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La ríqueza geológica de Aragón es impresionante:
Viejos glaciares, tórridas solanas, abruptos relieves, amplias llanuras, lagos siempre
azules, estepas desérticas, bosques frondosos, vegas feraces, ...
Todo esto y mucho más puede encontrarse en el mosaico paisajístico que forman las
tierras aragonesas, desde las alturas superiores a los 3.000 metros en el Pirineo a
los 150 metros sobre el nivel del mar en que se encuentra el lecho del Ebro.
Los cerca de 50.000 Km2 de extensión de esta comunidad, el 9,4 % de la de España, región
está configurada por tres grandes dominios geológicos: los Pirineos, la depresión del
Ebro con los somontanos Pirenaico e Ibérico y la cordillera Ibérica, que albergan,
además de los grandes espacios a considerar, múltiples puntos más reducidos en extensión, pero no por eso merecedores de desamparo o ignorancia.
Los Pirineos, al norte
Los Pirineos son ya de por si, en su conjunto, un verdadero museo natural.
Posee una gran variedad de litografias, cuyas edades más antiguas se remontan al
Precámbrico (podemos situarnos en torno a los 600 millones de años), se estructuran
de forma compleja, como resultado del acercamiento entre las placas ibérica y europea.
Ese proceso, cuyas últimas fases debieron culminar hace unos 20 millones de años,
ha dejado sus secuelas, en forma de un cierto crecimiento de los relieves que aún
permanece, de una actividad sismica moderada y de un termalismo del cual tenemos
buen modelo en los Baños de Panticosa. En el otro extremo, en el valle de Benasque,
el Forau de Aigualluts es un espléndido ejemplo de torca kárstica, que engulle un
caudaloso torrente.
La cordillera Pirenaica, alineada de este a oeste, se extiende desde el
Mediterráneo al Cantabrico. La parte central, justamente la más abrupta, corresponde
a la parte más septentrional de Aragón, en su mayor parte a la provincia de Huesca.
De norte a sur, los Pirineos aragoneses o Pirineos centrales presentan tres unidades
geográficas paralelas:
- El Pirineo axial, formado por una serie de sierras que raramente bajan de 2.500
metros y separadas unas de otras por valles de origen glaciar que descienden hacia
el Ebro en dirección norte-sur. Los picos de Tendeñera (2.853 m), Collarada (2.886 m),
Vignemale (3.291 m), Monte Perdido (3.355 m), Posets (3.361 m), y Cotiella (2.965 m)
son buena muestra de la altura de estas sierras que alcanzan su mayor altitud al este,
en el macizo de la Maladeta, donde se eleva la cumbre más alta aragonesa, el Aneto,
con 3.404 m de altitud. Los valles de Ansó, Hecho, Canfranc, Tena, Gistaín o Benasque
marcan la profunda divisoria entre sierras.
- En las cumbres más elevadas o zona axial pueden observarse materiales paleozoicos
-los más antiguos de la cadena-, como pizarras, calizas, rocas metamórficas y granitos.
Adosados a esta zona axial, en las sierras interiores, aparecen importantes macizos
calcáreos como Cotiella, Tendeñera, Turbón, ...
- Más hacia el Ebro, los ríos que hasta entonces habían excavado los valles
perpendiculares a las sierras, toman la dirección este-oeste formando depresiones
paralelas a la alineación principal de la cordillera. Estas depresiones intermedias,
aunque no tienen continuidad entre sí, asemejan un gran valle de materiales blandos
(flys Eoceno, margas, etc.) que uniría Campo con la depresión de Jaca y la Canal de
Berdún si no fuese cortado a mitad de camino por las sierras de San Juan de La Peña y Oroel.
- Más al sur, dando paso al somontano y mirando ya al valle, aparece el Prepirineo:
pequeñas sierras formadas por calizas que fueron bajando desde las zonas más
septentrionales del Pirineo por efecto de la orogenesis alpina. La sierra de Guara,
con 2.077 m, destaca entre estas sierras cortadas por profundos cañones abiertos por
los ríos que, caudalosos y rápidos, buscan el Ebro.
La cuenca del Ebro; el papel del río Ebro.
La cuenca del Ebro, valle y somontanos, empieza a formarse hace unos 60 millones
de años,durante la orogenia alpina, dando lugar a una vasta extensión, verdadera
depresión geográfica. Sus bordes están formados por materiales detríticos procedentes
de las sierras y su parte central por materiales yesíferos y evaporíticos producidos
al desecarse el mar interior que hace millones de años era el valle.
Contiene muchos elementos geológicos notables: las saladas de Alcañíz y de Sástago-Bujaraloz,
las estepas de Belchite o las Bardenas orientales, los paleocanales exhumados de Alcañiz
o Caspe, las minas de sal de Remolinos o los Mallos de Riglos son algunos ejemplos a mencionar.
El valle
La zona central de Aragón la ocupan el valle del Ebro y los somontanos del Pirineo
y de la Ibérica. Gran parte de Zaragoza y de Huesca y el Bajo Aragón turolense son
comarcas que miran al Ebro.
El núcleo principal de esta unidad geográfica es el amplio valle formado por las
terrazas del Ebro y, en ocasiones como en la ciudad de Zaragoza, de otros ríos afluentes.
Sobre estas terrazas, el corredor del Ebro, viven más de la mitad de los aragoneses.
Son tierras ricas gracias al regadio y a la disponibilidad de aguas subterráneas y
en torno a la ciudad de Zaragoza, capital política y económica de Aragón, se han
levantado industrias y servicios que atraen no sólo a los pueblos ribereños, sino
a todas la gentes de Aragón.
Al norte y al sur del valle del Ebro se levantan pequeñas plataformas como
Alcubierre (822 m), La Muela (627 m) y Montes de Castejon (744 m). De estas
"muelas" arrancan extensos piedemontes seccionados por una red de drenaje esporádica.
Esa red, unas veces forma valles en fondo plano (vales) y otras, valles fuertemente
abarrancados que hacen aflorar terrenos yesíferos o salinos. Son paisajes de extrema
aridez, no sólo por lo escaso de las precipitaciones, sino también por la influencia
del viento y la litología del terreno. En Monegros, Bardenas o Calanda aparece el
desierto aragonés.
La Cordillera Ibérica.
La cordillera Ibérica, que ocupa casi toda la provincia de Teruel y el margen
occidental de la de Zaragoza, es otro gran muestrario de riqueza geológica.
Se configura en periodos próximos en el tiempo (el tiempo geológico), aunque no
coincidentes, a los pirineos.
Teruel es conocida por su intensa actividad minera en relación, sobre todo,
con el carbon (la Val de Ariño es una zona muy representativa) y, hasta hace unos
años, con el mineral de hierro (Ojos Negros). La mineria de las arcillas, también
importante, encuentra un buen exponente en Galbe, cuyo término constituye además
un valioso yacimiento de restos de dinosaurios. Otro yacimiento paleontológico
bien conocido entre los coleccionistas es el de fósiles de ranas de Libros.
Los poljes de la franja meridional turolense, las dolinas y otros encantos
geomorfológicos de la sierra de Albarracin, la mágica Gruta de Cristal de Molinos
o las surgencias del nacimiento del río Pitarque son buena muestra de lo que es
capaz la acción del agua sobre las calizas.
Son también llamativas las formas periglaciales en los macizos montañosos de
Güdar, Javalambre y Albarracín, y quizas, entre ellas, las más destacadas sean
las turberas y ríos de piedras de la sierra del Tremendal.
Los estratos verticales de los Organos de Montoro, la extensa laguna endorreica
de Gallocanta, los travertinos y cañones de los ríos Mesa y Piedra, el termalismo
de Alhama de Aragón y Jaraba, los abanicos aluviales de sierra Palomera ...
son tan solo algunos casos más del amplio repertorio disponible.
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