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APÉNDICE.
LEPIDOSIREN.
Para terminar todo lo relativo al estudio de los batracios debemos entrar en algunas consideraciones acerca de un animal que fue considerado como muy afine de las sirenas por Fitzinger, quien le mencionó en la reunión de naturalistas en Praga (1837) en vista de dos individuos descubiertos y recogidos en el Brasil por Mr. Natterer. Habíale dado el nombre de Lepidosiren, considerándolos como batracios de ro-trema, análogos á las sirenas, pero con escamas.
Juan Natterer dio de ellos el mismo año una descripción mas especial, refiriéndoles á un género con el nombre de Lepidosiren paradosa de la familia de los ictiodes de Wagler y de Latreílle. Dichos animales habían sido pescados en el agua dulce de un canal no lejos de Barba en el Madeira; y el otro en un pantano de la orilla izquierda del rio de las Amazonas. Los habitantes les llamaban Caramuru. Tenían la forma de una anguila grande, como que Natterer creyó que eran especies de peces. Hé aquí el modo abreviado conque expresaba sus caracteres : «Corpus anguillare toturn squamatum, pedes quatuor valdé distantes adactyli.» Añadia luego que se parecen á las murenas, que su cola lleva encima una aleta, y que tienen cuatro apéndices ó especies de miembros ó de rudimentos sin dedos.
Su boca es pequeña; vénse primero delante dos dientecitos ínter-maxilares delgados, móviles, y luego verdaderos maxilares soldados con el hueso, siendo estos últimos cortantes y presentando ademas tres puntas; los inferiores se parecen á los superiores; son anchos, grandes, en forma de incisivos; pero faltan los dientes palatinos. Su cuergo se halla protegido por escamas redondas, recargadas; los labios son gruesos, carnosos; la lengua es carnosa, adherente por delante, con los bordes laterales y posteriores libres; y los ojos son pequeños, redondeados y están protegidos por la piel. Las hendeduras branquiales se presentan prolongadas, cubiertas por un operculo, y en el fondo se ven cuatro arcos branquiales, que dejan salir de cada lado un filete cónico, considerado como el rudimento délas patasanteriores. Sin cuello; tronco casi cilindrico, un poco comprimido; la cola constituye el tercio de la longitud total; abertura de la cloaca redondeada; línea lateral con poros mucosos, como en los peces; y en los intestinos, una válvula en espiral, que forma un repliegue como en los escualos.
Aun no se conocía por entonces el esqueleto, pero muy pronto Owen, el profesor Biscoff de Heidelberg, José Hyrtl y otros se encargaron de llenar este vacío. Owen dice que desde 1837, habia reconocido que este animal debía formar un género distinto entre los peces y que le habia dado el nombre de Protopte-rus en la coleccien y en el catálogo del Museo de los cirujanos de Londres, determinado sobre todo á considerarle como un pez, por la presencia de las escamas, la estructura y la disposición de las fosas nasales, colocándole entre los malacopterigios abdomi-
nales. Era evidentemente otra especie afine de la primera y Owen la denominó Lepidosiren annectens. El individuo que él examinó procedia del rio Gambia en África.
Hé aquí ahora las razones que le indujeron á incluir este animal en la clase de los peces. El cuerpo se halla enteramente protegido por grandes escamas redondeadas y recargadas entre sí; la cabeza y la línea lateral presentan un repliegue saliente con poros mucosos; y los rudimentos de los pretendidos miembros son aletas pectorales y ventrales compuestas de radios membranosos en su base. Obsérvase un cordón gelatinoso que hace veces de columna vertebral ; la parte del occipital que se enlaza con él no ofrece mas que una superficie y no dos como se observa en todos los batracios; hay sobre las branquias una lámina opercular; y los huesos ínter-maxilares son móviles, viéndose en la mandíbula inferior después de la pieza posterior mandibular una porción que sostiene varios dientes. Vese lo mismo encima que debajo del canal ó del tubo vertebral, una doble fila de apófisis espinosas; y las partes mas sólidas de esta especie de esqueleto cartilaginoso son de color verdoso. El intestino grueso presenta en su interior una válvula espiral, pero faltan el páncreas y el bazo. La situación del ano, la aurícula única del corazón, el número de los arcos branquiales y la posición oculta de sus láminas, la existencia del largo nervio infra-cutáneo lateral, los anchos otolitos del laberinto del oido, los sacos nasales ú olfatorio que no tienen mas que un orificio y externo, todo prueba á Owen que el lepidosirena es un verdadero pez y no un reptil pero-nibranquío.
Duméril participa también de esta opinión, confirmándole mas en ella la descripción anatómica de M. Birchoff. Cree que son peces análogos á los ciclóstomos á la quimera ó algunos otros cartilaginosos afaines de los esturionidos, si eran libres sus opérculos según lo da á entender el nombre Eleuteropomos que les dio Duméril. Solo en realidad dos particularidades los acercan á los batracios, inmediatos á las cecinas ó á las sirenas. Tales son, por una parte, la celulosidad de la vejiga natatoria, que es doble como en los tetraodon, y el canal aeróforo que aboca al esófago. Pero esta celulosidad de la túnica interna de la vejiga natatoria se reproduce en los lepisosteos y los anuos, según manifestó Cuvier, y hasta ahora, no conocemos reptil alguno cuya glotis no se encuentre en la cavidad bucal y se componga de una especie de hendedura cuyos bordes son susecptibles de moverse por medio de músculos que no se observan en el caso presente.
Por lo demás, y á fin de poner punto en esta materia, después de emitida nuestra opinión, vamos á resumirla en las siguientes consideraciones:
Ia. Todas las partes del esqueleto son las de un pez cartilaginoso. Presentan la mayor analogía con las de