Zoología. Peces. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 5. Página 153. en Aragón.
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Zoología. Peces. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 5. Página 153.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



ICTIOLOGÍA O TRATADO DE LOS PECES

cuando Rondelet hubiese citado también el pasaje de Hicesia en donde se dice que el romis pertenece al mismo género que el agro, el antias, el acarnano, el orfo, el sinodonto y el sinagris, no por eso hubiera establecido mejor su proposición, pues la mayor parte de estos peces no están aun bien determinados, y por otra parte, ¿cómo hubiera podido nunca decir que un pececillo tan miserable como el esparo cromis era con el jifias, que es una especie tan inmensa, la mejor de todas? La simple asimilación hubiera sido ya ridicula.

El nombre chromis se halla también entre los latinos. Ovidio habla del romis, pero solo para decir que es inmundo, calificacion que de seguro conviene muy poco á la esciena. Pero lo que podria hacernos creer que no se referia á la misma especie que Aristóteles, es que Plinio, después de haber traducido en un punto el pasaje de aquel célebre naturalista sobre el oido del romis dice en otro que es uno de los peces de que no habló mas que Ovidio. El chromis de este poeta debia pues ser diferente del de Aristóteles. Tampoco debemos dejarnos sorprender ó alucinar por la facultad que Plinio atribuye al chromis de fabricar su nido, creyendo que asi lo dice Ovidio, pero basta leer los versos de este último para convencerse de que no se le ocurrió tal idea : Atque inmunda chromis; mérito vilissioia salpa: Atque avium dulces nidos imitata sub ondis.

(Hal. v. 123.)

El verso segundo no habla del romis ni del salpa sino de una tercera especie, puestos antiguos supusieron efectivamente esta propiedad al phyeis, y si Ovidio no le mencionó fue sin duda por la imposibilidad de dar cabida á su nombre en el verso. A su tiempo veremos que es un gobio.

Belon quiso ver también uno de nuestros peces en el ylaucus de los griegos. Describe con este nombre la corvina y representa la umbrina, pero tal vez hubiera obtenido mejores resultados si se hubiese fijado en la esciena. El ylaucus de Aristóteles es pez de alta mar, desaparece en el estio, y permanece oculto durante unos sesenta dias: es bueno lo mismo cuando está grueso que cuando flaco; tiene un escaso número de apéndices lilorico, caracteres todos que lo propio se pueden aplicar á nuestras escienas que á otras muchas especies muy diferentes. Pero Ateneo es mas concluyente; pues acumuló acerca del ylaucus una multitud de pasajes en la mayor parte de los cuales domina la idea de que la cabeza de dicho pez se servia á parte y era muy estimada. Arquestrato pregunta quién sera capaz de comprar la cabeza del ylaucus. Se ve en una pieza de Eubulo que se presenta una cabeza de glaucus, la cual juntamente con un lobo llenaba por completo un plato. Anaxanirides alaba también las cabezas de esos peces por ser un grande y exquisito bocado. Anfis habla de las partes de la cabeza carnosa del glaucus; sírvese separada en Antifano. Todas estas citas y alegaciones inducen á suponer que el glaucus ó el glauciscus era algún pez de gran tamaño como la esciena, cuya cabeza es hoy buscada con igual aprecio. A todo esto podemos añadir que según Xenócrates, el glaucus se asemejaba en un todo al labrax, lo cual conviene todavía á la esciena, y en otro lugar es igualmente alabada la cabeza del glauciscus.

Los demás pasajes recogidos por Ateneo, en los que se tratara de encontrar algunos rasgos de las costumbres ó de la conformacion de la especie son aun menos significativos que las pocas palabras que hemos tomado de Aristóteles: según Epictarmo, es gorda; atraviesa las algas tranquilas según Numenio; las mejores son las de los fondos cenagosos de mar, según el parecer de Arquestrato; y en fin, según Nausicrates, su vista anuncia lo que debe suceder. Nada de todo esto puede dar una solución que satisfaga á un crítico un poco severo.

Numenio en Ateneo habla del romis y del glaucus en la misma línea, lo cual demuestra necesariamente que los miraba como distintos.

Sin embargo, cuando Rondelet busca el glaucus en el Scomber amia, y Gronovio en el Gadus carbonarius, se conoce bien que pisan en falso. ¿Ojulén querría servir la cabeza de un scomber amia separada y quién se atrevería á ensalzar la de un Gadus carbonarias como un buen bocado?

En cuanto al Sparus chromis (coracin de los franceses) que Rondelet y otros quieren descubrir en la corvina, falta mucho, para que las investigaciones de Cuvier hayan dado el mismo resultado. Los antiguos hablan muchas veces de un pez que llamaban «oea«i»o« y coracinus ; según unos, porque era negro como un cuervo (¡mpal); según otros, porque mueven los ojos sin cesar (axorov«oPa5 wumi). También se admitían coraciones asi blancos como negros; pues Ateneo los distingue, y dice que aquellos eran los me-j res, y sin embargo, parece que la primera razón era la mas admitida. Aristófanes, citado por Ateneo, llama al coracino, pez de aletas negras; y sin duda este último rasgo, junio con la semejanza del hombre, es lo que hizo creer á Rondelet, y á Belon que dicho pez era nuestra corvina; pero ni con mucho confirman esta conjetura los demás pasajes en que se habla de este pez, de manera que mas descaminados no han podido andar algunos mo lernos al zurcir á la historia de la corvina tedo lo que los antiguos nos han contado, falso ó verdadero, de sus diversos coradnos.

Aristóteles dijo del suyo que es un pececillo, y que crece con mas rapidez; que los años secos le son mas favorables, porque al mismo tiempo suelen ser mas calurosos; que vive en bandadas; que se oculta por el invierno, asi como el hipuro por lo que no se le pesca nunca en esta estación; que es mejor cuando está gordo; que conserva por largo tiempo la fuerza y que es uno de los últimos peces que ponen sus huevos, aun después del Mullus surmiletus, y que los deposita en los peñascos y éntrelas algas.

Ateneo compiló todos los pasajes sobre el coracino, y unos como Espeusipo, hablan de su semejanza con el melanuro; otros como Numenio de un color abigarrado, ó bien, como Epiarmo, de un color de cera. Apreciábanle poco. Anfis le hace muy inferior al glaucus en punto á su gusto, ó por mejor decir, considerándole como un pez muy malo le sirve de asunto para su proverbio. Solamente un loco comerá coracino de mar, teniendo un glauco.

En diminutivo se le ponia con los menidios, es decir con los peces pequeños. Se hacían de él salazones y escabeche ; se le pescaba en gran número, y se le empleaba, como cebo para la pesca de los aulopías ó antias.

Por lo que acabamos de decir de los coradnos de mar, podrá venirse fácilmente en conocimiento de que ninguna de dichas señales convienen á la corvina, que es bastante grande, que no vive en familia, que pesa á menudo hasta seis libras, y cuya carne no es nada despreciable.

También habia coracinus en los rios, pues Elieno, los nombra entre los peces del Danubio, y dice que se los pescaba como á los demás, haciendo agujeros en el hielo. Estrabon los coloca entre los del Nilo; pero los coractnuj de este rio diferian mucho de los del mar. Ateneo los alaba extraordinariamente por la bondad de su carne, y en otro lugar dice que entre los numerosos y buenos peces, de aquel rio eran los co-racinos los mejores, opinión que Martial confirma en los dos versos siguientes:

Princeps nialice raperis coracine macelli Pellajae prior est gloria nulla gula;.



 

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