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EL IMPACTO AMBIENTAL DE LA CONCENTRACIÓN PARCELARIA DE BLANCAS Tomás Escriche Desde el Departamento de Agricultura de la Diputación General de Aragón, se ha iniciado la fase de estudio del proyecto de concentración parcelaria dentro del término municipal de Blancas. Buena parte de las tierras de labor en este municipio, están constituidas por parcelas que conservan en sus márgenes restos de la vegetación natural que existía en ellos previamente a su roturación y puesta en cultivo. Este proceso deforestador se ha producido, como en casi todos los pueblos de la comarca, a lo largo de los siglos, pero en este caso conviene recordar que buen número de hectáreas fueron ganadas al bosque hace pocas décadas merced al uso de la maquinaria pesada y las ayudas y facilidades de la Administración Los otrora extensos y frondosos robledales de rebollo que conectaban los montes de Odón con los de Sierra Menera fueron descuajados y roturados por la fiebre desarrollista de una época de altos precios del cereal, considerable población agraria en los pueblos y escasa valoración del patrimonio natural. Estos rebollares se asientan en una zona en la que el sustrato litológico muestra una transición entre condiciones de acidez (dominio silíceo) y basicidad (dominio calizo). Las características del ombroclima son menos secas que en el fondo del valle del Jiloca debido a la influencia de la humedad de las masas de aire que penetran desde la parte de Castilla. La flora de estos robledales ha podido ser estudiada por distinguidos botánicos que realizaron incursiones por la zona. Así, ya fue visitada por el insigne Asso, pero también por Pau y por otros científicos que pusieron en relieve su interés. La red de setos y bosquetes que subsisten en los lindes de estos campos ofrece mejoras agronómicas a los mismos que no pueden olvidarse. Por un lado ejercen un efecto de freno al viento, al incrementar su turbulencia, lo que reduce la evaporación de la humedad edáfica y la transpiración de la mies. Por otra parte, desarrollan una zona de sombra que, sin llegar a limitar el desarrollo del cereal, sí que aminora la intensa insolación de los secanos de los márgenes. También actúan como suministro de materia orgánica mejorando la humificación de las zonas de influencia. Mejoran la renta ganadera complementando los pastos con ramoneo y bellota y protegiendo al ganado. Aumentan las rentas cinegéticas al favorecer la reproducción de la caza menor. Además, albergan una comunidad faunística que actúa regulando las poblaciones de ciertos seres vivos que pueden comportarse como plagas agrícolas. Por último y en especial, estos árboles actúan como freno a la escorrentía superficial, reduciendo así la pérdida de suelo agrícola fértil, contribuyen a mitigar los riesgos de avenidas y a incrementar la recarga de los acuíferos. A los beneficios agrícolas deben sumarse los de índole medioambiental. Ya se ha reseñado el interés botánico de la flora de los robledales y carrascales de Blancas, algunas de cuyas especies todavía se encuentran en estos bosques marginales. Son el asiento de especies faunísticas escasas y amenazadas como el elanio azul, pequeña rapaz propia de campos arbolados que recientemente se ha observado en los montes de la zona y que podría llegar a criar, siendo entonces, la segunda población de Aragón. Otras especies interesantes de la ornitofauna se han encontrado en estos ambientes, como son el colirrojo real y el ratonero común. Evidentemente, nada podemos decir sobre otros grupos de seres vivos que han sido poco estudiados y cuya contribución al funcionamiento del ecosistema todavía no es bien conocida La existencia de estas formaciones forestales en el seno de los campos incrementa de forma notable su valor paisajístico. Un paisaje rural estable, diversificado y plural es un activo con una creciente valoración en una sociedad cada vez más culta y sensible a la conservación del patrimonio natural. En pueblos no muy alejados de la comarca (Ojos Negros) y de la zona de Molina se han ejecutado proyectos de concentración que han transformado el paisaje creando monótonos y homogéneos ambientes agrarios. Sorprende, por otra parte, que la propia Administración esté invirtiendo fuertes sumas económicas en eliminar el sistema de setos y bosquetes de Blancas, mientras que, en el pueblo contiguo (Monreal del Campo) esté ejecutando un modélico programa de creación de una red de linderos arbolados. Cuando se están comenzando a aplicar medidas agroambientales del tipo de compensación por mantenimiento de setos y linderos en zonas inmediatas (ZEPA de Gallocanta, separada del área referida por la IBA Torralba de los Sisones-Blancas) queda implícito su valoración por la sociedad y la Administración. Resulta contradictorio el que el mismo Departamento de Agricultura esté promoviendo (y subvencionando) la destrucción de los mismos en un área de interés natural. Cuando ya se ha reconocido el gravísimo impacto ambiental de la mayor parte de las concentraciones parcelarias realizadas en áreas de ombroclima seco, (Ojos Negros, Jarque de La Val, Nombrevilla), no puede ignorarse por más tiempo, que este tipo de proyectos, tal como se están ejecutando, son una auténtica amenaza para la conservación del medio natural en los campos y montes de la comarca. En estas actuaciones, un término municipal se convierte en un papel en blanco sobre la mesa de un despacho para dibujar en él las nuevas parcelas sin tener en cuenta zonas de vegetación natural, pasos de ganado, yermos, humedales y demás elementos fijos del paisaje que, aparte de hacer eso, paisaje, sirven de referencia, refugio y alimento a toda la fauna de la zona en las épocas de mayor actividad agrícola o inclemencias meteorológicas. No hace falta ser perdiz o avutarda, ratón o liebre, para darse cuenta de lo inhóspito que puede volverse lo que antes era un paraíso. Bastaría con coger a cualquier abuelo, darle una vuelta por su término municipal después de sufrir una concentración parcelaria clásica y no sería capaz de reconocer los lugares en los que tantas meriendas se ha comido, nos diría que ese no es su pueblo, que se lo han cambiado. No entendemos, porque se incluyen en las concentraciones fincas que hace unos años, antes de la PAC, estaban yermas y que dentro de poco volverán a estarlo, o incluso terrenos no agrícolas. No sería mejor que en cada pueblo se concentrara también el esfuerzo y el dinero público en las zonas que pueden tener futuro mejorando sus posibilidades agrícolas, ganaderas y, porqué no, también naturales. Quizá lo que importa no es la calidad de las actuaciones sino el total de hectáreas que se concentran. Cuando el propio Departamento de Agricultura de la DGA emplea como lema “El medio rural, mucho más que agricultura!!” debe mostrar coherencia con la idea tantas veces propagada de que la actividad agrícola es el mejor garante de la conservación de la naturaleza. Preferimos no entrar en valoraciones sobre la eficacia y rentabilidad de este tipo de inversiones, que no llegan a fijar población y que, a la postre, casi resultan innecesarias por la propia dinámica social que se está dando en los pueblos, en la que, de hecho, la gestión de la tierra ya está quedando en muy pocas manos. Nos conformamos con que los técnicos del Departamento de Agricultura de la Diputación General de Aragón apliquen medidas correctoras reales y eficaces para evitar el impacto ambiental que la concentración parcelaria puede ocasionar en el medio natural con la misma sensibilidad con la que, en otras ocasiones, se ha preservado el patrimonio arqueológico. La diferencia entre un cazaprimas y un agricultor vocacional está en que el primero solo busca la rentabilidad a corto plazo, no vive el campo ni lo ama. El segundo, aparte de obtener los lógicos rendimientos, se baja del tractor de vez en cuando, observa la calidad de su trabajo y se siente orgulloso de él. Estamos en época de cambios, la agricultura también los necesita y la Administración debe poner los medios y, sobre todo, dar ejemplo. Nos gustaría que los técnicos del Departamento de Agricultura pudieran volver a ver, después de varios años, las concentraciones parcelarias que realicen en el futuro y sentirse como el agricultor de antes, orgullosos de su trabajo. | |
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