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Zoología. Peces. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 5. Página 49.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza



son bastantes tiene su lámina interna muy arrugada, si bien tapiza, por otra parte, como de ordinario, toda la concavidad interior del ojo hasta el origen de la úvea, envolviendo asi casi todo el vitreo. En los peces que tienen un ligamento falciforme está hendida para dejarle pasar, pero le aprieta muy de cerca, y su hendedura se nota á menudo por dos líneas blanquizcas que siguen por este lado toda la concavidad del ojo. Divídese fácilmente la retina en dos láminas, de las cuales la interna es mas delgada y mas fibrosa, y la externa mas pulposa.

En vista de esta estructura general del ojo de los peces, de la esfericidad casi completa de su cristalino, de la inmovilidad de su pupila, y de lo difícil que es modificar la longitud de su eje, se hace indudable que su vision debe ser muy imperfecta. Las imágenes solo pueden pintarse confusamente en su retina; y por lo tanto es poco probable qup sean susceptibles de tener percepciones bien distintas de las formas de los objetos. Verdad es, sin embargo, que reconocen de lejos una presa, y eso con la vista, porque se les engaña con moscas artificiales haciéndoles morder el anzuelo cual si fueran verdaderos cebos.

esta eminencia. Algunos la han supuesto muscular, pero las estrias rojas que en ella se ven, son vasculares y no fibrosas; otros han dicho que era vasculosa, pero al parecer no da salida mas que á vasos sanguíneos. Tal vez sea un tejido eréctil, análogo al del cuerpo cavernoso y que ejerce alguna influencia para acomodar la forma del ojo á las distancias y á la densidad de los medios.

El nervio óptico (i, i) se compone en muchos peces (por lo menos entre los acantopterigios) de una membrana rugosa, envuelta en una túnica mas ó menos fuerte que termina en la esclerótica. Dirígese á un punto del ojo bastante apartado del centro, penetrando en él las mas de las veces oblicuamente. Después de haber atravesado la esclerótica, tiene que recorrer con frecuencia un trayecto bastante largo al través del tejido adiposo, y entre las ramas de la eminencia vascular, antes de abrirse paso por la coroides y la ruisquina. Su diámetro se angosta mucho en el momento en que se encuentra en el interior de esta última: ora aparece en el interior del ojo como un punto ó una mancha blanca y redonda ó irregular, ora como una linea. Cuando el nervio es rugoso, la misma retina

CAPITULO SEGUNDO,
de las funciones de nutrición.

Esas funciones vegetativas de los peces siguen el mismo orden qup en los demás vertebrados; igual orden , pues, seguiremos nosotros en su descripción.

ARTICULO PRIMERO.
De la digestión.

En general suelen ser voraces los peces: véseles sin cesar que se persiguen y se devoran entre sí ó que tragan todos los animalejos que se ponen á su alcance. Pero naturalmente se entiende que el grado de su poder bajo este concepto depende de la abertura de su boca y de la fuerza de sus dientes: si estos son agudos y ganchosos, retienen á los animales mas ágiles; si son anchos y robustos, muelen las presas mas duras; si son débiles, ó es desdentado el pez, en tal caso su comida se reduce á alimentos sin resistencia.

Los peces ponen poco cuidado en la elección de sus alimentos, pues sus fuerzas digestivas bastan para disolver todo cuanto ha gozado de vida. Tragan á otros peces á pesar de sus espinas y de sus aristas; no les asustan los cangrejos (Cáncer) y las conchas cuyos restos se encuentran á menudo en sus intestinos. Expelen esas materias indigestas del mismo modo que las aves de rapiña expulsan las plumas y los huesos de las avecillas que devoraron.

Las especies que viven principalmente de materias vegetales son muy reducidas, y pertenecen sobre todo al género de los esmaris y á algunas otras desmembraciones del de los esparos.

La digestión se efectúa con bastante velocidad en los peces, y su crecimiento depende mucho de la abundancia de la alimentación. Tardan mas en adquirir gran tamaño en pequeños viveros donde son muy numerosos, que en los vastos estanques que les ceden los alimentos necesarios. Este crecimiento en los peces que viven largo tiempo puede exceder en mucho de los límites ordinarios; pero si exceptuamos algunas especies criadas por el hombre, se sabe muy poco acerca de la duración natural de su vida, pues solo varias conjeturas en verdad harto poco fundadas, han hecho suponer que debia prolongarse casi sin límites. La razón en que se ha apoyado tal opinión es que los tobo y huesos no se endurecen tanto como en los animales de sangre caliente, pero á lo menos ese carácter no es aplicable á la mayor parte de ellos.

Hemos dado ya á conocer (página 27) la composición de las mandíbulas y el modo cómo ejecutan, en combinación con el aparato hioidico y branquial, los movimientos necesarios para coger los alimentos y deglutirlos. Réstanos ahora hablar de los dientes que han de retenerlos y encaminarlos á la faringe, y mas raramente desmenuzarlos ó triturarlos de diversos modos.

Los peces pueden tener dientes adherentes á todos los huesos que envuelven la cavidad de la boca y la de la faringe: en los intermaxilares, maxilares, palatinos, vómer, lengua, arcos branquiales y huesos faríngicos. Y efectivamente hay géneros que ofrecen dientes en todos estos huesos, ya de formas semejantes para todos, ya de diversas figuras; pero en compensación algunos ó muchos de estos huesos pueden carecer también de dientes, y hasta se conocen peces desprovistos absolutamente de estos órganos. La perca, por ejemplo, tiene dientes aterciopelados y apretados en sus intermaxilares (núm. 17), en sus dentarios (núm. 34), en una faja trasversa en forma de media luna debajo de la extremidad anterior de su vómer (núm. 16), en una faja longitudinal de cada

\ palatino (núm. 22) que se continúa también un poco a lo largo del borde del epterigoideo externo (número 24), en sus faríngicos superiores (números 61 y 62)

é inferiores (núm. 56), y en todas las tuberosidades de sus arcos branquiales, pero le faltan en la lengua. La posición de los huesos se designa con los nombres de los huesos que los llevan. De ahí el que haya dientes intermaxilares, maxilares, mandibulares, vómicos, palatinos, epterigoideos, linguales, branquiales y faríngicos superiores é inferiores. —No menos variadas que sus posiciones son sus formas, dando lugar á mucho mayor número de epítetos. Las mas de las veces representan conos ó ganchos mas ó menos agudos: cuando son estos numerosos y se hallan dispuestos en muchas filas ó en quincuncio, se les ha comparado á las puntas de las cardas de cardar la lana ó el algodón; á menudo también



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Los Tres Reinos de la Naturaleza.
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