, aumentan considerablemente, y en Corrientes tiene ya 1.500. Contiene una multitud innumerable de islas, de las que algunas son muy grandes. Sus mayores crecidas son en diciembre, de preferencia a toda otra estación, y son más numerosos y más prontas que las del Paraguay porque no dependen de un lago como el de los Xarayes. Las aguas de este río pasan por ser excelentes, aunque se encuentran frecuentemente troncos de árboles y de huesos petrificados.

A pesar del enorme volumen de sus aguas, este río no es navegable en toda su extensión porque está entrecortado de cataratas y arrecifes. Una de estas cataratas se encuentra un poco al norte de río Tiete o Añemby, que se reúne al Paraná hacia los 20º35´ de latitud; pero yo no hablaré más que de otras, que conozco mejor. La primera, llamada salto del Canendiyú, del nombre de un cacique que habitaba por aquel lado en tiempos de la conquista, y salto de Guayra a causa de la vecindad de la provincia este nombre, está a los 24º4´37´´ de latitud, no lejos del trópico de Capricornio, según mis observaciones. Es una cascada espantosa y digna de ser descrita por los poetas. Se trata del río Paraná, del mismo río que más abajo toma el nombre de Plata; de este río, que en este paraje mismo tiene más agua que una multitud de los mayores ríos de Europa reunidos, y que en el punto en que se precipita tiene en su parte media mucho fondo y 2.100 toesas de anchura (se la ha medido), lo que hace casi una legua marina. Esta enorme anchura se reduce súbitamente a un canal único de treinta toesas, en que entra toda la masa de agua, precipitándose con un furor espantoso. Se diría que este río, orgulloso del volumen y la velocidad de sus aguas, las más considerables del mundo, quiere rajar la Tierra hasta su centro y producir la nutación de su eje. No caen verticalmente a plomo, sino por un plano inclinado 50º sobre el horizonte, de manera que forma una altura perpendicular de 52 pies de París. El rocío o los vapores que se forman en el momento en que el agua choca con las paredes interiores de la roca y algunas puntas de rocas que se encuentran en el canal del precipicio se perciben a la distancia de muchas leguas, en forma de columnas, y de cerca forman, a los rayos del sol, diferentes arco iris de vivos colores y en los que se percibe algún movimiento de trepidación. Además, estos vapores forman una lluvia eterna en los alrededores. El ruido se oye desde seis leguas, y parecen temblar las rocas próximas, que están tan erizadas de puntas que rompen los zapatos.

Para reconocer este salto o catarata es necesario hacer treinta leguas por un desierto desde la aldea de Curuguaty hasta el río Gatemy; llegados allí se buscan uno o dos árboles gruesos, de los que cada uno sirve para hacer una canoa para embarcar los viajeros, con víveres y todo lo necesario. Se dejan en tierra, para guardar los caballos, algunos hombres bien armados, porque por aquella parte hay indios salvajes que no dan cuartel. Los que van a visitar la catarata, y que se han embarcado, hacen treinta leguas por el Gatemy, tomando las convenientes precauciones, a causa de los indios que habitan las márgenes del río, orillas que están cubiertas de bosque muy espeso. Los viajeros se ven muchas veces obligados a arrastrar sus canoas sobre los numerosos arrecifes que encuentran, y a veces a transportarlas a hombros. Llegan al fin al Paraná, y les faltan todavía hasta la catarata tres leguas, que se pueden hacer por agua o a pie por la orilla, costeando un bosque en que no se encuentra ningún ave, ni grande ni pequeña, y solamente a veces algún jaguarete (1) (Felix onça L. –Félidas. –N. del T.), animal feroz y más terrible que los tigres y los leones. Se puede de lo alto de la orilla abarcar la catarata a gusto y reconocer la parte inferior entrando en el bosque; pero llueve de tal manera en los alrededores que es necesario desnudarse para acercarse.

No he hablado mas que de la parte más fuerte de esta catarata, formada por una colina que se llama cordillera de Maracayu y que atraviesa el río. Pero se puede y se debe considerar como la continuación las treinta tres leguas en línea recta que hay desde la catarata hasta la desembocadura del río Iguazú o Curitiba, a los 25º41´ de latitud observada, porque en toda esta extensión el río tiene una pendiente muy considerable y corre por un canal de rocas, que están en general cortadas a pico y que es tan estrecho que dos leguas por debajo de la catarata el río no tiene más que cuarenta y siete toesas de ancho. Sus aguas se chocan con furor unas con otras, y forman una multitud de remolinos y abismos terribles, que tragarían en poco tiempo todas las embarcaciones que quisieran pasar.

Voy a hablar de otras dos cataratas que se encuentran en estos parajes. El río Iguazú o Curitiba, de que hemos hablado, tiene un volumen de agua igual al de dos de los mayores ríos de Europa reunidos, y a dos leguas de su confluencia con el Paraná forma también una catarata. Su longitud total es de 656 toesas y media, y la altura vertical, de 171 pies de París; pero está dividida en tres escalones principales, de los que cada uno tiene diferentes canales. El agua se precipita a plomo por varios de estos canales, y la mayor altura de la caída es de 18 pies. El ruido, los vapores, la espuma y los arcos iris se asemejan a los de la catarata del Paraná.

La otra es la del río Aguaray, que se puede comparar al Sena. Cae en el río Jesuy y ambos se arrojan en el Paraguay. La gran carta de Cruz, fijada por las observaciones de los comisarios nombrados para los límites en 1750, vierte las aguas de este río en el Ipané; pero es un error, y, por otra parte, el nombre está mal escrito. Esta última cascada está a pico o perpendicular y tiene de altura 384 pies de París, encontrándose a los 23º28´ de latitud observada.

Se podrán encontrar en el antiguo continente caídas de agua de una altura igual o superior; pero si se presenta atención a todos los accesorios será difícil encontrarlas semejantes a las que acabo de describir. Si se quieren buscar puntos de comparación es en América donde hay que fijarlos, porque en esta parte del mundo de las montañas, los valles, los ríos, las cataratas, todo, en una palabra, tiene tan grandes proporciones que los objetos de la misma naturaleza que se podrían encontrar en Europa no parecen ser ante ellos mas que miniaturas o copias pequeñas. Ved la descripción de la catarata de Tequendama dada en los Anales de Ciencias Naturales, página 148, por D. Francisco Antonio de Zea. Está próximamente a cuatro leguas de Santa Fe de Bogotá. La caída es perpendicular y de 681 pies de París de altura, pero está dividida en tres escalones, como la del Iguazú. El volumen de agua de este río es considerable, pues unos le comparan al Tíber y otros al Guadalquivir.

M. P. F. Tardieu, que acaba de copiar la carta de los Estados Unidos de América del Norte levantada por Arrowsmith, ha traducido igualmente del inglés la descripción del famoso salto del Niágara. Esta catarata se encuentra en el punto de comunicación de los dos grandes lagos Eríe y Ontario y está formada por el río Niágara, que toma después el nombre de río de San Lorenzo; éste es uno de los mayores ríos del mundo, aunque no tenga en el lugar de su caída más que 371 toesas de ancho. Esta descripción dice en sustancia que el agua se precipita con una tan asombrosa velocidad que muchas personas han creído que caía casi verticalmente; que la pendiente del río una media milla antes de la catarata es de 54 4/10 pies de París; que la altura vertical de la caída es de 140 7/10, y que se considera en 60 9/10 la profundidad del abismo en que cae el agua. Concluye que de estas tres cantidades resulta la suma total de 256 pies, para la pendiente del río en la extensión de siete millas y media de curso. Según esta descripción se vendría a creer que la catarata no es perpendicular, y sin embargo el autor parece insinuar lo contrario. La Rochefoucauld-Liancourt, tomo II, página 12 del Voyage dans les Etats-Unis d´Amérique, dice positivamente que la catarata es perpendicular, y yo lo creo. Pero si, como dice, la pendiente total del río en el espacio de siete millas y media es de 256 pies, no se puede casi concebir que la caída se haga por tres escalones diferentes, como asegura. Por otra parte, la Rochefoucauld da a la catarata sólo 160 pies de altura. Se creerá lo que se quiera (1) (En la obra de Volney titulada Tableau du climat et du sol des Etats-Unis d´Amérique, París, 1806; 2 vol. in 8º, se encuentra en la página 106 del primer volumen un capítulo curioso sobre la caída del Niágara; yo remito a él al lector, que podrá allí ver un extracto de las diferentes descripciones que se han hecho de esta célebre catarata y de las diferentes evaluaciones que se han dado de su altura. Aunque M. Volney haya él mismo visitado esta catarata y haya sido antes que por él examinada y descrita por un gran número de viajeros, es aún incierto si antes de llegar al salto del Niágara del río Genessi sufre dos o tres caídas. De aquí las diferentes evaluaciones que se han dado de su altura. Parece constante que la caída del Niágara propiamente dicha es de 144 pies; la de las otras dos o tres caídas que la preceden se evalúa en 157 o 160 ó 180 pies, según los diferentes observadores. Hay en Volney una falta de impresión que no está corregida en la fe de erratas, y que es importante rectificar. En la página 123 se lee: <>, y debe leerse 370 pies.- C.A.W.-).

Comparando estas caratas se ve que la de Aguaray es la más perpendicular. Vienen después las de Tequendama, del Niágara y del Iguazú; y en fin, la del Paraná. Respecto del volumen de agua, las de Araguay y del Tequendama son muy inferiores a las del Iguazú, del Niágara y del Paraná. Pero ninguna puede entrar en comparación con la del último, si se considera que no se precipita, como el Niágara, por cascada o en lámina casi igual en toda su extensión de 371 toesas, sino que no forma más que un solo y enorme prisma de 30 toesas, lleno y sólido.

Las rocas que forman todas estas cataratas son muy duras. El Paraná se ha abierto a través de estas masas una trinchera de cien millas, hasta su confluencia con el Iguazú, como ya he dicho. El Niágara se ha abierto una de siete millas, y todos los demás están más o menos en el mismo caso. Parece que estas rocas estaban ya formadas cuando el agua empezó a correr por encima. En efecto, no es creíble que ríos tan considerables y de tanta fuerza hubieran permitido a la piedra consolidarse bajo sus aguas; y como la existencia de los ríos data de la época de la atmósfera, de las lluvias y de las fuentes, es decir, de la creación del Globo, parece igualmente creíble que las rocas de las cataratas, y por consecuencia todas las de la misma especie, no se han formado con el tiempo y por las solas fuerzas de la Naturaleza, sino que fueron creadas al mismo tiempo que la Tierra y todo cuanto existe en nuestro planeta. El viajero que he citado participa de mi opinión, porque dice que el Niágara corre sobre estas rocas desde el comienzo del mundo. Es, sin embargo, importante para la Historia Natural conocer la naturaleza de las rocas que forman las cataratas de lo ríos, y que se deben considerar como materias primitivas, aunque encierran substancias diferentes, que parecían indicar que se han formado de su reunión, posteriormente, por alguna combinación debida a las fuerzas de la Naturaleza. Pero, por desgracia, yo no tengo conocimientos de rocas; todo lo que puedo decir de las que forman las cataratas que he descrito es que me parecen ser de granito (berroqueña). Las del salto del Niágara son calizas, según dice la descripción que acabo de citar; pero no explica si es un mármol, formado por cuerpos marinos, o si su composición es diferente. En el primer caso, si se considera esta roca como primitiva, el argumento que se saca de las conchas para probar que nuestro Globo ha estado cubierto de agua perdería mucha de su fuerza (1) (En la época en que Azara escribía estas líneas la Geología estaba en un atraso considerable, sujeta a doctrinas hoy totalmente abandonadas. –Nota de la edic. española.-)

Volvamos al Paraná. Hay un arrecife, que se llama salto o cascada, situada a los 27º 27´20´´ de latitud observada y a 59º de longitud; pero el paso está siempre libre para los buques pequeños y aún para las goletas, cuando las aguas están altas; de suerte que el Paraná es navegable desde la confluencia del Iguazú hasta el mar. Cerca de ese arrecife se encuentra el lago Iberá. Tiene 30 leguas de ancho al Norte, paralelamente al Paraná, del que está muy cerca, sin tener comunicación visible del río. Se prolonga 30 leguas al Sur, donde forma lo que se llama garganta del Yuquicuá, y ensanchándose después a medida que se avanza hacia el Sur, acaba por formar el río Miriñay, que es considerable y vierte en el Uruguay. Desde Yuquicuá las orillas del Iberá siguen al Oeste durante 30 leguas. De él salen tres ríos, a saber: el de Santa Lucía, el de Corrientes y el de Bateles, que nunca se pueden vadear y que vierten en el Paraná. El lago de Iberá no recibe ni río ni arroyo ni fuente; subsiste todo el año, casi sin variación, y está en gran parte lleno de plantas acuáticas y aun de algunos árboles. Pero está sostenido por la simple filtración del Paraná, que no tiene ejemplo en el mundo. Esta filtración suministra no solo el agua de los cuatro grandes ríos de que acabamos de hablar, sino la que se marcha por evaporación en una superficie de al menos 1.000 millas marinas cuadradas, y que no se puede estimar por debajo de 70.000 toneladas por día, según las experiencias de Halley; aun se debe considerar mucho mayor, porque es país es más cálido que Inglaterra.

He leído en algunas historias manuscritas, de los jesuitas, que en el interior del lago Iberá vivía una tribu de indios pigmeos, y dan de ellos una descripción muy detallada. Pero todo esto es falso y no tiene más realidad que el imperio que se supone existir en medio del lago de los Xarayes. El Iberá es una gran extensión de agua que en algunos parajes forma un verdadero lago, pero la mayor parte está lleno de plantas; de manera que es imposible reconocer el interior ni a pie, ni a caballo, ni embarcado. Su situación y la disposición total del país indican que en otro tiempo el río Paraná atraviesa este lago y que se dividía después en los cuatro ríos que de él salen; yo no dudo de que el Paraná tome de nuevo más adelante su antiguo lecho.

El Uruguay tiene su nacimiento hacia el 28º de latitud, en montañas situadas al poniente y muy cerca de la isla de Santa Catalina. Corre al principio al Oeste y recibe tantas aguas o arroyos, que a 25 leguas de su nacimiento, en el paraje donde está atravesado por el camino de San Pablo a Vianón, es ya fuerte y se llama el río de las Canoas. Siguiendo el camino de Vianón se encuentra, a 11 leguas, otro río considerable, llamado Uruguay- Miry y río de las Pelotas. De su reunión con el de las Canoas resulta el río Uruguay. Cuando este río sale de las montañas, donde tiene su nacimiento, corre durante mucho tiempo por un terreno despojado de árboles y entrecortado de colinas; pero a continuación atraviesa bosques muy considerables, recibiendo continuamente nuevos arroyos hasta la confluencia del río Uruguay- Pita. Se puede examinar el resto de su curso en mi carta, que lo marca con exactitud, y donde se ve que el Uruguay termina por reunirse al Paraná para formar lo que se llama hoy el río de la Plata. Los autores antiguos daban a este nombre muchas más extensión, pues que lo aplicaban igualmente al Paraná y por consecuencia al Paraguay.

El volumen de sus aguas puede considerarse como un poco inferior al del Paraguay; pero como es mucho más oriental que éste y aun que el Paraná, y como por la parte de levante el terreno es mucho menos horizontal, se sigue de aquí que es mucho más rápido y más violento que estos dos ríos. Sus aguas pasan por excelentes, y sobre todo las que le trae el río Negro, aunque los huesos y los troncos del árbol se petrifican en ellas. Sus mayores crecidas ocurren ordinariamente desde fines de julio hasta el comienzo de noviembre. En el solo intervalo que hay entre la confluencia de rio Pepiry y el rio de la Plata el Uruguay tiene más de 50 arrecifes, o bajos fondos, sobre rocas; pero yo no conozco mas que dos que se puedan llamar saltos. Uno se encuentran a los 27º9´29´´ de latitud observada y el otro en la confluencia del río Mberuy. Este último tiene de altura vertical cinco pies de París y el otro, 29. En cuanto a la navegación, es siempre libre desde el río de la Plata hasta el arrecife llamado Salto Chico, a 31º23´5´´ de latitud observada; y aun algunas veces se salva este obstáculo en las grandes crecidas y se remonta hasta el Salto Grande, que se encuentra a los 31º12´; y desde este último paraje hasta los pueblos de las Misiones se puede siempre navegar en canoas o barcos planos.

Admirará el considerable número de cascadas y de arrecifes que acabo de indicar, en los pocos ríos que he descrito, y sobre todo si se fija la atención en que se encuentran también cascadas en todos los arroyos y en todos los ríos, grandes o pequeños, en que ellos vierten, desde el 27º hacia el Norte. Si esto sufre alguna excepción, hay en cambio otros que tienen hasta 14, como el Tiete. Puede ser y es natural la conclusión de que los bancos de rocas son verdaderamente horizontales; que estas rocas son naturalmente muy duras; que todas las del país son de la misma calidad y primitivas, y que ellas no han sido formadas por la sucesión del tiempo. He notado igualmente que en general no es sino junto al nacimiento de los ríos o en los arroyos más pequeños donde se encuentran gravas, cantos y piedras rodadas. Lo atribuyo a la poca pendiente del terreno, que ha impedido que estas piedras fueran arrastradas por el agua. La escasez de estas piedras en todo el país no habrá contribuido poco a producir el mismo resultado.

Voy a decir algo ahora de los puertos. Los de la costa de Patagonia han sido bien descritos por muchos viajeros, que hasta han publicado planos y cartas; así, no debo ocuparme mas que de los del río de la Plata. Para dar una idea general diré que este rió es un golfo formado por la reunión del Paraná y del Uruguay, que terminan por verterse en el mar, conservado la dulzura de sus aguas hasta 25 o 30 leguas al este de Buenos Aires. No se aprecian aquí las mareas, que tan fuertes son en la costa de Patagonia, y cuando el agua se eleva por encima de su nivel ordinario no procede esto de la crecida de los ríos, sino de los vientos del Este y Sudeste, que la rechazan y la hacen algunas veces remontar hasta la altura de siete pies. Los vientos contrarios hacen bajar el agua en proporción. Estando en el Paraguay supe que, sin que hubiera reinado ningún viento de estos, el agua bajó de tal manera que dejó al descubierto tres leguas de playa en Buenos Aires, que se mantuvo en este estado durante un día, y que ganó de nuevo su nivel ordinario, pero poco a poco. Este fenómeno se verificó sin duda, porque el mar se retiró mucho hacia el Este; pero no puedo adivinar la causa, que de seguro fue poderosa.

Aunque, en general, las costas del rio de la Plata son bajas, como forma un golfo que entra muy adentro en el interior de las tierras, ofrece siempre algún abrigo, sobre todo del lado sur, porque los vientos más fuertes y los más peligrosos vienen de este lado; por esto es por lo que se ha visto a muchos buques permanecer durante mucho tiempo y sin experimentar avería surtos en el Amarradero, que se encuentra a tres leguas de Buenos Aires hacia el Norte. El Vigilante, entre otros, estuvo allí nueve años. El fondeadero no puede ser mejor. Hay algunos bancos que indico en mi carta; todos son de arena, incluso el que llaman el Inglés, y que antes se creía ser de roca.

Además de lo que acabo de decir, hay en el golfo o Río de la Plata varios puertos, de los que los principales son: sobre la costa del norte, la Colonia, Montevideo y Maldonado, y del lado sur, la bahía Barragán y el riachuelo de Buenos Aires. Este es, como dice su nombre, un riachuelo largo y estrecho, que viene del interior, donde se encuentran todas las seguridades y todas las comodidades posibles para descargar las mercancías y aun para carenar los buques, etc. Pero no tiene mas que la profundidad necesaria para buques de mediano calado, y lo más desagradable es que hace falta que el viento haga subir el agua por encima de su nivel ordinario para que los buques puedan pasar la barra que se encuentra en la desembocadura.

El puerto de la ensenada de Barragán está al Este, sobre esta misma costa meridional, a diez leguas del precedente. Allí era donde permanecían los buques y fragatas del Rey antes de que se fundara Montevideo (1) (Léase el tomo I de Bougainville – L. A. DE.- Viajes alrededor del mundo, volumen número 3 de la colección de Viajes clásicos, editada por Calpe.) Este puerto es seguro; el fondeadero es bueno; está formado por el riachuelo de Santiago, que viene del interior y que lo atraviesa. Pero la entrada es estrecha y aunque su extensión interior sea bastante grande, las fragatas de guerra no pueden anclar mas que junto al canal; es el único paraje donde hay bastante fondo, es decir, dos brazas y media.

El puerto de la Colonia es pequeño y mal abrigado del lado de los vientos más fuertes y más peligrosos del país, es decir, del Sudoeste al Sudeste, si bien está un poco defendido por la islita de San Gabriel, por otras aun más pequeñas y por un banco de arena que cubre la entrada. Las aguas del río de la Plata, en el momento de su salida por la costa, tienen a veces una velocidad de seis millas por hora. Este puerto tiene de seis a siete brazas de fondo.

El puerto de Montevideo va de día en día perdiendo profundidad y se debe que pronto quede inútil. Además de esto, está expuesto a los malos vientos, que no solo causan la mar gruesa sino que hacen de garrear las anclas, enredan sus cables, hacen caer unos buques sobre otros y aun a veces los arrojan a la costa, porque el fondo es de un fango blando donde no aguantan las anclas y donde los cables y las maderas repudren. No se puede tampoco salir de este puerto todo lo de prisa que se quiere y aunque haya bastante agua para las fragatas, y aun para los navíos, éstos están obligados a fondear un poco lejos del pueblo.

El puerto de Maldonado es muy grande. Su fondeadero es excelente y tiene bastante agua para los mayores navíos. Como tiene dos entradas, se entra y se sale sople el viento que quiera, y como la corriente sale siempre por la entrada del Este está siempre opuesta al viento, excepto al del Oeste y ésta es una ventaja que alivia infinitamente a los cables. Pero no está abrigado en toda su extensión y no lo está si no del que se halla sotavento de la isla de Gorriti.

Nombraré aquí los peces que se encuentran en los ríos de este país y que no entran nunca en las aguas del mar. Comenzaré por los cangrejos (1) (Ya todo el mundo sabe que no son peces, sino crustáceos) que los franceses llaman écrevisses. No se ve ninguno en las orillas de ningún arroyo ni río, ni aun en su vecindad, sino solo en medio de campos alejados y donde el agua no llega mas que en las inundaciones.

Estos animales hacen en la tierra un agujero redondo y perpendicular, siempre en arcilla y nunca en un terreno arenoso; lo ensanchan mucho en su interior, para estar con comodidad y para que contenga una cantidad suficiente de agua pluvial, por que ellos no conocen ni buscan otra, y en cada agujero no habita más que un macho y una hembra. Salen por las noches, y a veces son presa de diferentes cuadrúpedos, tales como el micuré (2) (Los micuré del señor Azara son los cuadrúpedos designados por los naturalistas de Europa con los nombres de Didelfos y de zarigüellas –C.A.W.-) el pope (3) (Variedad o especie vecina del jaguarete, cuadrúpedo del género Felix. El señor Azara me ha dicho que no considera a este cuadrúpedo como el mismo que el jaguar de Buffon, o Felix onça de Linneo, que así lo llama en la traducción francesa de su obra sobre los cuadrúpedos. Me ha mostrado en las galerías del Museo de Historia Natural de París un animal rotulado- pantera de África núm. 249- que considera como un jaguarete muy joven y aun no adulto, y por consecuencia, originario de América. C.A.W.-), y sobre todo el aguará- guazú (4) (Este es el cuguar de Buffon. –C.A.W.-), que es una zorra de la talla del perro más grande, pero que no puede digerir la carne. Yo he comido estos cangrejos, y les he encontrado el mismo color, el mismo tamaño y el mismo gusto que a los de Europa (5) (Es más que probable, según las costumbres particulares de estos cangrejos, que el un examen atento hiciera descubrir diferencias con los de Europa y que formen una especie distinta. C. A. W.- Son, en efecto, varios los géneros y especies de los cangrejos de tierra americanos, como el Cardisama Guhanumi Latr. De las Antillas, el Gacarcinus ruricola L., etc., etc. –F. B.-), y creo que soy el único que los ha comido, porque nadie en el país les hace caso. Es peligroso galopar en las llanuras donde hay cangrejos (se llaman estos sitios cangrejales), porque los pies de los caballos se hunden a más de doce pulgadas en sus agujeros, los cual los hace caerse. Estos cangrejales están a veces separados unos de otros por varias leguas, y como no se puede concebir que estos animales hayan pasado de un paraje a otro, se debe más bien presumir que los que habitan en cada llanura diferente han tenido igualmente un origen distinto, aunque se parecen por sus colores, su tamaño y su manera de vivir. Con mayor razón debe creerse que estos cangrejos no descienden de los de Europa.

En el Paraguay no se conoce mas que la pesca con caña y no son los españoles los que se dedican a ella, sino solo los indios salvajes llamados Payaguás. Otras naciones indias hacen lo mismo, y pescan también con flechas. Es verdad que los españoles de estas regiones no gustan mucho del pescado, y hay algunos que tienen tal aversión por este alimento, que todo el dinero del mundo no les haría comerlo. En Buenos Aires, cuando se quiere pescar, entran en el río dos hombres a caballo hasta que los caballos están a nado; entonces arrojan la red. Pero los catalanes empiezan a enseñarlos a pescar en barco. En general, el pescado se abundante, pero de mediana calidad, y no se encuentran ni ostras ni conchas, que se hallan en tan gran cantidad en Chile. En Santa Fe algunas personas ponen a secar el pescado para venderlo en Buenos Aires como bacalao, pero las corbinas que se ponen a secar por el lado de Maldonado son bastante mejores (1) (De un intento hecho para establecer una pesquería de bacalao en la costa de Patagonia dimos cuenta a la Asociación para el Progreso de las Ciencias, Congreso de Valladolid. Tomo de Ciencias Naturales. –F. B.-).

Yo no tengo la instrucción necesaria para estar en estado de describir todos los peces de estos ríos y todas las masas de agua que se encuentran en el país, y me limitaré a nombrar aquellos de que me acuerde. Hay manguruyús de más de cien libras, surubys de treinta, pacus (1) (Es el nombre que se da en Brasil al esparo salino, Perca salina y Perca unimaculata de Bloch. –C. A. W.-) de veinte, doradas igualmente de veinte libras, pero bien diferentes de las que se encuentran en el mar y más hermosas; rayas muy grandes, que pican cuando se las pisa y que causa una fuerte inflamación y violentos dolores; patys, bogas (2) (Spara boga de Lacépède; Silurus lagre L.; édit. de Gmlin. –C. A. W.-) alosas y palometas, que tienen los dientes tan cortantes que arrancan en un instante el pedazo donde muerden: así es que hay que estar con precaución para bañarse. Si se está tranquilo, la palometa muerde cruelmente; esta desgracia ha ocurrido a muchas personas, y entre ellas a un fraile, que perdió las marcas distintivas de su sexo. Hay también cazones o armados, lenguados, lagres (3) (Pimelode lagre de Lacépède; Silurus lagre L.; édit. de Gmlin. –C. A. W.-), tarariras, pexes-reyes, peces mayores que en ninguna otra parte; pirapitás, viejas, dentales, mojarritas, anguilas, tortugas diferentes de las del mar (4) (Sabido es que las tortugas son Quelonios. – F. B.-), y muchos otros peces.

En cuanto a las tortugas, no debo omitir que cogí dos un día pescando en el río de Santa María, hacia los 30º 15´ de latitud. Como hacía grandes esfuerzos para esconder la cabeza en el caparazón y esto me dificultaba para quitarles el anzuelo de la garganta, se la corté enteramente, y aun una parte del cuello, y sin embargo observé, con admiración, que se escaparon y se lanzaron al río, sin reaparecer en la superficie, con tanta velocidad, regularidad y destreza como si no hubieran perdido su cabeza. Este hecho podrá dar materia a las reflexiones de los sabios y algunos querrán acaso explicarlo por el galvanismo; pero es necesario observar que el proceder de estas tortugas no se reducía a mover los músculos de las patas, como hacen las ranas y otros animales sometidos a experiencias, sino que obraban con método y hasta con razonamiento, porque observé igualmente que se volvieron para dirigirse del lado del agua, como si, aunque privadas de la cabeza, hubieran conservado la facultad de razonar.

Se habla mucho en el Paraguay de un pez llamado Yaguarón, y sin embargo no existe. Se supone que excava con increíble ligereza huecos en las orillas de los ríos para hacerlas desmoronarse y caer. Hay también en todos los ríos y en todos los riachuelos nutrias, quiyas y capibaras, animales que he descrito en mi Historia Natural de los cuadrúpedos de estas regiones, y se encuentran también, muy avanzadas hacia el interior, algunas focas o lobos marinos.

Parece inútil observar que los grandes peces no se encuentran en los parajes poco profundos y que tampoco los hay en todas partes. Por ejemplo, las viejas, las tarariras y otras especies no existen, que yo sepa, en ninguno de los grandes ríos; y como se los encuentra en todos los lagos y en todos los ríos medianos y pequeños, es de creer que hayan sido creados separadamente en cada paraje.

Muchas personas dignas de fe y que con frecuencia han pescado por encima o por debajo de las cataratas de los ríos me aseguran igualmente que no se encuentra en la parte superior ninguna de las especies que existen en la inferior, lo que podría inclinar a concluir que estos peces son de una creación diferente y que la antigüedad de estas cataratas remonta a la creación del mundo o a la de los peces, porque en el caso contrario estos animales habrían remontado o descendido las cataratas de los ríos. Ninguno de estos peces se encuentra en el mar; por consecuencia, han sido creados en los ríos mismos. Si se encuentran estas mismas especies de peces en ríos no tienen ninguna comunicación con los que he descrito, tales como el de las Amazonas, se concluirá que su origen es diferente. Tal es el caso del yacaré o cocodrilo, que describiré en el capítulo VIII, porque parece que se encuentra en diferentes parajes de América. Otro tanto digo de la anguila, que se encuentra en casi todos los lagos aunque no tengan ninguna comunicación entre sí y estén alejados muchas leguas. Parece que este pez es el producto de una generación espontánea, pues que se encuentra en estanques hechos por la mano del hombre y hasta en los pozos de las casas, y jamás se le hallan huevos ni hijos en el vientre. (1) (Este es un error muy antiguo, que las observaciones modernas han hecho desaparecer. La angula procede de un verdadero huevo, como todos los peces. El huevo se rompe generalmente en el vientre de la madre, como el de las rayas, los escualos, muchos blénidos y muchos silúridos. Parece que, contra lo ordinario de los animales de esta clase, hay entre las anguilas y todos los peces de mismo género verdadera cópula. –C. A. W.- )



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Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de abril de 2026 última revisión

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