Zoología. Peces. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 5. Página 156. en Aragón.
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Zoología. Peces. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 5. Página 156.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



el de querer reconocer la esciena en su corvina joven.

Con un poco de atención se percibe fácilmente que la obra de Willughby sirvió de base á la de Artedi, y

Sor consiguiente á la parte de los peces en el sistema e Linneo. Artedi, participando de la vacilación de Willughby en la distinción del esciena y del corvina, reunió en una misma especie los artículos que correspondían á los dos peces. Linneo dio á esta especie compleja el nombre de Scicena umbra , que no hubiera debido pertenecer sino á la esciena propiamente tal ímaigre) pero los caracteres que le asignó, tales como las eletas negras, etc., eran los del corvina y en su virtud esciena (maigre) quedó como borrada de los catálogos de los naturalistas.

Aunque Dubaftiel reprodujo una nueva descripción y un diseño exacto , ni Gmelin ni Bloch lijaron en él ia atención , y por mas que este último naya anunciado que existe una umbra diferente de la corvina, y que Arteii y Linneo confundieron estos dos peces, como no dio lisura alguna de su umbra, sin volver siquiera á hablar de ella ni aun en su Sistema , dicha especie quedó totalmente olvidada.

Lo mas particular es que desapareció también de la memoria de los gastrónomos. Muy conocida en París en el siglo xvi bajo el nombre de maigre , que recuerdan todos los autores de aquel tiempo , no se le conoce hoy día en aquella capital bajo ninguno, encontrándose á duras penas uno ó dos iadivíduos al año en las tiendas de comestibles. Y por otra parte son tan poco buscadas que en Dieppe se han vendido algunas de las mas grandes por diez y doce francos. Sin embargo , Cuvier asegura por experiencia que su carne , aunque un poco seca, es muy buena para comer, de cualquier manera que se la condimente.

Como regularmente se vende la sciena en pedazos, y la cabeza es la parte mas estimada, los pescadores de Roma , acostumbraban antiguamente ofrecerla, asi como la del esturión , á los tres magistrados nombrados Conservadores de la ciudad, como una especie de tributo; de manera que no se podia comer mas que en la casa de aquellos ó gracias á su amabilidad. Pablo Joye reliere á propósito de esto una anécdota que trasladamos aquí sin escrúpulo, porque prueba hasta qué punto era estimado la esciena en su tiempo.

Un famoso parásito , llamado Tamicio colocaba todos los dias á su criado en acecho en la plaza para informarse de las casas donde se comian los mejores platos. Habiendo sabido que habia llegado una esciena mayor que las de costumbre , se apresuró á hacer una visita á los conservadores , con la esperanza de que le convidarían y tendría su parte de la cabeza. Pero aun no habia subido las gradas del Capitolio, cuando vio pasar aquella cabeza, que los conservadores enviaban, coronada de flores, al cardenal Riario, ue entonces gozaba de gran crédito como sobrino e Sixto IV. Alegróse mucho de que aquel magnífico plato fuese destinado á un prelado á quien conocía, y á quien con toda confianza podía pedir de comer y se apresuró á seguir á los criados de los conservadores. Pero por desgracia de Tamicio , Riario tuvo otra idea. Justo es, dijo, que un tan gran pescado, vaya al mas grande de los cardenales , y después de este maldiciente juego de palabras , envió la esciena á uuo de sus colegas, el cardenal Federico de Saint Severin, ue las memorias de la época dicen era de una talla esmesurada. Nueva carrera para Tamicio, y nuevo accidente. Saint Severin, que debía una cantidad muy crecida al rico banquero Agustín Chígi, se alegró mucho encontrar una ocasión de obsequiarle, y le envió la cabeza en una bandeja de oro. Esta vez era necesario ir al otro lado del Tiber, donde Chígi hacia construir el hermoso palacio de la Farnesina, que las obras maestras de Rafael y del Sodoma han hecho tan célebre. Pero Chigi tampoco le guardó, y reno-

vándo las flores que el sol habia ajado ó vuelto mustias , la envió á su querida , cortesana muy en boga entonces, y que habitaba cerca del puente Sixtíno. Allí fue donde el pobre Tamicio , anciano grueso y obeso , después de haber corrido toda la ciudad con un calor ardiente pudo saciarse con el objeto de tan violenta codicia.

Convendremos , pues, en que un pescado que los mas grandes señores de Roma miraban como un magnllico presente, y que hacia á un viejo gastrónomo desafiar al sol de medio dia de Italia, tenía bien merecido un lugar en los libros de los ictiólogos.

Rondelet copia también esta historia, pero mal aplicada á la umlirma que no es bastante grande ni bastante preciosa para dar ocasión á ella.

Duhamel da cuenta de un hecho que tal vez explique el olvido en que la esciena ha cabio en París. Segun él, estos peces habían abandonado muchos años antes de la impresión de su obra, las costas del Aunys para ir á poblar las de la Vizcaya , alejadas uo centenar de leguas. ¿No habrían emigrado antes de la Mancha álas costas del Aunys?

Los pescadores de Díeppe conocen ahora este pescado con el nombre de aigle, que le dieron en 1803, época en que pescaron nueve ó diez, nombre que conservarán mientras viva la tradición; pero si pasan muchos años sin pescarle, no tendrá nada de particular que en seguida le nombren de otra manera. Esto es lo que da tanta incertidumbre á las nomenclaturas vulgares, y lo que arroja tanta confusión en la historia de las especies que no están fijadas por buenas láminas y por descripciones detalladas.

Uno de estos águilas (aigles) ó scíenas (mígres) fue llevada á Rúan , de donde los señores Noel de la Mo-niniére y Mesaize enviaron al conde de Lacépéde una concisa noticia acompañada de un dibujo hecho de memoria, en gran parte, según uno de ellos confesó después á Cuvier. Lacépéde para no dejar perder aquellas noticias, y emplearlas al menos como punto de partida para nuevas investigaciones, las tomó para base del artículo que díó en su suplemento, donde presentó esta especie bajo el nombre de queilodiptero-agicila.

En Genova dan hoy el nombre de fégaro á nuestra esciena nombre que no hasido mencionado hasta el presente mas que por Belon , pero mal aplicado por él á una especie barbada, como la umbrina, dado caso que no sea una simple variedad suya. Mr. Viviani, sabio profesor de historia natural en aquella ciudad aseguró el mismo hecho á Cuvier, quien quedó completamente convencido luego que recibió de su hijo político Duvaucel una cabeza de fégaro, perfectamente idéntica á la de nuestro esciena.

En Niza llaman á este pez figous. Risso le describe y representa en su primera edición, bajo el nombre de persegue vanloo, pero sin notar su identidad con los que habían sido descritos por sus predecesores, y dando á la primera dorsal una figura poco exacta. Desde entonces Risso estando en París, reconoció su perseque txzníoo en dos escienas que el difunto Dela-lande, uno de los preparadores del Museo, acababa de traer de Tolón, asi es que ya la llama üoiena aquila en su segunda edición.

Se reconoce en los colores brillantes que le atribuye la exactitud ae la observación di Belon sobre el esplendor que las escamas de la esciena tienen en el Mediterráneo.

Por personas dignas de crédito sabemos que la esciena es llamada aún en Roma umbr¡na, como en el siglo xvi, pero estamos seguros de que comparte este nombre con el corvina, pues Cuvier compró allí uno bajo este nombre ; aunque en tiempo de Salvíen se le llamase coruo de fortiera. Regularmente esta trasposición de nombre existiría ya en tiempo de Willughoy



 

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