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Zoología. Peces. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 5. Página 14.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza



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i os á muchos géneros de escienos que ni siquiera ofrecen vestigios de estas mismas escamas. Transiciones no menos marcadas enlazan ciertos géneros de esparos, tales como los esmaris y los gerros, con otros géneros como los éculos, que no se pueden apartar de los zeos, los cuales conducen á la vez á la familia de los escómberes, y esta última pasa por medio de gradaciones tan poco marcadas á esos peces en forma de cintas llamados tenioideos, que es casi imposible decir donde se debe poner el limite que separe los unos de los otros.

Ya no les resta, pues á los naturalistas que deseen dar á conocer los seres según sus verdaderas relaciones, sino confesar que los peces acantopterigios, que forman los antiguos géneros de las percas, de los escienos, de los esparos, de los quetodon, de los zeos y de los escómberes hasta los cepolos y demás peces en forma de cinta inclusive, no componen, á pesar de la innumerable cantidad de sus especies, mas que una sola familia natural, en la cual se pueden si indicar varias gradaciones, percibir principios de grupos y ligeras separaciones, pero de ninguna manera trazar circunscripciones perfectamente deslindadas, y que por hilacion salgan las unas de las otras bajo ningun punto de vista.

No pasa del todo lo mismo con las balderayas, los batrachus, los gobios, los bienios y los labros; sus caracteres son bastante exactos y, aunque en parte anatómicos, es bien fácil asignarlos y comprobarlos. La pequeña abertura de los oidos del primero de estos grupos; sus aletas pectorales, cuya base se prolonga en forma de brazo; las pectorales semejantes unidas con las ventrales de tres radios del segundo; los aguilones flexibles del dorso del tercero y del cuarto; los labios carnosos del quinto; la falta total de apéndices cecales en casi todos estos géneros, les separan de los demás acantopterigios, y este último carácter hasta les acerca á los siluros y ciprinos, cuyas familias principian el orden de los raalacopterigios, si bien por su parte se parecen á los acantopterigios por la forma espinosa que adquieren algunos de sus radios.

Las familias de los malacopterigios ofrecen mas diferencias y rasgos mas fáciles de conocer; muchas de ellas son tan naturales como sujetas están á límites fijos, en términos que cada una no solo se delimita perfectamente de las otras, sino que ademas conserva en su interior una gran semejanza de detalles. Esta fijeza es tan sensible que la mayor parte de las familias naturales que establece Cuvier en esta parte de la clase, habian sido ya admitidas por Artedi y presentadas bajo la categoría de géneros. Sus siluros, sus ciprinos, sus salmones, sus iclupeos, sus esox, pueden permanecer reunidos; ni tampoco hay inconveniente alguno en distribuirlos razón habida de la presencia y de la disposición de las ventrales, porque este carácter, por ligero que sea, no varia en ninguna. Solamente he observado, dice Cuvier, que es imposible conservar la distinción de los yugulares, de los torácicos y de los abdominales en los términos que la estableció Linneo. Los autores que han reunido los lorácios y los yugulares no han hecho mas que seguir la idea emitida en el Reino animal. Poco importa, en efecto, que la ventral aparezca al exterior, un poco delante ó un poco detrás de la pectoral, ó precisamente debajo de ella; pero la circunstancia importante, y que depende de la estructura misma del pez, consiste en saber si la pelvis se halla inserta en los huesos del hombro ó simplemente se halla suspendida en los músculos del vientre. He ideado, pues, la palabra subbraquial para designar á los peces de la primera categoría, sea cual fuere por otra parte el punto en que se presenten sus ventrales, pues esto solo depende de la mayor ó menor longitud dé los huesos de la pelvis. Los ápodos son naturalmente malacopterigios sin ventrales.

Principiaremos, pues, esta historia de los peces por los acantopterigios, que en realidad no constituyen casi mas que una sola é inmensa familia. Colocaremos á continuación las diversas familias de los malacopterigios, en el orden desemejanza mayor á aquellos, mas no se crea por esto que únicamente se les parecen por una sola línea y en una sola serie.

Si bien los malacopterigios abdominales se pueden distribuir asi, principiando hasta por aquellos que tienen algunos radios espinosos, no por eso deben seguir á continuación ni los ápodos ni los subbraquiales. Los gados, por ejemplo, se parecen mas que ningún abdominal á ciertos acantopterigios, y no habría razón alguna para colocarlos después de los abdomínales, si se tratase de señalar su puesto en la naturaleza. Si los describimos después de ellos, depende de que los hechos que se exponen en un libro han de ir los unos á continuación de los otros. La misma observación debe aplicarse á los demás peces, á los de mandíbula superior fija, á los de branquias en forma de penachos, y sobre todo á la extensa é importante familia de los condropterigios, con la que terminaremos esta historia.

En estos últimos sobre todo se manifíesta claramente la vanidad de esos sistemas que tienden á colocar los seres en una sola linea. Muchos de sus géneros, las rayas y los escualos por ejemplo, se elevan á mayor altura que el común de los peces, no solo por la complicación de algunos de sus órganos de los sentidos sino también por la de los de la generación, mas desarrollados en varias de sus partes que los mismos de las aves. Otros géneros á los cuales se llega por medio de transiciones evidentes (las lampreas y los ammocetes) se simplifican al contrario de tal manera, que se han creído los naturalistas autorizados para considerarlos como un tránsito de los peces á los gusanos articulados. A decir verdad los ammocetes por lo menos carecen de esqueleto, y todo su aparato muscular no ofrece mas que apoyos tendinosos ó membranosos.

No se crea, pues, que cuando colocamos un grupo delante de otro, lo consideramos precisamente como mas perfecto, como superior á este segundo en el sistema de los seres. Tan solo podria tener semejante pretensión, quien abrigase el proyecto quimérico de distribuir los seres en una sola línea, proyecto que hace tiempo hemos abandonado. Cuanto mas hemos progresado en el estudio de la naturaleza, mas nos hemos ido convenciendo de que esta idea es una de las mas falsas que se han emitido en historia natural, tanto mas hemos reconocido que es necesario considerar cada ser, cada grupo de seres en sí mismo, y en el papel que desempeña por sus propiedades y por su organización, no hacer abstracción de ninguna de sus relaciones, de ninguno de los lazos que le mancomunan ya con los seres mas cercanos, ya con los mas remotos.

Una vez colocados bajo este punto de vista, se disipan las dificultades, y todo se combina como por sí mismo para el naturalista. Sus métodos sistemáticos solo consideran las relaciones mas inmediatas; y siempre quiere colocar un ser entre otros dos y por eso sin cesar se levantan y se oponen mil obstáculos. El verdadero método ve cada ser en medio de todos los demás; manifiesta todas las irradiaciones por medio de las cuales se encadena mas estrechamente en esa inmensa red que constituye la naturaleza organizada; y él tan solo nos da asi ideas grandes, verdaderas y dignas de esta naturaleza y de su autor; pero téngase por entendido que diez y veinte radios no bastarían á menudo para expresar esas innumerables relaciones.

Advirtamos, por lo tanto, de una vez para siempre, que en las descripciones que daremos, hay que buscar la idea que debemos formarnos de los grados de la

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