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Zoología. Peces. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 5. Página 44.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de agosto de 2021 última revisión



superiores á las mismas modificaciones de las conchas, á las cuales no por eso se niega que creicau por capas.

Las hay muy gruesas, enteramente pétreas, que se recubren poco, pero que están muy apretadas y forman al pez una verdadera coraza. Tales son las del lepisosteo, del bichir, etc.—En ciertos peces, como la anguila, no están recargadas las escamas, sino incrustadas por igual debajo de un epidermis grueso, sin embargo de que se hallan muy inmediatas las unas á las otras. —En otros (rodaballo y cíclóptero) se ven escamas semejantes á conos ó á tubérculos mas ó menos erizados, que se adhieren á la piel por su ancha base, y entre los cuales se encuentran intervalos huecos. —Escamas análogas, pero reducidas á puntitas, erizan el cuerpo de la mayor parte de los tetrodon. En los diodon estas puntas se convierten en largas espinas cuya base se ensancha para llevarlas como trípodes.— Los granos agudos, que vuelven ásperas las pieles de las lizas y de la mayor parte de los eondropterigios, son también especies de escamas, y cuando toman la forman de tubérculos romos, que se tocan y que se pueden pulimentar, dan el galuckat ó lija del comerció, que es el dérmato-esqueleto de la Raia pastinaca. Vense algunas cuya forma y grosor hace que parezcan verdaderos escudos. Tales son los del sollo. —Las escamas mas desarrolladas y que mejor manifiestan su naturaleza análoga á la de los dientes, son los llamados bucles de la raya. La base, oval é hinchada, está hueca interiormente penetrando en ella vasos que vinculan un núcleo pulposo, muy semejante al de un diente. —La coraza de los cofres ú ostracion está formada por un conjunto de escamas anchas y planas, que se tocan por sus bordes, volviéndose asi necesariamente angulosas.

El dermis segrega debajo de las escamas esa materia de brillo metálico argentino que tanta brillantez comunica á los peces. Se compone de laminitas pulimentadas como plata bruñida, que se separan por el lavado, ya de la piel, ya de la escama cuya cara inferior barnizan. Todos sabemos que esta es la materia que colora las falsas perlas. Segregase también en muchos peces, en el espesor del peritoneo y de las cubiertas que este da á ciertas visceras, particularmente á la vejiga natatoria. Réaumur trató este asunto en 1816 en una excelente Memoria inserta entre las de la Academia de Ciencias de París.

Las escamas no se hallan distribuidas con igualdad, ni su forma y su consistencia son las mismas en todos los puntos del cuerpo. A menudo faltan en la cabeza, que queda defendida no mas que por las arrugas y las asperezas de sus huesos, inmediatamente cubiertos por una piel muy delgada y muy adherente; pero sucede también que según los géneros, pueden verse escamas en los carrillos, en las piezas operculares, en el cráneo, en el hocico y en las mandíbulas, y hasta en la membrana branquióstega. Las escamas se extienden mas ó menos por las aletas y en los escami-pennes la dorsal y la anal las ofrecen casi como el resto del cuerpo.—Las escamas de la línea lateral se distinguen de las demás por llevar uno ó muchos tubitos y á menudo también por otras particularidades. En los caranx, por ejemplo, constituyen aristas en ambos lados de la cola.—Sucede también que las escamas del borde inferior del vientre son comprimidas, cortantes, y uniéndose entre sí, presentan una especie de esternón exterior, cuya forma se semeja á la de una sierra. Tal es lo que se ve en los arenques y en los serrasalmos.

El género de tegumentos que determinan las escamas es muy propio para facilitar le natación por las superficies lisas y poco resistentes que presenta al líquido, y para proteger á los peces de los choques y de los roces á que se hallan expuestos entre las rocas que erizan las profundidades del mar, pero en cambio lo es muy poco á propósito para preservarles de la impresión de los cambios de temperatura. El calor de los peces no excede del del medio que les rodea, por cuya razón temen el frió menos que las aves y los cuadrúpedos. Por igual razón no se hallan protegidos los reptiles mas que por escamas ó por una piel desnuda.

§ ii.—Del gusto.

Los peces, salvo cortas excepciones, desgluten rápidamente su alimento y sin mascarle; pues aun los que tienen armadas las mandíbulas de modo para moler y cortar las sustancias, no pueden conservarlas por mucho tiempo en la boca, á causa de la posición y del juego de sus órganos respiratorios. No se ven glándulas salivales que den líquidos propios para humedecerlas, de suerte que los saborearían muy débilmente aun cuando hubiesen recibido órganos propios para discernir bien los sabores. Los mismos órganos del gusto son muy débiles. En varios no se ve en el fondo de la boca prolongación alguna que pueda llamarse lengua; y en la mayor parte es esta corta y se hall: poco desprendida. Jamás tiene músculos propíos que le comuniquen un movimiento de protractilidad, retractilidad ó de flexión, como en los cuadrúpedos ; en términos de que en los casos en que mas distinta y mas carnosa es al parecer, no consiste mas que en una sustancia celulosa ó ligamentosa aplicada en la parte anterior de los huesos linguales. Por último, muy a menudo lleva su superficie un enladrillado de dientes apretados entre sí, y que naturalmente han de quitarle la poca sensibilidad que sin ellos tendría. Este órgano recibe muy pocos nervios, procedentes todos del glosofaríngico después que este ha dado casi toda su sustancia á la primera branquia.

Podríase suponer que algunas porciones del paladar ó de la faringe suplen á la lengua para este género de sensación. Particularmente en los ciprinos se ve, en la entrada de la garganta, guarnecida la bóveda del paladar por una sustancia carnosa, blanda, gruesa, que recibe muchos nervios del octavo par, y que, correspondiendo casi á los dientes faríugícos, tan robustos en los animales, ofrece al parecer todas las disposiciones convenientes para saborear los alimentos, pero es difícil comprobar hasta qué punto es exacta tal conjetura. Este órgano es muy singular por su especial irritabilidad, pues por poco que se le toque ó que se le pinche, se levanta el punto herido y toma durante algunos momentos la forma de un botón cónico. Podemos repetir esta irritación en todos los puntos del órgano y siempre con iguales efectos, mientras subsista en él la vida, y sabido es que dura largo tiempo en las carpas, aun después de haberles cortado la cabeza. Hé aquí un fenómeno que podria ser objeto de interesantes experimentos fisiológicos.

§ m.—Del olfato.

Las fosas nasales de los peces no se hallan dispuestas para que les atraviese el aire ó el agua en el acto de la respiración. No consisten mas que en dos fosas abiertas delante del hocico y tapizadas por una membrana pituitaria que ofrece pliegues muy regulares. En los peces ordinarios les sirve de bóveda el hueso nasal , contribuyendo á sostener sus paredes el vómer, el maxilar y el intermaxilar, y constituyendo su borde inferior el primer suborbitario. Su forma es, úoblonga, ú oval, ó redonda. Se hallan situadas ora en la punta del hocico, ora en sus lados, á veces en su cara superior, y hasta (en las rayas y los escualos) en su cara inferior cerca de los ángulos de la boca. La lamprea las tiene aproximadas en el vértice de la cabeza y abiertas por una pequeña comunicación común. En la gran mayoría de los peces, y tal vez en todos los óseos, se a'bre cada una por dos agujeros, uno de-



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