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Zoología. Reptiles. Tortugas. Página 111. Tomo 4. Los Tres Reinos de la Naturaleza.

Buffon Los Tres Reinos de la Naturaleza



QUELONIOS O

lutos y de sus costumbres, sino laminen por razones de su estructura y de su conformación, que son enteramente particulares. Con efecto, lo mismo que los talasitas, se ven obligados í vivir constantemente en el agua. donde nadan con suma facilidad merced á su carapacho de gran superficie casi plana, y sobre lodo á sus patas muy deprimidas, cuyos dedos se encuentran reunidos liasta las uñas por anchas membranas flexibles , las cuales han transformado las manos y !os pies en paletas, impropias para la progresión sobre el suelo, pero que hacen el oficio de verdaderos remos. Por otra parte , parécense los potamitas á las tortugas palustres, en que se distinguen perfectamente en el espesor de sus patas, las talanjes de cada uno de sus cinco dedos, los cuales permiten á estas series de huesesillos ligeros movimientos de extensión, de flexión y de lateralidad.

Los potamitas se ven, pues, obligados á permanecer constantemente en el agua , prefiriendo siempre la de los grandes rios. Sus patas, aunque igualmente dispuestas en aletas como las de los talasitas, difieren mucho de las de estos. Con efecto, en las tortugas ma. riñas los miembros anteriores tienen respecto de los posteriores, doble longitud, y sus dedos están confundidos en una masa cuyos huesos aplanados se tocan al parecer como las piezas de un mosaico, y se mantienen de esta suerte mediante una piel coriácea, pero en los potamitas los huesos de las patas no están deformados. Las piezas gozan de bastante movilidad entre sí, porque la piel que las cubre es floja, blanda y movible; y si bien estas patas solo presentan tres uñas largas, los otros dos dedos aunque completos, permanecen ocultos debajo de la piel.

El cuello de los talasitas es generalmente muy corto , y su gran cabeza lleva mandíbulas gruesas con un pico córneo enteramente desnudo. En los potamitas, el cuello es por punto general muy largo y pro trac til, la cabeza estrecha por delante y puntiaguda, y los huesos casi están á descubierto; las mandíbulas son cortantes y se hallan protegidas por una prolongación de la piel que forma, para ambas piezas , un repliegue que simula los labios. Las narices difieren también muchísimo; porque en las tortugas marinas, son sencillas, y su orificio se ve en la truncadura anterior del pico; al paso que en las fluviales el conducto nasal se prolonga en un tubo corto, á manera de pequeña trompa movible que hace veces de una especie depujavante. Por fin, según dijimos en un principio, el modo de vivir, el género do alimentación, y los hábitos que do todo esto se originan difieren muchísimo en las dos familias. Las tortugas marinas se alimentan casi exclusivamente de raices y de otras producciones vegetales, al paso que las fluviátiles se ceban en los peces, en los reptiles y en los moluscos , á los cuales dan incesante caza.

Menos marcadas son las diferencias entre las tortugas palustres y las fluviátiles; como que la transición de unas á otras se halla establecido por algunas especies de ambos grupos. Con todo, á primera vista difieren los potamitas de todos los eloditas, por su carapacho enteramente desnudo de escamas, y por las tres uñas casi rectas que tienen en cada una de sus patas. Tampoco se ven en los otros grupos especies que presenten esos repliegues de la piel considerados como esbozos de labios. Por otra parte, estas dos familias tienen entre sí muchísima analogía en cuanto á sus hábitos y costumbres; porque algunos géneros, entre los pleuroderos, viven casi constantemente en el agua alimentándose en ella de presas vivas á las cuales persiguen con encarnizamiento, pero difieren por la forma"de sus mandíbulas. Las uñas de sus patas son por lo menos cuatro, encorvadas y ganchosas; su cuello es deprimido y se repliega lateralmente por medio de sinuosidades parecidas á las ondulaciones que imprimen las serpientes á su tronco. El Chelys

matamata es el único que tiene algunas relaciones con los potamitas enlazando de esta suerte las dos familias. Sus costumbres son las mismas; su carapacho es ancho y delgado; las escamas que le cubren , aunque arqueadas, tienen poco espesor y son muy flexibles; las narices se prolongan igualmente en tubo, pero la forma del cuello, de Ta cabeza y de las mandíbulas es en un todo diversa. El cuello está aplanado y franjeado por los lados; la cabeza, excesivamente deprimida por delante, parece casi triangular, y las mandíbulas soi i débiles, están á descubierto, y en vez de ser cortantes sus bordes son romos y redondeados.

Escusado es comparar la familia de los potamitas con la de los quersitas, por la gran diferencia de su conformación. Estos últimos se hallan reducidos á hábitos esencialmente terrestres por la disposición de sus patas, que son cortas, casi de igual longitud, con los pies redondeados en muñón, y con solo algunas pezuñas córneas en su borde externo; de suerte que es casi imposible que se muevan en el agua y que salgan de esta una vez sumergidos. No hay tortuga alguna terrestre que tenga el carapacho deprimido, blando en los bordes, y sin escamas, el peto incompleto ó no sólido en la parte media, ni las mandíbulas que lleven al extremo un repliegue de la piel, ni en fin las narices prolongadas á manera de trompa carnosa y movible.

tos primeros autores que formjion un género aparte con las tortugas de carapacho blando, descritas anteriormente por Pennant, Forskaél , Boddaerl, Bartram y Olivier; fueron los señores de Schweigger y Geoffroy. El primero les habia dado el nombre genérico de Amyda, inscribiendo en él muchas especies en la memoria manuscrita acerca de la iMonogralía de las tortugas que presentó en 1809 á la Academia de Ciencias de París, la cual nombró á los Sres. Geoffroy, Lamarck y Lacépéde, para que dieran su informe. Pero Geoflroy, á cuyo cargo corrió extender el dictamen, habia estudiado en Egipto una especie que vio viva y habia considerado ya como que debia formar el tipo de un nuevo género, y en su consecuencia publicó en aquel mismo año una memoria muy curiosa y muy interesante para la ciencia sobre este mismo género, y la hizo insertar en el tomo XIV de los Anales del museo de historia natural de París. Dióle entonces el nombre de Trionyx, tomado del griego, y traducción del de una de las especies, precisamente la de Egipto, descrita por Forskaél, quien la había caracterizado con la denominación de Testudo triunyuis. Schweigger no publicó el mismo Pródromo sobre la monografía de los quelonios hasta 1812 en los Archivos de historia natural y de matemáticas de Koenigsberg. Adoptó la designación de Trionyx de Geoffroy, y se aprovechó de este trabajo para corregir el suyo salvando algunos errores que habia observado, estudiando los mismos reptiles en la mayor parte de los gabinetes de historia natural de las principales ciudades del norte de Europa por donde viajó antes de marcharse á Koenigsberg á desempeñar la cátedra de botánica con que le habían honrado.

Ademas de las siete especies descritas por Schweigger correspondientes á las ocho que Geoffroy inscribió en el género Trionyx, M. Lesueur describió y figuró en el tomo XV de las Memorias del Museo dos nuevas especies del género Trionyx observadas en los rios de la América del Norte que desaguan en el Ohio.

Wagler adoptó, si, el nombre Trionyx, pero refiriéndole á una especie de la cual solo se conocían individuos muy jóvenes que aun no habían adquirido solidez, y cuyo carapacho constaba al parecer de muchas piezas, al paso que denominó Aspidonectes í todas las demás especies, suponiendo que estas tortugas pueden someter á un movimiento voluntario el borde libre de su carapacho, como si se sirviesen de él activamente para nadar á la manera de las rayas, lo

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