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Museo pintoresco de Historia Natural. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 4



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, uniforme como la vida vegetativa , porque emana de otra fuente. La sensibilidad y la inteligencia se sirven, sin disputa, de los nervios y del cerebro, como de órganos apropiados para sus funciones; pero no son el resultado de su estructura, puesto que la sensibilidad desaparece durante el sueño, apagándose el espíritu, este reacciona sobre el cuerpo, sin que el mismo se cambie en ninguna de sus partes, pudiendo hasta matarle.

La facultad de sentir y la de conocer, que es una consecuencia suya, nos vienen, pues, de nuestro cuerpo, por cuanto no percibimos nada análogo en las materias de que nos componemos. El Criador nos da inmediatamente estas funciones, á la par que la vida vegetativa para contrabalancearla; pues cuanto mas poderosa es la vida sensitiva é intelectual, tanto mas débil será la vida vegetante y recíproca. Por medio de la sensación nos ponemos en relación con todo el universo; merced al poder de la imaginación y del pensamiento transportamos nuestro ser á todos los sitios y á todos los tiempos; gracias á la meditación descubrimos los fenómenos de este mundo, nos extendemos por las profundidades de la naturaleza, y henchimos nuestras concepciones para llenarlo por completo.

Tres modos de existir se conocen en la naturaleza, modos que constituyen tres grandes divisiones ó reinos, cuyos límites deben marcarse del modo siguiente:

Minerales, sustancias dividuales, de vida simple ó molecular, indestructible. Empleamos la palabra dividual para designar que el mineral no tiene órganos con los cuales se halle enlazada su vida, y que dividiéndole, pulverizándole, descomponiéndole, no por eso pierden sus moléculas sus propiedades naturales.

Vegetales, cuerpos individuales, de vida compuesta, orgánica. enramaran

Animales, cuerpos individuales, de vida recompuesta, orgánica y sensitiva.)

La conexión que existe entre los diferentes reinos de la naturaleza revela un fin providencial y primorosamente combinado en esa larga cadena de vida que se extiende desde el mineral mas bruto hasta el hombre que es el mas perfecto de los anímales. Esta perpetua gradación de organizaciones, ese sucesivo desarrollo del principio vital, oscuro en el mineral, vegetante en la planta, sensible y activo en el animal, nos muestra una fuerza que obra perpetuamente sobre la tierra: él mineral aspira á la vida vegetal, la planta á la vida animal, y el animal á la vida inteligente y de raciocinio, ó sea el hombre. Parece que la vida se depura poco á poco, y sale progresivamente del seno de la materia, la cual la ha recibido del Ser Creador; desplégase con toda su fuerza y su esplendor en el vértice de la escala orgánica que es el hombre, y desvanécese diseminándose en el reino mineral. Así como una luz poco brillante, envuelta por materias opacas, brilla mas á medida que se las separa, así también la lámpara de la vida, siempre tenebrosa en los minerales (reino de la muerte y de los infiernos) arroja algunos sombríos y pálidos destellos en las plantas, al paso que despide esplendente luz en los animales y principalmente en el nombre.

Pero hay un poder organizador que tiende á perfeccionar todos los seres vivos, á acrecerlos, á vivificarlos mas y mas; y á ese poder le corresponde otra ley no menos activa que aspira sin cesar á desorganizarlos y destruirlos. Con efecto, el hombre, el animal y la planta, crecerían y se perfeccionarían ilimitadamente, si su principio vital no estuviese contrabalanceado por otro principio de muerte que los vuelve por último al mismo punto de donde han partido, es decir a la totalidad molecular ó mineral. La naturaleza se mueve de esta suerte como una gran rueda que lleva sin ce-

sar a todos los seres; puesto que todas ellas no producen mas que una vida vegetal.

El segundo modo de existencia del animal, y sobre todo del hombre, depende de un principio enteramente distinto y de índole superior á la del primero. Con efecto, la vida vegetativa de las plantas y de los anímales, producida por la reunión de la vitalidad molecular de la materia, no puede dar á estos últimos las facultades que no ha recibido. La sensibilidad y la inteligencia emanan necesariamente de otra fuente, supuesto que no son del dominio de la naturaleza material. Redúzcase la materia cuanto se deseea la última quinta esencia, supóngase la organización mas delicada y la mas ingeniosa mecánica, y sin disputa se obtendrán máquinas ingeniosísimas; pero nos es imposible concebir que puedan sentir y raciocinar; porque, ¿qué relación tienen los movimientos con el pensamiento, y los autómatas con esos cuerpos vivos y sensibles?

Sin embargo, no podemos admitir la opinión intermedia de aquellos filósofos que conceden el sentimiento y la percepción á los brutos, sin que obste eso para que los consideren como cosas materiales. Concedemos sin reparo á los cartesianos que la materia y la percepción son cosas enteramente opuestas. Divídase la materia en moléculas tan sutiles como se quiera, dándola todas las formas imaginables, comuníquénsela todos los movimientos posibles: ¿se conseguirá con eso dar origen á percepciones y á ideas mejor que dejándola permanecer inerte ó tranquila? ¿Quién no concibe la prodigiosa distancia que media entre un cambio de lugar y una percepción? ¿La noción del uno contiene, por ventura, la noción del otro?

Dícese, empero, que el movimiento tampoco se halla contenido en la noción de materia, ni le es necesario, puesto que se puede concebir sin él. La materia puede existir, pues, sin el movimiento, y no obstante este puede ir junto con la materia, de la cual no es mas que un modo; ¿porque, pues, no podría ser igualmente la percepción un modo de la materia?

A esto contestaremos que la materia es pasiva con respecto al movimiento, no se mueve por si misma, carece de una fuerza de espontaneidad avrmuaittm,. Si la tuviese habría alguna especie de probabilidad de que pudiese igualmente pertenecerle la percepción. Con efecto, no es dable concebir la percepción sin una actividad cualquiera, porque si el sentimiento y la percepción pudiesen pertenecer á una sustancia material, convertirse en uno de sus modos (ó atributos), no comprendemos por qué la inteligencia y la razón, en una palabra, el alma racional, no podrían ser materiales, ó un modo cualquiera de la materia. ¡Salgan de este apuro, si pueden, los ¡autores de esta opinión!

La vida vegetativa de las plantas y la de los órganos de los animales, en el estado de sueño, es enteramente pasiva, pues solo tiene relación con la existencia material, sin suponer reacción alguna contra los cuerpos inmediatos. Por el contrario, la vida sensitiva é intelectual del hombre y de los animales depende de un principio de reacción vital que siente, percibe, y conoce. El vegetal permanece indiferente á todo, la muerte y la existencia no son para él mas que modificaciones que sufre sin pena ni placer, al paso que el animal quiere porque es sensible, obra porque tiene necesidad, y se determina porque compara y juzga los objetos. La vida material no puede reflejarse de esta suerte sobre sí misma y difundirse al exterior, porque es enteramente pasiva, y se halla como sumida y absorta en sus funciones puramente corporales , actuando en el interior, así como la vida sensitiva obra en el exterior. Aquella es permanente y fundamental, esta es secundaria y se encuentra sujeta á intermitencias de acción, tales como el sueño, el cansancio, la indolencia, etc. Puede disminuirse, aumentarse é interrumpirse; advierte que no es fija ni

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Biblioteca ilustrada de Gaspar y Roig.
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Museo pintoresco de Historia Natural. Zoología, animales, reptiles. Publicado a mitad del siglo XIX. Zoología o Reino Animal. Buffon. Historia Natural los Tres Reinos de la Naturaleza

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