RESTAURACION DE LA BALSA DE TORRE MEDINA

POR LA COORDINADORA ECOLOGISTA DE ARAGON

José A. Domínguez
Zaragoza, 1 de noviembre de 1998.


En la zona de Casetas y Garrapinillos existía un complejo de pequeñas lagunas, originadas por la acción de  las aguas subterráneas. La mayor parte de dichas lagunas han sido sepultadas por los escombros o el asfalto. Aunque bastante degradadas, algunas de ellas han llegado hasta nuestros días  y su conservación  viene siendo reclamada por  colectivos ciudadanos. Una de estas balsas, la de mayor extensión, conocida como balsa de Larralde y ubicada  junto al núcleo de Torre Medina, en Garrapinillos (Zaragoza, España), está siendo objeto, a iniciativa de la Coordinadora Ecologista de Aragón,  de un proyecto de estauración.


La balsa de Larralde también es conocida como balsa de Torre Medina por  encontrarse en las inmediaciones de este núcleo rural del barrio de Garrapinillos, en Zaragoza. Es la balsa de mayor tamaño de las contadas lagunas que quedan actualmente entre el Canal Imperial y el Ebro, en la zona de Casetas y Garrapinillos. Hasta hace unos años eran muy numerosas pero poco a poco han sucumbido bajo el asfalto y los escombros.

La Coordinadora Ecologista de Aragón viene desarrollando desde hace casi tres años un proyecto de restauración de la citada balsa de Torre Medina. Dicho proyecto  tiene como objetivo frenar el deterioro de la misma y recuperar progresivamente  sus valores naturales  con el fin de que pueda constituir un refugio de la fauna y flora silvestres y pueda servir como enclave donde promover la sensibilización y educación ambiental.

Las balsas existentes entre Casetas y Garrapinillos se formaron por hundimiento del terreno y posterior afloramiento de agua. Estos fenómenos de hundimiento son comunes en el valle del Ebro y se deben a que los yesos del subsuelo son disueltos por las aguas subterráneas. Donde esto ocurre  se originan huecos y las capas superiores, generalmente gravas, se desploman por carecer de sustentación. Las formaciones resultantes se denominan simas o dolinas. Cuando, además,  aflora agua se les llama popularmente “ojos”.

Por otra parte, este tipo de simas tienen un alto interés geográfico y  geológico ya que no se trata de las tradicionales simas kársticas en caliza, sino que se trata de dolinas aluviales, en este caso en las terrazas formadas por los arrastres del Ebro. Como los yesos son rocas muy solubles, los hundimientos son progresivos y continuos, dándose casos de rehundimiento a pesar de los materiales vertidos  para nivelar el terreno.

Las cubetas formadas por estos procesos se suelen inundar al estar muy superficial el nivel freático, ello influido por la proximidad del Canal Imperial y al estar enclavadas en una amplia superficie de regadío. Entonces se forman las típicas balsas que pronto son colonizadas por la vegetación y la fauna típicas de ribera.

En un vistazo a los mapas geográficos de hace unas pocas décadas se puede observar el rosario de lagunillas que componían el complejo de Casetas-Garrapinillos. Según los estudios del grupo Bortiri, en 1990 inventarió una docena de depresiones, situadas en tres niveles diferentes de terrazas sobre el Ebro, aunque se estima que llegaron a existir un centenar de este tipo de lagunas; hoy quedan tres de cierta entidad. Además de la de Torre Medina, cabe señalar la balsa del Ojo del Fraile y la del Ojo del Cura. Estas dos últimas en avanzado proceso de deterioro.

En los últimos años, diversos colectivos vecinales de los barrios de  Casetas y Garrapinillos han venido reivindicando, con diversas acciones, la conservación de estas zonas húmedas visto su progresivo deterioro. A pesar de ello no habían obtenido respuesta de la Administración y las balsas han ido desapareciendo.

El interés de estas lagunas es no sólo ecológico sino paisajístico, geológico y didáctico. En el aspecto geológico y morfológico, porque son ejemplos próximos de la evolución de los suelos y del paisaje del valle del Ebro.  Además, por ser fenómenos singulares y característicos de nuestro entorno merecen el máximo respeto y divulgación. En el aspecto naturalístico hay que resaltar que estas lagunas se comportan como auténticas islas de naturaleza en un entorno homogéneo y desarbolado destinado a  cultivos que los contaminantes que puedan verterse en estos afloramientos pasan directamente al acuífero y se difunden sin control. Ello implica que deberían vigilarse de cerca la calidad de sus aguas.

EL PROYECTO

El proyecto de restauración ambiental de la balsa de Torre Medina nace a iniciativa de la  Coordinadora Ecologista de Aragón (CEA) a principios de 1995, cuando comenzaron las primeras gestiones con la Confederación Hidrográfrica del Ebro (CHE), bajo cuya titularidad se encuentra la balsa. Pero el proyecto  echa realmente a andar tras el acuerdo de colaboración firmado en octubre de 1995  entre  CHE   y  CEA.

Los objetivos del plan, recogidos en el acuerdo, son asegurar la conservación del hábitat, la fauna y la flora de esa zona húmeda, llevar a cabo medidas de  restauración del medio y fomentar el conocimiento y la valoración de ese espacio por parte de la población.

Para ello se han realizado diversos trabajos de campo tales como  censos quincenales de aves, así como la  catalogación de la flora. Paralelamente se han desarrollado actividades de sensibilización y divulgación, entre ellas, charlas en Torre Medina, en  Garrapinillos y  en los colegios. Se han acompañado visitas guiadas y se han colocado carteles de señalización.

Las actuaciones restauración han consistido en reperfilado de las orillas y retirada de escombros para hacer los desniveles más suaves. Recientemente se ha repoblado con árboles y arbustos propios de ribera para diversificar ambientes. También se ha realizado el saneamiento de la vegetación existente con la retirada de árboles que ofrecían riesgo para las personas. Posteriormente se han instalado paneles indicadores de los diversos ambientes con las especies de fauna y flora más características.

Para esta  primera fase del proyecto se ha contado con una subvención del Departamento de Agricultura y Medio Ambiente que ha cubierto el 75% del presupuesto y con otra aportación del Ayuntamiento de Zaragoza para el 25% restante.

La gestión de espacios públicos por parte de organizaciones dedicadas al estudio y conservación de la naturaleza no es una situación novedosa. Ya existe un  precedente en el acuerdo suscrito en 1991 entre las asociaciones Adenex y SEO y la Confederación Hidrográfica del Tajo para la instalación de una reserva biológica en una isla del Embalse el Borbollón (Cáceres) debido a su interés como zona de cría de garzas e invernada de grullas.

La balsa de Torre Medina que proyecta restaurar la CEA posee una superficie de casi cuatro hectáreas, siendo de propiedad estatal y estando adscrita a la CHE. Es por ello un terreno público donde confluyen interesantes valores naturales y paisajísticos.

Consta de una amplia superficie de aguas libres rodeada de un espeso cinturón de junco, carrizo y anea, así como  una franja arbolada de álamo blanco. Como curiosidad botánica  cabe citar a una planta carnívora acuática (Utricularia vulgaris).  Entre las aves, polla de agua (mascota del proyecto), focha, ánade real y pato cuchara son especies  habituales de sus aguas.  También el martín pescador se acerca a cazar a la laguna y carriceros y escribanos se esconden entre el carrizo.

BIBLIOGRAFIA

“Simas y dolinas en el valle del Ebro”. José A. Domínguez. En: HERALDO DE ARAGON, 28 de marzo de 1993.

“Formas de relieve de la depresión del Ebro”. Francisco Pellicer y Mª Teresa Echeverría. Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 1989.

“Dolinas de disolución normal y dolinas aluviales en el sector centro meridional de la depresión del Ebro”. Mª Asunción Soriano. Boletín Geológico y Minero, XCVII-XCVIII. Madrid, 1986.

“Quelques exemples de karst sur gypse dans la dépression de l’Ebre”. Mateo Gutiérrez Elorza y otros. En: Karstologie, nº 6. 1985.