Las venas de agua en Aragón. Agua en Aragón. España.
Casi todos los ríos aragoneses, "venas" que llevan vida a sus tierras, vierten sus aguas
al Ebro. Sólo algunos ríos nacidos en las sierras turolenses afluyen a otras vertientes:
al Mediterraneo (Mijares, Guadalaviar, Cabriel) o Atlántico (Tajo).
El sistema hidrológico aragonés tiene, pues, un funcionamiento sencillo. El Ebro sirve
de gran colector central al recoger por su izquierda las aguas que descienden del Pirineo
y por su derecha la mayor parte de las procedentes del Sistema Ibérico.
La margen izquierda
Los ríos de la margen izquierda del Ebro bajan desde las altas cumbres pirenaicas siguiendo
la dirección norte-sur, cortando los alineamientos montañosos y formando bellos valles en su
cabecera.
Desde el Aragón, que se adentra por Yesa en tierras navarras para desembocar en el Ebro
antes de que éste penetre en Aragón, hasta el Noguera Ribagorzana, frontera natural con
Cataluña, caudalosos ríos como el Gállego o el Cinca surcan los somontanos oscenses y
zaragozanos.
Estos ríos aportan los principales caudales del Ebro. Tienen una alimentación nival,
lo que explica que sus crecidas se registren en mayo o junio, durante el deshielo. Al
adentrarse en el somontano mantienen un caudal importante a pesar de la poca agua que
reciben de sus afluentes no pirenaicos. En estas zonas se localizan los principales embalses
de donde nacen los canales de riego del Alto Aragón, los más importantes regadíos aragoneses.
Son ríos relativamente regulares, con estiajes poco pronunciados, aunque en algunos
veranos se deja notar sensiblemente la falta de precipitaciones en las tierras que atraviesan.
En las crecidas de primavera y otoño aumentan hasta diez veces su caudal en la parte baja y
más de sesenta veces en su tramo alto, lo que en ocasiones se traduce en destrozos en carreteras,
campos y pueblos.
La marge derecha
El Jalón con el Jiloca, la Huerva, el Queiles, el Guadalope, el Huecha, el Martín, el Matarraña
y algunos otros son ríos de la margen derecha del ebro, nacidos en las sierras ibéricas, donde
la nieve no es frecuente.
Su caudal es escaso, dependiendo sobre todo de la incidencia de las lluvias propias de un
clima mediterráneo. Esto explica su irregularidad, con un máximo en marzo y un mínimo acusado
en verano, y unas grandes diferencias de caudal de un año a otro.
Excepto el Jalón-Jiloca, tienen cuencas de pequeñas dimensiones. Atraviesan terrenos muy
árdos, donde las gentes de sus riberas aprovechan desde hace siglos sus aguas para regar
pequeñas huertas de hortalizas y frutales.
Las crecidas son escasas, sólo de tiempo en tiempo. A veces se notan más por el color
turbio de las aguas que por el aumento espectacular de caudal, lo que indica que estos ríos
ibéricos arrastran las tierras desnudas que flanquean sus orillas.
Directos al Mediterráneo
Sólo unos pocos ríos aragoneses van a dar directamente al Mediterráneo. Nacidos en la
serranía turolense, son muy similares a los de la margen derecha del Ebro.
Los más importantes son el Turia, formando en la confluencia del Guadalaviar y el Alfambra,
y el Mijares. su principal aprovechamiento se realiza fuera de la región aragonesa, en tierras
levantinas.