Pequeños humedales aragoneses

Las pequeñas zonas húmedas de nuestros pueblos están siendo arruinadas por captaciones de agua u obras planificadas sin ningún respeto por el medio natural. Impulsadas muchas veces por las propias autoridades locales, incumplen la normativa legal o carecen del control y asesoramiento de las autoridades hidráulicas o de las de medio natural, que deberían velar por el patrimonio común.

ANSAR
Zaragoza, 3 de julio de 1999

Las noticias en torno a los problemas que amenazan a los grandes humedales aragoneses (Gallocanta, Sariñena, etc.) no deben hacernos olvidar las dificultades por las que pasan nuestros pequeños humedales locales, despreciados y poco conocidos, pero que son esenciales para el mantenimiento de la biodiversidad y aportan al paisaje árido de nuestros pueblos una nota de variedad, verdor y riqueza frente a la homogeneización galopante. Muchos de ellos sufren graves agresiones producto de las prácticas miopes de las autoridades locales y la permisividad y escaso control ejercidos por Diputación General de Aragón (DGA) o por  Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), que deberían velar por el patrimonio público. Por ello traemos aquí tres ejemplos de cómo la sensibilidad no ha llegado a nuestros ayuntamientos, ya que son obras impulsadas por los propios Ayuntamientos. El primer caso demuestra las reiteradas irregularidades que se producen a la hora de realizar los aprovechamientos de las aguas y la pasividad y falta de control de la administración, en primer lugar la CHE.

A principios del año pasado, el arroyo y balsas de La Aldehuela de Nombrevilla (Zaragoza) fueron sepultados para construir un abrevadero de nueva planta, a todas luces sobredimensionado y que podía haber tenido otra ubicación más respetuosa. El arroyo destruido era la única corriente permanente de agua del municipio y la obra se hizo por parte del ayuntamiento sin haber solicitado autorización a CHE para actuar (destruir) en el Dominio Público Hidráulico, o a la DGA para eliminar la vegetación y la fauna. Esta obra fue denunciada por ANSAR ante CHE en agosto y más tarde en la prensa. En noviembre CHE abrió el correspondiente expediente sancionador 98-D-674. En marzo de este año -a buenas horas-  el Boletín Oficial de Zaragoza  publicó  la petición del ayuntamiento para la obra del abrevadero (expediente 98-List-232). Pero, sin esperar a que se resolvieran ninguno de los dos expedientes, hacia abril, es destruida la última balsa que quedaba, hormigonándola; es arrasado todo tipo de vegetación y se excava una poza nueva, obras éstas para las que no consta que se solicitara permiso. Con todo ello queda puesto de manifiesto la prepotencia e impunidad con que actúan las autoridades locales, frente a la inoperancia de CHE o DGA, ya que ni siquiera son capaces de seguir el procedimiento administrativo correspondiente.

Otro caso semejante es el de la Alberca del Prado de Cutanda,  pedanía de Calamocha (Teruel). Una balsa natural está amenazada de destrucción por una captación de agua. A pesar de existir diversas alternativas menos impactantes, se insiste en hacer la toma del propio manantial, el cual, esta primavera ya sufrió la sospechosa quema del carrizal circundante. La captación viene impulsada por el anterior alcalde pedáneo, para suministrar a la granja de cerdos que está construyendo. Los propios vecinos alegan que existe la posibilidad de que la toma se realice desde una pequeña balsa artificial que represa el agua que viene del manantial, pero el demandante de la solicitud quiere instalar la toma en el propio manantial, entre otras cosas porque desde éste no tiene que bombear el agua ya que llenaría el depósito de la granja por gravedad. El manantial de la Alberca del Prado es el último vestigio de una zona encharcada más amplia que ha ido siendo roturada. De realizarse la obra en el propio manantial se perdería una nueva zona natural en un páramo en el que no abundan los puntos de agua.

El último caso es el de la Estanca de Castiliscar (Zaragoza), de mucha mayor entidad e importancia ecológica que las anteriores pero amenazada por unas obras de urbanización en las inmediaciones que bien podían haberse meditado antes para evitar la presión sobre el enclave. La Estanca de Castiliscar pasa por ser una de las más septentrionales de Aragón y posee una importante masa de carrizal. En ella se han citado ánsares en paso migratorio y nidifica regularmente el aguilucho lagunero. A instancias del Ayuntamiento local, se ha instalado en el pueblo un centro asistencial de la Fundación Rey Ardid, pero los terrenos cedidos han sido lejos del casco urbano, junto a la estanca y a su alrededor ya se han construido edificios, caminos y diversas zanjas que están alterando la tranquilidad del lugar.