Zoología. Peces. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 5. Página 29. en Aragón.
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Zoología. Peces. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 5. Página 29.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de junio de 2021 última revisión



del aparato branquial, se observan los huesos faríngeos, que tienen por objeto efectuar una segunda masticación, mucho mas poderosa á menudo que la primera. Por eso llevan dientes muy variables por su número y por su forma, según las especies.

De ordinario suele haber dos inferiores y seis superiores. Los inferiores (núm. 56), que Geoffroy llama crkeales, por considerarlos análogos del cartílago cricoides, se hallan insertos detrás de las branquias en el ángulo que forman entre sí los dos últimos arcos. Las mas de las veces consisten en dos placas triangulares que sirven de pico á la faringe; y en ciertos casos, como en los ciprinos, se encorvan para rodear parte del esófago. En otros casos, como en los laros y los escaros, se sueldan en una sola pieza, ó se unen por lo menos entre si mediante una sutura inmóvil.

Los superiores (núm. 62) ó sean los faringeales de Geoffroy, consisten en tres piezas á cada lado que se atan debajo de la extremidad interna de las ramas superiores de los tres últimos arcos. Los tres del mismo lado se unen generalmente en una placa que forma con su correspondiente el techo de la faringe.

Los huesos faríngicos superiores permanecen adheridos debajo de la base del cráneo y con poco movimiento; pero los inferiores suben ó bajan al mismo tiempo que las ramas inferiores de los arcos, y se dilatan ó angostan de esta suerte en la entrada del esófago, á la par que comprimen los alimentos que entran en él.

En los ciprinos, los faringicos superiores son pequeños y carecen de dientes; una eminencia ancha y cóncava del basilar, guarnecida con una placa de sustancia pétrea, llena parte del espacio que de ordínario ocupan. A veces, como en los escaros, no se ve mas que un solo par, pero en general el aparato branquial y faríngico contiene treinta y seis piezas óseas principales; y si se contasen todas las piezas que arman interiormente los arcos, su número pasaría de ciento.

Las vértebras de los peces llaman la atención por la fosa cónica que se nota en cada cara de su cuerpo. Los dobles conos huecos que ocupan casi siempre el intervalo entre dos vértices, están llenos de una sustancia membranosa y gelatinosa blanda, que pasa de uno de dichos huesos al otro por medio de un agujero que casi siempre atraviesa el centro de cada vértebra de suerte que estas porciones blandas forman un cordon ó rosario gelatinoso que enfila todas las vértebras y es alternativamente delgado y grueso. Obsérvese que en algunas especies de condropterigios, como la lamprea, y en parte en el esox, la quimera y el poliodon, el agujero de comunicación es tan ancho, que podemos considerar el cuerpo de las vértebras como anillos, y el cordón que los traspasa sin desigualdades en su diámetro, pareciéndose á una verdadera cuerda, que es el nombre que hace tiempo lleva ya en la lamprea. Por eso se ha dicho que la lamprea no tenia vértebras, pero fácil es ver sus partes anulares, y hasta sus mismos cuerpos se hacen sensibles, por poco que se fije la atención.

Las vértebras tienen en los peces, asi como en los demás vertebrados, en su parte superior, para el paso de la médula espinal, una porción anular de cuyo vértice sale á menudo una apólisis espinosa, viéndose delante y detrás de su base varias pequeñas apólisis que corresponden á las apófisis articulares de los demás vertebrados, pero que las mas de las veces, se limitan á recubrirse ligeramente, sin unirse por medio de articulaciones de facetas lisas y prestándose al movimiento. En ciertos casos se ven algunas de estas apófisis, articulares en un lado dé la vertebra, pero no en el otro, de suerte que no tienen con quien articularse. La parte anular de la primera vértebra se halla muy á menudo separada de su cuerpo durante toda la vida del pez. Las demás ó no se separan nunca, ó se sueldan muy pronto con él.

En algunos peces, tomo las morenas, parte dé las vértebras anteriores tienen debajo del cuerpo una crestita ó apófisis vertical. Muchos ofrecen también los cuerpos de parte de sus vértebras soldados entre si: tal es lo que puede observarse en los ciprinos, siluros y fistularios, y de un modo mas marcado aun en muchísimos condropterigios.

Las vértebras situadas encima de la cavidad abdominal (núm. 67) tienen apófisis trasversas (a,á) mas ó menos marcadas, que permanecen á veces, en los ciprinos por ejemplo, mucho tiempo distintas por suturas y fáciles de separar del cuerpo del vértice. En ciertos peces, y entre otros en el merlo, estas apófisis trasversas son muy grandes, y dan inserción á la vejiga natatoria. Unas veces se suspenden las costillas de estas apófisis, y otras se insertan detrás de ellas en el cuerpo mismo de la vértebra. En cuanto á este puntóse notan muchas variedades.

En las vértebras de la parte posterior del abdomen (núm. 68), las apófisis trasversas se prolongan de ordinario y se dirigen hacia abajo. A menudo las últimas acaban por unirse entre sí por medio de un travesano formando asi un anillo. Vense varios de estos anillos inferiores á lo largo de la parte inferior de las vértebras de la cola (num. 69) donde constituyen un canal que aloja los troncos de los vasos, asi como el canal superior contiene el cordón medular, lo cual no impide que en muchos peces haya ademas otras apófisis trasversas en los lados de la cola.

Nacen de estos anillos inferiores de la cola varias apófisis espinosas (6,6), pero dirigidas hacia abajo, asi como las de la parte anular superior lo están hacia arriba, de suerte que la vértebra parece casi igual en ambas direcciones.

Los anillos inferiores tienen á menudo, lo mismo que los superiores, varias especies de apófisis articulares que hasta son a veces grandes y ramosas, formando asi, alrededor del canal vascular, una especie de red. Obsérvase sobre todo esta particularidad en ciertas especies del género de los atunes.

Las vértebras que se aproximan á la punta de la cola acortan gradualmente sus apófisis; su canal se angosta ó se obstruye; las postreras unen sus apólisis entre sí y con los últimos huesecillos interespinosos, formandode esta suerte, con la extremidad de la última de todas ellas una placa triangular y vertical (número 70), en cuyo borde posterior se articulan los radios de la aleta caudal (núm. 71). Sin embargo, los peces de cola larga y puntiaguda no siempre ofrecen esta disposición, pues no se observa especialmente en la anguila. En otros peces, tales como el esox descubre aun evidentemente su composición.

El número de las vértebras, su longitud, su anchura y su altura relativas, los surcos ó las fosetas que se ven en su cuerpo, la altura y la dirección de sus apófisis, varían al infinito, y muy a menudo desde el uno al otro extremo de la columna presentan diferencias muy notables. Nada diremos ahora de estas diferencias puramente especificas, bastando con dejar consignado que no siempre el número de las vértebras es proporcionado á la longitud del pez.

Las costillas (núm. 72) no tienen generalmente mas que una cabeza, adhieren a una sola vértebra, como en los lagartos, y carecen de la parte esternal, á no ser que quiera darse este nombre, en los peces que tienen una especie de esternón, á las piezas escamosas que le forman ó á las aristas que van á unírsele. No se eche en olvido que Autenrieth y Geoffroy creyeron encontrar las costillas esternales en los radios de la membrana branquióstega. Pero esto no pasa de ser una hipótesis muy contestable.



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