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Zoología. Peces. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 5. Página 11.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 6 de agosto de 2021 última revisión



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peces, respiran por medio de branquias; y tienen de común con ellos y con los demás vertebrados un sistema nervioso, otro circulatorio, un canal intestinal y un hígado. Como la animalidad no ha recibido mas que un limitado número de órganos, preciso se hacia que algunos de ellos por lo menos fuesen comunes á muchas clases. Pero, ¿en dónde, por lo demás, la semejanza? La armazón ósea de estos animales, su sistema entero de locomoción ¿son comparables en la mas mínima de sus partes? ¿Y de qué manera hasta los órganos que son comunes á los moluscos y á los peces, se podrán poner en juego con las relaciones y con las conexiones que tienen en estos últimos y en los demás vertebrados? Ya lo sabemos, fácil es, no atendiendo mas que á las diferencias, componer uua definición que solo abrace lo que tienen de común; pero esta definición seria siempre una pura abstracción del espíritu, una definición puramente nominal, una vana reunión de palabras, que jamás se podría representar por medio de un plan común, por desnudo de pormenores que tratáramos de concebirle.

El mismo método emplearíamos para relacionar todo lo que quisiéramos, porque al fin, por lejanos ó apartados que estén dos seres, siempre tienen entre si algún punto de contacto aunque no sea mas que por la existencia.

El corazón mismo, en los moluscos que solo tienen uno, se halla colocado en sentido contrario al de los peces; pues se adhiere en la unión de las venas branquiales y de las arterias del cuerpo; en muchos se encuentran los miembros sobre la cabeza; en otros los órganos de la generación ocupan un costado; y á menudo los de la respiración se hallan encima de los de la digestión o se pierden por toda ó parte de la superficie de la cara dorsal. En una palabra, tienen branquias lo mismo que los peces; tal es el único carácter que les enlaza. Por eso siempre que se ha tratado de salir de estas fórmulas puramente verbales y metafísicas, se ha extraviado la imaginación en las comparaciones menos admisibles.

Para el uno, las conchas de los bivalvos representan los opérculos de los peces; para el otro el escudo de la jibia es un verdadero hueso fibroso; para un tercero las grandes escamas del esturión ó sollo (Acipenser sturio) ó las espinas de los diodon vienen á ser un esqueleto exterior. Otros van á buscar sus analogías en los crustáceos: los rebordes de su tórax representan opérculos y debajo de estos rebordes hay efectivamente branquias; pero pásese un poco mas adentro, y todo queda destruido; el cordón medular se encuentra hacia el vientre, el corazón hacia el dorso, y este corazón, como el de los moluscos, recibe la sangre de las branquias pero no se la devuelve. Por eso como último recurso han querido ver otros radios ó apófisis espinosas de vértebras en los pies de los crustáceos; pero en tal caso ya no es un perfeccionamiento lo que se observa en los peces, sino una manifiesta degradación.

La afinidad de los peces con los demás vertebrados no está del todo tan mal fundada, porque ya principian á verse relaciones sensibles en el número de los sistemas orgánicos y en sus mutuas conexiones; pero aun asi estamos muy distantes, no de la identidad, sino hasta de la apariencia de una marcha progresiva.

La cabeza de los peces, y aun mejor su cráneo, se halla dividido casi en tantos huesos como el de las aves y de los saurios ó lagartos; y como hay también alguna semejanza, aunque mucho menos completa, entre estos huesos y los de los fetos de los mamíferos, á la par que la circulación en los reptiles tiene ciertos puntos de contacto con la de estos mismos fetos, sellan considerado las clases ovíparas, y sobre todo los reptiles, como mamíferos retenidos en una primera épocade su desarrollo, y avanzando la comparación hasta los peces cuya respiración y circulación, por lo que concierne á los vasos, es casi igual á la de los renacuajos de los batracios, se ha deducido que representan á estos renacuajos, que son, por consiguiente. en cierto modo, fetos en el segundo grado, ó sea fetos de fetos.

Pero aun suponiendo que estas relaciones, en el número de los huesos, fuesen tan completos (que á decir verdad lo son bastante poco), y aun dado caso que pudiéramos echar en olvido que precisamente los reptiles mas cercanos á los peces, como la rana y la salamandra, en todos sus estados, tienen muchos menos huesos en el cráneo y en la cara que los peces, y hasta que los mamíferos, no por eso sería menos vicioso semejante modo de ver, por cuanto, conforme acabamos de decir, solo considera uno ó dos puntos despreciando todos los demás ó no refiriéndolos á este sistema sino en virtud de suposiciones que repugnan al sentido íntimo. Con efecto, se admite que aparatos enteros se invierten, que huesos pertenecientes á un órgano van á intercalarse entre los de otro, que huesos situados en una clase el uno al lado del otro suben y el uno sobre el otro en la clase siguiente, que un sistema que iba siempre disminuyendo y simplificándose, como el de los huesecillos del tímpano, recobra súbitamente el número de sus piezas y adquiere un volumen enorme para ejercer una función completamente distinta cual es la de proteger las branquias. Y aun después de hechas todas estas concesiones arbitrarias, nada se ha conseguido, porque el examen nos dice que falta el debido número de piezas, que estas no ofrecen la conexión que deberían tener, y en una palabra, nada nos presenta esas pretendidas analogías á las cuales se creía haber llegado por vias tan forzadas.

Supongamos, por ejemplo, que se desprende la apófisis espinosa de una vértebra, que una de las dos mitades sube encima de la otra; concedamos también que en tales circunstancias la naturaleza modela de diverso modo estas piezas, que crea esa articulación tan complicada llamada articulación anular ó en anillo, ¿habremos obtenido por esto un inter-espinoso de pez y el radio de aleta dorsal que con él se articula. No, porque el inter-espino lo mismo se compone de tres piezas, y el radio, aunque fuese un simple radio en forma de aguijón, se divide también verticalmente en dos mitades. ¿Y qué seria si se tratara de un radio blando dividido ademas en numerosos ramos y en centenares de pequeñas articulaciones? En cuanto á los seis músculos distintos para cada uno de esos radíos, la evidencia de que no tienen análogo es tal que nadie se ha atrevido á asignárselos, si bien lo mismo daria, sea cual fuere lo que se hubiese dicho, si se intentaran comparar los músculos del opérculo con los de los huesecillos del oido.

Es innegable que el aparato que sostiene las branquias ofrece alguna relación, aunque remota, con el que sirve de apoyo á las mazorcas branquiales de los renacuajos, ó á las de las sirenas y de los proteos; pero eso mismo probaria que no es el análogo de la laringe y de los bronquios, supuesto que estos y aquella existen en dichos reptiles simultáneamente con su aparato branquial; y por lo demás ¿es dable establecer la menor comparación entre los músculos de este aparato en las dos clases? Si, pues, la naturaleza ha creado músculos expresos para los reptiles y otros para los peces, ¿por qué no puede haber hecho lo mismo con los huesos ?

Se ha pretendido encontrar en las piezas operculares de los oidos de los peces los huesos de la oreja de los mamíferos, pero en tal caso no serian su gérmenes, sino que por el contrario constituirían un enorme desarrollo suyo, y entonces, ¿cómo se concibe esta idea con el hecho de que precisamente los reptiles mas afines al parecer de la clase de los peces, en términos de que en su primera edad son casi verdade

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