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Cabeza de mujer con cuerpo, patas y cola de ave.
De origen grecorromano, en realidad se le ha confundido mucho con la nereida, que es la que tiene cola de pez, y esto por influencias mucho más tardías de origen nórdico.
En los textos clasicos, las sirenas seducen a los navegantes con sus cantos para arrastrarlos a la muerte y devorarlos. En el románico cumplen la misma función, siendo los navegantes los creyentes cristianos quienes afrontan, como Ulises, el peligroso canto en su navegar por la vida.
Curiosamente en Egipto se representaba el alma humana con el mismo aspecto físico que las sirenas, y en algunos casos concretos pasó este significado al románico a través de la cultura árabe.
Cuenta la leyenda que el alma del difunto, representada de esta manera, equivocaba su destino en el más allá y se convertía en vampiro bebedor de sangre para poder sobrevivir.
Por tanto, el sentido general que debemos dar a este animal fantástico es doble: Por un lado representa el peligro de las tentaciones, nacidas de las bajas pasiones y los deseos a lo largo de la vida, capaces de destruir el alma humana, y por otro se la usa, aunque en muy contadas ocasiones, como imagen del alma del condenado ya sea en el purgatorio o en el infierno.
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